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Hume se
refugia en la idea más querida por la Ilustración: lo normativo es lo más común,
lo que con máxima
generalidad se considera saludable y sano.
El Mundo
Exterior y la Imaginación:
Hume opina
que la creencia en la existencia de los cuerpos supuesto con el que funcionamos.
Las causas que icen esta creencia es lo que él desea investigar. Que causas no
son las impresiones sensibles resulta obvio.
George Berkeley (Kilkenny, Irlanda - Oxford 1753): Filosofo y
obispo anglicano irlandés. Negó la realidad las sustancias materiales,
sosteniendo que el ser de material se reduce a ser percibido, y que solo existen
realmente los espíritus y Dios, que es el que produce ellos el sueño coherente
de un mundo corpóreo Su obra fundamental es el Tratado sobre los principios del
conocimiento mano (1710).
Pues la
creencia en la existencia de los cuerpos supone la existencia continua, que
excede el tiempo en que tenemos impresiones de ellos. Si vemos una mesa, no
creemos como el obispo Berkeley, un filósofo ligeramente anterior a Hume, que su
ser es ser percibida, y que deja de existir cuando la dejamos de percibir. Lo
que creemos es que existe incluso cuando no la percibimos. Pero esta creencia no
podemos fundarla en las impresiones que tenemos de ella, pues creemos que
también existe cuando no tenemos impresiones.
Nuestras
impresiones tienen una existencia discontinua en nuestra mente. Pero creemos que
los cuerpos tienen una existencia continua. ¿Cómo pasamos de lo primero a lo
segundo? Hume cree que no mediante una deducción lógica, pues la idea de
discontinuidad es lógicamente distinta de la idea de continuidad. Ninguna
discontinuidad puede dar como resultado la continuidad. Será entonces otra
capacidad humana la que esté implicada aquí. Esta capacidad no es el hábito, ni
la razón lógica, sino la imaginación.
La
identidad personal y la memoria: Entre
nuestras impresiones no está la de un yo único a lo largo de toda nuestra vida.
Nuestras percepciones nOS dan notcia de colores, de sonidos, de impenetrabilidad
de solidez, de extensión, de movimiento. Entre estas percepciones nunca están
las impresiones de mi yo. Ni siquiera podemos pensar que este yo es una
proyección de la imaginación sobre la base de cambios continuos, graduales y
constantes. A veces, nuestras impresiones cambian de forma desordenada,
discontinua, inconstante. Pero sobre todo, nunca tenemos una impresión del yo,
y por tanto, no podemos tener una idea de sus cambios. Y, sin embargo, hablamos
con plena legitimidad de nosotros mismos y decimos yo con plenas garantías.
Reflexivamente juego ya con el supuesto de que las representaciones son mis
representaciones. Ese mis no aparece en ninguna impresión concreta, pero las
reúne todas como formando un conjunto. ¿En qué se basa esta atribución de
pertenencia de las impresiones a un yo, como
Las
impresiones e ideas de Hume
Según Hume,
en el hombre existen dos facultades básicas: la percepción inmediata y la
reflexión. La primera
nos da impresiones diferentes, mientras que la segunda está en condiciones de
diferenciar lo distinto que se nos da en aquellas impresiones. Además, la
reflexión nos permite distinguir entre la forma en que se nos dan las
impresiones y la forma en que se nos dan las reflexiones.
Las
percepciones inmediatas se dan con mucha fuerza y vivacidad, y pueden serias
sensaciones (impresiones de los sentidos), las emociones y las pasiones. Las
percepciones reflexionadas, por el contrario, se nos presentan con más suavidad.
A las primeras Hume las llama impresiones, y a las segundas, ideas.
La relación
de causa y efecto: Al decir
que «El sol saldrá mañana» no se tiene la impresión del «sol» ni de la «mañana»,
y sí de que el sol salió ayer, y antes de ayer, y la semana pasada. Sin embargo,
aunque no se tiene la impresión dada, la frase tiene significado, aunque es
posible que el sol no salga mañana.
El
significado de la frase se fundamenta en que establecemos una conexión entre el
hecho pasado y presente de que ha salido el sol y el hecho que anticipamos, a
saber, que saldrá mañana.
Esta
conexión que lanza el pasado sobre el futuro es la experiencia. Esta no es una
impresión ni una reflexión. Es algo distinto: se trata de afirmar una cosa
porque es constante. El significado de la frase «El sol saldrá mañana» procede
de la constancia de que hasta ahora ha salido todos los días.
