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Francisco de Goya: La
honestidad y la tristeza
Considerado
el Padre del Arte Moderno, Francisco de Goya inició su carrera como
artista inmediatamente después del período que abarcó el barroco.
Fue debido a que expresó sus pensamientos y sentimientos con total
franqueza en el lienzo, lo que seguramente lo convirtió en el
pionero de las nuevas tendencias artísticas, que llegarían a su
máximo esplendor en el siglo XIX.
Existen en realidad dos tendencias
contradictorias que dominaron su arte, y que a través de su fusión
logró alcanzar la representación de la reacción contra todas las
concepciones previas del arte, y bregar por el camino que lo
condujera a una nueva forma de expresión.
Por ello, si deseamos comprender el
alcance del arte de Goya, y apreciar los principios que rigen su
desarrollo y su gran versatilidad, es esencial tener en cuenta que
su labor se extendió a través de un período de más de 60 años, ya
que el artista continuó dibujando y pintando hasta cumplir los 82
años.
Francisco de Goya nació en 1746 en un
pequeño pueblo cercano a Zaragoza. Cuando tenía la edad de 14 años
comenzó su aprendizaje en el arte a través de las clases que le
brindaba un maestro local llamado José Luzán. A los 18 años Goya se
trasladó a Madrid con la intención de ganar un premio de la Academia
de San Fernando, y aunque no pudo ganarlo, aquella aventura le
sirvió para reunirse con el pintor de la Corte de la época,
Francisco Bayeu, quien no sólo le enseñó algunas técnicas, sino que
además fue una gran influencia temprana en la vida de Goya.
A través de la influencia de Bayeu,
Goya pudo acceder a su primer contrato oficial, cuando le fue
encomendada la realización de un fresco para decorar la Iglesia de
la Virgen del Pilar en Zaragoza.
Desde 1773 y después de pasar un año
en Italia, Goya se mantuvo realizando varios proyectos de frescos.
No obstante, fue en 1798 cuando se concretó uno de sus trabajos más
famosos, el fresco para la Iglesia de San Antonio de la Florida, en
Madrid. Para aquella época, Goya había comenzado a trabajar con la
influencia de sus dos grandes fuentes de inspiración, por un lado
Velázquez y por el otro Rembrandt.
En 1786 Goya comenzó a trabajar en la
elaboración de retratos oficiales, que eran encargados por el rey
Carlos III. Al mismo tiempo, se dedicó a la creación de tapices en
lo que representaba escenas de la vida cotidiana española, un hecho
que revolucionó la industria del tapiz en España.
A pesar de que el artista cobraba cada
vez mayor repercusión, en el invierno de 1792 la vida de Goya dio un
giro dramático, cuando a raíz de una enfermedad quedó totalmente
sordo. A partir de aquel episodio, gran parte de su trabajo
posterior comenzó a expresar un fuerte pesimismo.
Por otra parte, Goya había sido
testigo de los más espantosos horrores de la guerra, durante la
ocupación francesa de España, y en ello se basó para la creación de
dos de sus pinturas más famosas, las cuales logró culminar en 1814.
Allí se retratan las masacres ocurridas en las batallas del 2 de
mayo de 1808 y del 3 de mayo de 1808.
Casi al final de su vida, otra
característica personal invadió las pinturas de Goya, cuando comenzó
a evidenciarse una franqueza y una honestidad absolutas, sobre todo
en sus retratos. De allí que el retrato que realizó de la familia de
Carlos IV, representa a las figuras reales de una manera realista y
no idealizada.
En sus últimos años, se dedicó a
realizar una serie de frescos en las paredes de su casa de campo, en
los que se observa aún más la profunda tristeza de su ser y la
depresión que le causaba la situación política en España de aquella
época.
En 1824 se vio obligado a abandonar
España, debido a la opresión y pasó su exilio en Francia, donde
cultivó el arte de la litografía, retratando escenas de corridas de
toros. Finalmente, Francisco de Goya murió lejos de su patria en
1828. |