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LAS LETRAS:
Los griegos hablaron un idioma común
expresado a través de diversos dialectos, de los cuales se se impuso el usado en
Atenas.
La lengua griega se integra en el grupo de las lenguas indoeuropeas. Su alfabeto
es de origen semítico, concretamente fenicio, aunque desconozcamos la fecha
exacta de su utilización. Cada una de las diferentes polis que integraban la Hélade tenía su propia
lengua, si bien podemos agruparlas en cuatro grandes grupos: el dialecto
jónico-ático, el dórico, el eólico y el aqueo. El ático se convertirá en el
dialecto más empleado por los grandes literatos y en época de Alejandro se puede
considerar como el embrión de la lengua griega.
Homero es el literato más famoso de este momento, considerado el
autor de dos de las obras más importantes de la Literatura Universal: la Iliada
y la Odisea.
EL POETA CIEGO: Todo es
confuso al tratar del más grande de los poetas griegos. Siete ciudades se
disputan el honor de haber sido su cuna, y aún hoy día hay quien niega su
existencia real. Esmirna le dedicó un templo, y la Ilíada y la Odisea
constituyen, con toda seguridad, los poemas más leídos del mundo entero.
(Ver Homero y La Guerra de
Troya)
En los 24 cantos de que consta la
Ilíada, Homero relata las luchas de griegos y troyanos por la ciudad donde se
han refugiado la bella Helena y su amante Paris, Por los troyanos lucha Héctor y
por los griegos Aquiles. La cólera de éste al conocer la muerte de su amigo
Patroclo ocasiona la derrota y destrucción de Héctor y los troyanos, cuya
ciudad es arrasada.
En la Odisea relata, también en 24
cantos, las peripecias de Ulises, rey de Itaca, que, terminado el sitio de
Troya, quiere volver a su patria. Los remolinos de Scila y Caribdis, los
cíclopes y numerosos peligros acechan al héroe que regresa por fin al lado de su
esposa Penélope, cuando ésta, asediada por numerosos pretendientes, iba a
entregar su mano al que consiguiera manejar el arco de Ulises. Sólo éste puede
tenderlo y disparar las flechas que ahuyentan a los intrusos.
En estos poemas grandiosos, los
simples mortales, los héroes y los dioses luchan en un mundo de pasiones
exacerbadas y violentas.
La literatura de todos los países
comienza siempre con manifestaciones épicas. Y la griega, como corresponde a su
grandeza, debía manifestarse en dos poemas que no han sido jamás superados. La
prosa y la simple narración, lo que hoy llamaríamos novela, son formas
literarias de aparición más tardía.
Posteriormente Hesiodo inauguro en el sigo VIII
a,C. la poesía didáctica.
Esopo sería el continuador de esta escuela moralista, autor de unas 400 fábulas
finalizadas con moraleja.En el siglo
V a.C. se desarrollo la poesía lírica , que toma este nombre del hecho de que
los poetas recitaban sus composiciones acompañados de una lira o de una flauta.
La lírica toma cada vez más importancia a partir del siglo VII a. C. destacando figuras como el
ateniense Solón, de cuya obra elegante y moralizadora nos han quedado algunas
muestras.Entre
quienes se destacaron en estas creaciones, debemos mencionar a Tirteo, Safo,
Alceo, Anacronte, natural de Jonia, en el Asia Menor, Pindaro, considerado el de
mayor envergadura , nacido en Tebas, que cantó los triunfos de los atletas con
un vigor que llama la atención,
a pesar de que no conservamos
muchos ejemplos de su arte, siendo lo más importante los Epicinios. La fase
clásica será la de mayor esplendor, desarrollándose los dos grandes géneros
dramáticos: la tragedia y la comedia,
de los cuales hablamos mas abajo.
EL TEATRO GRIEGO: La
palabra drama significa, en su origen, hacer, actuar, moverse. Las primeras
formas teatrales son un drama, es decir, la escenificación, con personajes,
voces y movimientos, de un hecho generalmente extraordinario, desgarrador y
trágico de la vida humana. Es curioso que la palabra griega hipócrita
significara también actor, es decir, el que finge. La palabra tragos, raíz de
tragedia, es el nombre que se daba al macho cabrío sacrificado en honor de
Dionisios.
Al principio era un solo actor, a
modo de rapsoda, el que entonaba una lamentación por la fingida muerte del dios,
pero luego se añadió a esta simplicísima representación la voz de un oponente
que entablara diálogo con el primero. Los coros, de un modo parecido a los
orfeones, pero hablando en tono monocorde, al unísono, se añadieron más tarde y
constituyeron un elemento de gran fuerza teatral en las representaciones
griegas.
Más adelante, las obras fueron
escritas por poetas eminentes, y tuvieron tal duración que las representaciones
se prolongaban desde la mañana hasta el anochecer, como ocurre hoy con la
Pasión de Oberammergau, por ejemplo, y así como en sus comienzos debían
darse en una plaza pública, al aire libre, requirieron, con el tiempo, por la
gran afluencia de espectadores, la construcción de unos edificios especialmente
acondicionados, pero sin techo, al aire libre, siempre a modo de graderíos que
se extendían por la ladera de una colina frente a la escena. Los graderíos o "auditorium"
se desplegaban en forma de abanico, en un ángulo de 180 grados. La «skene»
(escena) era rectangular y constituía una plataforma sobre la que actuaban los
actores. En el semicírculo entre ésta y el graderío quedaba la orquesta, donde
se colocaba el coro. En el centro de la misma se levantaba un altar a Dionisios.
