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No
hay nada misterioso respecto al, nombre del cometa Halley. Los cometas se
denomina universalmente con el nombre de su descubridor Es el tributo a la
paciencia, vigilancia y destreza astronómica que hizo posible el descubrimiento.
Y el astrónomo inglés Edrnund Halley (1656-1742) no sólo descubrió su cometa,
sino que enseño el modo de descubrir otros cometas.
Indudablemente es la cola lo que
distingue al cometa de otros astros, pero también se distinguen por la
singularidad de sus apariciones. Las estrellas están siempre en su sitio, fijas
en las constelaciones y los planetas se desplazan con movimientos conocidos a lo
largo sus trayectorias previstas.
Sin embargo, el cometa va y viene
y cuando llega a nuestro cielo aparece en un lugar del cielo anteriormente
vacío, extiende su cola, se mueve entre las estrellas y en unos días, semanas o
meses pierde su luminosidad y desaparece. Dada la singularidad de su apariencia
y comportamiento, en la antigüedad se dudaba que los cometas tuvieran alguna
relación con el cielo.
Era más plausible admitir que se
movían en la atmósfera superior. Esta noción se apoyaba en los argumentos de
Aristóteles pues si el cielo era invariable nada tan aleatorio e irregular como
que un cometa podía habitar en él. En sus idas y venidas los cometas se
comportaban más como tormentas caprichosas que como planetas puntuales. O
también como un terremoto, al que recordaban por su súbita e inesperada llegada.
De un modo u otro los cometas podían ser sometidos a estudio y experimentación.
Y de este modo Edmund Halley
descubrió el cometa más famoso de todos los tiempos. La historia del
descubrimiento se inició con una visita que hizo a Cambridge en 1684. Corno es
sabido la teoría del sistema solar fue expuesta por
Isaac Newton en su libro Mathematical Principies of Natural Philosophy, publicada en 1687. Allí muestra
que todos los cuerpos materiales se atraen unos a otros con una fuerza universal
que varía en-razón inversa al cuadrado de la distancia que les separa y que los
planetas giran alrededor del Sol de acuerdo con las tres leyes de Kepler.
Más
específicamente Newton demostró que, según su velocidad, la órbita de todo
cuerpo alrededor del Sol corresponde a una
de las secciones cónicas, la elipse la parábola o la hipérbola. El Sol
permanecía en el foco de la curva y el radio trazado del Sol al planeta barre
áreas iguales en tiempos iguales En 1684 Newton tenía ya los gérmenes de estas
ideas pero después de su desarrollo, las había dejado sin publicar. Tenía
cuarenta años y era Profesor Lucasian de Matemáticas en la Universidad de
Cambridge.
Mientras tanto Halley, que vivía en Londres, tenía veintisiete años
y era miembro de la Royal Society con una destacada reputación de astrónomo. Era
conocido por su catálogo de 360 estrellas del hemisferio Sur, que había
preparado a partir de observaciones realizadas en la isla de Santa Helena cuando
tenía sólo veintiún años. En agosto de 1684 Halley visitó a Newton en Cambridge
y le animó para que explicase a todo el mundo los movimientos de la Luna y de
los planetas finalizando así sus famosos Principia. Ante las dificultades
económicas de la publicación, Halley pagó los costos del libro de Newton de su
propio bolsillo, mientras que el autor que gozaba de una buena posición
económica no contribuyó a los gastos. Los años anteriores a la publicación de
los Principia fueron ricos en cometas.

Hubo uno en 1677, otro de especial brillo
en 1680 y un tercero en 1682. Todos ellos fueron observados cuidadosamente por
los astrónomos de la época anotando cada noche sus distancias a estrellas fijas
y estableciendo así la dirección relativa en que se movían respecto a la Tierra.
Sin embargo, ninguna conclusión definitiva se obtuvo de estas observaciones. De
acuerdo con la mecánica de Newton, si un cometa entraba en el sistema solar
procedente de una región muy alejada, debería rodear el Sol según una órbita
parabólica (a pesar de que Kepler juró que se desplazaban en línea recta) y
partir hacia el infinito. Halley, basándose. en este hecho comenzó un estudio
general de los cometas a partir de antiguas observaciones y calculando sus
órbitas tan exactamente como podía.
