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HITLER ADOLF (1889-1945)
(Brannau-am-Inn, Austria, 1889-Berlín, 1945)
BIOGRAFÍA ADOLF HITLER:
Político alemán de origen austriaco. De niño demostró una gran inteligencia, así
como un carácter obstinado. En 1905 Adolf Hitler abandonó la escuela secundaria
para ir a Viena, con la intención de ingresar en la Academia de Artes y
convertirse en pintor; rechazado en el examen de ingreso, decidió Hitler no
regresar a Linz, donde vivía su madre, y quedarse en Viena viviendo una
existencia bohemia.
La estancia en la capital del Imperio Austrohúngaro marcó profundamente su vida
y su pensamiento, al ponerlo en contacto con los círculos pangermanistas y
antisemitas de esa ciudad. En 1913 Adolf Hitler marchó a Munich, donde se
hallaba al inicio de la Primera Guerra Mundial. Se alistó en el ejército alemán
y se distinguió en acción en el frente occidental, lo que le valió la Cruz de
Hierro de Primera Clase.
En la fase final de la guerra Hitler resultó afectado por un ataque con gas, y
se encontraba aún convaleciente cuando se firmó el armisticio. La derrota de
Alemania representó un duro golpe para Hitler, quien, como muchos alemanes,
pensaba que aquello sólo podía deberse a una «puñalada por la espalda» de los
políticos. Por ello dedicó sus energías a destruir a la naciente República de
Weimar, a la que culpaba de todos los males de Alemania.
Hitler se afilió al pequeño Partido de los Trabajadores Alemanes, del que asumió
el poder rápidamente, para convertirlo en el Partido Nacionalsocialista Alemán
del Trabajo (NSDAP), el partido nazi. Los nazis empezaron a ganar fuerza en la
turbulenta política alemana de principios de los años veinte y pronto se vieron
involucrados en diferentes complots para derribar el gobierno, hasta el fallido
intento de golpe de Estado conocido como el
putsch de 1923.
Los dos cabecillas de la intentona, Hitler y Ludendorff, fueron detenidos y
juzgados; las penas, empero, fueron muy leves, y Hitler aprovechó la reclusión
para escribir Mein Kampf, libro en el que condensaba todo su pensamiento
político. La situación de marginalidad del partido nazi cambió súbitamente con
la crisis económica de 1929, que le hizo ganar tantos votos provenientes de las
clases medias, que se convirtió en el segundo partido de Alemania. En 1933,
Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los partidos de derechas.
Ya en el poder, Adolf Hitler se apresuró a poner en práctica su programa
político basado en el control de todos los aspectos de la vida pública por los
nazis, al tiempo que vaciaba de contenido las instituciones democráticas,
rearmaba al ejército e iniciaba una campaña contra los judíos. Su agresiva
política exterior, que buscaba recuperar los territorios arrebatados a Alemania
a raíz de la firma del tratado de Versalles, incrementó la tensión internacional
hasta el punto de conducir a la guerra, cuando Alemania invadió Polonia en
septiembre de 1939.
Al principio Hitler se benefició de la neutralidad soviética, que le permitió
concentrar sus fuerzas contra Francia y el Reino Unido. En 1940, el ejército
alemán aplastó a Francia después de haber ocupado Bélgica, Holanda, Dinamarca,
Noruega y Polonia, pero la incapacidad de la aviación germana de doblegar a los
ingleses lo indujo a atacar a la Unión Soviética para hacer realidad su sueño de
erigir un Imperio Alemán en el este. El ataque contra los soviéticos comenzó en
1941 y, a pesar de un avance inicial rápido y victorioso, la gran ofensiva fue
detenida finalmente a las mismas puertas de Moscú.
La guerra contra la URSS se convirtió en un descalabro, y Hitler decidió asumir
personalmente el mando del ejército. En 1944, poco después del desembarco aliado
en Normandía, Adolf Hitler sufrió un atentado, organizado por sectores
descontentos del ejército, del cual salió con algunas heridas leves. La
represión que luego siguió contra los conspiradores fue implacable. La
desesperada situación de Alemania a finales de 1944 no disuadió a Hitler ni a
los demás jerarcas nazis de continuar el genocidio sistemático contra los
judíos, que se cobraría millones de víctimas. Cuando las tropas soviéticas
entraban ya en Berlín, Adolf Hitler se suicidó junto con su amante y secretaria
Eva Braun, con quien había contraído matrimonio horas antes, el 30 de abril de
1945.
