Este
enfrentamiento entre el poderoso
imperio persa y las polis griegas encabezadas
por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia Introducción: Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural. Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro. Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada. El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses. En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade. De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas. Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa. Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas. La revuelta de Jonia
En 545 a. C. Ciro
el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las
polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia). Éstas soportaban cada
vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la
competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en
499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el
dominio de los persas aqueménidas. Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes
(498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió
desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica
para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos
barcos. Maratón En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia. Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas. Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490). El soldado Filfpides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida. El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense. La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483). La segunda guerra médica
Las revueltas
en el imperio y
la muerte de
Darlo (486) impidieron a los persas realizar una nueva expedición de castigo.
Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una
gran campaña para invadir Grecia. Las cifras proporcionadas por el historiador
griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición
contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular
logística. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes)
se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o
sumisión del oráculo de Delfos. Esparta, la mayor potencia militar griega y
líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas.
La Liga de
Delos: Esparta, poco
amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo
oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso. Fue Atenas,
apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos
(476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los
estrechos. La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las
ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides
el Justo. Éste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades,
partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en
el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se
demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue desplazado del
poder (471). |
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