ORIGEN DE LA GUILLOTINA

ORIGEN DE LA GUILLOTINA Y EL FINAL DE ROBESPIERRE

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La Revolución Francesa se radicaliza, favorecida por las dificultades económicas y el peligro exterior, y parece como si se hubiera propuesto instaurar una república sin ricos ni pobres. A partir de 1793, nada se cruza ya en su camino, y la Convención reconoce la utilidad del Terror; de ahora en adelante se guillotinará a todos los sospechosos.

En nombre de la guerra y del hambre, el gobierno revolucionario organiza el país a modo de una gigantesca fábrica de pan y armas. Poco a poro se transforma en una dictadura, alejándose de las exigencias del pueblo, del que ya no necesita ningún apoyo y, en nombre de la felicidad social, oprime a los que antes le sostenían.

No se respeta el tope máximo de los precios y sí el de los salarios, lo que le indispone con los artesanos y los obreros. Los moderados aborrecen la guillotina, y la Convención soporta a duras penas el dirigismo del Comité de Salud Pública. Este, minado por las disputas internas, golpea a la izquierda eliminando a Hébert y a los ultras, y a la derecha, eliminando a Danton y a los Indulgentes. El dirigismo de Robespierre inquieta a la Convención, que le acusa de dictadura personal. Sus ausencias de la Asamblea causan su caída el 9 termidor. Una coalición heteróclita, formada por partidarios de Danton, por especuladores temerosos, por sus rivales del comité Billaud-Varenne y Collot d’Herbois y por representantes enviados diversas misiones, a los ene se había hecho llamar lo conduce a la guillotina.

El pueblo de París no movió un dedo. La burguesía moderada y los terroristas arrepentidos vuelven a hacerse con el control de los asuntos de Estado, preservando las conquistas revolucionarias que les eran favorables.

ORIGEN DE LA GUILLOTINA: La palabra guillotina se originó en el apellido del autor de la iniciativa, el médico francés José Ignacio Guillotin, que el 10 de octubre de 1789 presentó a la Asamblea de los Estados Generales un proyecto de ley para humanizar —valga la paradoja— la pena capital y abolir los antiguos métodos de ejecución; el ahorcamiento para los villanos, la decapitación para los nobles y el infamante de la rueda aplicado a los asesinos, por sustentarse el principio de igualdad de pena para todos, sin distinción de clases y para evitar sufrimientos innecesarios al reo.

El proyecto del Dr. Guillotin, que al principio no despertó interés, tuvo aprobación en marzo de 1792, pero su diseñador no fue el autor de la idea, sino el Dr. Louís, de la Academia de Cirugía de Francia. A un alemán constructor de clavicordios llamado Schmidt, se le encargó la fabricación de la máquina, que, terminada, fue experimentada con cadáveres y animales.

Su estreno tuvo lugar el 27 de mayo de aquel año con un delincuente común ‘llamado Pelletíer. En sus comienzos y por breve tiempo, popularmente se la denominó la Louison o la Louisette, por el Dr. Louis que dirigió la construcción; inexplicablemente se le cambió por el de guillotina, con que ha llegado a nuestros días. No está demás recordar que en rigor, la “máquina niveladora” como se la denominó también, tuvo origen en un aparato de forma más simple empleado en Italia en el siglo XVI, llamado mannaja, que en Francia se aplicó en la ciudad de Tolosa en 1632, cuando se decapitó al duque de Montmorency, al ser vencido en la lucha contra su poderoso enemigo, el cardenal Richelieu.

Refiere Arthur Conte que Luis XVI examinó con atención una estampa  guillotina y expresó que él no desaprobaba la máquina, que la prefería a la horca por hacer sufrir menos al ajusticiado. Aunque se ha dicho que el Dr. Guillotin comprobó en cuello propio la eficacia de su invento se ha comprobado históricamente que falleció de muerte natural en Paris, el 25 de marzo de 1814, cuando la máquina por él concebida funcionaba en lugar fijo, en la plaza de Gréve (Humberto F. Burzio. en “La ejecución de Luis XVI en un manuscrito anónimo”).

Un corte humanitario En 1789, el doctor Guillotin sugirió que Francia adoptara la humanitaria máquina de ejecuciones que ya se usaba en Italia. La Asamblea se impresionó por su rapidez—demostrada en 15 cuerpos donados por un hospital—, y en abril de 1792, la máquina mortal decapitó al primer francés, un asaltante de caminos. Al final del Terror, el rey, la reina y otras 17,000 víctimas habían muerto bajo la hoja de la guillotina.
 

ESPECTADORES EN EL CADALSO
Para acelerar la eliminación de sus enemigos, Robespierre anuló, el 10 de junio de 1794, el derecho a la defensa legal y limitó las sentencias: absolución o muerte. Como consecuencia, el número de condenados a la guillotina aumentó de manera torrencial. La mayoría de los parisinos, hastiados ante las muertes, evitaban la plaza donde se alzaba la guillotina. Entre los espectadores asiduos figuraban las "tejedoras": mujeres que aparecían diariamente junto a la guillotina, con sus tejidos, y que presenciaban las sentencias. Sus burlas ante los aristócratas, que se mostraban aterrorizados, las convirtieron en símbolos del Terror; se les conoció como las "Furias de la Guillotina".

Fuente Consultada: Gran Atlas de la Historia Universal Tomo I

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