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LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
(1939-1945)
Introducción:
La Segunda Guerra Mundial superó claramente a la
Primera, tanto por la duración y la intensidad
de los combates como por las pérdidas humanas y los recursos que se utilizaron:
participaron 72 Estados, fueron movilizados 110 millones de hombres, el coste
económico de la guerra fue cuantiosísimo y hubo más de 40 millones de muertos.
El
norte de China, Japón y Europa quedaron devastados y su equipamiento industrial,
ferroviario, portuario y viario quedó muy maltrecho. Además, la Segunda Guerra
Mundial tuvo una extensión realmente mundial, ya que se combatió en casi todos
los continentes (Europa, Asia, África y Oceanía) y en todos los océanos.
En
el terreno armamentístico, las grandes potencias enfrentadas perfeccionaron y
pusieron a punto instrumentos de ataque suficientemente terribles como para
destruir a toda la Humanidad. La aparición de las grandes unidades blindadas, la
utilización de los submarinos, de los portaaviones, de los misiles antiaéreos,
del radar y de la aviación como recurso habitual para el transporte de tropas y
para los bombardeos sobre la población civil, hicieron de este conflicto una
verdadera carrera hacia a destrucción. Finalmente, la explosión de la primera
bomba nuclear marcó un hito en la historia del miedo atómico, al demostrar que
era posible destruir la humanidad.
La
mayoría de los problemas que llevaron a la S.G.M. fueron conflictos que no se
habían resuelto en la P.G.M. o que tenían origen en ella. La humillación de
Alemania en el Tratado de Versalles, la crisis económica de los años 30 y el
ascenso al poder del nazismo provocaron en este país un sentimiento de revancha
que culminó en una actitud agresiva hacia el resto de Europa.
Esta
guerra que estalló en 1939 fue el segundo conflicto que, iniciado en
Europa, llegó a convertirse en una “guerra total”, porque directamente incluyó a
países de otros continentes e influyó indirectamente en los aspectos políticos,
sociales y económicos en el resto del
mundo, de manera similar como sucediera
con el enfrentamiento armado de 1914. Pero a diferencia de éste, la Segunda
Guerra Mundial lite un conflicto de escala mucho más grande y de mayor duración,
que se propagó a territorios más extensos y llegó a ser más cruel e implacable.
En su origen, aparte de la rivalidad internacional inherente a todo conflicto de
esta naturaleza, intervinieron otros factores relacionados con los eventos
ocurridos en el mundo durante los veinte años del periodo de entreguerras.
Causas o Factores de origen del
Conflicto: En
primer lugar, la Segunda Guerra Mundial surgió en función del enfrentamiento
entre ideologías que amparaban sistemas político—económicos opuestos. A
diferencia de la guerra anterior, enmarcada en un solo sistema predominante —el
liberalismo capitalista, común a los dos bandos—, en el segundo conflicto
mundial se enfrentaron tres ideologías contrarias: el liberalismo democrático,
el nazi—fascismo y el comunismo soviético. Estos dos últimos sistemas, no
obstante ser contrarios entre sí, tenían en común la organización del Estado
fuerte y totalitario y el culto a la personalidad de un líder carismático,
características opuestas al liberalismo que postula la democracia como forma de
gobierno y la libertad e igualdad de los individuos como forma de sociedad.
En
segundo lugar estaban los problemas étnicos que, presentes desde siglos atrás,
se fueron haciendo más graves al llevarse a efecto las modificaciones
fronterizas creadas por el Tratado de Versalles, que afectaron negativamente
sobre todo a Alemania y a Austria —naciones pobladas por germanos— y redujeron
de manera considerable sus territorios.
Este hecho fue determinante para
difundir en esos pueblos el sentimiento de superioridad de la raza germana
—identificada por Adolfo Hitler como “raza aria” de acuerdo con una idea
desarrollada en la filosofía alemana del siglo XIX— frente a los grupos
raciales, principalmente los judíos que controlaban la economía capitalista, y
quienes, según la perspectiva de los nazis, habían dividido a los pueblos
germanos e interrumpido su desarrollo económico.
Por
otra parte, la insistencia de Hitler por evitar el cumplimiento del
Tratado de
Versalles provocó diferentes reacciones entre los países vencedores: Francia,
que temía una nueva agresión de Alemania, quería evitar a toda costa que
resurgiera el poderío bélico de la nación vecina. En cambio, el gobierno
británico y el de Estados Unidos subestimaban el peligro que el rearme alemán
representaba para la seguridad colectiva; consideraban que el Tratado de
Versalles había sido demasiado injusto, y veían con simpatía la tendencia
anticomunista adoptada por la Alemania nazi, porque podría significar una
barrera capaz de detener el expansionismo soviético hacia Europa, calificado
entonces por las democracias occidentales como un peligro mayor y mucho más
grave que el propio nazismo. A causa de ese temor al comunismo, el gobierno
británico adoptó una política de “apaciguamiento” respecto al expansionismo
alemán, bajo la idea de que al hacer concesiones a Hitler podría evitarse una
nueva guerra y se obtendría, además, su colaboración contra el peligro
soviético.
En
tercer lugar, en la década de los años treinta la situación del mundo era muy
distinta a la de 1914. Aparte de los trastornos ocasionados por la crisis
económica iniciada en Estados Unidos, aún persistían los efectos devastadores de
la Primera Guerra Mundial, que había producido una enorme transformación en
todos los ámbitos de la vida humana y originado grandes crisis en prácticamente
todos los países de la Tierra. Además, la secuela de tensiones internacionales
que ese conflicto produjo, preparaban el camino para una nueva guerra, no
obstante los intentos de la Sociedad de Naciones por evitarla. Por esta razón,
puede decirse que la Segunda Guerra Mundial se originó directamente de la
Primera; de ahí que ambos conflictos, enlazados por el periodo de entreguerras,
constituyan lo que se considera como la “Segunda Guerra de los Treinta Años” en
la historia moderna de la humanidad.
La crisis económica de la década
de 1930 había estimulado a Japón a sustituir a Europa en el Lejano Oriente y a
construir lo que ellos mismos llamaban «la gran Asia Oriental«, dominada por el
nuevo orden japonés. Así, Japón inició una política expansionista que tenía un
doble objetivo. Por un lado, controlar territorios para extraer materias primas
y dominar sus exportaciones, y, por otro, reabsorber la crisis industrial
mediante los encargos de armamento. La expansión «pacífica» de los años veinte
se convirtió en la década de los treinta en expansión militar, que se inició en
1931 con la invasión de Manchuria, que se convirtió en Manchukuo, un estado
satélite del Japón. La guerra en el Lejano Oriente comenzó, en realidad, en
1937, cuando se generalizó el conflicto chino japonés, y tuvo su momento
decisivo en 1941, con el ataque a la base norte-americana de Pearl Harbour.
A
semejanza de la Primera Guerra Mundial, la Segunda se presenta en dos fases:
a)
desde 1939 a 1941 cuando se desarrolla fundamentalmente en Europa y muestra una
orientación favorable a las potencias del Eje;
b) desde 1942 a 1945, cuando la guerra adquiere dimensiones mundiales y
paulatinamente pasa a ser favorables a los países aliados encabezados por Gran
Bretaña, EE.UU. y URSS.
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