Para Ampliar Esta Biografía....
En pocas ocasiones la memoria colectiva de los pueblos muestra tamaño acuerdo a
la hora de juzgar el papel histórico de un personaje como en el caso de Adolf
Hitler. Sobre él se han escrito cientos de miles de páginas, y su figura se
asimila a la de un dictador asesino responsable de la muerte de millones de
personas y encarnación de los más bajos y deplorables instintos humanos.
Hitler
llevó a su país, y a la práctica totalidad de la población mundial, a la guerra
más devastadora nunca conocida, practicando además una política de exterminio y
barbarie contra todos aquellos grupos o individuos que la abyecta ideología que
representaba tuviera por diferentes y, por ende, inferiores. Nació este
personaje en una ciudad fronteriza de la Austria bávara, hijo de un agente de
aduanas, Alois, que, en virtud de su ocupación, obligará a su familia a mudar
varias veces de residencia, siempre en pequeñas localidades rurales.
Su padre
era hijo a su vez de la soltera María Anna Schikelgruber, tomando prestado el
apellido Hitler de un pariente por considerarlo más honroso. El hecho de que su
padre proviniera de una unión ilegítima entre su abuela y un desconocido
perturbó siempre los pensamientos de Hitler, ante la posibilidad de tener
ascendientes judíos. Durante su infancia, se educa en pequeñas escuelas de
pueblo, hasta que pasa a la escuela de Artes y Oficios de Linz.
Su infancia
distó mucho de ser feliz, siendo objeto de frecuentes palizas por parte de su
padre, sólo en parte compensadas por el cariño que su madre, Klara Pölz, le
profesaba. Esta era la tercera esposa de Alois, y tenía veintitrés años menos
que él. La complicidad entre madre e hijo era a veces percibida por su padre
bajo el prisma de los celos. Persona inteligente, superaba las asignaturas
escolares con facilidad, lo que le procuraba cierta tendencia al abandono y la
pereza.
Quizás por la mala relación con su padre, o por los frecuentes cambios
de residencia y colegio, lo cierto es que el niño Hitler no lograba cuajar
amistades, teniendo como resultado que se encerrase en sí mismo y en sus sueños
como futuro pintor, su afición favorita. Los designios de su padre, por el
contrario, iban por otros derroteros, pues deseaba para su hijo una carrera de
funcionario.
La controversia fue fuente de frecuentes disputas y discusiones, en
las que el joven Hitler no cedía un ápice, al punto que, a modo de rebeldía,
dejó de prestar atención a los estudios en la escuela católica de Linz y repitió
curso. En 1903 muere su padre, lo que le otorga cierta libertad de movimientos y
acción. Algo más tarde, una pulmonía le hace abandonar la escuela en principio
hasta su restablecimiento, pero será definitiva. Se dedica entonces a su afición
favorita, la pintura, durante dos años, con la ilusión de ser algún día un
pintor reconocido. Su intento de ingresar en la Academia de Bellas Artes de
Viena se ve abocado al fracaso, aunque, orgulloso y seguro de sus fuerzas, lo
intentó un año más tarde. Nuevamente cosechó el mismo resultado. Decepcionado y
triste por la muerte de su madre en 1907, se entregó a una vida abandonada y
perezosa, en la que sólo las audiciones de Wagner parecían interesarle.
Requerido para cumplir el servicio militar, Hitler se escondió en Viena durante
tres años para así eludirlo.
El motivo de su actuación no era otro que su deseo
de no formar parte de un ejército que consideraba débil y propio de un país en
decadencia, alejado de pasadas glorias. Por el contrario, admiraba a la pujante
Alemania y su carácter orgulloso, lo que le hizo trasladarse a Munich en 1913.
Desde allí envió una carta en la que se excusaba de no hacer el servicio
militar, alegando que no tenía medios para subsistir y vivía en la pobreza. En
realidad, disfrutaba de una pensión de orfandad, al mismo tiempo que la venta de
algunos dibujos le procuraban ingresos adicionales. Sin embargo, aunque no
fueron admitidas del todo sus excusas, el tribunal que juzgaba su caso se avino
a realizarle un examen médico para poder declararle no apto para el servicio
militar, lo que realmente sucedió. Un año más tarde, sorprendentemente, solicita
su ingreso como voluntario en el ejército ante el advenimiento de la I Guerra
Mundial. En los combates, destaca por su afán de lucha y arrojo. Inscrito en una
unidad de choque, en apenas unas semanas sólo quedan vivos 600 de los 3.500
soldados que la formaban.
