Cuando el hombre se organizó socialmente, asegurándose la comida diaria y el fuego y al disminuir los peligros comenzó a contemplar cuanto le rodeaba. Entonces la naturaleza reveló placeres nuevos a su vista y a su olfato. Deslumbrado, admiré los colores del mundo bajo el esplendor de la primavera y lo sorprendió el suave perfume de las flores. Soñó conservar ese perfume y quiso aprisionarlo.
Los orientales descubrieron que la madera, las hojas, las hierbas y las
flores, sumergidas en el agua, le cedían sus colores y sus fragancias. Más
tarde aprendieron que, si calentaban los productos de origen vegetal, era
más fácil extraer de ellos esencias oleaginosas perfumadas y bálsamos
curativos. A su vez, chinos, persas, egipcios y árabes hicieron experimentos
similares; así comenzó una elaboración que actualmente ha adquirido una
notable perfección técnica.
AROMAS Y ESENCIAS A TRAVÉS DE
LAS ÉPOCAS: La escasez de las primeras esencias perfumadas, el misterio de los métodos empleados para obtenerlas y los ensueños provocados por ciertas plantas aromáticas, contribuyeron a rodear con un halo mágico los orígenes de la perfumería. A causa de esto, al principio los perfumes se emplearon sólo en las ceremonias religiosas, quemándolos en los altares para que los dioses se tornaran propicios. Plutarco cuenta que, en Egipto, los sacerdotes de Isis y Osiris ofrecían a esas divinidades aromas diferentes según las horas del día. Al alba quemaban resma, que disipa las brumas del espíritu; al mediodía, mirra para disponer el alma a los placeres corporales. Empenachado de nubes olorosas, el monstruoso Bel o Baal, divinidad principal de los babilonios, caldeos, fenicios y otros pueblos orientales, presidía las ceremonias religiosas y las danzas rituales. El uso de los perfumes sagrados estaba prohibido a los profanos, pero el pueblo disponía de otras esencias como el estoraque y el cinamomo. Los antiguos conocían ya el procedimiento por el cual los cuerpos grasos absorben las esencias perfumadas. Es cierto que los productos empleados eran sobre todo aceites odoríferos. En la Biblia encontramos numerosas alusiones al uso de aromas sagrados: Judith se presentó a Holofernes perfumada con esencia de sándalo, lo mismo que Rut cuando fue a ver a Booz. En el éxodo leemos que Moisés aprendió de Jehová la preparación de la unción sagrada con el más puro de los aceites. Por Herodoto y por Hipócrates sabemos que los griegos conocían la industria de los perfumes. Los ceramistas atenienses del siglo de Pericles (V a.C.) modelaban vasijas para aceites aromáticos. Se creía asimismo que la presencia de los dioses se anunciaba por un olor de ambrosía. En Eurípides, Hipólito invoca así a su protectora: “Oh! Divino soplo perfumado... La diosa Artemisa se aproxima.” Hipócrates, célebre médico ateniense (460-377 a. de J. C.), para contener una epidemia de peste que amenazaba asolar la ciudad de Atenas, ordenó se colocaran almohadillas con flores y hierbas aromáticas en las calles. Se relata que Hipócrates preservó a Atenas de la peste haciendo colgar en la ciudad unas almohadillas llenas de flores y hierbas aromáticas y disponiendo que se quemaran maderas olorosas en las calles. De Grecia, el uso de los perfumes llegó a Roma, donde se difundió ampliamente durante el Imperio. Critión, médico de Trajano,. enumera en un tratado veinticinco variedades de aceites perfumados empleados en medicina, y Plinio opina que el uso de los perfumes brinda al hombre uno de los placeres más lícitos.
DÓNDE Y CÓMO LAS FLORES SE DEJAN DESPOJAR DE SUS TESOROS La técnica de extracción de tinturas, perfumes y medicamentos contenidos en las plantas comenzó por el sistema primitivo de prensarlas, que más tarde se perfeccionó gracias a nuevos procedimientos como la decocción, la digestión, la maceración y la destilación. Esos métodos se fundaban únicamente en las propiedades disolventes del vapor de agua. Pronto se descubrió que la acción del agua no era suficiente para aislar ciertos perfumes menos volátiles, que en cambio eran absorbidos perfectamente por los cuerpos grasos. Sin embargo, durante mucho tiempo esta unión de perfumes y cuerpos grasos condujo sólo a la fabricación de pomadas y cosméticos. La perfumería se transformó en arte, cuando los químicos tuvieron la idea de recurrir al alcohol para disolver los principios activos de algunas sustancias vegetales. Dieron el nombre de “espíritu” o aguas espirituosas a los alcoholes cargados de principios aromáticos o medicamentosos, por efectos de la destilación. La palabra espíritu fue reemplazada más tarde por alcohol, derivada del idioma árabe. En la época imperial, Jonia importó de Grecia y de Egipto la moda de los perfumes. Durante los espectáculos circenses se esparcían perfumes sobre los espectadores. En las termas, los romanos se hacían friccionar el cuerpo con aceites perfumadas.
