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DOCUMENTO 1 El ataque
Sordo, mudo, saturado de pólvora y de ruido, camino automáticamente
[…] Veo a los hombres como caen a mi lado [...]. Las
balas llegan por ráfagas, muy bajas, y levantan la tierra a mi
alrededor. «Nos están disparando con ametralladoras», dice mi
compañero. [...] Estamos a menos de 40 metros de sus
trincheras y el enemigo aún es invisible.
GALTIER-BOISSIERE:La fleur
au fusil.
DOCUMENTO: 2 Las trincheras
Las ratas se han multiplicado en estos últimos tiempos, sobre todo
desde que casi no limpiamos las trincheras [...]; las ratas
son aquí particularmente repugnantes a causa de su medida [...].
Parecen muy hambrientas. Se comen el pan de casi todo el mundo.
Kropp tiene su trozo envuelto y escondido bajo su cabeza, pero no
puede dormir porque las ratas le pasan sobre la cara para ir a
buscar el pan [...].
Los primeros momentos, con la careta antigás, son decisivos para
saber si vivirás o morirás; la cuestión consiste en comprobar si es
impermeable y no está rota [...].
REMARQUE, EM.: Sin novedad
en el frente.
DOCUMENTO: 3 Los gases
La muerte nos envolvió, impregnó la ropa y las mantas y mató todo
aquello que respiraba en nuestro entorno. Los pajarillos cayeron en
las trincheras, y los gatos y los penos, compañeros nuestros de
fatigas, se tendieron en el suelo a nuestros pies y nunca más
despertaron. Habíamos visto de todo: minas, obuses, bombas
lacrimógenas, la devastación de los bosques, los negros fragmentos
de las minas que caían por todas partes, las más espantosas heridas
y las avalanchas de hierro más asesinas, pero nada se podía comparar
con esta niebla que, durante horas largas como siglos, ocultó a
nuestros ojos el resplandor del sol, la luz del día, la blanca
pureza de la nieve.
Lefllon,
20 de marzo de 1917.
DOCUMENTO: 4 La miseria iguala a los soldados de ambos bandos
Dentro de todo este barro, los combatientes tienen el aspecto más
extraordinario. La suciedad ha revestido a los soldados de un
uniforme en el cual la invisibilidad desafia todo reconocimiento.
Van vestidos de tierra, maquillados de tierra. Los pantalones, la
capa, la cara, las armas están llenas de barro. [...] Sólo la
culata de los fusiles está cubierta con un trapo para protegerla. No
podemos distinguir silos cadáveres que encontramos por el camino son
franceses o alemanes.
L’Illustration,
24 de abril de 1915.
DOCUMENTO: 5 La deserción de los soldados
Suplico una vez más, de la manera más apremiante, que vengan a
relevarme, puesto que ya sólo queda un tercio de los combatientes.
[...1 Resulta muy difícil mantener a los hombres en sus
puestos amenazándoles con un consejo de guerra. Cada vez que cae una
bomba, los hombres huyen y hay que empujarles hacia delante. Ni tan
siquiera el ejemplo que dan los comandantes de las compañías produce
el menor efecto. Tal situación es la consecuencia de los esfuerzos
excesivos que se les han exigido del 2 al 13 de mayo, y del
agotamiento físico y moral, interrumpido solo por escasas jornadas
de descanso.
Fragmentos del diario de un oficial
alemán, sobre los soldados, junio 1915. |