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A partir del cultivo
continuo y sistemáticos de los granos dio ocasión a asentamientos
más permanentes, a los que los historiadores se refieren como las
villas o ciudades agrícolas del Neolítico. Una de las comunidades
agrícolas más antigua y extensa fue Harappa en el Valle del Río Indo
en la India. A finales del segundo milenio a. C., los
moradores del valle del Indo habían construido numerosas y
sorprendentes ciudades. Presentaban muchos de los rasgos que
asociamos con la vida moderna, lo que los convertía en únicos en el
mundo en aquellos tiempos.
La Revolución Neolítica significó en
verdad un punto crítico en la historia de la humanidad. Entre el
4000 y el 3000 a. de C., importantes desarrollos técnicos comenzaron
a transformar las ciudades neolíticas. La invención de la escritura
permitió llevar registros; en tanto que la utilización de metales
representó un nuevo nivel del control del ser humano sobre el
ambiente y sus recursos.
Entre 2600 y 2500 a. C. floreció la
civilización del valle del Indo, una cultura madura y avanzada.
Eran excelentes
planificadores de ciudades. Sus calles estaban diseñadas siguiendo
el modelo de uní práctica y bien concebida cuadrícula, como una
ciudad moderna. Cada calle tenía su propio alcantarillado y sistemas
de drenaje que eran, en opinión de algunas personas, más avanzados
que muchos de los que se ven en ciudades modernas de Pakistán v la
India.
Las excavaciones han desenterrado
una serie de grandes edificios públicos, entre ellos salas de actos
y un lugar de reunión para más de 5.000 ciudadanos. Los almacenes
públicos, graneros y casida baños estaban rodeados de patios
columnados Los constructores del valle del Indo utilizaban incluso
un tipo de brea natural para evitar que gotease agua de lo que, casi
con toda seguridad, fue la primera piscina pública artificial del
mundo.

Las ciudades de
Harappa y Mohenjodaro, excavadas a principios del siglo XX, son una
muestra de la modernidad de esta cultura urbana, que diseñó sus
ciudades con ciudadelas, calles en cuadrícula y casas con sistemas
muy avanzados de canalización de agua. La mayoría de las casas
disponían de pozos de agua y baños en el interior, y sus cañerías de
aguas grises iban a parar a un rudimentario sistema de
alcantarillado cubierto. Al no haber canteras en la zona, la mayoría
de casas no eran de piedra sino de ladrillo, cocidos o secados al
sol, que se superponían como se ha hecho durante siglos y como se
sigue haciendo hoy en día en todo el mundo.
Bajo una casa hay restos de lo que
parece un sistema de calefacción bajo el suelo, anterior al famoso
sistema hipocausto romano introducido más de 2.000 años
después. Cada casa tenía acceso a un pozo, y el agua residual iba a
parar a desagües cubiertos que discurrían por las calles
principales.
Algunas casas estaban abiertas a
patios interiores y pequeñas callejuelas, v por primera vez las
casas se construyeron a más ce un nivel. La gente tejía algodón,
cocía exquisita cerámica y trabajaba el cobre y el bronce para la
confección de joyas y estatuas. Había abundantes obreros que
trabajaban en la metalistería.
Solamente en Harappa se han
encontrado restos de por lo menos dieciséis hornos de cobre. Pero a
diferencia de Egipto y Sumeria, hay una notable ausencia de tumbas
reales.
No hay zigurats, ni pirámides, ni
templos, ni grandes palacios característicos de una clase dirigente
rica y dominante. Lo que hace tan interesante la civilización del
valle del Indo es que indica un modo de vida ordenada y eficiente,
pero sobre todo igualitario. Al parecer, la mayoría de la gente
compartía su riqueza y vivía en comparativa igualdad. Esta
civilización estaba basada en el comercio, porque necesitaba acceder
a materias primas come el cobre y el estaño de otros lugares.
Una ciudad de valle del Indo,
llamada Lothal, presentaba un enorme muelle artificial con un
canal de dragado y áreas de carga y descarga de embarcaciones.
Debido a su dominio del comercio y
su excelencia como constructores y artesanos, este pueblo desarrolló
gran habilidad en mediciones matemáticas de precisión y exactitud en
los pesos. Desarrollaron un
sistema de pesos y medidas y tenían un lenguaje escrito que aún no
se ha descifrado.
