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Los
adolescentes en las ciudades de Japón se están transformando en modernos
eremitas —no salen nunca de su habitación—. La
presión escolar y la incapacidad de hablar con sus familiares aparecen como las
causas de este fenómeno (BBC, The Hikikomori). The hikikomori (j. Rees, 2002) es
un documental producido por uno de los mejores periodistas de la BBC. Retrata un
fenómeno emergente en algunos países altamente desarrollados: un porcentaje
significativo de jóvenes dan la espalda a la vida real y se encierran en la
relativa seguridad de su habitación.
En
Japón este fenómeno se ha bautizado con el nombre de Hikikomori. El término
significa “encerrarse, confinarse en uno mismo” y se utiliza para referirse a
chicos y chicas en tomo a los 20 años que optan por no salir de su propia casa y
a veces de su propia habitación (algunos psicólogos hablan de una auténtica
epidemia, que afectaría al 10 % de la población de esas edades y al 1 % del
total de la población japonesa).
La mayoría de estos jóvenes son muchachos que
después de acabar sus estudios no quieren enfrentarse al duro y competitivo
mercado laboral y se encierran para aislarse del mundo (aunque pueden conectarse
a Internet de manera indefinida)..
Los hikikomori son adolescentes y
adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten
incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando
con un aislamiento social. Los hikikomori a menudo rehúsan abandonar la casa de
sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso
años. La mayoría de ellos son varones, y muchos son también primogénitos.
Esta
reclusión puede durar unas pocas semanas o meses, pero en algunos casos se
alarga durante años. En un estudio elaborado por el gobierno japonés en 2002
sobre 3.300 antiguos Hikikomori, un 17 % no eran capaces de salir de casa, y un
10 % ni siquiera podía salir de su propia habitación. El fenómeno había empezado
a detectarse a fines de los años noventa, aunque salió a la luz pública y
aumentó a partir del año 2000.
Los
hikikomori se refugian en su mundo infantil, virtual, que alimenta Internet,
basado en videojuegos, mangas, DVDs, canales por satélite, juegos de rol, etc.
Todo lo hacen sin salir de casa, alterando los ritmos diarios (duermen de día,
comen por la tarde y se pasan la noche conectados a la red, jugando con
videojuegos y viendo la televisión). Su sexualidad se limita a fantasear con
heroínas virtuales, estrellas pomo o cantantes de moda. Algunos atemorizan a sus
padres y tienen comportamientos agresivos, otros caen en depresiones, pero pocos
sucumben al suicidio, pues son arrastrados por una cibercultura muy activa.
Las cifras son para preocuparse ya
que 1 de cada 10 adolescentes japoneses sufren hikikomori y este fenómeno se
produce casi exclusivamente en Japón. Parece fácil sacar conclusiones al
referirse a un sólo país, como que es una cultura opresiva con los menores,
donde es mejor encerrarse que suspender un examen, es una sociedad muy centrada
en los videojuegos y la tecnología pasando por alto las necesarias relaciones
humanas, parece que estos chicos no están preparados para relacionarse o para
solucionar un problema y que todo esto lleva a estos niños a buscar refugio en
su habitación.
Todos
ellos tienen en común un rechazo a la escuela, al trabajo y en general a
la asunción de responsabilidades. Se trata de una pasión por la cultura digital
llevada al extremo, unida a un miedo por enfrentarse a una vida profesional
basada en la competencia. Es un intento de “parar el tiempo” y “limitar el
espacio”, de crear un espacio/tiempo ficticio (una especie de holosección,
nombre que en Star Trek recibía la sala de la nave espacial donde se podía
participar en juegos de realidad virtual). Los padres a menudo aceptan el
fenómeno como algo inevitable. No hacen nada para impedir que sus hijos se
encierren y como no tienen problemas económicos les mantienen indefinidamente
(la mitad de jóvenes entre 20 y 34 años viven en la casa familiar).
El tener un hikikomori en la
familia normalmente es considerado un problema interno de esta, y muchos padres
esperan mucho tiempo antes de buscar una terapia psicológica. Además, en Japón
la educación del niño corre a cargo de la madre, por tradición, y puede que el
padre deje todo el problema del hikikomori a la madre, la cual se siente
sobreprotectora con su hijo. En un principio, la mayoría de los padres se
limitan a esperar que el niño supere sus problemas y regrese a la sociedad por
su propia voluntad.
Tampoco les gusta reconocer el problema, pues sería motivo de descrédito en una
sociedad que valora por encima de todo el trabajo y el éxito. Por otra parte, el
sistema social japonés favorece esta opción: el sistema educativo es muy rígido,
el mercado laboral extremamente competitivo, en las ciudades hay pocos espacios
libres, y la sociedad valora por encima de todo el desarrollo tecnológico, pues
incluso la diversión en grupo es virtual (como sucede con el karaoke).
Fuente Consultada: Historia Universal Fin de
Siglo Las Claves del Siglo XXI y Wikipedia
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