|
Gran parte de la historia humana transcurrió durante los
bruscos cambios climáticos de la última glaciación, o Era de Hielo,
iniciada hace 1,5 millones de años. La capacidad de adaptación a estos
cambios ha sido crucial en el desarrollo de la civilización, pero el ser
humano también puede ser la causa de un futuro calentamiento. Durante
millones de años, la Tierra ha experimentado una diversidad de
temperaturas y condiciones climáticas que influyeron en la extinción o
supervivencia de grupos enteros de especies y han cambiado la faz del
planeta.
Existen indicios del comienzo de otra gran
transformación (antes por deriva de los continentes y enormes levantamientos
volcánicos) que experimentó el clima hace unos tres millones de años,
preludio de la fase en la que aún vivimos, y casi todas las etapas de la
evolución humana de las que han quedado vestigios se desarrollaron en las
condiciones que surgieron entonces.
Gracias a este cambio aparecieron los entornos que
permitieron la supervivencia de la especie humana y de sus antepasados
inmediatos. Hace un siglo empezó a denominarse a este período climático
Pleistoceno (derivado de términos griegos que significan «lo más reciente»).
Se distingue de la etapa anterior por las variaciones del clima, mucho más
radicales y frecuentes.
Aunque hay que tener en cuenta que nos referimos a
miles de años y que estos cambios no podrían notarse en el corto espacio de vida
de un hombre, en el Pleistoceno se produjeron más altibajos que en
ninguna otra época de duración similar. Los cambios más destacados se denominan
«glaciaciones», cuatro en total.
No sabemos por qué se desencadenaron, pero se cree
que el planeta Marte atravesó etapas semejantes, y es probable que se debieran a
un cambio que afectó a todo el sistema solar. Las consecuencias resultan mucho
más claras: durante siglos enteros, ciertas zonas muy extensas —gran parte de
Europa y Norteamérica, por ejemplo— quedaron cubiertas de grandes capas de
hielo, en algunos casos de varios kilómetros de espesor. En ciertos puntos, el
hielo hundió el suelo a varios cientos de metros. Estas capas empezaron a
formarse porque cada primavera la nieve del invierno se derretía un poco más
tarde, hasta que un año no se derritió.
Al cabo de miles de años se produjo un retroceso
del hielo, también muy lento, y tanto el avance como el retroceso resultaron
catastróficos para el entorno, pues al sobrevenir el deshielo, arrasó la vida
animal y vegetal y se desencadenaron enormes inundaciones. A consecuencia de una
elevación del nivel del mar tras un deshielo volvió a aparecer el canal de la
Mancha, que separó definitivamente las islas Británicas de la Europa
continental. Pero estas inundaciones ofrecieron nuevas oportunidades de
desarrollo a las especies mejor dotadas.
Tras cada glaciación, dichas especies se
trasladaban a las zonas que habían quedado libres de hielo; y no fueron sólo las
zonas directamente afectadas las que experimentaron cambios: como el hielo dejó
«encerradas» enormes cantidades de agua, se transformaron miles de kilómetros de
costas de las regiones heladas.
Cada glaciación tuvo una duración de entre
cincuenta y setenta y cinco mil años. En la actualidad vivimos en el período
cálido posterior a la última, y algunos científicos han predicho que se
producirá otra dentro de unos cincuenta mil años. No es una perspectiva tan
terrible como la del «encogimiento» del universo, pero de todos modos queda tan
lejos que no debe preocuparnos demasiado. Las glaciaciones constituyen una ayuda
muy valiosa para los estudiosos de la Prehistoria.
En primer lugar, sabemos muy bien cuándo se
produjeron y podemos fechar muchos objetos prehistóricos basándonos en ellas.
Otro factor importante radica en que podemos especular con un margen de error
razonable sobre las consecuencias que tuvieron en el medio ambiente de los
primeros seres humanos y prehumanos.
Al estudiar estos cambios físicos y biológicos, no
debemos olvidar la extraordinaria lentitud con que se produjeron. Cuando
pensamos en las grandes fallas que se abrieron en la tierra, en las costas que
surgieron de los océanos, o en los mares que aparecieron al derretirse la
gigantesca capa de hielo, hemos de recordar que todo esto sucedió en el
transcurso de varios siglos, y en algunos casos, de millones de años. Los seres
que vivieron en este proceso, si hubieran sido capaces de reflexionar sobre él,
no habrían podido notarlo en el breve espacio de sus vidas, al igual que una
mariposa actual, con una existencia de dos o tres semanas, tampoco apreciaría
los cambios que ha experimentado el paisaje en el último siglo. Y las
transformaciones biológicas que se operan a causa de la selección natural son
aún menos visibles, pues incluso la más pequeña tarda miles de generaciones en
completarse.

Las cuatro «glaciaciones» se
sucedieron en el último millón de años y reciben el nombre de los ríos alemanes
en cuyos lugares se hallaron los primeros vestigios. Es imposible dar fechas
exactas; sólo aproximadas. Los períodos interglaciares fueron muy semejantes a
los actuales. Contrariamente a la idea popular, una glaciación no es una época
de congelamiento constante, sino un período de continuas fluctuaciones
climáticas cuyo punto máximo consistió en etapas de frío intenso.