Su habilidad en la lucha y su obediencia le hacen
respetado por compañeros y mandos, quienes en ocasiones le encomiendan misiones
difíciles como el traslado de mensajes. En octubre de 1916 cae herido de cierta
gravedad por un disparo que le atraviesa una pierna, aunque pronto se restablece
y regresa al frente tras pasar el invierno convaleciente. Nuevamente en 1918,
también en octubre, resulta herido, esta vez tras inhalar gases tóxicos. En su
cartilla militar figura la inscripción "gaseado". Pierde temporalmente la visión
y es ingresado en el Hospital de Passewalk, donde sufre varias operaciones y
fuertes dolores. Durante su convalecencia, puede apreciar que está asistiendo a
un mundo en profunda transformación. La revolución ha triunfado en Rusia,
instalando allí una doctrina política que personalmente detesta. El viejo y
decadente Imperio Austro-húngaro ha desaparecido como consecuencia de la derrota
en la Gran guerra, mientras que su admirada y orgullosa Alemania ha sufrido una
humillante derrota.
Su análisis de la situación alemana le hace pensar que la
derrota se debe a una conjunción de factores, entre los cuales el más destacable
es la propia división interna, fruto del régimen de partidos, y la pérdida de
los valores tradicionales que encumbraron a Prusia tan solo hacía algunas
décadas. Además, el bolchevismo y los "no arios" amenazaban con extenderse por
Alemania y el resto de Europa, subvirtiendo el orden "natural" y despreciando
todo lo que Hitler valoraba. Por si fuera poco, el final de la guerra le dejaba
en una situación de desamparo: en el ejército, en combate, era valorado y se
sentía identificado con sus compañeros, con sus mandos y con una causa; fuera de
él, se convertía en alguien sin rumbo, anodino. Sin saber qué hacer, se queda en
el cuartel de Munich esperando alguna misión, algo que hacer. Finalmente le
llega su oportunidad, al serle ofrecido un trabajo como espía y propagandista
del ejército. Su misión consistirá en introducirse en los círculos políticos y
detectar cualquier posible brote de sublevación. Tras sorprender a los
dirigentes del DAP, el Partido Obrero Alemán, el 19 de octubre comienza su
carrera política.
Pronto destaca en reuniones y asambleas, diciendo lo que su
público quiere oír: la culpa de la postración alemana es de los extranjeros; los
comunistas invadirán el país; los partidos políticos desunen y restan fuerza a
la nación... El clima social de la posguerra en Alemania roza la paranoia. No se
entiende que su poderoso ejército haya podido perder la guerra. Se ven a sí
mismo como incomprendidos, incluso envidiados por su "carácter superior". Las
reparaciones de guerra impuestas en Versalles son, además, un lastre para la
economía de la nación: el marco se devalúa hasta perder casi todo su valor;
colas de hambrientos deambulan por las calles; la miseria puede palparse. En
estas condiciones, un pequeño partido como el DAP, ultraderechista, antijudío y
radical, encuentra un caldo de cultivo propicio para su expansión. Y con él, un
personaje como Hitler, capaz de encender a las masas con un discurso tan fácil
como deseado. Pronto comienza a captar la atención de grupos diferentes,
desencantados con la República y temerosos del comunismo: ultracatólicos,
militares, nostálgicos. Se reúnen en secreto, con el objetivo común de devolver
a Alemania su puesto como gran potencia europea. Hitler se mueve como pez en el
agua, pues los acontecimientos parecen predisponer la situación a su favor. Las
reparaciones de guerra ahogan la economía alemana, cuyo gobierno no puede hacer
frente a los pagos.
