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Hombre de Neanderthal:
En Alemania occidental, en el valle del río Neander (Neanderthal en alemán), en
1856 unos obreros estaban extrayendo piedra caliza de una cueva cuando hallaron
unos huesos. Esto no era insólito, y en casos similares era costumbre arrojar
los huesos sin más. Pero en esta ocasión la noticia llegó hasta el profesor de
una escuela cercana, que consiguió salvar unos catorce de aquellos huesos,
incluida la calavera.
Por
esta época, los geólogos estaban seguros de que la Tierra era muy antigua, y los
biólogos a su vez estaban seguros de que los seres humanos habían aparecido
mucho antes de lo que la Biblia parecía indicar. Pero cualquiera que fuese esa
antigüedad, ¿se trató siempre de seres humanos o bien evolucionaron a partir de
alguna forma más simple?
Los
huesos de la cueva de Neanderthal eran claramente humanos, pero la calavera
difería algo de la del hombre actual. Poseía, en efecto, unos marcados maxilares
óseos, frente y barbilla hundidas y una dentadura de una prominencia insólita.
Los
restos se denominaron en seguida hombre de Neanderthal, y se planteó la cuestión
de si era una primitiva forma de un ser humano o un mero individuo con alguna
afección ósea. El principal defensor de que se trataba de una primitiva forma
humana fue el antropólogo francés Pierre-Paul Broca (1824-1880), y su criterio
acabó imponiéndose.
Hoy
en día consideramos al hombre de Neanderthal una subespecie de Horno sapiens.
Sin embargo, el hallazgo de 1856 constituyó el primer paso en la demostración, a
través de los restos fósiles, de la evolución de la especie humana.
Hombre de Cro-Magnon:
En 1868, el paleontólogo francés Édouard.-Armando Lartet
(1801-1871) descubrió cuatro esqueletos humanos en una cueva llamada Cro-Magnon.
Esos restos se atribuirían al hombre de Cro-Magnon. Tenían unos 35000 años de
antigüedad, pero eran humanos a todos los efectos. Estaba claro, pues. que la
raza humana era mucho más antigua de lo que aplicaban a Adán y Eva los
intérpretes literales de la Biblia.
Hombre de Java:
Los restos óseos del hombre de Neanderthal habían sido descubiertos 34 años
antes, pero si bien los neanderthales poseían algunas caracteristicas
primitivas, tenían cerebros del mismo tamaño que los nuestros. Un verdadero
antepasado primitivo del hombre aún no había sido descubierto.
Sin
embargo, por esta época, los monos antropoides eran bien conocidos, y el
paleontólogo holandés Marie Eugéne François Thomas Dubois (1858-1941) creía que
los seres humanos primitivos se hallarían donde estaban ahora los monos
antropoides: en regiones de Áfríca y del sudeste de Asia. Tenía dificultades
para viajar a Áfríca, pero el archipiélago de Indonesia era por entonces colonia
ho. Iandesa, y Dubois, que servía en el ejército, consiguió ser trasladado a
Java.
Tuvo
una suerte increíble, pues en 1890, poco después de su llegada a la isla,
descubrió una bóveda craneana, un fémur y dos dientes de lo que, sin duda, era
el más primitivo organismo homínido hallado hasta entonces. Estaba claro, por
ejemplo, que el cerebro sólo tenía las tres quintas partes del tamaño del de un
ser humano actual.
Dubois llamó a ese organismo
Pithecanthropus erectus (mono-hombre erecto), pues el fémur era lo bastante
humano como para suponer que el homínido caminaba en posición erecta, como
nosotros. La existencia de este homínido aportó un sólido argumento en favor de
la evolución.
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