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La gripe es una enfermedad
producida por un virus (llamado influenza en el mundo científico). Este virus es
capaz cambiar año a año, lo cual hace que al organismo le resulte muy difícil
establecer una defensa eficaz contra el mismo. Cuando se padece gripe, la
sintomatología es muy evidente: se verifica una súbita aparición de fiebre de
breve duración (entre tres y cinco días), acompañada por secreción nasal
abundante, inflamaciones de garganta y tráquea, dolor de cabeza y un típico
dolorimiento articular y muscular.
La
gripe es una infección, contagiosa, de las vías respiratorias causada por un
virus, que daña la mucosa de las vías respiratorias y que permite a agentes
patógenos penetrar en nuestros cuerpos, provocando fiebre, dolores de cabeza y
de las articulaciones y una fuerte tos que dura varias semanas. Como el sistema
inmunológico se debilita con ella, a la gripe le pueden seguir otras
infecciones.
Al
ser contagiosa, la gripe puede convertirse en un gran peligro., dando lugar a
epidemias que se extienden a numerosos países o que atacan a muchos de los
individuos de una localidad o región. Viva está aún en el recuerdo de la
humanidad la epidemia de marzo de 1918 a febrero de 1919, denominada,
injustificadamente, «gripe española», en la que murieron más de veinte millones
de personas.
Si bien esta enfermedad constituye
cada año una molesta invasión, hubo tiempos en que la misma se erigió como una
verdadera pesadilla para médicos y pacientes. Fue en 1918 cuando una verdadera
epidemia produjo los índices de mortalidad más elevados de la historia de este
mal, provocando la muerte de quince millones de personas, en su mayoría niños y
adolescentes. (ver Gripe Española)
Al
igual que otras enfermedades que afectan a los humanos, la gripe es un producto
del contacto que mantenemos, a través de la ganadería, con animales domésticos:
la gripe nos llegó de los cerdos, el sarampión y la tuberculosis de las vacas y
la viruela probablemente de los camellos. De hecho, como el virus que provoca la
gripe se mezcla a menudo con los virus de la gripe animal, surgen nuevas
variaciones para las que no disponemos de vacunas, siendo, por consiguiente,
preciso desarrollar constantemente nuevas vacunas. En algunas granjas de Asia,
por ejemplo, donde las personas conviven con patos y cerdos, y donde los
distintos virus de la gripe pueden intercambiarse mutando sus genes, surgen
nuevas cepas.
Tal
es el origen de una variedad de gripe en el 2006 que preocupó mucho, la
denominada «gripe aviar», que se teme atacará con mortal dureza a los humanos.
Los expertos nos dicen que la presente situación no representa ninguna sorpresa
y que si la epidemia no tiene lugar ahora, será en los próximos pocos años; que
las semillas ya están sembradas y en camino de fructificar, y que nada puede
parar su aparición.
Y lo
peor es que, efectivamente, tienen razón: no hay nada nuevo, o difícil de
imaginar, en lo que se nos avecina, aunque, claro, ahora estamos mejor
preparados para enfrentarnos a ello porque sabemos más. No olvidemos, de todas
maneras, que para producir vacunas o antivirales, primero tiene que haber
surgido el virus mutante. Otro problema, acaso el gran problema, es el de ¿qué
fronteras se pueden establecer ante virus, como el de la gripe, que viajan con
el aire que respiramos (no estamos hablando ahora, recordemos, del sida, del
ébola o de la hepatitis C, que se propagan a través del contacto personal)?.
Muchos
de estos males surgen sobre todo en países pobres, con lo que se hace más
evidente que nunca la necesidad de luchar contra la pobreza. Y no sólo contra la
pobreza, también contra la ignorancia. No es suficiente, en efecto, con que los
países ricos destinen una parte de sus presupuestos a los países más pobres;
también tienen que ayudar a educarlos, a que sus sistemas educativos, sanitarios
e industriales sean mejores.
Fuente Consultada: Diccionario de la Ciencia
de José M. Sánchez Ron
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