BIOGRAFÍA DE ROUSSEAU, Filosofía e Ideas
Resumen de su Política y el Contrato Social

BIOGRAFÍA Y SU FILOSOFÍA - RESUMEN DE SU PENSAMIENTO E IDEAS POLÍTICAS  Y ECONÓMICAS

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El Siglo de
Las Luces

JEAN-JACQUES ROUSSEAU  Biografia y su Filosofia

 

 

 

 

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René Descartes
(1596-1650)

Voltaire
(1694-1778)

Montesquieu
(1689-1775)

Rousseau
(1712-1778)

Locke
(1632-1704)

Hume
(1711-1776)

           

Rousseau puso en duda que las ciencias y las artes sirviesen para liberar
al hombre de la opresión y de la infelicidad

Crítica a las ciencias y las artes

PENSAMIENTO E IDEAS POLÍTICAS  Y ECONOMICASEn el pensamiento de Rousseau hay dos elementos fundamentales: su profundo ascendente calvinista y su formación en la lectura del autor griego Plutarco. El calvinismo le conduce a considerar las ciencias y las artes de todos los tiempos y países como ejercicios de la misma curiosidad que llevó al hombre a salir del Paraíso. En este sentido son obra de la debilidad humana, del orgullo, de la voluntad de destacar, de hacerse igual a Dios. Así los vicios humanos son los verdaderos motores de las ciencias la ambición y la mentira generaron la elocuencia del orador la avaricia del comerciante produjo la aritmética; la superstición produjo la astronomía, etcétera.

Rousseau habla como un moralista, pero en el fondo su lenguaje es una reproducción del lenguaje religioso que en otro tiempo lanzó Lutero contra la ciencia y la razón. Para esta vieja tradición, la ignorancia era el

estado que la sabiduría divina había previsto para el hombre.

Pero si las ciencias y Las artes eran fruto de la vanidad y del orgullo: ¿con qué llenarían los hombres su vida? Aquí interviene su lectura de los grandes hombres de la Antigüedad según los pintó Plutarco en sus Vidas Paralelas. Ante él pasan ahora los grandes hombres ce Esparta, Persia, la antigua Roma. Los grandes forjadores de Estados, rudos, primitivos, sencillos, patriotas, virtuosos, austeros y ascetas, creadores de orden político que mantienen con rigor, con leyes estrictas. Estos hombres odiaban el lujo, la vanidad, el engaño, La doblez. En la idealización de Rousseau, estos hombres eran generosos al sacrificarse por la humanidad, al defender la libertad de su patria, al derramar su sangre en el combate por sus hijos, al honrar a los dioses de la polis griega.

Si se mezclan los dos elementos, se tiene la tesis más básica de Rousseau: la vida entregada a las artes y las ciencias no es sino la falsa libertad que los poderosos conceden a los hombres para que estos no sientan lo que realmente son,«esclavos de un orden político despótico».

Desigualdad entre los hombres:

[...] si eliminamos del pacto social lo que no le es esencial, nos lo encontramos reducido a los términos siguientes: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general y nosotros recibirnos corporativamente  cada miembroo como parte invisible del todo. Este acto de asociación  produce inmediatamente, en lugar de la persona particular de cada contratante, un cuerpo moral y colectivo compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, el cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su voluntad y su vida. 

J. J. Rousseau, El contrato social

Jean-jacques Rousseau (Ginebra 1712- Ermenonville 1778): De formación autodidacta, cultivó distintos campos del saber. Llegó a París en 1741, donde frecuentó el círculo de los enciclopedistas, con quienes más tarde rompió. Rousseau se opone a la idea ilustrada de progreso, puesto que concibe que en la cultura y la civilización radican todos los males que aquejan al hombre, el cual, siendo bueno por naturaleza, se ha visto conducido a un estado de corrupción. Frente al pensamiento ilustrado, que cifraba en la razón la conquista de la felicidad, Rousseau mantuvo que la dicha solo se alcanza atendiendo a los propios sentimientos, que permiten recuperar la armonía y justicia perdidas. En toda la obra de Rousseau se aprecia una exaltación del sentimiento, que se refleja en sus teorías sobre la religión, la estética y la educación. En política, afirmó que la sociedad civil es un cuerpo único nacido de un pacto social y defendió sin restricciones la soberanía popular. De su vasta producción cabe resaltar las entradas sobre música de la Enciclopedia, Discurso las ciencias y las artes (1750), Discurso sobra origen de la desigualdad de los hombres (1755), Emilio (1762), El contrato social (1762); y desde  un punto de vista literario, Ensoñaciones de un paseante solitario (1782) y Confesiones  (1782-89).

