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Desde
luego, nada parecido al hundimiento del Titanic volvería a ocurrir. En la
Conferencia del Titanic, realizada en 1914, los países navieros acordaron nuevas
normas de seguridad: por ejemplo, cada barco debe tener suficientes salvavidas
para todos los pasajeros y la tripulación, y debe contar con un operador de
radio a toda hora, además de estar equipado con cámaras herméticas hasta
cubierta.
El
físico alemán Alexander Brehm inventó la sonda acústica, aditamento que permite
localizar icebergs. La tragedia ocurrida al buque “imposible de hundir” de la
línea White Star, al irse a pique al fondo del Atlántico norte en su viaje
inaugural, enseñó a todos los involucrados en la navegación lecciones de vital
importancia.
Pero,
asombrosamente, la catástrofe casi se repitió el 20 de junio de 1989, cuando el
crucero soviético Máximo Gorki, de 210 m. de eslora, chocó poco después de
la medianoche con un enorme iceberg en el mar de Groenlandia, al norte de
Noruega. El capitán del barco estaba de fiesta en el restaurante de a bordo,
celebrando haber cruzado el punto más austral de la ruta.
Pero,
al igual que en el Titanic, la mayoría de los pasajeros dormían. Mientras los
juerguistas bailaban, el hielo hizo dos cortes en el costado del crucero, uno de
seis metros de largo y otro de dos, por donde entraron 18 000 toneladas de agua
en pocos minutos. Se pidió a los 575 pasajeros, entre ellos algunos ancianos
turistas de Alemania Occidental, que con calma e inmediatamente se pusieran
salvavidas.
“Hubo
algo de confusión respecto a cuál bote usar”, dijo después un pasajero, “pero no
cundió el pánico”. Aunque otro pasajero se quejó de que su bote salvavidas había
quedado suspendido al costado del barco durante dos horas, la mayoría de los
turistas elogiaron la enorme eficiencia de la tripulación rusa para evacuarlos
del barco y la rapidez de la operación de rescate efectuada por la guardia
costera de Noruega.
Entre
la niebla y la lluvia, con una temperatura de -40°C, muchos de los pasajeros
pasaron hasta siete horas cubiertos con delgadas frazadas, o en los témpanos,
donde algunos desembarcaron. Aquellos con males cardiacos o con diabetes fueron
rápidamente evacuados por helicópteros al archipiélago Spitsbergen, unos
300 a.m. al este. Se pusieron sillas en los témpanos para algunos pasajeros,
pero otros tuvieron que yacer en el hielo, temiendo que pudiera partirse. Los
botes salvavidas estaban bien aprovisionados de licor, pero no tenían agua
potable. Es notable yen verdad digno de admiración que ninguno de los pasajeros,
que viajaban para ver el sol ártico de medianoche, y ninguno de los 377
tripulantes, hayan sufrido daño.
Mientras el buque noruego de salvamento Senje surcaba 5 Km. de hielo para
llegar al Máximo Gorki, el capitán refunfuñó: “No habría navegado a más
de 3 nudos en estas aguas con icebergs.” Navegando a 18.4 nudos, el crucero
parecía emular las prácticas de 1912, cuando los marineros siguieron la
filosofía de la indiferencia hacia los icebergs hasta el desastre del Titanic.
Aun con la tecnología actual, los marinos veteranos son muy cautelosos en las
aguas del norte, pues el eco del hielo en el radar es más débil que el de otros
objetos. Según los expertos, el Máximo Gorki habría necesitado 45 minutos para
detenerse, aun si un iceberg o témpano hubiera sido avistado a 16 Km. de
distancia.
Al
parecer, el capitán del barco soviético no conocía estas aguas y no era usual
que hubiera tanto hielo en el área. Rusos y noruegos cooperaron y el Máximo
Gorki fue remolcado a tierra para ser reparado. Los comentaristas no pudieron
evitar preguntarse si las lecciones del Titanic habían sido olvidadas.
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