Es preciso llegar casi a nuestra época para encontrar fórmulas que tienen
realmente carácter científico y se fundan en experimentos comprobados. Los mercaderes venecianos suministraron a la industria occidental las materias primas que necesitaban: áloe, ruibarbo, ámbar, almizcle, sándalo y alcanfor. En las postrimerías del Renacimiento, la elaboración de perfumes llegó a su máximo desarrollo en toda Italia. Colaboraban en esa industria auténticos sabios y también verdaderos artistas... En Francia, Rabelais dispuso que los perfumistas de la abadía de Téleme suministraran, cada mañana, agua de ángel compuesta con clavos de olor, benjuí, estoraque, canela y lirio para los aposentos de las damas. El gusto por los perfumes llegó a ser tan inmoderado que un edicto del año 1560 prohibió su uso a los plebeyos. El rey Carlos VIII de Francia y Catalina de Médicis tuvieron su perfumista personal. Los nobles perfumaban sus cabellos, sus vestidos, sus guantes y sus roperos. Un gran señor llegó hasta perfumar los arreos de montar.
Necesariamente la industria del perfume debía desarrollar el cultivo de las
flores. En Provenza se cultivan especialmente ciertas flores por su perfume;
generaciones de expertos han transmitido celosamente los secretos para
extraer esencias y quintaesencias (sustancia obtenida al cabo de cinco
destilaciones sucesivas). La producción industrial de esa época puede considerarse como la precursora de la fabricación moderna. Actualmente, las fórmulas de perfumes se cuentan por millares y cada día surgen otras nuevas. Si no se es químico o perfumista resulta imposible imaginar los procesos a que son sometidos los vegetales que poseen fragancia agradable. Al lado de nombres tales como: violeta, lirio, verbena, jazmín, etc., podemos leer nombres mucho menos poéticos como: éter de petróleo, bencina, tolueno, acetona, etc. Esas sustancias de nombre tan poco sugestivo son las que obligan a las flores, hojas, tallos y raíces, a ceder su esencia, luego recogida en preciosos frascos. Las materias primas empleadas en la perfumería moderna constituyen una gama muy vasta que comprende: sustancias vegetales odoríferas (aceites esenciales, resinas, bálsamos); sustancias extraídas de las glándulas de ciertos animales (ámbar gris, almizcle, castóreo, etc.), y sustancias de origen químico. Mientras que las sustancias vegetales son la base de los futuros productos, las otras se destinan .a disolver y fijar las primeras, es decir que evitan la evaporación demasiado rápida de la esencia e impiden que los perfumes se desvanezcan muy pronto. En nuestros días empleamos los mismos métodos que se descubrieron hace siglos, pero beneficiados por el progreso de la técnica moderna. Esos progresos cada día llegan a resultados más notables, gracias a la calidad de las materias primas y a los procedimientos de elaboración y de combinación de los diferentes aromas. De su aroma. Amontonadas en enormes calderas procedimiento de digestión) se destilan de las flores los aceites esenciales por medio del vapor de agua. Otras, como el junquillo, la reseda, el nardo, deben colocarse sobre un cuerpo graso extendido en una placa de vidrio, pues las partículas del cuerpo graso son las que absorben el aroma de los pétalos carnosos (procedimiento de saturación). Es necesario un período de tres meses y renovar noventa veces la flores frescas, para que el cuerpo graso llegue a la saturación completa. Para la violeta, ese procedimiento todavía no es suficiente. Deberá usarse el éter de petróleo o un tratamiento térmico, repetido una veintena de veces, con temperaturas de 50 a 60 grados, para que el cuerpo graso fije completamente la deliciosa fragancia (procedimiento de extracción con disolventes volátiles). Para saturar un kilo de ese cuerpo se precisan 4 kilos de flores. A su vez los cuerpos grasos sólo devolverán los perfumes que han absorbido bajo la acción de una dosis importante de alcohol. Luego, el alcohol deberá ser sometido a numerosos procedimientos. Se puede establecer aún una distinción entre drogas o especias —clavo de olor, pimienta, nuez moscada, vainilla, canela, jengibre, cardamomo, azafrán de la India— y las esencias de perfumes a las que corresponde agregar numerosas plantas que encierran aceites esenciales. Por ejemplo, las frutas cítricas contienen sus esencias perfumadas en las hojas, las flores y la corteza del fruto; la rosa, el jazmín, la violeta, el jacinto, únicamente en sus flores; la lavanda, el tomillo, la menta, el geranio, en los órganos vegetativos en general; el pachulí, únicamente en sus hojas; el lirio en su rizoma (raíces); el anís y el comino, en sus granos; el sándalo y el azafrán, en su madera; el benjuí, en su resma. En la actualidad llamamos perfume a una gran cantidad de productos industriales que se presentan en forma líquida, en soluciones más o menos concentradas o en forma sólida (polvos, sachets, sales de tocador). Estos productos tienen muchas otras aplicaciones, además de ser empleados en artículos de tocador y de belleza; sirven para neutralizar olores desagradables, purificar el aire, como cebo en la pesca, etcétera. Pero al igual que lo ocurrido con los textiles, las piedras preciosas y aun algunos alimentos, los productos químicos o sintéticos reemplazan a los naturales. Por ejemplo: se llegó a extraer de algunas flores un perfume que imitara el de otra, y muchas esencias florales contienen una sustancia con la cual se reproduce la fragancia de las violetas. Con la esencia de trementina se obtiene químicamente lila artificial y con el cloruro de bencilo se sustituye la esencia de rosa. Otras fórmulas químicas proporcionan el almizcle sintético tan perfecto que es casi imposible distinguirlo del almizcle natural. |
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