El origen de los Estados: Según Rousseau, la inseguridad de la vida entre propietarios ricos y pobres fue creciendo al compás de sus diferencias. Unos querían defender lo que tenían con la fuerza, otros querían tomarse lo que necesitaban también con violencia. Así que caían en luchas continuas. Esas luchas eran aprovechadas por otras comunidades extranjeras para dominar a las dos partes. Así cree Rousseau que se formaron los Estados: con el objetivo de pacificar las luchas internas y para defenderse de los extranjeros. 

De este modo, en lugar de fundarse sobre la igualdad natural, sobre el derecho natural a la vida y a la libertad, los Estados se fundaron sin eliminar el derecho meramente convencional a la propiedad, que estaba en el origen de la misma guerra y violencia que se quería superar. Los hombres se sometieron a los poderosos para conservar la vida y sus bienes, entregando la igualdad y la libertad. En este sentido, Rousseau admiraba la fundación del Estado de Esparta, pues los espartanos supieron anular las diferencias de propiedad y edificar sus instituciones sobre la igualdad.

Como la igualdad primitiva dio paso a una desigualdad anti-natural?: Si el hombre natural es un ser entregado a su instinto de conservación y dotado de un sentido de compasión por el dolor ajeno, si la mezcla de estos instintos garantiza que el hombre sea por naturaleza un ser independiente y pacífico, ¿cómo se convierte en un ser gregario, sociable, dependiente, violento, esclavizado?

Rousseau explica la diferencia entre el hombre natural y el hombre civilizado actual por un instinto diferente del de conservación y del de compasión. Este instinto es la perfectibilidad.

Antes de la propiedad tuvo que producirse una institución, la familia, y con ella tuvo que introducirse la estabilidad de relaciones humanas y, finalmente, la agricultura y la tecnología de los minerales. Solo entonces se desplegó algo fundamental: la división del trabajo. Rousseau funda luego el derecho de propiedad a la tierra en el continuo trabajo sobre ella. De este modo, el trabajo es la forma de perfectibilidad humana que produce la desigualdad social. Como en los viejos relatos bíblicos, el trabajo es así una condena y una maldición para el hombre.

Su Biografía: (Ginebra, 28 de junio de 1712 - Erménonville, 2 de julio de 1778)
Filósofo, literato y pedagogo suizo. A principios del siglo XVIII nace Jean-Jacques Rousseau; justo cuando comienza el tan conocido Siglo de las Luces. Si bien la mayoría de los intelectuales de la época asumieron enteramente los presupuestos filosóficos de la Ilustración, Rousseau, que incluso llegará a colaborar con la Enciclopedia, años despues cortará sus colaboraciones e incluso su relación con algunos de los ilustrados.

Su padre, Isaac Rousseau, de profesión relojero, se encargó de su primera instrucción. Ya de niño, se interesó por la literatura, leyendo toda clase de libros, incluido Plutarco.

A raíz de una disputa, tras la cual quedó herido un adversario, Isaac Rousseau tiene que huir de Ginebra, dejando a su hijo en manos de unos familiares. Pero las dificultades económicas de estos hacen que Rousseau abandone los estudios primarios, que cursaba junto a su primo, y se traslade de nuevo a Ginebra, donde comienza a trabajar como aprendiz de grabador en un taller. No satisfecho con su empleo, decide huir y se traslada a Saboya. Allí, mediante la ayuda de un párroco, conoce a Madame Warens que lo envía al Instituto de Catecúmenos en Turín, donde es bautizado como católico. Después de algunos meses en esa ciudad, vuelve junto a Madame Warens, con la que pasaría 11 años de su vida.

En 1740, se dirige a Lyon en calidad de preceptor y luego a París. En esta ciudad, se relaciona por vez primera con los enciclopedistas; entre otros, conocería a Diderot y Condillac. Aparte de algunos trabajos hechos en el terreno musical y de algunas comedias, colabora en la Enciclopedia redactando artículos sobre música. En esta época, trabaja también como secretario de algunas familias nobles.