En consecuencia, Francia -la odiada Francia-, invade las
cuencas del Rhur y el Sarre, para garantizar el pago de la deuda. Inflación,
paro y hambre alcanzan niveles impactantes. Por si fuera poco, la situación
política es cualquier cosa menos estable. La débil república, presidida por un
socialista, se ve amenazada por una revolución de signo izquierdista, la
espartaquista, que a duras penas es controlada. El comunismo avanza entre los
alemanes, que ven en él una tabla de salvación. Hitler despliega entonces una
actividad frenética, escribiendo discursos y folletos, dando mítines,
organizando grupos. Le protegen militares y rusos huidos de la Revolución, a
pesar de lo cual sigue careciendo de medios económicos, dependiendo tan sólo de
su paga de militar. En 1920 intenta por primera vez tomar el poder. Prepara un
golpe de estado junto con von Kapp, que termina fracaso por la indecisión de los
generales en principio comprometidos. Condenado a cinco años de prisión en la
fortaleza de Landsberg, dedica su tiempo a dictar a Rudolf Hess la primera parte
de su libro Mein Kampf (Mi lucha), en la que plasma sus ideas y deseos. Obra
autobiográfica, el resentimiento y el antisemitismo atraviesan sus páginas desde
la primera hasta la última, exponiendo en ellas además su ideal de una Alemania
uniforme, fuerte y temida. También en 1920 forma la NSDAP (Partido Obrero
Nacional-Sindicalista), cuya importancia para Alemania será fundamental a partir
de entonces. En diciembre de 1924 recobra la libertad. Escocido por el fracaso
anterior, adopta por la vía democrática como herramienta de acceso al poder.
El
antisemitismo se convierte en una de las principales consignas del partido,
siendo muy bien recibida por la opinión pública en general. Por toda Alemania se
pueden oír sus discursos o leer sus folletos, desplegando una actividad
propagandística incansable. La crisis de 1929, que Alemania sufre especialmente,
incrementa el número de seguidores de Hitler. Las empobrecidas clases medias,
temerosas del influjo comunista, abrazan el nazismo como una tabla de salvación.
En las elecciones de marzo de 1932 Hitler resulta derrotado por Hindenburg, pero
sus trece millones de votos le facultan para ser nombrado canciller muy poco
tiempo después. El demócratacristiano von Papen se apresta a colaborar con
Hitler, pensando que podrá encauzar y moderar sus acciones. Craso error. Las
primeras decisiones del nuevo canciller demuestran su voluntad de no someterse a
pactos. Tras decretar la realización de un plebiscito en el Sarre sobre la
ocupación francesa, consigue expulsar a los franceses. Incumple los acuerdos de
Versalles, en especial impulsando la militarización de Alemania, al mismo tiempo
que lanza el "Anchluss", la unión con Austria. La subida al poder de un
personaje así asusta a los aliados europeos, incapaces de articular medidas que
vayan más allá de la "política de apaciguamiento". Es entonces cuando la
Sociedad de Naciones revela su ineficacia. Tras llegar al poder, Hitler y sus
colaboradores (Himmler, Goebbel, Goering) se encargaron de crear un aparato
policial capaz de someter absolutamente a la población y evitar cualquier tipo
de disidencia. La Gestapo velará por la "seguridad" del Estado, al mismo tiempo
que por la "pureza" de la raza aria. En 1938, su agresiva política exterior le
llevará a añadir parte a Alemania parte de Checoslovaquia, cuya integridad
estaba garantizada por el Tratado de Versalles. Nuevamente las naciones europeas
capitulan ante el formidable despliegue de fuerza alemán. El siguiente paso será
Polonia, también protegida por la Sociedad de Naciones y, especialmente, Francia
e Inglaterra.
La maniobra de Hitler es inteligente: se acerca a la URSS mediante
la firma de un pacto de no agresión, permitiendo que los tanques alemanes
traspasen con una rapidez extraordinaria la frontera polaca el 1 de septiembre
de 1939. Inglaterra y Francia declaran abiertas las hostilidades: la II Guerra
Mundial ha comenzado. Inmediatamente, la Wehrmacht invade Dinamarca y Noruega,
tan solo meses después, a las que seguirán Bélgica y Holanda en 1940. El golpe
mayor está todavía por venir: el 5 de junio las tropas alemanas entran en
Francia, derrotándola en tan solo diecisiete días. Tan solo resiste Gran
Bretaña, acosada por la aviación de Göering, quien busca desesperadamente la
ayuda de unos Estados Unidos ensimismados en su política de neutralidad. Por el
contrario, Italia y Japón se suman a Alemania y forman el Eje. El ataque japonés
sobre Pearl Harbour fuerza, ahora sí, la entrada definitiva y sin ambages de
Estados Unidos en la guerra. El gran error de Hitler fue, teniendo abierto el
frente occidental, abrir otro en el Este.
