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El
vuelo espacial de la “Faith 7”, además de ser el primero de
importancia (en relación con los efectuados por los soviéticos),
resultó de suma trascendencia ya que dio respuesta a distintos
interrogantes.
Asimismo, su
tripulante, Gordon Cooper, fue él primer astronauta que debió
prescindir para el reingreso a la atmósfera y descenso en la Tierra
del sistema automático maniobrado desde el centro espacial,
resolviendo un problema estimado en ese entonces de la mayor
gravedad.
Cooper estaba llamado
a realizar luego proezas relevantes en el programa Géminis (junto a
Conrad completó 120 órbitas), .pero fue, sin duda, en aquellos días
de mayo de 1963. cuando resultó de una utilidad mayor para los
técnicos y científicos de la NASA. Por otra parte, develó un enigma
que se mantenía desde el vuelo de Johh Glenn: la presencia de
partículas luminosas que, a manera de luciérnagas, seguían o
aparecían cerca de las cápsulas espaciales.
Cooper demostró que no
se trataba de partículas congeladas que se desprendían del vehículo
—como se supuso en un primer momento— Sino que provenían de los
pequeños motores de reacción de la cabina
Por todas estas
circunstancias, trataremos de revivir los momentos vividos a bordo
de la “Faith 7”, cuyas 22 orbitas indicaron que las diferencias se
estaban acortando en relación con la URSS, no obstante que en ese
mismo año, 1963, la astronáutica soviética seguiría sorprendiendo al
mundo con nuevos éxitos.
UN INSTANTE
DRAMÁTICO: El lanzamiento se cumplió sin inconvenientes
el 15 de mayo, en las condiciones Casi
de rutina en el centro
espacial norteamericano. Lo que distó de ser “rutina” fueron
las cosas que le ocurrieron al cosmonauta dentro de la cápsula.
(imagen Faiht 7)
El primer problema se produjo en las
instalaciones de eliminación de vapor de agua que se condensaba en
el interior de su pesado traje de vuelo. Tuvo que accionar durante
más tiempo que el previsto una bomba especial pero, aún así, el agua
se acumuló en la escafandra, molestándolo bastante. A pesar de este
inconveniente, realizó otro de los objetivos previstos lanzando un
satélite: una pequeña esfera luminosa que tomó una órbita muy
cercana a la de la astronave.
En la cuarta órbita, preocupado en la
atención de otros aspectos de su misión, Cooper observó de pronto un
resplandor atravesando la noche, Esto le causó un breve sobresalto
hasta que comprobó que, simplemente, se trataba de dicho satélite.
Por un momento, supuso que se trataba
de un cohete que pudiera haber sido disparado desde Tierra y no
precisamente desde territorio norteamericano. Posteriormente estudió
el misterio de las “luciérnagas” logrando establecer su procedencia.
Luego se dedicó a dormir. Sus periodos
de sueño no superaron una hora, aunque posteriormente declaró que no
recordaba nada de sus “siestas” en el espacio. Al despertaste se
sintió un poco confuso, y por un momento no supo si se hallaba en un
vuelo simulado; en la punta del cohete Atlas aguardando el
momento de la partida o en su propia casa. Esta confusión fue la
causa de que en tierra se le registrase una aceleración del pulso y
una mayor presión sanguínea.
Durante las 34 horas 20 minutos que
estuvo volando a alturas oscilantes entre los 161 (perigeo) y 272
kilómetros (apogeo) tuvo perfecta visibilidad y reconoció sin mayor
esfuerzo los distintos accidentes geográficos que abarcaba su campo
visual.
LA FALSA SEÑAL:
En la órbita 18, a 28 horas 59 minutos
desde el momento del lanzamiento, una falla eléctrica dejó a oscuras
la cabina. Cooper debió apelar a todas sus reservas para mantener la
serenidad y solucionar el desperfecto. Cuando volvió la luz,
advirtió que se habla encendido espontáneamente la “05G”.
