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Guantánamo es una ciudad al
sudeste de Cuba, capital de la provincia de Guantánamo. La mayoría de sus
habitantes viven de la producción de caña de azúcar y café. A unos 15 km de la
ciudad se encuentra la base naval estadounidense de la bahía de Guantánamo,
abarca un área de 117,6 km2 (49,4 de tierra firme y el resto de agua y
pantanos).
Desde
que se independizara de España, la vida política de Cuba había estado
condicionada por la relación que mantenía con Estados Unidos. Hasta 1933, en la
constitución cubana existía una cláusula, conocida como la 'Enmienda Platt', que
permitía la intervención norteamericana en la isla, "para proteger la vida, la
libertad y los bienes' de los ciudadanos de ese país, residentes en Cuba.
La Estación Naval en la Bahía de
Guantánamo se estableció en 1898, cuando Estados Unidos obtuvo el control de
Cuba por parte de España al término de la Guerra hispano-estadounidense,
siguiendo con la invasión de la Bahía de Guantánamo en 1898. El gobierno de
Estados Unidos obtuvo una concesión perpetua que comenzó el 23 de febrero de
1903, otorgada por Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República de
Cuba.
El recién formado protectorado
estadounidense incorporó la Enmienda Platt en la Constitución cubana. El tratado
cubano-estadounidense establecía, entre otras cosas, que Estados Unidos tendría
completo control y jurisdicción sobre la bahía de Guantánamo, con propósitos de
operar
estaciones navales y de embarque, mientras que reconocía que la República
de Cuba mantenía su soberanía.
EL gobierno de Estados Unidos
mantiene en la base militar de Guantánamo —en territorio cubano— una de las
cárceles más terribles del mundo. Allí permanecen detenidos-enjaulados en
condiciones aberrantes, sin proceso judicial ni acceso a abogados, unos 500
prisioneros supuestamente miembros de Al Qaeda
y del régimen talibán. Naciones Unidas insistió durante años para poder
constatar la situación de estos prisioneros.
Este año el Pentágono aceptó, pero
con dos condiciones: los inspectores no podían tomar contacto con los detenidos
y rechazaban a dos de los integrantes de la delegación propuesta por la ONU. Uno
de estos era el embajador Leandro Despouy, actual titular de la Auditoria
General de la Nación. La ONU finalmente rechazó realizar la visita, bajo las
condiciones impuestas por el gobierno de George W. Bush. Lo que sigue es la
visión del especialista Leandro Despouy sobre La situación en Guantánamo y por
qué no se puedo realizar la investigación.
En
Junio de 2004, Naciones Unidas les pidió a cinco expertos internacionales,
encabezados por el austríaco Manfred Nowak y entre cuyos integrantes me cuento,
que visitaran los lugares de detención en Guantánamo. A partir de esta solicitud
unánime de los 54 expertos de la ONU se hicieron gestiones ante Estados Unidos
para que se permitiera la visita, pero esto fue denegado. Este año la ONU nos
mandató para que insistiéramos y para que lleváramos a cabo una investigación a
partir de testimonios y de otras fuentes.
En
octubre nos reunimos con la delegación norteamericana y a los dos días nos hizo
saber que sólo aceptaría el ingreso de tres de los cinco. Yo era uno de los
excluidos.
La
intención del equipo de investigadores que integro era la de viajar a la Bahía
de Guantánamo el 6 de diciembre, tres días después de haber inspeccionado las
cárceles en China. Era, como dijo Nowak, “el primer resultado tangible del
diálogo con el gobierno estadounidense” y un hecho que podía facilitar futuras
visitas similares a las prisiones gestionadas por Estados Unidos en Afganistán e
Irak.
La
ONU aceptó de antemano limitar la inspección de la base a un día —en lugar de
los diez habituales— y a reducir el número de inspectores que integraría el
equipo —de cinco a tres—. Nowak explicó que era tiempo suficiente para hablar
con al menos 20 presos. Junto a él, el Pentágono autorizó a viajar a la base a
Leila Zerrougui y a Asma Jahangir. El primero es experto en tortura y tratos
abusivos. La segunda, en detenciones arbitrarias. Y el tercero, en cuestiones de
libertad de creencias.