Uno de los primeros autores de los
que se tiene noticia fue Tespis, quien iba con su carro de pueblo en pueblo, y
de ahí que aún se conozca a las compañías teatrales con el nombre de «carros de
Tespis».
Los tres grandes trágicos de la
Grecia antigua fueron
Esquilo,
Sófocles y
Eurípides. Los tres vivieron en el
siglo V a. J. C. Las obras de Esquilo (525-456) llegaron a constar de cuatro
actos y perseguía en ellas un fin moral. En Los Persas escenifica la guerra
contra Jerjes que el autor vivió como soldado. En Prometeo encadenado narra la
leyenda del que robó el fuego del Olimpo y sufrió las iras de Zeus. Los siete
contra Tebas es la historia de Edipo, mientras que en La Orestíada, que
consta de tres partes, se describe el destino de Agamenón, asesinado por su
esposa, y las vicisitudes de Orestes, que finalmente logra vengar a su padre. En
esta obra, las Furias, Palas, Apolo y numerosos dioses y semidioses intervienen,
ya para ayuda, ya para perdición de los mortales.
Las obras de Sófocles (496-406),
que obtuvo dieciocho veces el triunfo en los juegos poéticos, aún se representan
en la actualidad y su grandeza y fuerza expresiva no han perdido su vigor con el
paso de los siglos. He aquí el nombre de las siete tragedias que se han podido
conservar de la obra del ateniense: Ayax, Electra, Antígona, Edipo rey, Edipo
en Colona, Las Traquinianas y Filoctetes.
Eurípides
(480-406) desarrolló algún tema inspirado en sus antecesores, como el de
Electra, basado en el tema de la muerte del esposo a manos de su mujer. En Medea
relata la venganza de la esposa ofendida, mientras en Alcestes describe
el amor conyugal llevado hasta el último grado del heroísmo. Las dos
Ifigenias, que son continuación de un mismo relato, describen las
vicisitudes de la hija de Agamenon. Muchas de estas obras arrancan de la guerra
de Troya, mientras otras están inspiradas en relatos de la Mitología.
La comedia nació más tarde y fue
una elaboración más o menos elegante de sátiras y burlas salidas de la entraña
popular, y que muchas veces expresaban una acerba crítica contra los gobernantes
o las costumbres. El populacho griego solía entregarse a diversiones groseras en
las que corría el vino en abundancia y donde se daba rienda suelta a toda
desvergüenza. A este populacho se le llamaba "comos" y de ahí nació la
palabra comedia.
El más famoso y audaz de los comediógrafos griegos
fue el ateniense Aristófanes (444-380 a.C.), del que se dice que escribió más de
cuarenta obras, de las que sólo se conservan doce. En ellas se hacia burla de
todo, sin respetar al propio Zeus. Así, en Los caballeros se mofa del Ejército;
en Las avispas, de los jueces, y en Las Ranas ataca al propio Eurípides. Estas
obras, agudas e ingeniosas, demuestran hasta qué punto en la democracia griega
del siglo y se respetaba el derecho a decir y expresar la propia opinión.
POETAS , HISTORIADORES Y
POLÍTICOS: La poesía
pura, no ligada a la descripción épica ni al teatro, tuvo cultivadores muy
notables en Grecia. Safo fue la poetisa del amor. Había nacido en la isla de
Lesbos y son notables sus poesías a Afrodita y su Oda al Amor.
Anacreonte
(563-480) dio vida a la oda anacreóntica, y Píndaro (522-448) a la que
lleva también su nombre. Ambos fueron grandes líricos. El primero se entregó
afanosamente a los placeres de la mesa. Se cuenta que a los 85 años murió por
habérsele atragantado un grano de uva en el transcurso de un banquete. Píndaro
murió a los 90 años.
Al hablar de Egipto se ha citado a
Herodoto (484-425) cuyos Nueve Libros de Historia relatan, no siempre con
excesiva fidelidad, los hechos por él conocidos.
Tucídides
(460-400) describió la Guerra del Peloponeso, y Jenofonte relató la aventura que
vivió como soldado, la Anabasís o Retirada de los Diez Mil.
El ejercicio de la política y las
luchas entre los gobernantes dieron origen a la oratoria, una de las artes
literarias más cultivadas en la antigüedad, y que hoy parece haber perdido casi
todo su valor. Así, las luchas de tos griegos contra Alejandro dieron lugar a
que se manifestaban dos grandes oradores: Esquines, el aristócrata y Demóstenes,
el demócrata. Este era mas inteligente y se hallaba mejor preparado que el
primero, a quien obligó a salir de Atenas y buscar refugio en Rodas.
De Demóstenes se decía que en su
juventud fue tartamudo y la primera vez que intentó hablar en público fue
ruidosamente abucheado, pero se encerró en su casa y con gran tenacidad venció
su defecto convirtiéndose en el más grande enemigo de Filipo, el padre de
Alejandro. Sus Filípicas, colección de discursos contra el macedonio, le
valieron tanta fama que los atenienses querían coronario. Esquines se opuso y
pronunció tres discursos denominados Las tres gracias. Demóstenes contestó con
otros tres llamados Pro-corona. El triunfo de éste obligó, como ya se ha
dicho, a la expatriación de Esquines.
No quedaría completo el ciclo de
la literatura griega si no citáramos a un esclavo deforme, insignificante, que
en su cuerpo maltrecho albergaba una inteligencia y una sensibilidad
privilegiadas. Se trata de Esopo, el fabulista. |