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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA
 LAS DISTINTAS IDEOLOGÍA EDUCATIVAS: DESDE LOS JESUITAS HASTA EL SIGLO XX
Los Jesuitas en América

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Los Jesuitas

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Mariano Moreno

Francisco Castañeda

Los franciscanos y la pedagogía de la evangelización. Apenas descubierta América, iniciaron los discípulos de San Francisco de Asís su obra de evangelización, convirtiendo y pacificando a millares de indígenas, enseñándoles los rudimentos de las primeras letras y reuniéndolos en reducciones.

Para ello debieron superar, con una constancia sin límites, las dificultades del idioma. Con este objeto aprendieron las lenguas de las razas vencidas y buscaron en ellas palabras o símbolos que hicieran comprensibles los misterios de la fe para la mentalidad nativa.

Fue una obra ejemplar de abnegación y sacrificio la de estos misioneros ignorados, que se lanzaron entre las masas indígenas afrontando muchas veces el martirio y la muerte.

Entre los misioneros de esta orden sobresalió la figura de fray Pedro de Gante, uno de los creadores de la pedagogía de la evangelización. Organizó en México el Colegio de San Francisco, con talleres de artes e industrias, donde centenares de niños aprendieron a leer, escribir, cantar y tañer y se ejercitaron en las diferentes artes manuales.

Con este ensayo aparece por vez primera la idea desarrollada posterior mente en más vasta extensión por el obispo Vasco de Quiroga de una colonia industrial donde el trabajo se realiza en cooperación. Se destacaron también, entre estos religiosos, el fraile flamenco Jodoco Ricki, introductor de las artes y oficios manuales en Quito; fray Luis de Bolaños, que se ocupó con celo infatigable de la evangelización en el litoral guaranítico, y San Francisco Solano, que catequizó en el noroeste quichua.

Las misiones jesuíticas.  Entre todas las congregaciones Religiosas establecidas en las Indias, se distinguió la Compañía de Jesús por su eficaz obra de civilización.

Los jesuitas, que llegaron a América después que las otras órdenes, constituían ya en el 1700 el principal organismo de cultura y una de las más grandes potencias políticas y económicas del Nuevo Mundo. "A la insustituible jerarquía intelectual que imponen los jesuitas en el siglo XVIII se agrega su fuerza económica y formidable poderío social. La riqueza jesuítica de la época se diversifica en bienes tan variados como las grandes haciendas del valle central chileno, las estancias del Río de la Plata, las enormes fincas rústicas y urbanas de Perú y México, los obrajes paraguayos, peruanos y quiteños y hasta la explotación minera de que disfrutaban en la región del Chocó en la Nueva Granada.

Con las rentas do la gran propiedad inmobiliaria dirigen colegios y misiones que tienen dentro de la vida económica de la Colonia una importancia tan preeminente como la de la orden de los Templarios en la Edad Media europea".

Desde el convento principal de la Orden, establecido en Lima, avanzó la misión religiosa y cultural de los padres jesuitas hasta las más lejanas e inexploradas regiones del inmenso Virreinato. En el año 1606 se creó la provincia jesuítica del Paraguay, que abarcaba las gobernaciones d Tucumán, Paraguay, Río de la Plata y Chile. Su primer provincial fue el padre Diego de Torres.

Para llevar a cabo su obra civilizadora, comenzaron los jesuitas por pacificar a los indígenas reuniéndolos en reducciones, organismos gobernados por caciques, alcaldes y regidor « indios, bajo la suprema dirección de los misioneros. El aspecto general de los pueblos jesuitas era análogo: alrededor de una amplia plaza cuadrada o rectangular se agrupaban la iglesia, la casa de los misioneros, las escuelas y los talleres; a espaldas la huerta; a los otros lados, alineadas regular mente, las casas de los indios.

Por medios persuasivos, los integrantes de la Compañía procuraron atraer a los naturales, que eran ocupados en distintas tareas. Los jesuitas 'supieron aprovechar admirable mente la capacidad adquisitiva y de imitación de los indios para trabajos de artesanos y labores artísticas. Ya a media dos del siglo XVII había en cada pueblo talleres con herreros, carpinteros, tejedores, pintores, decoradores, estatuarios, torneros y relojeros y hasta grabadores, impresores y fabricantes de instrumentos musicales. Los mismos indios construían violines, flautas, arpas y órganos para sus iglesias. Las tareas, amenizadas con música, cantos y procesiones, se iniciaban al alba y finalizaban al atardecer.

En cada reducción había escuelas y colegios. En 1611 acudían a la escuela jesuita de Asunción unos 400 indígenas. "En la escuela al decir de Bayle se estudiaban las inclinaciones y mañas de los niños, para dedicarlos al arte que mejor cuadraba con ellas, de la escuela salían los músicos, los alcaldes, fiscales, cuanto valía y significaba algo en la administración o en la vanidad. En la escuela se preparaban los actores y danzantes que amenizaban las fiestas y encendían la piedad. En la escuela, finalmente, se moldeaba el corazón y se ilustraba el entendimiento para producir las virtudes cristianas, pasmo de los extraños y legítimo orgullo de los misioneros" .

Con la expulsión de los jesuitas, ordenada en 1767 por Carlos III, fracasaron las misiones por ellos establecidas, que aunque confiadas al cuidado de otras órdenes, se fueron extinguiendo hasta convertirse en ruinas.

Entre la legión de misioneros jesuitas se destacó el padre Roque González (15761628), emparentado con el gobernador Hernandarias, que murió martirizado en Todos los Santos del Caaró (Brasil).

Sobresalieron también entre estos religiosos el ya citado padre Diego de Torres y el padre Alfonso Barzana, que inició su ministerio en el Tucumán en 1585.

Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello-Bregazzi