Yo
fui uno de los excluidos porque hice saber a las autoridades norteamericanas que
sólo aceptaría si se me permitía el acceso directo y privado a las personas
detenidas. Entre otras cosas, yo no quería sentar el precedente de violar esta
regla esencial del sistema de visitas para todo el resto del mundo.
Zerrougui dijo que aceptaban estas dos limitaciones en respuesta a la
cooperación mostrada por Washington. Pero añadió que no estaban dispuestos a
renunciar a los estándares mínimos que fija nuestro equipo para este tipo de
visitas, porque puede sentar un precedente peligroso con vistas a futuras
visitas en otros países y pondrán en cuestión sus procedimientos de vigilancia.
“El
acceso a los presos —dijo— es un requisito esencial para preservar la
independencia de nuestro trabajo.” El Pentágono optó al final por mantener su
negativa, limitándose a explicar que hay una guerra en curso y que Naciones
Unidas no es competente en la materia. Además, argumentan que la Cruz Roja tiene
ya un acceso permanente a los presos. Pero su trabajo es confidencial y no
pueden informar a la ONU de lo que ven dentro de la prisión extraterritorial de
EE.UU.
Se
calcula que hay 507 detenidos, según han reconocido las propias autoridades
norteamericanas. Son detenidos de distintas nacionalidades; hay afganos,
paquistaníes, sauditas, yemenitas egipcios, hay españoles, ingleses,
norteamericanos, franceses y argelinos, entre otros. Si bien existen diversas
categorías de detenidos, algunas de las cuales se superponen, el gobierno de
EE.UU. ha acuñado el término de “enemigo combatiente”. al cual, según la tesis
norteamericana no se le aplicarían los derechos humanos, solamente el derecho de
la guerra.
Estos
detenidos están en una suerte de limbo jurídico. En el caso concreto de los
encarcelados en Guantánamo y otras prisiones similares, lo que se verifica es
que esas personas no están sometidas a jueces imparciales e independientes.
Simplemente están sometidas a jurisdicciones militares que son las que
establecen la continuidad de la detención, pero los detenidos no tienen abogado.
no tienen presunción de inocencia, no tienen comunicación con sus familiares, no
tienen derecho de apelación ante las comisiones militares, con lo cual están
privados de todos los derechos y garantías que prevé el Derecho Internacional.
En mí
planteo como relator especial de la ONU señalo que no hay ninguna razón para
excluir a estos detenidos —con independencia de la calificación que se les dé—
de la protección de las normas de derechos humanos, porque esto sería válido
para todos los enemigos.
No es
la primera vez que el mundo se confronta a este tipo de situaciones en donde
—como ocurrió en la Argentina durante la dictadura— los militares argumentaban
que en el país había una guerra y que por lo tanto se declaraba el estado de
sitio y se suspendían todos los derechos humanos, pero cuando se les sugería que
aplicaran las leyes de la guerra, se negaban argumentando que la guerra era
sucia , no era un conflicto internacional, ni declarada. Con lo cual, los
detenidos quedaban en una especie de limbo donde no se les aplicaba ni una ni
otra normativa.
Aquí
sucede algo similar: el hecho de declarar que solamente se aplican los derechos
de la guerra, es una manera de excluir la posibilidad
de investigar las violaciones a lo derechos humanos.
La
ONU ha entendido que los relatores tenemos derecho a intervenir en este tipo de
situaciones. Considero que la situación concreta de los detenidos en Guantánamo
bajo comisiones militares significa una violación de toda una serie de normas
del Derecho Internacional, pero también del Derecho Humanitario, porque aun las
normas del derecho de la guerra prevén garantías judiciales mínimas cuando
alguien puede ser sometido a juicio, condenado o detenido. Esas reglas no están
siendo observadas.