Los primeros milenios de la última glaciación —período crítico en el que
nuestros remotos antepasados ocuparon gran parte de África— son poco conocidos.
La información obtenida de perforaciones del fondo marino y de muestras de hielo
ofrece una imagen más nítida del clima posterior a la brusca inversión del campo
magnético terrestre producida hace unos 780.000 años. Las muestras del fondo del
Pacífico revelan al menos cuatro grandes períodos fríos, o glaciales, a lo largo
de esos 780.000 años: el último finalizó hace entre 10.000 y 15.000 años con un
súbito e irregular calentamiento global.
Las muestras marinas tan sólo ofrecen una
impresión general sobre el cambio climático durante la glaciación, pero como
regla general, el enfriamiento se produce con relativa lentitud y el
calentamiento es rápido, como sucedió al final del último período glacial.
Los períodos glaciales fueron más largos que los interglaciales (breves
intervalos de condiciones climáticas más cálidas durante la glaciación, cuando
el clima era tan cálido o más que hoy). Estos aumentos de temperatura fueron
causados por cambios en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol y sobre su
propio eje, a los que se añadía un aumento natural de los gases de efecto
invernadero. En la actualidad estamos experimentando un período interglacial,
provocado por la suma de todos estos fenómenos naturales, que comenzó hace unos
10.000 años.
90 metros bajó el nivel del mar
al principio de la ultima glaciación, a medida que el agua se congelaba para
formar
los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actual.
Cambio medioambiental La glaciación fue testigo de
drásticos cambios en el clima global y el medio natural. Durante los períodos
glaciales, inmensas capas de hielo cubrieron Escandinavia, gran parte de Canadá
y zonas de Estados Unidos hasta Seattle y los Grandes Lagos al sur. En los Alpes
se formaron grandes glaciares y hubo casquetes glaciares en los Pirineos, los
Andes y las montañas y altiplanos de Asia central. Al sur de los casquetes
escandinavos, inmensos espacios de terreno inhabitado se extendían desde el
Atlántico hasta Siberia.
Estos entornos sufrían nueve meses de invierno y
eran inhabitables para los ancestros de Horno sapiens, que carecían de la
tecnología e indumentaria adecuadas para adaptarse a las temperaturas extremas.
No es una coincidencia que H. erectus, con su simple Metros bajó el nivel del
mar al principio de la última glaciación, a medida que el agua se congelaba para
formar los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actuales. tecnología y
sus limitadas habilidades cognitivas, se estableciera en entornos más templados
y tropicales.
El frío causó un drástico descenso del nivel del
mar a medida que el agua se convertía en hielo, y quedaron expuestas enormes
extensiones de lo que actualmente son plataformas continentales (suelo bajo
aguas costeras poco profundas), enlazando masas de tierra: Siberia era parte de
Alaska, y Gran Bretaña estaba unida al continente europeo. El Sudeste Asiático
estaba separado de Australia y Nueva Guinea por cortos trechos de mar abierto.
Durante los períodos interglaciales, el nivel del
mar subió, los casquetes glaciares se redujeron y los bosques avanzaron al norte
ganando terreno a la tundra. Los humanos se trasladaron hacia el norte siguiendo
a los animales que cazaban y las plantas que recolectaban, y se adaptaron a una
gran variedad de entomos de bosque y pradera, y a terrenos áridos y semiáridos.
El hombre y los
elementos: El clima de la Era de Hielo era inestable: los hábitats
cambiaban constantemente, lo que implicaba que el oportunismo y la capacidad de
adaptación de los humanos sufrían un desafío continuo entre un milenio y el
siguiente. Estos desafíos pudieron ser incluso un factor en la evolución humana,
ya que nuestros antepasados más antiguos eran básicamente animales tropicales.
Durante largos períodos glaciales, el Sahara fue
algo más húmedo que hoy; podría considerarse como una bomba que atraía a humanos
y animales en los períodos húmedos y los expulsaba hacia los márgenes cuando el
clima se volvía más seco. Este efecto ecológico permitió que Homo erectus y los
animales que cazaba cruzaran el desierto y se extendieran a entornos más
templados hace 1,8 m.a.
Un largo período interglacial elevó las
temperaturas hace unos 400.000 años. Para esa época, Homo erectus prosperaba en
el norte de Europa, pero no se pudo adaptar a la glaciación de hace 350.000
años. Es probable que los pocos grupos de cazadores que vivían allí se
desplazaran al sur, hacia regiones más templadas. Existen evidencias de
asentamientos en Europa y partes de Asia oriental de hace unos 250.000 años. El
último período interglacial tuvo su apogeo hace unos 128.000 años, cuando los
neanderthales
prosperaban en Europa. Hace unos 50.000 años, los humanos modernos habían
dominado todos los entornos y vivían incluso en las zonas más frías.
Fuente:
Geografía Mundial y los desafíos del SXXI. Editorial Santillana. Geografía
Mundial, Editorial Puerto de Palos.
|