Esta solo debía encenderse cuando la nave espacial registrara el
primer indicio de gravitación, o sea una vigésima parte de la
gravedad terrestre. En consecuencia, de ser cierto lo que estaba
viendo el astronauta, su nave habla comenzado a descender (lo cual
era falso).
El mismo Cooper relatara la tremenda experiencia: "Al
principio pensé que simplemente no le haria caso, pero luego decidí
que eso no me convenía, pues el problema no se resolverla solo.”
Al confirmársele que no estaba reingresando a la atmósfera
terrestre, demostración de que el sistema, automático no funcionaba
bien, realizó algunas pruebas. Así llegó a la conclusión de que
dicho sistema, más que dañado, en realidad había dejado de
funcionar. Asimismo, al fallas del dispositivo eléctrico que
dejó a oscuras la cabina, todos los controles automáticos quedaron
eliminados (“Entonces decidí que reingresaría prescindiendo de todo
lo que no fuera el instrumental manual”).
Tomar este tipo de decisiones “allá
abajo”, en nuestro mundo, puede revelar un mayor o menor grado
de rapidez mental. Pero hacerlo a más de 200 kilómetros de altura
sin saber si el vehiculo en el que se viaja está o no cayendo
o puede precipitase, convertido en una tea, en cualquier momento
resulta sin duda una experiencia estremecedora."
Y quien la pasa, revela un temple
mucho más allá de lo común, casi sobrehumano. Lo importante es que
la decisión confirmó algo que estaba previsto, pero no demostrado:
hasta que punto el entrenamiento puede convertir a un hombre en
un ser capacitado para las anís fantásticas empresas.
Cooper se mantuvo sereno. En Tierra no
se registró una sola pulsación que demostrara temor frente al
riesgo. Tranquilamente cumplió la órbita 22 estipulada y, de
inmediato, anunció que descendería. Manualmente disparó los
retrocohetes. La cana del cono apuntó hacia la superficie del
planeta. Y allá fue.. (“La multiplicación de la fuerza de la
gravedad al reingresar no presentó ningún problema. La oscilación no
fue objetable. La maniobra resultó lo más fácil del mundo. ... en
verdad, más fácil de lo que esperaba. Al soltar el paracaídas
de estabilización, este se abrió con un traqueteo, un rugido y un
golpe sordo...")-
UN BARCO TRASTORNADO
Descendió muy cerca del portaaviones “Kearsarge”.
En las partes altas de la nave, la marinería le saludaba agitando
sus gorras “(Yo suponía, mejor aún, estaba seguro de que el barco
se trastornaría”). Se sintió muy bien al comienzo, pero mientras
le tomaban la presión sanguínea experimentó un ligero vahido.
Le tomaron de los brazos para que no cayese, y enseguida volvió a
sentirse bien, Luego bebió varios litros de liquido (“Estaba
completamente deshidratado y con una sed increíble").
Más tarde fueron los agasajos, los
honores, la familia, El astronauta que había estado más cerca de la
muerte; el que abrió los caminos para la gloria de otros de sus
camaradas, volvió a vivir. Una trampa del destino quedó atrás.
En la dimensión fantástica de la “era
espacial”, una coincidencia sellé los avances prodigiosos de poco
más de una década. Cooper cumplió su vuelo casi exactamente a 36
años del día en que
Charles Lindbergh, en su “Sprit of Saint Louis”
saltaba sobre el océano en vuelo sin etapas para unir Nueva York con
Paris. ‘El Águila Solitaria”, en 33 horas 29 minutos, volando a lo
largo de 5800 kilómetros, abrió un camino en una fecha en la que
Cooper tenía dos meses de edad. El intrépido de la “Faith
7”, en sus 22 órbitas, habla cubierto 960.000 kilómetros,
los suficientes, para ir y volver a la Luna, Y todo ello en una hora
más que el asombroso piloto de aviones correo que estremeció al
mundo con su hazaña.
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