A raíz de las relaciones que mantiene con Teresa Levasseur le nacerán cinco hijos, que irá abandonando en el hospicio.

En 1749, la Academia de Dijon convocó un concurso sobre el tema «si el restablecimiento de las ciencias y las artes ha contribuido a la depuración de las costumbres», y lo gana con un «Discurso» en el que responde negativamente. Su respuesta provoca confusiones y asombros y Rousseau empieza a ser un hombre polémico en la sociedad en que vive.

En 1753, también la Academia de Dijon, propone otro tema: «Cuál es el origen de la desigualdad de los hombres y si lo autoriza la ley natural». Rousseau responde con un «Discurso» en el que explica y desarrolla las ideas del primero.

Por razones no muy claras, seguramente por diferencias de orden intelectual, corta sus relaciones con los enciclopedistas. Vive en esta época en casa de unos amigos en l'Ermitage y, producto de esta estancia, son sus obras más importantes: «La nueva Eloísa», «El contrato social» y «Emilio».

«La nueva Eloísa» se publica en 1761 con bastante éxito. En 1763, se publican el «Contrato social» y «Emilio», obra que el Parlamento de París condenará, ordenándose el arresto del autor Rousseau consigue escapar. Se refugia en Suiza, pero las dificultades que se presentan le obligan a trasladarse a Inglaterra, donde, aceptando una invitación de Hume, residirá en su casa durante algún tiempo. Sus manías persecutorias, debidas a su carácter huraño e irritable, le hacen desconfiar de Hume y decide, a pesar del riesgo que ello supone, volver a Francia. Allí reanudará sus relaciones con Teresa y, en 1770, regresa a París. Poco después, se traslada a Erménonville, donde vive gracias a la hospitalidad de un admirador, y en ese mismo lugar morirá.

Su vida la conocemos por medio de dos obras autobiográficas, las «Confesiones» y las «Divagaciones de un paseante solitario».

Con Rousseau puede decirse que empieza el Romanticismo. «La Nueva Eloísa» se opone al pesimismo y escepticismo que, en general, en toda la literatura de su época es preponderante. El «Emilio o de la educación» es quizás su obra más importante. Carece casi totalmente de elementos novelescos y su fin es el de exponer los criteros educativos del autor. Fustiga enérgicamente la educación que una sociedad con intereses y clases imparte, esclavizando intelectualmente al individuo y cortando progresivamente el desarrollo natural de este. La educación natural de Rousseau se basa en que en el niño existe un principio innato, «principio activo», el cual, por medio de la experiencia («educación de las cosas»), se vaya formando de manera gradual, conforme a sus propios intereses.

Libertad e igualdad
Si se busca en qué consiste el bien más preciado de todos, y cuál debe ser el objetivo de toda legislación, encontraremos que todo se reduce a dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, y sin esta última, la libertad no puede existir. Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes de la Humanidad [...].

La verdadera igualdad no reside en que la riqueza sea la misma para todo el mundo, si no en que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro ciudadano y que ninguno sea tan pobre que se vea obligado a venderse. Esta igualdad, se dice que no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable. ¿Quiere decir esto que debemos renunciar a regularlo? Como precisamente la fuerza de las cosas tienden siempre a destruir la igualdad, es necesario que la fuerza de la legislación tienda siempre a mantenerla.

ROUSSEAU, J. J.: El contrato social.

PARA SABER MAS...
EL CONTRATO SOCIAL

La noción de contrato social surge de la doctrina filosófico-jurídica que individualiza el origen de la sociedad civil y del Estado en una convención, un contrato estipulado entre sus miembros. Esta perspectiva ya fue defendida en la Antigüedad por los sofistas y Epicuro, en contraposición al naturalismo político de Aristóteles, según el cual no cabe suponer ningún pacto social originario porque sociedad y Estado son realidades naturales y necesarias, independientes de la voluntad de los individuos y siempre presentes en toda comunidad, humana o animal. El contrato social volvió a estar de actualidad en la época moderna como consecuencia de la caída de las teorías medievales relativas al fundamento divino del poder político.

