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CAUSAS Y ANTECEDENTES:
Entre los años 1860 y 1870 la cuenca del Plata fue escenario de una cruel guerra
entre los países ribereños de sus grandes ríos. Argentina, Brasil y Uruguay por
un lado y Paraguay por el otro. Protagonizaron un largo y sangriento conflicto
que dejó como saldo un Paraguay papel secundario. Nefasta contienda, cuyos
hechos enlutan la historia de cuatro países americanos a la que condujeron
circunstancia políticas, rivalidades territoriales que superaron toda
consideración humanitaria..
CAUSAS Desde 1810 Paraguay sometido a una
dictadura paternalista vivió aislado de la política rioplatense. Gaspar
Rodríguez de Francia dirigió los destinos de aquel estado mediterráneo al que la
fuerte rivalidad comercial con Buenos Aires instó a emanciparse de los gobiernos
porteños. En 1840 falleció Francia y tras un breve intermedio, el poder quedó en
manos de Carlos Antonio López quien de hecho se convirtió en gobernante
absoluto. En 1862 falleció y su hijo Francisco Solano mediante una ficción
constitucional heredó el poder.
La
situación geográfica de Paraguay condenó este país a un callejón sin salida. Su
puerta al mar, es decir, el libre acceso a las rutas comerciales de ultramar
dependía de los ríos argentinos. La actitud prudente de Gaspar Francia que evitó
mezclarse en los problemas de las regiones vecinas, fue alterada por los López
sobre todo por el segundo de ellos.
El
problema de los ríos se sumo a cuestiones de límites entre Argentina y Paraguay
(Misiones y Chaco) y entre este país y el Brasil (en el Mato Grosso) heredadas
de las imprecisas demarcaciones virreinales. La navegación del Vio Paraguay
(comunicación natural con la última región citada) era, al mismo tiempo. una
cuestión de vital importancia para Brasil, y ello ocasioné diversos conflictos.
HACIA LA CATÁSTROFE. En 1863 la lucha entre
blancos y colorados, en Uruguay, sirvió de excusa para la intervención de Brasil
en ese pequeño estado. En realidad, fue la presión de los hacendados
riograndenses, fuertemente interesados en los campos fronterizos, lo que impulsé
la actitud del Imperio. La República Argentina dirigida entonces por Mitre,
permaneció neutral, en tanto las fuerzas brasileñas atacaban al país hermano con
apoyo de las fuerzas coloradas de Venancio Flores.
Los
blancos acudieron ante Paraguay en procura de ayuda y el dictador López vio la
oportunidad de intervenir en favor de lo que él llamaba el equilibrio en el
Plata. Su intimación a Brasil para que cesara la intervención en Uruguay no fue
aceptada iniciándose entonces las hostilidades.
LA
POSICIÓN ARGENTINA. Brasil era el rival tradicional de Buenos Aires
en el Plata. En la cuestión oriental el gobierno de Mitre (simpatizante, por
otra parte. de los colorados) había permanecido al margen esto es permitiendo la
intervención del Imperio, una vez que éste garantizó la integridad territorial
de Uruguay.
Al estallar la lucha entre Brasil y Paraguay, este último país
solicitó de la República Argentina autorización para trasladar sus ejércitos a
través de su territorio, cosa que le fue negada. Para nuestro gobierno, una
actitud favorable a Paraguay podía significar un serio peligro: las ambiciones
de Solano López de lograr una salida al mar para su patria afectaban la
seguridad del litoral, donde la política paraguaya contaba con adeptos entre los
enemigos del gobierno mitrista.
La
negativa de Buenos Aires lanzó a Paraguay ya en guerra con Brasil, al conflicto
con las otras dos naciones involucradas, pues en Uruguay el apoyo imperial dio
la victoria a los colorados y Venancio Flores, llegado al poder
con ese triunfo se apresuró a aliarse con Argentina y Brasil.
LA GUERRA :
López inició las acciones contra Brasil capturando al vapor de esa bandera
Marqués de Olinda. el 11 de noviembre de 1864; en febrero de 1865 declaró la
guerra a la República Argentina, aunque este hecho fue conocido por Buenos Aires
mucho más tarde. Para ese entonces los blancos uruguayos habían sido vencidos.
LA OFENSIVA PARAGUAYA. López erró sus
cálculos desde el principio. Aguardando tal vez un pronunciamiento favorable de
los federales argentinos sobre todo del litoral, inició sus operaciones hacia el
norte, invadiendo exitosamente el territorio brasileño de Mato Grosso. Este
triunfo no fue decisivo; en cambio, dio tiempo a la derrota de los blancos
uruguayos evitando toda posible coordinación de esfuerzos con los paraguayos. A
mediados de abril las tropas paraguayas invadieron la provincia argentina de
Corrientes, avanzando a lo largo de los ríos Paraná y Uruguay.