El
maltrato a los prisioneros detenidos en Guantánamo, especialmente durante los
años 2002 y 2003, ha sido reflejado por la Cruz Roja Internacional, que remitió
al gobierno de Estados Unidos un informe denunciando la aplicación de métodos
“equivalentes a la tortura”. El propio Ministerio de Defensa de EE.UU. investigó
y admitió varios casos —voluntarios e involuntarios— de trato incorrecto del
Corán, el libro sagrado musulmán y de humillaciones diversas a los presos. Poco
después, Amnistía internacional (Al) dijo que Guantánamo es “el gulag de
nuestro tiempo”.
Existen testimonios de personas que han desaparecido de Guantánamo y han
aparecido detenidos en países donde no se garantizan los derechos más mínimos.
Por
un lado están las denuncias concretas sobre las condiciones de detención en la
base de Guantánamo. Pero también hay detenidos por sus presuntas vinculaciones
con Al Qaeda en Irak, en Afganistán y probablemente en algunos otros centros de
detención móviles. como barcos, etc. Según una denuncia de la organización
humanitaria Human Rights Watch, aviones de la CIA han trasladado detenidos a la
isla Diego García y a prisiones en Rumania, Polonia y otros países.
Se
trata de un número indeterminado de personas que se encuentra en condiciones de
detención secreta sobre las que no se conocen las razones o motivos de la
acusación, no tienen acceso a un defensor, ni se les permite mantener contacto
con sus familiares, ni ninguna de las garantías judiciales que tradicionalmente
se respetan para una detención.
A
esto se suma el hecho de que los relatores de la ONU sobre torturas han recibido
testimonios de que los detenidos son sometidos a torturas y vejaciones. Se
conoce, por ejemplo, que hay médicos que participan de los interrogatorios. En
este sentido, hay testimonios de personas que han estado en Guantánamo y serán
la base del próximo in forme de la ONU sobre el tema. Este es un tema muy
ríspido para Washington.
En
este momento hay un colectivo de abogados en EE.UU. que pretende defender a los
detenidos de Guantánamo ante los tribunales norteamericanos. Sin embargo. día a
día se avasallan más y más derechos. Hace un tiempo, la Corte había establecido
que debían aplicarse los Convenios de Ginebra sobre la Guerra y sería
importantísimo que declarase la ilegalidad de las detenciones y que se los
someta ajuicio en EE.UU.
La
tendencia, sin embargo, parece ser la contraria: por 49 votos a favor y 42 en
contra, el Senado de Estados Unidos aprobó una resolución que despoja a los
“combatientes extranjeros” detenidos en la base de Guantánamo del derecho a
recurrir su detención ante la Justicia. Esta posibilidad había sido reconocida
el año pasado por el Tribunal Supremo y los reclusos la habían ejercido hasta
ahora. La decisión se originó a partir de una enmienda presentada por un senador
republicano.
La
decisión no es casual: por una parte, de ser aprobada la enmienda, cancelaría
los procesos ya iniciados. Y por otra parte, paralizaría el análisis que la
Corte había anunciado.
Ahora, para ser oficial, la nueva enmienda debe ser ratificada por el Congreso,
lo cual no supondrá ningún problema, dada la mayoría republicana. La decisión
supone la anulación de la opinión que la Corte Suprema de EE.UU. emitió en junio
de 2004 en la que se reconocía el derecho de los detenidos en Guantánamo a
recurrir judicialmente su detención. Casi 200 del medio millar de ellos habían
hecho uso de esta posibilidad. Con la nueva regulación, todas las demandas que
estén en trámite quedarán anuladas. Y los prisioneros quedarán más aislados aún
de la Justicia e
A la
edad en la que muchos otros jóvenes en el mundo van a la escuela, escuchan
música o son prisioneros de la televisión, el adolescente Omar Khadr es uno de
los prisioneros que pueblan [os calabozos de as cárceles de Guantánamo.
Amnistía Internacional pudo recoger su testimonio, que se puede ver en la página
de Internet de la entidad.
Omar
fue detenido por fuerzas norteamericanas cuando tenía 15 años, en una trinchera
en Afganistán. El chico fue herido y apresado durante una batalla en la ciudad
de Khost, donde hubo una encarnizada resistencia a la ocupación norteamericana.
