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La Constitución Nacional fue
sancionada en 1853, y el primer gobierno constitucional comenzó en marzo de
1854. Desde entonces la vida democrática, en lo que hace a los mecanismos
constitucionales, funcionó en forma regular hasta 1930. Se trataba de una
democracia que mostraba debilidades, pero que funcionaba con todas sus
instituciones y que, gracias a la educación, a la experiencia y a la
participación de los ciudadanos, permitía una sociedad que vivía en
libertad.
En el período que se extiende de 1854 a 1930 no faltaron hombres públicos
que en ciertas oportunidades desconfiaran de la pureza de los actos
comiciales por los cuales surgían determinados gobiernos, y creyeran que la
única manera de lograr esa pureza consistía en impedir que los elegidos en
esos comicios tomaran el poder, o que, ejerciéndolos, debían ser
desalojados.
Estallaron así en ese período varias revoluciones con fines
distintos cada una, siendo las de mayor magnitud, las de 1874, 1880, 1890,
1893, 1905. Ninguna de ellas, sin embargo, obtuvo sus propósitos de romper
el orden constitucional, si bien es cierto que ejercieron influencia en los
sucesos políticos posteriores a su estallido.
Pero la vigencia
constitucional quedó en pie y los hombres públicos de esa
época sentían orgullo de que la cordura hubiera impedido la ruptura del
orden constitucional.
La democracia es un régimen político que exige hombres virtuosos, llenos de
cualidades, y ello hace siempre difícil todo sistema democrático. La
historia de nuestro país lo demuestra. Esos movimientos de violencia
política no eran sino el aprendizaje necesario de un pueblo a través de los
años de vigencia de instituciones difíciles de practicar. Cuando suceden
esos acontecimientos múltiples causas concurren que no podemos analizar
aquí; pero ellas no siempre son de naturaleza política. Los estallidos
revolucionarios, que no derrumbaron gobiernos ni rompieron la vigencia de la
Constitución y que hemos mencionado, se proponían obtener, por medios
equivocados, el mejoramiento o perfección del sistema democrático.
Pero aún con los inconvenientes, las debilidades, las contradicciones el
país marchaba en busca del perfeccionamiento de su sistema político En 1912
se sanciona la ley electoral que instaura el voto secreto obligatorio y la
utilización, en carácter de padrón electoral, del padrón militar. Esa ley
establecía, además, que ingresaran las minorías en las cámaras, con lo que
se dio un paso hacia la representación de todos los sectores en la vida
pública. La ley denominada Ley Sáenz Peña fue instrumento de extraordinaria
significación en la vida política del país. mejoró notablemente los
procedimientos comiciales.
La primera vez que esa ley se aplicó en elecciones presidenciales fue en el
año 1916. Ese comicio consagró como Presidente a
Hipólito Yrigoyen,
propiciado como candidato por la Unión Cívica Radical, una agrupación
política surgida en 1891 y que se mantenía en la abstención por no querer
convalidar con su presencia el sistema electoral vigent6 Producida la nueva
ley Sáenz Peña, el radicalismo se presentó en las elecciones y obtuvo el
triunfo del partido. Yrigoyen fue un hombre público y un caudillo singular,
que asumió la conducción del partido después de la muerte de Alem en 1896.
Su método político, la ausencia de ambiciones personales, su alejamiento de
las manifestaciones populares y públicas, le dieron un carácter casi mítico
a su figura y un ascendiente muy grande; fue un verdadero caudillo popular.
Multitudes enfervorizadas lo acompañaron tanto cuando asumió el poder en
1916 como cuando lo dejó en 1922.
De vida austera, el candidato radical se caracterizó por su probidad en el
manejo de los fondos públicos y por su altiva política internacional que no
aceptaba intromisiones ni tutelas de naciones extranjeras. La popularidad
de su gobierno le permitió, al finalizar su mandato, que el radicalismo volviera a ganar en 1922 con su candidato, que lo era
Marcelo T.
de Alvear, quien gobernó al país con un estilo distinto del de Yrigoyen y
aun con hombres que no se identificaban con el Radicalismo.
El período de
Alvear finalizó en 1928 y nuevamente fue postulado para las elecciones
Hipólito Yrigoyen. Este resultó triunfante otra vez en elecciones que le
dieron un apoyo masivo de la población. Su período debía extenderse de 1928
a 1934.
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