LA TRIPLE ALIANZA. El 1 de mayo de 1865
Rufino de Elizalde (ministro argentino de Relaciones Exteriores), Octaviano de
Almeida Rosa y Carlos de Castro (representantes de Brasil y Uruguay.
respectivamente) signaron el llamado Tratado de la Triple Alianza. Se
puntualizaba allí que la guerra seria dirigida contra el gobierno y no contra el
pueblo paraguayo simple participante en los hechos, y que se respetaría la
integridad del Paraguay. Sin embargo, el tratado establecía ventajas
territoriales para los estados firmantes.
Paraguay, fruto de la política armamentista de los López, contaba con un
poderoso ejército, parcialmente dotado de armas modernas arsenales y
manufacturas de guerra. Podía poner en armas 6000 hombres y contaba con varios
vapores de guerra y otros adaptados al efecto en parte tripulados por marinos
ingleses.
LAS OPERACIONES EN EL LITORAL
(1865).
El
avance paraguayo sobre la Mesopotamia sufrió un rudo contraste ante la marina
imperial en el sangriento combate naval del Riachuelo (11 de abril de 1865)
donde, pese al valor de los paraguayos su escuadrilla quedó fuera de combate y
los ríos en poder del enemigo.
El 17
de setiembre de 1865 una parte de las fuerzas paraguayas al mando de
Estigarribia se rindió en Uruguayana —localidad brasileña que habían ocupado— a
los aliados encabezados por Mitre (jefe terrestre de los ejércitos de la Triple
Alianza). Cerca de 30.000 hombres había empeñado López en
esta ofensiva y tras la derrota citada debió ordenar su repliegue.
LAS LUCHAS EN TERRITORIO PARAGUAYO.
Desde 1866. Paraguay, librado a sus solos recursos, cortada toda
comunicación con el exterior, se limitó a una desesperada acción defensiva que
sólo prolongaron el coraje de sus soldados y la ceguera y el despotismo de
López, confiado en su eficaz sistema de fortificaciones.
La
ofensiva aliada al suelo paraguayo (las tropas argentinas sumaban ya 25.000
hombres) fue seguida por tremendos encuentros, generalmente desfavorables a
Paraguay. Se sucedieron así Estero Bellaco (2 de mayo de 1866), Tuyuti (24 de
mayo de 1866), Boquerón y El Sauce (16 y 18 de junio). Señalamos, como dato
curioso, el empleo que las fuerzas de la Triple Alianza hicieron, en alguna
oportunidad, de globos cautivos
Una
entrevista entre Mitre y López celebrada en Yataiti-Corá, no produjo ningún
resultado favorable, ya que el mandatario argentino no quiso negociar al margen
del Brasil (cosa que Brasil hizo luego) y la guerra siguió su curso.
CURUPAYTÍ. El
22 de setiembre de 1866 un asalto frontal contra las trincheras paraguayas que
guarecían aquella fortaleza terminó en un desastre. El bombardeo naval de la
escuadra brasileña, al mando del almirante Tamandaré no hizo mella en los
atrincheramientos del ene migo, y las tropas terrestres dirigidas por Mitre
sufrieron un duro revés: solo el ejército argentino perdió más de 5000 hombres
entre ellos Dominguito Sarmiento. La se prolongó entonces al tiempo que los
opositores al mitrismo y el sentimiento de las provincias contrario a la guerra
creaban una caótica situación en el interior del país.
EL FIN DE LA CONTIENDA. Pese a Curupayti la
derrota paraguaya era cuestión de tiempo. Los ejércitos enfrentados se
debatieron en nuevos y sangrientos encuentros (Piquisirí, ltá Ibaté) y el
5 de enero de 1869 (Sarmiento ya gobernaba en Buenos Aires) las fuerzas de la
Triple Alianza entraban en Asunción.
Solano López continuó con su deshecho ejército una acción sin esperanzas hasta
caer muerto ante una partida brasileña en marzo de 1870.
CONSECUENCIAS DE LA GUERRA. Paraguay quedó
literalmente arrasado; la mayoría de su población útil había caído en el
combate. Las pérdidas humanas sufridas por sus enemigos fueron también
considerables; las secuelas de la guerra se dejaron sentir por largo tiempo en
la República Argentina.
El
conflicto no terminó con el cese del fuego. Los problemas pendientes fueron
resueltos por la diplomacia. El Imperio impuso a los vencidos los limites que a
él le convenían; la República Argentina negoció largamente los territorios en
conflicto, tras haberse iniciado la paz con la generosa doctrina de Varela,
ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento: la victoria no da derechos a las
naciones aliadas para declarar por si límites que el tratado señaló.
Los
resultados obtenidos por unos y otros no justificaron el conflicto. La única
moraleja a extraer, si cabe sacarlas de los hechos históricos, sólo demuestra lo
inútil y costoso de las guerras entre pueblos hermanos.
Fuente Consultada: Historia 3
La Nación Argentina Kapelusz
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