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EL DESMANTELAMIENTO DEL ESTADO DE
BIENESTAR:
Luego de la crisis del petróleo (1973) que afectó a todo el sistema capitalista,
se comenzó a debatir sobre las funciones que había llevado a cabo hasta entonces
el Estado como garante del funcionamiento del mismo sistema. Una de las
principales críticas que nacían desde los sectores neoliberales era que,
justamente el Estado, denominado en el periodo 1930 – 1970 como “Estado de
Bienestar” o “estado Benefactor”, basado en las
teorías económicas de Keynes
(foto), era el culpable de la crisis del momento y por lo tanto debía ser
reformulado. Es decir, según los postulados neoliberales el Estado debía dejar
de intervenir en la economía, no solo como controlador sino también como
generador y distribuidor de riquezas, ya que estas últimas funciones hacían que
el Estado elevara considerablemente su presupuesto dejando sin ganancias a las
grandes empresas. De esta forma se ponía en lugar central, para la salida de la
crisis, a la reducción de los gastos del Estado.
A partir de los años 80, con el
triunfo de las posturas neoliberales en lo económico y de la llegada al gobierno
de
representantes de éstos en los principales países del mundo, se puso en
marcha, en la mayoría de los Estados capitalistas, una serie de planes de ajuste
y recortes presupuestarios en áreas como salud y seguridad social.
Las consecuencias no se hicieron
esperar demasiado: aumento de la desocupación, despidos producidos por el propio
Estado y por las empresas privadas, brusca disminución de las ventas debido a la
pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, privatizaciones en todas las
áreas, suspensión o cierre definitivo de servicios que cumplían funciones
sociales (transportes, educación, salud, etc.).
Otra de las consecuencias que
trajo aparejada el desmantelamiento del “Estado de Bienestar” y su papel
regulador de la relaciones entre los empresarios privados y los trabajadores,
fue la pérdida, por parte de los sindicatos, de su poder de negociación ante las
medidas neoliberales y de la homogeneidad en sus reclamos.
El fuerte aumento del desempleo,
el cierre de empresas y el deterioro de las condiciones de trabajo, presionaron
a los que todavía conservaban su puesto, a aceptar nuevas condiciones de
“flexibilidad” laboral. Estas “facilidades” brindadas a los particulares fueron
aprovechadas para bajar costos laborales directamente con la disminución de
salarios y de esta manera recuperar o mantener los niveles de ganancia.
La excusa era que el Estado era
ineficiente, y que sus gastos generaban inflación. Para “corregir” estas
deficiencias, se aplicaron ajustes de todo tipo, que los trabajadores,
desmovilizados por el miedo a más pérdidas de empleos, no tuvieron más remedio
que aceptar.
Al mismo tiempo, la “revolución
tecnológica” de los ´70, había provocado una alta tecnificación de la industria,
con la consecuente disminución de la mano de obra y la especialización de la
misma. El desempleo aumentó el número de trabajadores marginales o informales,
con trabajos temporales, artesanales o de servicios alternativos (transporte,
seguridad, etc.).
Esta situación generó diferentes
tipos de trabajadores (heterogeneidad de la clase trabajadora): por un lado unos
muy especializados, trabajando en empresas con cierta estabilidad y con mayor
capacitación; otros, trabajadores “flexibilizados”, con una gran inestabilidad
laboral y otros directamente desocupados, marginados o caídos del sistema
laboral. Evidentemente esto significó un quiebre en la unidad (homogeneidad) de
la clase trabajadora y en los reclamos obreros.
NUEVAS FORMAS DE ARTICULACIÓN DE
LAS DEMANDAS SOCIALES
Desde mediados del siglo XIX la
forma de reclamar y protestar de las masas había sido canalizada principalmente
por los partidos políticos y por los sindicatos.
Al terminar el siglo XX, nos
encontramos con una profunda crisis de los partidos políticos tradicionales y
por diversas razones se ha producido un debilitamiento de los sindicatos. Esta
situación produjo nuevas formas y canales de participación para la demanda
frente a situaciones injustas y de explotación. Las Organizaciones No
Gubernamentales (ONG), comenzaron a surgir y a reemplazar en algunas áreas a los
partidos y al Estado: la defensa de los derechos humanos, de la mujer, del
consumidor, de la ecología, de los homosexuales, etc. Grupos de damnificados por
diferentes hechos (accidentes, cierres de bancos, desalojos, etc.) hicieron oír
sus reclamos sin comprometerse con partidos ni con organismos de gobierno,
sindicatos o instituciones religiosas.
Con su constante denuncia y
accionar contra las empresas que dañaban el medio ambiente y contra los
gobiernos que lo permitían, las organizaciones ecologistas tuvieron un papel y
un rol destacado, logrando concienciar a gran parte de la población mundial, del
peligro que significaba no cuidar el planeta.
De la misma manera, sobresalieron
los grupos defensores de las minorías discriminadas por razones étnicas,
religiosas, sexuales, etc. Organizaciones defensoras de los derechos de los
indígenas, de la igualdad de la mujer o contra la discriminación a los
portadores del Sida, a los homosexuales o a los discapacitados, cumplieron un
destacado papel de lucha que transformó en muchos aspectos el comportamiento de
la sociedad.
Prof. Pablo Salvador Fontana
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