KINSHASA, República
Democrática del Congo — Hoy comerán los hermanos mayores: Cynthia, de 15 años, y
Guellor, de 13. Mañana, tocará el turno a los pequeños, Bénédicte, Josiane y
Manassé, de 3,6 y 9 años, respectivamente.
Por supuesto, los
pequeños armarán un escándalo. "Claro, piden comida, pero no tenemos", dijo su
madre, Ghislaine Berbok, policía quien percibe 50 dólares al mes. Se les dará un
poco de pan en el desayuno, pero nada más.
"En la noche, se
sienten débiles", señaló. "Pero no hay nada que podamos hacer".
Los Berbok
practican un ritual familiar que en Kinshasa es casi tan común como los techos
de metal corrugado y las calles de terracería: el "corte de energía", como
irónicamente lo llaman los residentes de la capital, de unos 10 millones de
habitantes. Algunos días, algunos niños comen y otros no. En otros días, todos
los niños comen y los adultos no.
El término "corte de
energía" -délestage, en francés- se utiliza con la intención de evocar
otra rutina odiada de la vida citadina: los apagones escalonados. Délestage es
universalmente utilizado en el África de habla francesa para describir estos
apagones decretados por el Estado, pero cuando se aplica al racionamiento de
comida, ilustra un frío cálculo de supervivencia que un jefe de familia debe
imponer dolorosamente al resto.
Aunque los
residentes de Kinshasa a menudo se reúnen en esquinas bulliciosas para debatir
sobre política, su lucha cotidiana podría ayudar a explicar por qué la capital
no experimentó continuas manifestaciones masivas luego de que fueron anunciados
los polémicos resultados electorales, el mes pasado. Ocurrieron protestas y
enfrentamientos callejeros de manera esporádica, pero el margen de supervivencia
en la ciudad es tan reducido como para que la mayoría de la gente se manifieste
tanto tiempo.
"La gente en
Kinshasa es tan pobre, que vive al día", expresó Théodore Tréfon,
investigador en el Museo Real para África Central, en Bélgica. "Simplemente
no tienen los medios para movilizarse durante mucho tiempo".
Más allá de eso, el
gobierno deja poco espacio para las expresiones de descontento popular. Human
Rights Watch indicó que los soldados congoleses han ultimado a por lo menos
24 personas y han detenido a docenas más tras los comicios fallidos que llevaron
al presidente Joseph Kabila de vuelta al poder.
El racionamiento de
alimentos no es algo nuevo en Congo, un país rico en minerales y paisajes
verdes, y sin embargo, también uno de los más hambrientos del mundo. El país se
sitúa en el último lugar del índice Global del Hambre 2011, una medición de la
desnutrición y la nutrición infantil compilada por el instituto Internacional de
Investigación sobre Políticas Alimentarias, y ha empeorado. Se considera que la
mitad del país está mal alimentada.
Eric Tollens,
experto en nutrición en Congo, en la Universidad Católica de Lovaina, en
Bélgica, culpó al "abandono total de la agricultura por parte del gobierno", que
está obsesionado con la extracción de minerales valiosos, como el cobre y el
cobalto. Menos del 1 por ciento del presupuesto nacional de Congo, apuntó, se
destina a la agricultura.
Los donadores
extranjeros financian "todos los proyectos agrícolas", dijo, y "enormes
cantidades de alimento" son importadas en esta rica tierra, lo que vuelve
costosa a la comida.
Al citar dos
naciones subsaharianas que perpetuamente se tambalean al borde de la hambruna,
aseveró: "es peor que en Níger o Somalia".
En el hogar
encabezado por Elisa Luzingu y su cuñada Marie Bumba -el esposo de Luzingu está
desempleado- los niños oscilan entre los 7 y 17 años. Délestage significa que no
comen tres días por semana. "Mis hijos estudian, así que es muy difícil",
comentó Luzingu.
En los días en que
no comen, agregó Bumba, los niños "andan muy cansados y hambrientos".
Fuente: New New Time en Español Nota de Por ADAM NOSSITER
La
violación de mujeres se ha convertido en una efectiva arma de guerra en África.
Desde que en 1994 las fuerzas francesas ayudaron a escapar a los genocidaires
-los hutus genocidas que mataron a decenas de miles de tutsis- de Ruanda hacia
esta región, la guerra no ha cesado y se estima que ha provocado entre 5.5 y 7
millones de muertos, más que ningún otro conflicto desde la Segunda Guerra
Mundial. Y la peor muestra de la locura bélica está en Panzi, a donde cada día
llegan mujeres con fístulas.
Una fístula es la destrucción de
la membrana que separa el ano de la vagina. La mujer pierde la capacidad de
controlar la emisión de desechos líquidos y sólidos