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Estados en guerra: Hacia el siglo V los políticos
de las ciudades estado se habían polarizado hasta llegar a la confrontación
entre Esparta y Atenas a comienzos de este siglo, Atenas y Esparta dejaron de
lado sus diferencias para enfrentar la invasión de la Persia Aqueménida. Una
fuerza expedicionaria Persa fue derrotada por Atenas en Maratón en el año 490
a.
C.
Diez años después, una confederación encabezada por Atenas y Esparta
derrotó a una invasión mucho mayor en la batalla naval de Salamina y en la
batalla terrestre de Platea, al año siguiente las décadas posteriores a esta
espectacular victoria fueron testigo del poder económico y naval de Atenas para
edificar una supremacía sobre algunos de sus antiguos aliados marítimos, esto
llevo inevitablemente, a una ultima prueba de fuerza con Esparta y sus aliados.
La encarecida guerra del
Peloponeso, que duró 27 años (431 – 404 a. C.) es relatada con suma maestría
por el historiador Tucídides, esta guerra finalizó con la derrota de Atenas sí
bien esta fue la época de oro para Atenas (siglo XV a. C.) las tragedias de
Esquilo, Sófocles, la arquitectura del Partenón, etc. Que florecieron en este
siglo, es por estas extraordinarias obras que la civilización griega a
trascendido en el tiempo.
El siglo IV
se inició con intrigas entre las ciudades estado griegas, Tebas arrebató la
supremacía a Esparta en la batalla de Leuctra 371 a. C.; sin embargo a pesar del
surgimiento y caída de estados individuales no existía una hegemonía duradera, la cual fue
impuesta por el poder de Macedonia, su poder aumentó progresivamente durante el
siglo IV hasta que el año 338 a. C. en la batalla de Queronea Filipo de
Macedonia puso fin a la libertad griega.
Las Guerras Médicas:
(AMPLIAR) Creso, rey de Lidia, conquistó
las colonias griegas de Asia Menor en el 560 a. C., en la primera parte de
su reinado (560 a. C.- 546 a. C.).
Creso fue un gobernador moderado,
respetuoso con los helenos y aliado de Esparta; el gobierno lidio estimuló la
vida económica, política e intelectual de las colonias. En el 546 a. C.,
Creso fue expulsado del trono por Ciro II
el Grande, rey de Persia. A excepción de la isla de Samos, que se
defendió con tenacidad, las ciudades griegas de Asia y las islas costeras
pasaron a formar parte del Imperio persa.
En el 499 a. C., Jonia,
ayudada por Atenas y Eretria, se volvió contra Persia.
Los rebeldes tuvieron éxito, en principio, y el rey Darío I
el Grande de Persia juró vengarse. Sofocó la revuelta en el 493 a.
C. y, tras saquear Mileto, restableció su
control absoluto sobre Jonia. Un año después, Mardonio, yerno del rey, condujo
una gran flota persa para conquistar Grecia, pero casi todas sus naves fueron
hundidas en el cabo de Athos. Al mismo tiempo, Darío envió emisarios a Grecia
para pedir muestras de sumisión a todas las ciudades-estado.
Aunque la mayoría de los pequeños
reinos consintieron, Esparta y Atenas se negaron y mataron a los emisarios
persas en señal de desafío. Darío, encolerizado por tal ofensa, así como por
la pérdida de su flota, preparó una segunda expedición que partió en el 490 a.
C. Después de destruir Eretria, el ejército persa avanzó hacia la llanura de
Maratón, cerca de Atenas. Los dirigentes atenienses pidieron ayuda a Esparta,
pero el mensaje llegó durante la celebración de un festival religioso que
prohibía a los espartanos abandonar la ciudad. Sin embargo, el ejército
ateniense, bajo el mando de Milcíades el Joven,
obtuvo una increíble victoria sobre una fuerza persa tres veces mayor que la
suya.
Inmediatamente Darío dispuso una
tercera expedición; su hijo, Jerjes I, quien
le sucedió en el 486 a. C., reunió uno de los mayores ejércitos de toda
la época antigua. En el 481 a. C., los persas cruzaron sobre un puente de
naves el estrecho del Helesponto y marcharon en dirección al sur. La primera
batalla tuvo lugar en el paso de las Termópilas,
en el 480 a. C., donde el rey espartano Leónidas I y varios miles de
soldados defendieron heroicamente el estrecho paso. Un traidor griego condujo a
los persas a otro paso que permitía a los invasores acceder al primero por la
retaguardia espartana.
Leónidas permitió a la mayoría
de sus hombres retirarse, pero él y una fuerza de 300 espartanos y 700 téspidas
resistieron hasta el final y fueron aniquilados. Los persas marcharon entonces
sobre Atenas e incendiaron la ciudad abandonada. Mientras, la flota persa
persiguió a la griega hasta Salamina, isla
situada en el golfo de Egina (hoy, golfo Sarónico), cerca de Atenas. En la
contienda naval que siguió, menos de 400 barcos griegos, al mando del político
y general ateniense Temístocles, derrotaron a
1.200 embarcaciones persas. Jerjes I, que había presenciado la batalla desde su
trono de oro en una colina sobre el puerto de Salamina, huyó a Asia. Al año
siguiente, 479 a. C., el resto de las fuerzas persas fueron destruidas en Platea
y los invasores fueron expulsados definitivamente.
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