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(Folkstone, 1 de abril de 1578 -
Londres, 3 de junio de 1657). Médico, fisiólogo y embriólogo inglés. Ingresa en
el Grammar School de Canterbury a los 10 años. Posteriormente, en el Caius
College, donde empezó a orientar su vida hacia la ciencia.
En 1598 va a Padua,
donde reside hasta 1602, que es cuando obtiene el título de doctor y tiene como
profesor a Fabrizio, quien le enseña unos hallazgos anatómicos y embriológicos
que van a ser decisivos en su orientación y desarrollo dentro de la embriología
y fisiología.
La
introducción del método galileano en las diferentes ramas de la investigación no
se detiene en las fronteras de la ciencia de lo inanimado; sus repercusiones
fueron profundas en la biología,
donde la aplicación de los principios mecánicos
a los fenómenos de la vida condujo a inventar las bases de la fisiología
moderna. El más brillante de los progresos realizados en este sentido es el
descubrimiento de la circulación de la sangre.
Como
todas las grandes innovaciones que chocan en el mundo de las ideas con hábitos
mentales inveterados, también este descubrimiento tuvo que ser preparado por
largo tiempo. A mediados del siglo XIII el árabe IBN AL NAFIS entrevió vagamente
la circulación pulmonar y en el siglo xvi el italiano REALDO COLOMBO y el
catalán MIGUEL SERVET —quemado por herético en la hoguera que encendieron
fanáticos calvinistas— negaron la existencia de invisibles pasajes de la sangre
a través del tabique interventricular y reconocieron que la sangre iba del lado
izquierdo al derecho por intermedio de los pulmones. Al hallazgo de esta
“pequeña circulación” un eminente discípulo de COLOMBO, el botánico ANDREA
CISALPINO, agregó algunas indicaciones sobre una posible gran circulación. Estas
investigaciones e hipótesis fueron reunidas en una magnífica síntesis hecha por
el médico inglés WILLIAM HARVEY (1578-1657), que había estudiado en Padua el
arte de GALENO.

HARVEY observó que las válvulas de la vena impiden que la sangre avance en otro
sentido que no sea hacia el corazón, y procuró demostrar matemáticamente —a la
manera de GALILEO— la realidad de la circulación cerrada. Midió la capacidad del
corazón y encontró que la cantidad de sangre empujada en el cuerpo por cada
sístole es de dos onzas. El corazón palpita setenta y dos veces por minuto, de
modo que por hora arroja dentro del sistema 2 x 60 x 72, es decir, 8.640 onzas,
que es el triple del peso del cuerpo humano. ¿De dónde viene y a dónde va toda
esa sangre? Evidentemente el alimento es incapaz de suministrar tal cantidad de
líquido sanguíneo. Se impone así la conclusión de que la sangre recorre siempre
la misma ruta para volver a su punto de partida y que continúa su interminable
circulación hasta la muerte.
El
pequeño tratado de Harvey Sobre el Movimiento del Corazón y la Sangre
publicado en 1628 señala el fin de concepto estático del organismo y el
nacimiento de una nueva ciencia: la fisiología. Se inicia entonces una larga y
tenaz lucha contra la audaz teoría, a la cual faltaba , en verdad , una ultima y
decisiva prueba, que dio en 1661 el italiano Marcelo Malpighi. Este demostró que
la sangre es impulsada de las arterias a la venas a través de un sistema
microscópico de vasos capilares y así preparo con su descubrimiento el
reconocimiento general de la teoría de Harvey.
Unos datos sobre su vida:
En 1604 en Inglaterra, contrae matrimonio con la hija de un médico londinense.
En 1606 es nombrado médico del Hospital de San Bartolomé de Londres. Pero el
afán científico que despertó en él Fabrizio le lleva a solicitar del College of
Physicians el cargo de profesor en un curso de Anatomía en 1615. En 1616
aparecen unas notas suyas con unas ideas revolucionarias sobre la circulación
sanguínea. Pero hasta 1628 no publica definitivamente su descubrimiento, que le
da gloria y aumenta su prestigio.
En 1632, Carlos I le nombra médico
de Cámara, y en la guerra civil le encomienda el cuidado de sus hijos. Su gran
lealtad al rey le hace acompañarle en su retirada a Oxford, en 1642, donde fue
maestro en el Merton College. En 1646 regresa a Londres y en 1651 publica su
concepción de la embriología.
En cuanto a la obra científica de
Harvey, hay que destacar dos aspectos fundamentales: la descripción de la
circulación sanguínea y sus doctrinas embriológicas. En sus indagaciones sobre
la función circulatoria, da respuesta a cuatro cuestiones importantísimas: el
significado de la contracción cardíaca, el paso de la sangre desde el lado
derecho del corazón al izquierdo, el movimiento circulatorio de la sangre por
todo el organismo, y las consecuencias que estos hallazgos tienen en la Medicina
y en la Biología. Para llegar a estas conclusiones, Harvey se apoya en tres
hipótesis: que la cantidad que pasa de la vena cava al corazón es muy superior a
la cantidad de alimento ingerido; que en los miembros, la sangre afluye por las
arterias y refluye por las venas en cantidad muy superior a la necesaria para su
nutrición; por último, la sangre retorna al corazón por las venas únicamente.
También observó la velocidad con que un organismo se desangra al sufrir una
artriotomía, la vacuidad de las arterias en un cadáver. Todos estos
descubrimientos suscitaron una gran polémica, ya que los galenistas negaron toda
validez a sus conclusiones.
Como embriólogo, estudiando la
generación del pollo y de los animales vivíparos le permitió llegar a
importantes hallazgos y elaborar su doctrina embriológica. Distinguió dos
modelos de generación: la epigénesis y la metamorfosis. La primera, propia de
los animales superiores; y la segunda, de los seres inferiores. Pero, al igual
que ocurrió con sus descubrimientos circulatorios, su doctrina embriológica
tampoco fue aceptada. Empezó a tener vigencia histórica en el siglo XVIII.
Fuente Consultada: Historia de las Ciencias
de Desiderio Papp - Wikipedia - Enciclopedia Encarta
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