Durante su captura recibió tres balazos que casi le cuestan la vida. Atrapado,
fue acusado de haber matado a un soldado norteamericano.
EL CASO DE OMAR KAHDR:
Encerrado sin días ni noches:
Su
testimonio deja al descubierto el maltrato al que son expuestos los reclusos,
aun cuando el gobierno de Estados Unidos indica que “son tratados de acuerdo con
su edad y condición”. Pero Omar Khadr sólo tenía 15 años y su condición de niño
y de ser humano fue dejada de lado en el momento de su detención.
En su
relato cuenta que en su primera etapa de detención en territorio afgano le fue
negada cualquier tipo de medicación para aliviar el dolor de sus heridas, que no
le permitieron usar el baño al punto de que se orinó encima que tenía sus manos
atadas a una puerta mientras una bolsa le cubría la cabeza. Además, le tiraban
agua fría y los oficiales ingresaban con perros para atormentarlo.
En
octubre del 2002 fue transferido a la Bahía de Guantánamo y allí fue sometido a
terribles torturas. Le esposaron las manos y sujetaron sus pies al piso
dejándolo así por varias horas mientras que oficiales norteamericanos se le
acercaban sólo para burlarse.
Fue
encerrado en habitaciones frías, golpeado por guardias, levantado del cuello con
las manos esposadas para después ser arrojado al piso. También llegaron a
cortarle la respiración presionando sobre su cuello.
“Tu
vida está en mis manos”, le advirtió el interrogador a Omar Khadr en Guantánamo
y así era. Estuvo por más de un año en el Campo y de Bahía de Guantánamo, el de
máxima seguridad reservado para reclusos de “alto valor”.
Cuenta que allí no existían los días ni las noches, las luces estaban encendidas
tas 24 horas, si alguien intentaba cubrirlas con sus ropas era severamente
castigado. El frío de la refrigeración destrozaba sus pulmones y muchas veces
fue aislado del resto por períodos de aproximadamente un mes.
Además de las palizas y los interrogatorios, constantemente era amenazado con
ser trasladado a Afganistán, donde la tortura acabaría con su vida. También lo
amenazaban con ser violado por un soldado egipcio, conocido como “El Número
Nueve”.
En julio del 2005, Omar inició una huelga de hambre junto con otros 200 detenidos
por el maltrato y las condiciones en las que se encontraban. Durante [a huelga
de hambre el abuso no paró. El se encontraba debilitado y casi sin fuerzas para
trasladarse, pero eso no evitaba que en [os traslados a su celda recibiera de
parte de [os carceleros innumerables patadas en sus piernas.
A
instancias de unos abogados, pudo ser evaluado por psiquíatras independientes
que corroboraron los efectos traumáticos de [a tortura. El doctor Erico W.
Trupin, experto en salud mental de jóvenes, dictaminó que tos síntomas de Omar
Khadr eran los presentados por una persona expuesta a la tortura, y llamó al
cese de la misma. Concluyendo en que sufría severos “trastornos psicológicos” y
“alto riesgo de suicidio”. Sin embargo, este informe fue cuestionado por [os
abogados del gobierno.
El
caso de Omar fue uno de los pocos que pudo llegar a una Corte estadounidense, y
según consta en los archivos el joven fue entrevistado por funcionarios
canadienses, a partir del 27 de marzo del 2003, cuatro veces en cuatro días, sin
embargo nadie reparó sobre su estado de salud ni le ofrecieron la posibilidad de
enviar un mensaje a su familia.
El
gobierno de EE.UU. lo considera combatiente de Al Qaeda y lo califica como un
“combatiente enemigo”. El Departamento de Defensa anunció que el 7 de noviembre
iba a ser examinado por una comisión militar en forma completa y justa. Pero el
secreto sobre Guantánamo impuesto por el Pentágono impide saber si ese examen se
hizo y cuáles fueron los resultados.
Informe: de Revista Veintitrés
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