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LAS CASAS
EN GRECIA ANTIGUA: El bienestar y la
alegría del hogar, llamaban muy poco la atención al griego, porque su mayor
parte de tiempo lo
pasaba ocupado en sus negocios, ejercicios físicos, política
y ceremonias. Vivía no para su familia, sino para la ciudad, por lo que el lujo
de esta (no en todos los caos) era su orgullo. Se contentaba personalmente con
una vida sencilla y modesta, con tal que los monumentos y fiestas a sus dioses
provocaran admiración universal.
La disposición de las ciudades
griegas está determinada por
la geografía del lugar donde se asentaban si bien
en la mayoría de ellas encontramos determinados elementos significativos como
son la acrópolis, el ágora y las murallas. La acrópolis era el lugar sagrado,
situado generalmente sobre una colina, sirviendo como espacio de reunión de la
población en caso de ataque o asedio enemigo. El ágora era el centro de la vida
ciudadana y allí se desarrollaban las actividades políticas y económicas.
Las casas ordinarias se componían
de un piso bajo dividido en dos piezas muy pequeñas, y de un piso alto, al que
se subía ordinariamente por una escalera exterior. La parte inferior estaba
abierta en la roca y las paredes eran de madera, de ladrillos o de argamasa. En
vez de forzar las cerraduras, los ladrones se contentaban con perforar el muro.
En el interior, las paredes estaban blanqueadas con cal; no había chimeneas, la
familia se calentaba con brasero.
Los techos eran planos y en
numerosas ocasiones sirvieron para levantar sobre ellos una segunda planta que
sobresalía sobre el eje de la calle, lo que era castigado por la administración
pública con tributos. Los suelos de las viviendas eran de barro. Para evitar
incendios el fuego era encendido en la calle, aunque no era muy frecuente la
existencia de braseros ni chimeneas debido a la carestía de la leña y la
práctica inexistencia de conductos de ventilación en los hogares.
Cuando el agua
del pozo no era suficiente debía acudirse a la fuente pública, trabajo casi
siempre reservado a las mujeres.Las
casas ricas se parecían a los palacios homéricos, y comprendían tres partes una
entrada que guardaba un portero, el departamento de hombres, cuyas salas y
cámaras daban a un patio rodeado de un pórtico, es decir, de una galería
cubierta sostenida por columnas, y, por último, el departamento de mujeres o
gineceo, que daba a un jardín. Los muebles principales consistían en butacas,
sillas, trípodes, taburetes, lechos de reposo, lechos de mesa —porque se comía
tendido — y cofres para las ropas. Las paredes estaban decoradas de pinturas, y
los suelos cubiertos de alfombras y cojines.
A pesar de la existencia
de un grupo de funcionarios que debían vigilar las vías públicas, el aspecto
general de las urbes griegas debía ser bastante deplorable. La ciudad estaba
dividida en barrios diferenciados según las clases sociales o la ocupación
artesanal de sus habitantes. La excepción a este caos urbanístico debió ser la
ciudad de Mileto donde el arquitecto Hipodamo desarrolló una traza cuadriculada,
que en su memoria se llama también red hipodámica. Teniendo como ejemplo la
ciudad de Mileto se construyeron un buen número de urbes en las colonias y en
Asia cuando se produjo la expansión helenística con Alejandro.
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