Lo mismo
sucede con la relación de causa y efecto. En una partida de billar, cuando se
dice que «la bola roja es causa del efecto de movimiento que vemos en la bola
azul», esta frase, que es una idea compleja, tiene significado. Al analizar sus
ideas simples se ve que todas se corresponden con impresiones simples, excepto
las palabras causa y efecto. Estas palabras son ideas aparentemente simples,
pero de hecho son muy complejas. Su significado encierra que la bola roja se
mueve antes que la bola azul, que en un momento hay contigüidad de tiempo y
lugar con la bola azul y, finalmente, que siempre que la bola roja se mueva y
choque con la azul, esta se moverá. Así que en la palabra causa se dan tas ideas
simples de prioridad, de contigüidad y de conexión constante.
Su Biografía: (Edimburgo, 1711 - ibí., 1776)
Filósofo empirista inglés. Desde niño, mostró tener un talento por encima de los
demás estudiantes de su edad y a los 12 años ingresa en la Universidad de su
ciudad natal. Al cabo de dos o tres años dejó la carrera para estudiar Leyes y
Comercio, que más tarde también abandonó para dedicarse definitivamente al
estudio de la Filosofía en el Colegio de los jesuitas de La Fleche (Francia).
En 1747 entró al servicio del general James Siclair como abogado y juez. En 1752
es nombrado bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo. Fue miembro de
la Embajada británica de París en 1765 y prestó servicios como subsecretario de
Estado en 1767.
Gracias a su «History of England» (1754-1762), que tuvo en su tiempo gran
aceptación, goza aún Hume de prestigio como historiador. Sin embargo, es más
conocida e importante su faceta de filósofo, cuya teoría ha derivado en lo que
hoy llamamos «humismo». Hume pretende ser el filósofo de la naturaleza humana,
que se caracteriza fundamentalmente por la tendencia a formar hábitos; el
aspecto cognitivo es, por tanto, menos importante que el práctico. No hay ningún
conocimiento seguro si no se da en el marco de las percepciones reales, que son
las que proporcionan las ideas y en general todo el raciocinio.
Sostiene Hume que el conocimiento humano es incapaz de avanzar si no es por
medio de la experiencia; también las normas morales tienen como base la
experiencia; la justicia, la religión, cualquier tipo de normas de conducta
éticas o estéticas responden a un sentimiento de utilidad, modificándose según
el tipo de sociedad y época en que se den.
«A treatise of human nature» («Tratado de la naturaleza humana») aparece en
1739-1940, primera obra sobre filosofía de Hume, en la que expone los principios
fundamentales de la escuela empírica. Su siguiente libro se titula «Essays,
moral and political», en dos volúmenes; fue escrito en el año 1471 y reeditado
en 1748 con el título de «Essays, moral, political and literary» («Ensayos
morales, políticos y literarios»). A continuación publicó dos obras filosóficas:
«An inquiry Concerning Human Understanding» («Investigacion sobre el
conocimiento humano») (1748) y «An inquiry concerning the Principles of Moral»
(«Investigaciones sobre los principios de moral») en 1751. Otros trabajos forman
un volumen de ensayos: «Political discourses» (1751), «Four dissertations»
(«Cuatro disertaciones») (1757) y una publicación póstuma: «Dialogues concerning
natural religión» («Diálogos sobre religión natural).
Con Hume, el empirismo llega a la más radical de sus manifestaciones; en contra
absolutamente de las tendencias racionalistas de su tiempo, y, en ese sentido, a
pesar de las diferencias existentes, puede considerársele como continuador de
Berkeley; sin embargo, el sistema profundamente escéptico de Hume, llevado a sus
últimas consecuencias, puede ser incluso negativo para el desarrollo de la
ciencia. Niega cualquier tipo de conocimiento racional en sí mismo y toda
impresión que podamos recibir en ese sentido debe considerarse como
absolutamente errónea.
En cuanto a su atomismo asociacionista, Hume afirma que nuestra vida psíquica es
una continua consecución de impresiones e ideas, de las que no podemos nunca
afirmar su veracidad e inmutabilidad. Para él la relación entre causa y efecto
no responde más que a una asociación: la de semejanza y la de contigüidad en
espacio y en tiempo.
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