La cuestión se debatió sobre todo en la Inglaterra del s. XVII, en conexión con los avalares de la «gloriosa revolución» (1668). Tanto Thomas Hobbes, teórico del absolutismo monárquico, como John Locke, defensor del constitucionalismo liberal (parlamentario y democrático) coincidieron en la idea del carácter no natural del Estado, basándose en el presupuesto de que los hombres habían vivido inicialmente en una condición pre-social, en un estado de naturaleza primitivo, desorganizado e individualista. Muy diferente, sin embargo, era la manera en que ambos filósofos supieron describir dicho contrato originario.

Hobbes lo imaginaba como un pacto de sujeción por el que cada individuo renuncia a su libertad individual en nombre de la seguridad colectiva. De modo decididamente pesimista, consideraba la condición del salvaje presocial según la máxima homo homini lupus: en ausencia de toda ley, rige sólo la lucha por el dominio de unos sobre otros. El único medio para anular cualquier forma de prepotencia es que todos renuncien a la libertad delegando el poder en un individuo (un soberano o una asamblea) que decida por el bien de todos (y, por lo tanto, de nadie en particular).

En el Leviatán (1651), Hobbes propuso el siguiente texto como fórmula contractual: «Yo transmito mi derecho a gobernarme a mí mismo a este hombre, a condición de que tú también cedas tu derecho de la misma manera».

Distinta es la solución de Locke, para quien en un estado igualmente presocial la agresividad humana habría llegado a moderarse por el principio de reciprocidad: también en un estado de naturaleza vale la regla racional de que quepa esperar de los demás lo mismo que se les brinde.

Según Locke, el paso a la sociedad organizada y al Estado es un proceso gradual y no traumático, un progresivo perfeccionamiento de las reglas de convivencia. El ciudadano cede sus propias libertades no en bloque, sino limitadamente, en función de la necesidad de no invadir las libertades ajenas y de garantizar la seguridad colectiva, a la vez que permanece como el dueño de todas aquellas opciones de vida, de pensamiento y de fe religiosa que no amenazan la convivencia civil.

Además, y como garantía de que el poder atribuido a los hombres que se ocupan de las estructuras e instituciones públicas se mantenga siempre dentro de los límites prefijados, es necesaria la separación entre los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial) y está prevista la posibilidad de rebelión (incluso violenta) cuando estén amenazadas las libertades civiles fundamentales.

El Contrato Social
"El principio de la vida política está en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del Estado, y el poder ejecutivo es el cerebro del mismo, el cual da movimiento a todas sus partes. (...) El Estado no subsiste por las leyes, sino por el poder legislativo: la ley cíe ayer no obliga hoy; pero el silencio supone un consentimiento tácito, y se presume que el soberano confirma continuamente las leyes que no abroga, pudiendo hacerlo (...) si el soberano no las hubiese encontrado siempre saludables las hubiera anulado mil veces. He aquí porque las leyes, lejos de envejecer, adquieren sin cesar nueva fuerza en todo Estado bien constituido. (...) Como el soberano no posee otra fuerza que el poder legislativo, aquél obra por medio de leyes; y como estas son actos auténticos de la voluntad general, el soberano no podría obrar mas que cuando el pueblo está reunido. Algunos creerán que es una quimera el reunir al pueblo: actualmente lo es; pero no lo era hace dos mil años. ¿Han cambiado de naturaleza los hombres? Los límites de lo posible, en las cosas morales son menos estrechos de lo que pensamos; nuestras debilidades, nuestros vicios y nuestras preocupaciones son los que los estrechan.

No basta que el pueblo reunido haya fijado una vez la constitución del Estado sancionando un cuerpo _.r leyes; no basta que haya establecido un gobierno perpetuo o haya cuidado de la elección de magistrados  aparte las asambleas extraordinarias exigidas por los casos imprevistos, es preciso que haya otras periódicas que nacía pueda abolir ni prorrogar; de tal modo que, en un día fijo, el pueblo sea legítimamente convocado por la ley sin que haya necesidad para esto de ninguna otra convocatoria formal. (...) Desde el momento en eme el pueblo se halla legítimamente reunido en asamblea soberana, cesa toda jurisdicción del gobierno, se suspende el poder ejecutivo, y la persona del último ciudadano es tan sagrada : inviolable como la del primer magistrado; porque allí donde se encuentra el representado ya no hay representante."

Jean Jacques Rousseau, El contrato social

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