El ataque sobre la URSS, a pesar de
emplear una ingente cantidad de recursos humanos y materiales, se estanca por la
tenaz resistencia rusa y finalmente acaba por fracasar estrepitosamente. Hay
encima demasiados frentes abiertos, demasiadas fronteras: los Balcanes, África,
el Atlántico. A partir de 1943 los acontecimientos empiezan a cambiar de rumbo.
El apoyo norteamericano se antoja fundamental para la causa aliada, mientras que
los soviéticos inician desde el Este un tremendo contraataque. Además, los
aliados, en especial la Italia de Mussolini, más parece ser un lastre que una
ayuda, pues no tardará en caer.
El desembarco en Normandía, en 1944, supone el
inicio del fin de la aventura Alemana. Las defensas de Rommel, el otrora
triunfador en África, nada puede hacer por detener el avance aliado, que parece
pugnar con los rusos en su avance hacia Berlín. La situación comienza a ser
dramática, al punto que una sublevación por poco acaba con la vida del Fuhrer al
hacer estallar una bomba bajo su sillón durante una reunión del Estado Mayor en
Berchtesgaden. Hitler ha perdido el control. Se esfuerza en imponer órdenes de
resistencia bajo pena de ejecución sumaria, mientras que recluta para su
ejército incluso a menores de edad. Encerrado en su bunker, desconfía de sus más
íntimos colabores, si acaso sólo en Goebbels y Martín Bormann, testigo éste de
su acelerada boda con Eva Braun. La carrera por Berlín prefigura un mundo
diferente al término de la guerra. Comunistas y capitalistas se afanan por
llegar los primeros, siendo aquellos los primeros en llegar. Hitler no verá este
hecho, pues se suicidará unto con Goebbels y Eva Braun el 7 de mayo. Atrás
quedan cinco años de guerras y millones de muertos causados por la megalomanía
de un dictador, el ensimismamiento de un pueblo y la pasividad del resto de
naciones.
1889 Nace el 20 de abril, en Braunau am Inn
(Austria).
1914-1918 Sirve como soldado en el Ejército
bávaro, durante la I Guerra Mundial. Tan sólo asciende al grado de cabo.
1919 Se une al recién creado Partido Obrero
Alemán, pronto rebautizado como Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo
(partido nazi).
1921 Elegido presidente (Führer) del partido
nazi.
1923 Encabeza el fracasado putsch de Munich.
Sentenciado a cinco años de prisión, sólo cumple ocho meses de condena, durante
los cuales escribe Mi lucha. Sale de la cárcel, gracias a una amnistía general,
en diciembre de 1924.
1928 El partido nazi obtiene 12 diputados en el
Reichstag (Parlamento alemán).
1929 Inicio de la crisis económica mundial
conocida como la Gran Depresión.
1930 El partido nazi obtiene 107 diputados en
el Reichstag.
1933 Enero: es nombrado canciller. Marzo: el
Reichstag traslada todas sus facultades legislativas al gabinete presidido por
Hitler.
1934 Tiene lugar la denominada Noche de los
cuchillos largos, auténtica purga dentro del propio nazismo.
1935 Inicia el rearme alemán, prohibido por el
Tratado de Versalles de 1919.
1936 Envía tropas a la región desmilitarizada
de Renania.
1938 Anexión de Austria y de la región checa de
los Sudetes.
1939 Firma del Pacto Germano-soviético.
Invasión alemana de Polonia. Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a
Alemania. Comienza la II Guerra Mundial.
1940 Invasión alemana de Dinamarca, Noruega,
Países Bajos, Bélgica y Francia. Gran Bretaña evita ser invadida.
1941 Intento de invasión de la Unión Soviética:
las fuerzas alemanas son repelidas a las puertas de Moscú. Estados Unidos entra
en la lucha contra las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón).
1941-1945 Se intensifica la política de
exterminio de la población judía. Más de cinco millones de judíos son asesinados
durante el llamado Holocausto, así como un número también significativo de
quienes eran considerados por el nazismo como población marginal.
1944 Fracasada conspiración de oficiales
alemanes para matar a Hitler.
1945 Deja a un país derrotado y se suicida en
su búnker de Berlín, el 30 de abril.
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