Al analizar sus resultados con más .de dos
docenas de cometas encontró una serie de coincidencias en los cometas de 1531,
1607 y 1682. Todos ellos tenían en común un nodo ascendente de unos 200 en
Tauro, una inclinación orbital de 180 (ángulo que forma el plano orbital del
cometa con el plano de la eclíptica), un perihelio próximo a 2~ en Acuario y una
distancia perihélica de 58 millones de kilómetros.
Halley calculó estas órbitas
como parábolas, pero él sabía perfectamente que en la región próxima al foco,
una parábola difería muy poco de una elipse alargada. Llegó a la conclusión de
que no se trataba de tres cometas distintos, sino de tres apariciones del mismo
cometa que se desplazaban en una órbita muy elíptica con un periodo de setenta y
cinco a setenta y seis años. En ese caso el cometa que él había presenciado en
Islington en 1682 debería regresar en 1758. Halley murió en 1742, y por tanto,
no vivió lo suficiente para comprobar su predicción. (*)
Después de 11 meses de
angustiosa espera, el cometa fue visto por vez primera el día de Navidad de 1758
por un campesino alemán llamado Pálizsch y alcanzó el perihelio el
12 de marzo de 1759. El pequeño retraso con respecto a las predicciones de Halley era debido a las perturbaciones producidas por Urano y Neptuno,
desconocidos en 1704 y por tanto, no tenidos en cuenta en los cálculos de
Halley. Indirectamente, la influencia de estos planetas en el periodo del cometa
Halley constituyó uno de los primeros triunfos de la teoría de Newton de la
gravitación universal. Por vez primera en la historia de la humanidad un cometa
había regresado cuando y donde le esperaban los astrónomos. Era pues razonable
pensar que los otros cometas también eran miembros regulares del sistema solar.
Halley no descubrió «su cometa en el sentido de ser el primero en verle, ni
siquiera en estudiarle.
Para su descubrimiento necesitó apoyarse en las
observaciones previas de otros astrónomos como Peter Apiano, Longomontanus y
Kepler. Ningún astrónomo pudo observar dos venidas de un cometa de setenta y
seis años y pocas personas pueden verle dos veces en su vida. Sus trabajos sobre
los cometas están compendiados en la obra Synopsis astronomiae cometicae.
Edmund
Halley merece ser recordado por otras actividades y descubrimientos. En 1698
consiguió que el rey Guillermo III le financiara una expedición científica para
el estudio del magnetismo terrestre. A bordo de un pequeño buque de guerra, el
Paramour, Halley navegó a través del Atlántico durante dos años determinando la
declinación magnética en distintos lugares. En el mismo buque investigó las
corrientes y mareas del canal de la Mancha. En 1701 publicó sus resultados en
forma de líneas de igual declinación que reflejaban el campo magnético
terrestre.
Estas líneas que ahora llamamos isogónicas, se denominaron entonces
líneas «halleyanas». Con anterioridad (1686) había construido el equivalente de
una carta meteorológica utilizando una técnica semejante con "flechas de
viento". También descubrió que las auroras boreales estaban conectadas con el
magnetismo. Halley ocupó la plaza de Profesor Savilian de Geometría en Oxford en
1703 y tradujo parte del trabajo geométrico de Apolonio del árabe al latín. En
1718 observó que Sirio y otras estrellas habían modificado sus posiciones
relativas y llegó a la conclusión de que esto era debido a lo que ahora llamamos
«movimientos propios» (Scott Barr, 1985). También ideó un importante método para
calcular la distancia al Sol e hizo una carta de los vientos de todo el mundo.
En ciertos aspectos fue pionero de la geófísica, la oceanografía, la
meteorología, la cosmología y la astronomía. Sus profundos estudios de
hidrología le llevaron a pensar que el diluvio universal narrado por la Biblia
no podía proceder de un temporal de lluvias de cuarenta días y propuso a la
Royal Society de Londres en 1694 que el diluvio se debió al choque de un cometa
contra la Tierra, produciendo un inmenso cráter en lo que hoy es el mar Caspio.
El golpe del cometa habría alterado el eje de rotación de la Tierra y
conmocionado los océanos, desbordando los continentes y las más altas montañas.
A pesar de todo, Halley ha pasado a la historia fundamentalmente por sus
predicciones respecto a la aparición del cometa que hoy lleva su nombre.
(*) En 1705 Halley escribía: "Tengo
abundantes motivos para creer que el cometa de 1531, observado por Apiano es el
mismo que fue descrito en 1607 por Kepler y Longomontanus y que yo he observado
personalmente en su aparición de 1682. Con toda confianza puedo predecir que
retornará en 1758".
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