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LAS IDEAS
PEDAGÓGICAS DE ESTEBAN ECHEVERRÍA EMIGRADO EN LA ÉPOCA DE ROSAS
ACCIÓN DE LOS
EMIGRADOS: ESTEBAN ECHEVERRÍA:
Las ideas inspiradoras de la Revolución de Mayo, que
habían
perdido su ascendiente ante el avance de la restauración colonial
propiciada por Rosas, no llegaron sin embargo a extinguirse.
La tradición rivadariana, que
significaba la continuación de las ideas de Moreno, y por lo tanto
del espíritu revolucionario, tuvo sus continuadores en un grupo de
jóvenes formados en las aulas de la Universidad, como discípulos de
los ideólogos y que, a modo de fuerza de choque, mantuvieron
vivo el ideal de cultura, procurando estar al tanto de las ideas
renovadoras venidas de Francia.
La corriente de los ideólogo s había
sido suplantada, en la Francia de la primera mitad del siglo XIX,
por el eclecticismo filosófico, que significó un tránsito hacia la
filosofía de Saint-Simon y sus colaboradores, Fourier,
Leroucc, etc.
Esta transformación se hizo sentir
pronto en Buenos Aires, en tertulias familiares o asociaciones
culturales, o fue recogida en periódicos que encubrían su intención
política bajo una apariencia literaria, hasta que allegados al
gobierno denunciaban sus ideas contrarias al régimen, provocando su
clausura.
En 1837, con el apoyo de Juan María
Guiiérrez, Vicente Fidel López, Juan Bautista Alberdi, Esteban
Echeverría y otros, Marcos Sastre decidió fundar una institución con
fines de cultura, el Salón Literario, instalado en la trastienda de
su librería. La nueva entidad mantuvo en un principio su carácter
cultural y científico, razón por la cual Rosas la toleró, pero
pronto comenzó a desviarse hacia cuestiones políticosociales.
Como consecuencia de las sospechas que
las actividades del Salón Literario despertaron en el gobierno,
Marcos Sastre se vio obligado a clasurarlo. Sus miembros más caracterizados
resolvieron entonces fundar una sociedad secreta, no ya con fines
literarios sino con marcada orientación política.
Ella fue la Asociación de la Joven
Argentina, que en 1846 tomó el nombre de Asociación de Mayo, y
cuyo programa de acción condensó Echeverría en el código conocido
dentro de la Asociación con el nombre de Creencia Social. Este
código, llevado por Alberdi a Montevideo, fue editado bajo el nombre
de "Código" o "Declaraciones de principios que constituyen la
creencia social de la República Argentina". Posteriormente, en 1846,
se publicó una segunda edición con el nombre de Dogma Socialista,
programa de acción de la Asociación de Mayo fundada por Echeverría
en reemplazo de la pronta extinguida Joven Argentina. De aquí ha
surgido la confusión de nombres entre ambas sociedades.
Disuelta la Joven Argentina
apenas creada, pues sólo realizó una reunión en la que se leyó y
aprobó la Creencia, sus miembros fueron objeto de persecuciones, por
lo que debieron emigrar muchos de ellos. Éstos, junto con otros
expatriados como Mármol, Sarmiento, Varela y Rivera Indarte,
promovieron la "guerra de ideas" contra la dictadura, lanzada
desde Montevideo, Chile y Europa por una generación de vigorosos
políticos y escritores, pero que, como expresa Joaquín V. González,
"obraría desde luego más sobre la opinión internacional o sobre una
clase elevada que antes ya compartía con ellos del mismo credo o le
era fácil incorporarse a él; pero sólo de reflejo, y muy a distancia
podría llegarse a hacerse carne y sustancia en el elemento popular,
en la masa inculta.". Esto bien lo comprendió Sarmiento cuando
emprendió su formidable cruzada contra la ignorancia, viendo en la
educación la medida de la civilización del país.
Esteban
Echeverría y la fundamentación de su doctrina educativa.
Para Echeverría, el pueblo argentino no estaba preparado para
gobernarse con arreglo a sistemas políticos que, si bien dieron
resultados en otros países, no consultaban las necesidades,
costumbres e ideologías del nuestro. Antes debió sufrir las
transformaciones propias para su adaptación. Libertad, Igualdad y
Fraternidad, constituyen los principios que deben regir en el
país, pero las masas incultas deben recibir la educación conveniente
a fin de que puedan gozar de los beneficios que conceden las
prácticas democráticas.
La realización de esos ideales se
logrará siempre "que todas las instituciones sociales se dirijan
al fin de la mejora intelectual, física y moral de la clase más
numerosa y más pobre. La sociedad, o el poder que la representa,
debe a todos sus miembros instrucción, y tiene a su cargo el
progreso de la razón pública". Sostiene Echeverría que en toda
revolución se produce una lucha entre lo nuevo y lo viejo; si
prevalece lo viejo, la revolución fracasa.
Y para él, en nuestro caso, lo viejo
estaba representado por la legislación y las costumbres españolas,
que a su juicio era necesario desterrar. "Para destruir estos
gérmenes nocivos y emanciparnos completamente de esas tradiciones
añejas, necesitamos una reforma radical en nuestras costumbres: tal
será la obra de la educación y las leyes."
Adoptando una posición
antitradicionalista, influido evidentemente por el espíritu de la
época, aún cercana a los acontecimientos revolucionarios que
determinaron la separación política de las colonias, pretende que se
rompa todo vínculo espiritual con la Madre Patria, pues la tradición
hispana, alega, no nos permite la independencia completa.
Ideas
educativas. Las ideas anteriores son completadas por
Echeverría en un discurso publicado en 1844 en Montevideo, titulado
Mayo y la enseñanza popular en el Plata, donde traza el panorama
general del país después de producirse la Revolución de Mayo, la que
a su juicio no logró una transformación sino superficial porque el
pueblo se extravió al no estar educado para las democracias.
En el Manual de enseñanza moral,
libro que compuso para las escuelas primarias uruguayas, por encargo
del Ministro Andrés Lamas, expone los principios éticos que es
necesario difundir con miras a formar al hombre y al ciudadano.
"El ejercicio de la educación
-dices encaminar la niñez al ejercicio de todas las virtudes
sociales." Considera Echeverría que siendo un asunto vital para
la patria misma "la educación de las generaciones en quienes está
vinculado todo su porvenir de felicidad" era indispensable, en lugar
de hacer una obrita amena, de agradable lectura, reflexionar y "deducir
de nuestro modo de ser una doctrina adecuada a él".
En lo que respecta al método,
considera EcheverrÍa que el método mejor será el que con mayor
rapidez lleve a los resultados que se buscan: la instrucción del
educando.
El método, a su juicio, es fundamental
en la enseñanza; es la ciencia misma. Un método defectuoso atrasa la
educación, hace perder el tiempo, fatiga al niño y le proporciona
ideas erróneas ° incompletas. Un libro de sanas doctrinas, pero cuyo
método de exposición sea vicioso, lejos de instruir al niño le hará
caer en el error y la confusión. A pesar de la importancia que
concedió a esta cuestión, Echeverría no la trató extensamente,
limitándose a proponer el estudio de los procedimientos empleados
con éxito en Europa y Estados Unidos, para poder de esta manera
elegir el más ventajoso.
Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi |