HITLER ADOLF (1889-1945)
Político alemán de origen austriaco. De niño demostró una gran inteligencia, así
como un carácter obstinado. En 1905 Adolf Hitler abandonó la escuela secundaria
para ir a Viena, con la intención de ingresar en la Academia de Artes y
convertirse en pintor; rechazado en el examen de ingreso, decidió Hitler no
regresar a Linz, donde vivía su madre, y quedarse en Viena viviendo una
existencia bohemia. LAS MUJERES DE HITLER: Para Ver Fotos De Sus Mujeres Visita: http://www.editorialbitacora.com/armagedon/mujeres/mujeres.htm
Cada 18 de septiembre Adolf Hitler depositaba un
ramo de flores a los pies del cuadro de su sobrina Geli, que en 1931 se había
suicidado en el piso de Hitler situado en Prinzregentenstrasse, Munich. Aquel
golpe del destino fue terrible para el futuro líder de la Alemania nazi. Hitler
intentó seguirla en la muerte, pero su fiel amigo y secretario Rudolf Hess pudo
quitarle la pistola de las manos en el último minuto.
Retratos de Geli
En el verano de 1925 pesaba sobre Hitler la
prohibición de hablar en público, así que se dedicó exclusivamente a escribir.
Se retiró a la montaña, alquilando una castillo en Obersalzberg, Berchtesgaden.
Invitó a su hermanastra viuda para llevarle la casa. Angela se trasladó desde
Austria y su hija Geli tuvo la ocasión de conocer a su tío, por aquel entonces
ya famoso.
Geli se convirtió en su gran amor, tan pronto como
Hitler disponía de tiempo libre corría para estar a su lado. Pero la relación
con Hitler no era fácil; los celos la acompañaban a todas partes cortándole toda
iniciativa y libertad.
El tiempo pasado al lado de Geli marcó la vida de
Hitler. Su dolor fue tan profundo que selló Su habitación en
Prinzregentenstrasse. Sólo su ama de llaves, Anny Winter, y él entraban en ella.
Corrieron rumores de que el suicidio de Geli se debió a un embarazo no deseado,
pero el historiador Werner Maser demostró que no existen razones para pensar que
Hitler tuviera algo que ver en el suicidio de Geli.
Pese a estar locamente enamorado de ella en 1929
Hitler mantuvo relaciones, por lo menos, con otras dos mujeres. A las dos las
conoció en el estudio de su amigo y fotógrafo personal Heinrich Hoffmann. Hitler
tuvo que ponerse a salvo de las trampas tendidas por la joven, bonita y algo
opulenta Henriette, hija de Hoffmann y más tarde esposa del jefe de las
Juventudes Hitlerianas, Baldur von Schirach. Henriette intentó conquistar por
todos los medios posibles a Hitler, haciéndole de paso rabiar a Eva Braun,
empleada de su padre. Hitler salió con ella en varias ocasiones, pero nunca le
prestó demasiada atención, decantándose por Eva con la que cada vez pasaba más
tiempo. La discreta Eva, tras la muerte de Geli, fue ganándose poco a poco el afecto de Hitler. Para ello no dudó en obedecerle sin protestar. No fumaba en su presencia y sólo bailaba a escondidas. Pasaba largas temporadas a solas pudiendo disfrutar de su afición al deporte, especialmente a la natación y el esquí. Eva no pasó de ser una sombra a la que Hitler recurría. En su diario llegó a escribir: “... sólo me necesita para una cosa”. En su soledad los celos se apoderaban de ella; y no le faltaban motivos. Una de sus rivales fue Unity Walkyrie Mitford, hija de lord Redescale y cuñada del jefe del partido fascista británico. Su competidora, divida interiormente entre Inglaterra y Alemania, terminó pegándose un tiro cuando las dos potencias entraron en guerra. No murió, pero su vida se apagó en 1948 tras sufrir los daños causados por la bala en su cerebro.
Hitler no era precisamente un conservador en muchos aspectos de la mujer. El 1
de marzo de 1942 dijo: “Una muchacha que tenga un niño y cuide de él es para mí
más importante que una solterona. Los prejuicios sociales están en franco
retroceso. La naturaleza se abre paso. Estamos en buen camino”. No era
partidario del matrimonio y pensaba que los hombres debían dejar su huella en
cada mujer. Al ser fiel a sus palabras Eva Braun se vio obligada a soportar toda
una serie de infidelidades. Esta era la tercera esposa de Alois, y tenía veintitrés años menos que él. La complicidad entre madre e hijo era a veces percibida por su padre bajo el prisma de los celos. Persona inteligente, superaba las asignaturas escolares con facilidad, lo que le procuraba cierta tendencia al abandono y la pereza. Quizás por la mala relación con su padre, o por los frecuentes cambios de residencia y colegio, lo cierto es que el niño Hitler no lograba cuajar amistades, teniendo como resultado que se encerrase en sí mismo y en sus sueños como futuro pintor, su afición favorita. Los designios de su padre, por el contrario, iban por otros derroteros, pues deseaba para su hijo una carrera de funcionario. La controversia fue fuente de frecuentes disputas y discusiones, en las que el joven Hitler no cedía un ápice, al punto que, a modo de rebeldía, dejó de prestar atención a los estudios en la escuela católica de Linz y repitió curso. En 1903 muere su padre, lo que le otorga cierta libertad de movimientos y acción. Algo más tarde, una pulmonía le hace abandonar la escuela en principio hasta su restablecimiento, pero será definitiva. Se dedica entonces a su afición favorita, la pintura, durante dos años, con la ilusión de ser algún día un pintor reconocido. Su intento de ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena se ve abocado al fracaso, aunque, orgulloso y seguro de sus fuerzas, lo intentó un año más tarde. Nuevamente cosechó el mismo resultado. Decepcionado y triste por la muerte de su madre en 1907, se entregó a una vida abandonada y perezosa, en la que sólo las audiciones de Wagner parecían interesarle. Requerido para cumplir el servicio militar, Hitler se escondió en Viena durante tres años para así eludirlo. El motivo de su actuación no era otro que su deseo de no formar parte de un ejército que consideraba débil y propio de un país en decadencia, alejado de pasadas glorias. Por el contrario, admiraba a la pujante Alemania y su carácter orgulloso, lo que le hizo trasladarse a Munich en 1913. Desde allí envió una carta en la que se excusaba de no hacer el servicio militar, alegando que no tenía medios para subsistir y vivía en la pobreza. En realidad, disfrutaba de una pensión de orfandad, al mismo tiempo que la venta de algunos dibujos le procuraban ingresos adicionales. Sin embargo, aunque no fueron admitidas del todo sus excusas, el tribunal que juzgaba su caso se avino a realizarle un examen médico para poder declararle no apto para el servicio militar, lo que realmente sucedió. Un año más tarde, sorprendentemente, solicita su ingreso como voluntario en el ejército ante el advenimiento de la I Guerra Mundial. En los combates, destaca por su afán de lucha y arrojo. Inscrito en una unidad de choque, en apenas unas semanas sólo quedan vivos 600 de los 3.500 soldados que la formaban. Su habilidad en la lucha y su obediencia le hacen respetado por compañeros y mandos, quienes en ocasiones le encomiendan misiones difíciles como el traslado de mensajes. En octubre de 1916 cae herido de cierta gravedad por un disparo que le atraviesa una pierna, aunque pronto se restablece y regresa al frente tras pasar el invierno convaleciente. Nuevamente en 1918, también en octubre, resulta herido, esta vez tras inhalar gases tóxicos. En su cartilla militar figura la inscripción "gaseado". Pierde temporalmente la visión y es ingresado en el Hospital de Passewalk, donde sufre varias operaciones y fuertes dolores. Durante su convalecencia, puede apreciar que está asistiendo a un mundo en profunda transformación. La revolución ha triunfado en Rusia, instalando allí una doctrina política que personalmente detesta. El viejo y decadente Imperio Austro-húngaro ha desaparecido como consecuencia de la derrota en la Gran guerra, mientras que su admirada y orgullosa Alemania ha sufrido una humillante derrota. Su análisis de la situación alemana le hace pensar que la derrota se debe a una conjunción de factores, entre los cuales el más destacable es la propia división interna, fruto del régimen de partidos, y la pérdida de los valores tradicionales que encumbraron a Prusia tan solo hacía algunas décadas. Además, el bolchevismo y los "no arios" amenazaban con extenderse por Alemania y el resto de Europa, subvirtiendo el orden "natural" y despreciando todo lo que Hitler valoraba. Por si fuera poco, el final de la guerra le dejaba en una situación de desamparo: en el ejército, en combate, era valorado y se sentía identificado con sus compañeros, con sus mandos y con una causa; fuera de él, se convertía en alguien sin rumbo, anodino. Sin saber qué hacer, se queda en el cuartel de Munich esperando alguna misión, algo que hacer. Finalmente le llega su oportunidad, al serle ofrecido un trabajo como espía y propagandista del ejército. Su misión consistirá en introducirse en los círculos políticos y detectar cualquier posible brote de sublevación. Tras sorprender a los dirigentes del DAP, el Partido Obrero Alemán, el 19 de octubre comienza su carrera política. Pronto destaca en reuniones y asambleas, diciendo lo que su público quiere oír: la culpa de la postración alemana es de los extranjeros; los comunistas invadirán el país; los partidos políticos desunen y restan fuerza a la nación... El clima social de la posguerra en Alemania roza la paranoia. No se entiende que su poderoso ejército haya podido perder la guerra. Se ven a sí mismo como incomprendidos, incluso envidiados por su "carácter superior". Las reparaciones de guerra impuestas en Versalles son, además, un lastre para la economía de la nación: el marco se devalúa hasta perder casi todo su valor; colas de hambrientos deambulan por las calles; la miseria puede palparse. En estas condiciones, un pequeño partido como el DAP, ultraderechista, antijudío y radical, encuentra un caldo de cultivo propicio para su expansión. Y con él, un personaje como Hitler, capaz de encender a las masas con un discurso tan fácil como deseado. Pronto comienza a captar la atención de grupos diferentes, desencantados con la República y temerosos del comunismo: ultracatólicos, militares, nostálgicos. Se reúnen en secreto, con el objetivo común de devolver a Alemania su puesto como gran potencia europea. Hitler se mueve como pez en el agua, pues los acontecimientos parecen predisponer la situación a su favor. Las reparaciones de guerra ahogan la economía alemana, cuyo gobierno no puede hacer frente a los pagos. En consecuencia, Francia -la odiada Francia-, invade las cuencas del Rhur y el Sarre, para garantizar el pago de la deuda. Inflación, paro y hambre alcanzan niveles impactantes. Por si fuera poco, la situación política es cualquier cosa menos estable. La débil república, presidida por un socialista, se ve amenazada por una revolución de signo izquierdista, la espartaquista, que a duras penas es controlada. El comunismo avanza entre los alemanes, que ven en él una tabla de salvación. Hitler despliega entonces una actividad frenética, escribiendo discursos y folletos, dando mítines, organizando grupos. Le protegen militares y rusos huidos de la Revolución, a pesar de lo cual sigue careciendo de medios económicos, dependiendo tan sólo de su paga de militar. En 1920 intenta por primera vez tomar el poder. Prepara un golpe de estado junto con von Kapp, que termina fracaso por la indecisión de los generales en principio comprometidos. Condenado a cinco años de prisión en la fortaleza de Landsberg, dedica su tiempo a dictar a Rudolf Hess la primera parte de su libro Mein Kampf (Mi lucha), en la que plasma sus ideas y deseos. Obra autobiográfica, el resentimiento y el antisemitismo atraviesan sus páginas desde la primera hasta la última, exponiendo en ellas además su ideal de una Alemania uniforme, fuerte y temida. También en 1920 forma la NSDAP (Partido Obrero Nacional-Sindicalista), cuya importancia para Alemania será fundamental a partir de entonces. En diciembre de 1924 recobra la libertad. Escocido por el fracaso anterior, adopta por la vía democrática como herramienta de acceso al poder. El antisemitismo se convierte en una de las principales consignas del partido, siendo muy bien recibida por la opinión pública en general. Por toda Alemania se pueden oír sus discursos o leer sus folletos, desplegando una actividad propagandística incansable. La crisis de 1929, que Alemania sufre especialmente, incrementa el número de seguidores de Hitler. Las empobrecidas clases medias, temerosas del influjo comunista, abrazan el nazismo como una tabla de salvación. En las elecciones de marzo de 1932 Hitler resulta derrotado por Hindenburg, pero sus trece millones de votos le facultan para ser nombrado canciller muy poco tiempo después. El demócratacristiano von Papen se apresta a colaborar con Hitler, pensando que podrá encauzar y moderar sus acciones. Craso error. Las primeras decisiones del nuevo canciller demuestran su voluntad de no someterse a pactos. Tras decretar la realización de un plebiscito en el Sarre sobre la ocupación francesa, consigue expulsar a los franceses. Incumple los acuerdos de Versalles, en especial impulsando la militarización de Alemania, al mismo tiempo que lanza el "Anchluss", la unión con Austria. La subida al poder de un personaje así asusta a los aliados europeos, incapaces de articular medidas que vayan más allá de la "política de apaciguamiento". Es entonces cuando la Sociedad de Naciones revela su ineficacia. Tras llegar al poder, Hitler y sus colaboradores (Himmler, Goebbel, Goering) se encargaron de crear un aparato policial capaz de someter absolutamente a la población y evitar cualquier tipo de disidencia. La Gestapo velará por la "seguridad" del Estado, al mismo tiempo que por la "pureza" de la raza aria. En 1938, su agresiva política exterior le llevará a añadir parte a Alemania parte de Checoslovaquia, cuya integridad estaba garantizada por el Tratado de Versalles. Nuevamente las naciones europeas capitulan ante el formidable despliegue de fuerza alemán. El siguiente paso será Polonia, también protegida por la Sociedad de Naciones y, especialmente, Francia e Inglaterra. La maniobra de Hitler es inteligente: se acerca a la URSS mediante la firma de un pacto de no agresión, permitiendo que los tanques alemanes traspasen con una rapidez extraordinaria la frontera polaca el 1 de septiembre de 1939. Inglaterra y Francia declaran abiertas las hostilidades: la II Guerra Mundial ha comenzado. Inmediatamente, la Wehrmacht invade Dinamarca y Noruega, tan solo meses después, a las que seguirán Bélgica y Holanda en 1940. El golpe mayor está todavía por venir: el 5 de junio las tropas alemanas entran en Francia, derrotándola en tan solo diecisiete días. Tan solo resiste Gran Bretaña, acosada por la aviación de Göering, quien busca desesperadamente la ayuda de unos Estados Unidos ensimismados en su política de neutralidad. Por el contrario, Italia y Japón se suman a Alemania y forman el Eje. El ataque japonés sobre Pearl Harbour fuerza, ahora sí, la entrada definitiva y sin ambages de Estados Unidos en la guerra. El gran error de Hitler fue, teniendo abierto el frente occidental, abrir otro en el Este. El ataque sobre la URSS, a pesar de emplear una ingente cantidad de recursos humanos y materiales, se estanca por la tenaz resistencia rusa y finalmente acaba por fracasar estrepitosamente. Hay encima demasiados frentes abiertos, demasiadas fronteras: los Balcanes, África, el Atlántico. A partir de 1943 los acontecimientos empiezan a cambiar de rumbo. El apoyo norteamericano se antoja fundamental para la causa aliada, mientras que los soviéticos inician desde el Este un tremendo contraataque. Además, los aliados, en especial la Italia de Mussolini, más parece ser un lastre que una ayuda, pues no tardará en caer. El desembarco en Normandía, en 1944, supone el inicio del fin de la aventura Alemana. Las defensas de Rommel, el otrora triunfador en África, nada puede hacer por detener el avance aliado, que parece pugnar con los rusos en su avance hacia Berlín. La situación comienza a ser dramática, al punto que una sublevación por poco acaba con la vida del Fuhrer al hacer estallar una bomba bajo su sillón durante una reunión del Estado Mayor en Berchtesgaden. Hitler ha perdido el control. Se esfuerza en imponer órdenes de resistencia bajo pena de ejecución sumaria, mientras que recluta para su ejército incluso a menores de edad. Encerrado en su bunker, desconfía de sus más íntimos colabores, si acaso sólo en Goebbels y Martín Bormann, testigo éste de su acelerada boda con Eva Braun. La carrera por Berlín prefigura un mundo diferente al término de la guerra. Comunistas y capitalistas se afanan por llegar los primeros, siendo aquellos los primeros en llegar. Hitler no verá este hecho, pues se suicidará unto con Goebbels y Eva Braun el 7 de mayo. Atrás quedan cinco años de guerras y millones de muertos causados por la megalomanía de un dictador, el ensimismamiento de un pueblo y la pasividad del resto de naciones.
1889 Nace el 20 de abril, en Braunau am Inn (Austria). 1914-1918 Sirve como soldado en el Ejército bávaro, durante la I Guerra Mundial. Tan sólo asciende al grado de cabo. 1919 Se une al recién creado Partido Obrero Alemán, pronto rebautizado como Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo (partido nazi). 1921 Elegido presidente (Führer) del partido nazi. 1923 Encabeza el fracasado putsch de Munich. Sentenciado a cinco años de prisión, sólo cumple ocho meses de condena, durante los cuales escribe Mi lucha. Sale de la cárcel, gracias a una amnistía general, en diciembre de 1924. 1928 El partido nazi obtiene 12 diputados en el Reichstag (Parlamento alemán). 1929 Inicio de la crisis económica mundial conocida como la Gran Depresión. 1930 El partido nazi obtiene 107 diputados en el Reichstag. 1933 Enero: es nombrado canciller. Marzo: el Reichstag traslada todas sus facultades legislativas al gabinete presidido por Hitler. 1934 Tiene lugar la denominada Noche de los cuchillos largos, auténtica purga dentro del propio nazismo. 1935 Inicia el rearme alemán, prohibido por el Tratado de Versalles de 1919. 1936 Envía tropas a la región desmilitarizada de Renania. 1938 Anexión de Austria y de la región checa de los Sudetes. 1939 Firma del Pacto Germano-soviético. Invasión alemana de Polonia. Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Alemania. Comienza la II Guerra Mundial. 1940 Invasión alemana de Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Bélgica y Francia. Gran Bretaña evita ser invadida. 1941 Intento de invasión de la Unión Soviética: las fuerzas alemanas son repelidas a las puertas de Moscú. Estados Unidos entra en la lucha contra las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón). 1941-1945 Se intensifica la política de exterminio de la población judía. Más de cinco millones de judíos son asesinados durante el llamado Holocausto, así como un número también significativo de quienes eran considerados por el nazismo como población marginal. 1944 Fracasada conspiración de oficiales alemanes para matar a Hitler. 1945 Deja a un país derrotado y se suicida en su búnker de Berlín, el 30 de abril. |
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