También se han encontrado indicios de
la práctica de cirugía dental, instrumentos musicales de cuerda y
juegos. Además, trabajaban el bronce y el cobre con cinceles,
convirtiéndolo en hachas y figuras decorativas. La civilización del
Indo también conocía metales como el plomo, el oro y la plata.
Sellos grabados con animales y dibujos de mujeres bailando son
algunos de los objetos más comunes encontrados en estos antiguos
yacimientos.
Seguían un sistema decimal y los
ladrillos que usaban para la construcción estaban perfectamente
proporcionados. Incluso inventaron un instrumento que podía medir
secciones enteras del horizonte para ayudarles en el estudio de las
mareas, oleajes y corrientes marinas.
Se han hallado más de 400 símbolos
escritos diferentes, pero hasta ahora nadie ha logrado descifrarlos
con éxito. Aún no ha aparecido ninguna
piedra Rosetta para ayudar a
desvelar su código.
El sustento económico de esta
civilización siguió riendo la agricultura, con la introducción de
nuevas variedades de trigo y cebada, además de palmeras de dátiles,
semillas de sésamo, melones o guisantes. Cultivaban mostaza y
también algodón, que se utilizaba para tejer y se exportaba. Los
indios, además, tenían ganado: habían logrado domesticar ovejas,
cabras, camellos, aves, gatos y asnos.
La cultura del valle del Indo se
extendió por una amplia zona, pero su homogeneidad indica que exista
una comunicación muy eficiente entre todas las regiones. También
comerciaban con Mesopotamia, ya que se han encontrado sellos indios
en esta región, con Oriente Medio, por tierra o por mar, aunque la
falta de tecnología náutica nos hace pensar que las naves no se
alejaban mucho de la costa.
Los tejidos se confeccionaban con
algodón y se han encontrado restos de tanques de tintes en las
ruinas de las ciudades, lo que indica una avanzada industria textil.
La elaboración de abalorios y cerámica vidriada también estaba
bastante avanzada. La mayoría de las materias primas artesanales no
se encontraban en la zona, por lo que el comercio con otras regiones
debía de estar altamente desarrollado.
Hay un descubrimiento que destaca por
encima de cualquier otra cosa. Se trata de una figurilla de bronce
de una muchacha desnuda en postura de danza hallada en las ruinas de
la ciudad de Mohenjodaro y hoy en día
conservada
en el Museo Nacional Indio de Nueva Delhi. Moldeada aproximadamente
en 2500 a. C. y de sólo once centímetros de alto, su singularidad
reside en el avanzado y tecnológicamente sofisticado modo en que fue
elaborada.
Se moldeó utilizando una técnica
denominada proceso de «cera perdida». Primero se le daba forma en
cera, que a continuación se cubría con capas de arcilla para
fabricar un molde. Después se calentaba para que la cera del centro
se derritiese y se escurriese.
El hueco que quedaba en el centro se
rellenaba luego de bronce derretido. Una vez enfriado, se rompía el
molde de arcilla y quedaba al descubierto la escultura del interior.
Este avanzado modo de moldear el bronce no se conoció en Europa
hasta aproximadamente 1100 d. C., es decir, más de 3.500 años
después.
Pero no es sólo la avanzada habilidad
y artesanía que muestra la figurilla de esta joven danzarina lo que
resulta tan sorprendente. Todo lo relativo a este mundo del valle
del Indo parece haberse adelantado a su propio tiempo: desde el
sanea-miento de sus calles y la calefacción central de sus casas,
hasta los fabulosos muelles y las meticulosas obras de arte.
Los artesanos y las mujeres están en
pie de igualdad con los agricultores, comerciantes e incluso
sacerdotes. Al parecer todos ellos veneraban lo que se conoce como
la diosa madre, que explica los centenares de figurillas femeninas,
entre ellas la pequeña danzarina de bronce, encontradas en
yacimientos de toda la región.
Fuentes Consultadas:
Civilizaciones de Occidente Volumen A J. Spielvogel
Historia Universal Los Orígenes Tomo I Salvat
Historia de los Inventos HFullmann
Todo Sobre Nuestro Mundo Chistopher LLoyd |