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El Greco: De religión
y pasión
Nacido
en Grecia y bautizado Doménikos Theotokópoulos, pero conocido
como El Greco (el griego), este artista plástico es considerado uno
de los pintores más afamados y conocidos de su época, gracias a su
enorme talento volcado en sus centenares de pinturas religiosas,
esculturas y obras de arquitectura, que con los años se convirtió en
la constante influenciada de una gran cantidad de artistas.
Si bien su nacimiento ocurrió en 1541
en la ciudad de Creta, lo cierto es que El Greco pasó la mayor parte
de su vida en España, lugar donde desarrolló su vocación y halló su
talento, por lo que muchos expertos lo consideran un pintor español.
En sus comienzos, recibió formación en
su ciudad natal, sonde el artista se dedicaba exclusivamente a la
pintura de íconos religiosos. Posteriormente, El Greco tuvo la
posibilidad de realizar diversos viajes, como por ejemplo a Venecia,
durante lo cual accedió a un primer acercamiento a la obra de
Tiziano, Tintoretto y Miguel Ángel, que en definitiva fueron los que
más influyeron en su estilo.
Después de residir por el lapso de
siete años en Roma, El Greco fue invitado por el religioso Diego de
Castilla para trasladarse a la ciudad de Toledo, ya que había sido
contratado para realizar una pintura para la iglesia de Santo
Domingo el Antiguo.
Aquel corto viaje se transformó en una
estadía de más de diez años, que culminó cuando Felipe II solicitó
los servicios de El Greco, a fin de que elaborara una obra para el
monasterio de El Escorial. El artista aceptó la propuesta y fue así
que surgió el llamado “El martirio de San Mauricio”, una pintura que
disgustó a Felipe II, por lo que no volvió a contratar a El Greco
nunca más.
A pesar de no lograr convertirse en el
pintor de la Corte, puesto al que aspiraba El Greco, lo cierto es
que su carrera siguió adelante, y cada vez era más demandado por los
aristócratas y los eclesiásticos.
Una vez instalado nuevamente en
Toledo, Fue precisamente allí donde el artista desarrolló por
completo su estilo personal y único, plagado de simbolismo religioso
debido seguramente a la influencia constante que recibía del fervor
que los habitantes de la ciudad demostraban hacia sus creencias
religiosas.
A lo largo de su carrera, El Greco dio
lugar al nacimiento de las más fabulosas creaciones, que siguen
siendo consideradas las más destacadas en lo que respecta a
temáticas de índole religiosa.
No obstante, existe una obra que suele
cosechar la admiración de todos de manera peculiar. Se trata del
cuadro titulado “El entierro del Conde de Orgaz”, donde el artista
no sólo intentó retratar una escena física, sino que además quiso
que sirviera de constancia de aquel momento que le había tocado
experimentar. Es por ello, que la técnica empleada por El Greco en
esta obra sorprende, ya que allí decidió dividir el cuadro en dos
planos diferentes que se invaden, hallándose en la parte superior el
plano celestial y en la inferior lo que representa a lo terrenal.
Entre las particularidades de la obra,
cabe destacar que lo que más destaca de la pintura es el plano
terrenal, espacio en el que aparecen los principales personajes de
Toledo de aquella época con una fidelidad asombrosa. Allí también
están presentes el pintor y su hijo.
En lo que respecta a la escultura, una
de las más conocidas figuras creadas por el artista es, sin lugar a
dudas, la llamada “Laocoonte”, en la que el personaje que da nombre
a dicha creación, junto a sus hijos, luchan contra las serpientes,
lo que hace posible la aparición de contorsiones físicas que
permiten observar el enorme talento de El Greco
Después de varios siglos, y a pesar de
que El Greco murió en 1614 en Toledo, el artista continúa siendo uno
de los más importantes artistas de España, y uno de los máximos
referentes de la historia del arte universal.
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