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Todos
conocernos, sin duda, las hormigas. Estos insectos pertenecen, corno las abejas
al orden de los himenópteros Su cuerpo está dividido en tres partes distintas:
la cabeza, el tórax y el abdomen, cada una con funciones propias e
independientes entre sí, El tórax está unido al abdomen por medio de una fina
membrana móvil y articulada, que recibe el nombre de pedúnculo.
Cuando se
observan estas tres divisiones al microscopio se notan inmediatamente sus
diferencias esenciales. La cabeza posee las antenas y el aparato bucal; el tórax
encierra el principal centro nervioso y a él se hallan unidas las patas; en el
abdomen están alojados los órganos de la digestión y de la reproducción.
Analicemos ahora separadamente cada una de las partes; en primer lugar
hablaremos de las antenas, órganos que desempeñan un papel muy importante; éstas
son móviles, articuladas, capaces de realizar movimientos autónomos y —hecho que
permanece totalmente inexplicado— constituyen verdaderos instrumentos de
comunicación, pues reciben, a distancias variables, mensajes que luego pueden
retransmitir. Este fenómeno hace que se compare las antenas de las hormigas con
puestos emisores y receptores. Otro órgano que provoca el asombro del observador
son los ojos, a los cuales están unidos los ocelos, que tienen por misión
aumentar considerablemente el campo visual. Los ojos son de gran tamaño y ocupan
casi todo el volumen d la cabeza.
El aparato bucal es más extraño aún: las
hormigas poseen, en efecto, verdaderos labios: el labio superior es ancho y el
inferior más corto. Las mandíbulas son prominentes y están dotadas de una fuerza
extraordinaria. Representan para el insecto las armas de ataque y de defensa y
funcionan, según el caso, como cizallas, pinzas, tenazas, sierras, cuchillos,
binaderas o azadones.

Hormiga obrera (1). El cuerpo
comprende tres partes bien de finidos: la cabeza, el tórax y el abdomen. En la
cabeza (3) están los ojos (la figura 4 nos muestra un corte), que ocupan gran
parte de la misma, y las antenas, que sirven al insecto para percibir olores y
transmitir mensajes. Las patas (2) están provistas de un cepillo y de un peine
que emplean para asearse.
Las
patas, en número de seis, como en los otros insectos, son sumamente delgadas y
ágiles, y aunque privadas de verdaderos músculos, poseen una resistencia
excepcional. En el abdomen, además de los órganos de la digestión y de la
reproducción, están situadas dos glándulas especiales que producen el ácido
fórmico, de característico olor y con valiosas propiedades químicas. La hormiga
utiliza esta sustancia para dejar a sus compañeras una huella de su paso e
indicarles la dirección que deberán seguir. Veamos a continuación algo
sobre la vida y las costumbres de estos insectos.
Muy a
menudo, las ciudades de las hormigas —se trata, en efecto, de verdaderas
ciudades— son subterráneas, con diferentes galerías y salas dispuestas en varios
pisos. En una vasta pieza, donde existe un cierto grado de calor y humedad, la
reina pone sus primeros huevos, pequeños, redondos y blancos; de ellos salen las
larvas, cuyo aspecto es el de gusanitos, blancos, débiles e incapaces de
nutrirse. Son las obreras las encargadas de alimentarias, una por una, hasta que
lleguen al estado de ninfas. En ese momento, las reinas depositan una nueva
serie de huevos, esta vez en cantidad más importante, y es necesario entonces
agrandar la morada.
Durante este tiempo, de los huevos de la primera postura salen hormiguitas, muy
débiles aún y que apenas se sostienen sobre sus patitas amarillentas. Felizmente
el período de educación es breve y las recién nacidas, casi todas obreras, están
ya capacitadas para ocuparse de los seres que habrán de nacer de la segunda
postura y para colaborar en los trabajos de ampliación del hormiguero.
Nos
ocuparemos a continuación de este hormiguero, sin duda muy diferente al de la
pequeña vivienda inicial.
Al final del verano, llegada la
plena evolución de las hormigas, la reina y el macho, ambos provistos de alas,
parten para el vuelo nupcial. Al regreso, la reina se arranca las alas y el
macho muere la misma noche de la boda. Donde posa la reina origina una nueva
colonia a la que se incorporan algunas hormigas neutras que la acompañan y le
prestan auxilio.
Comprende seis o siete pisos, a los cuales se llega por medio de galerías
acodilladas, construidas primero en forma vertical y luego horizontalmente,
donde se descubre una sucesión de vastas salas con altos techos, cuyas bóvedas
están sostenidas por briznas de paja, semillas y pequeños guijarros. En estas
piezas son acumuladas y seleccionadas todas las riquezas que las obreras
obtienen en sus correrías.
El
interior de un hormiguero se asemeja a una gran metrópoli presa del delirio de
trabajo. Los millares de hormigas que allí habitan no se permiten ni un instante
de reposo: de una sala a otra, de un piso a otro, es un vaivén incesante de dos
corrientes que se desplazan en direcciones opuestas, sin que en ningún momento
la una interrumpa el curso de la otra.
En
esta magnífica organización, cada hormiga tiene una tarea bien definida y la
cumple escrupulosamente a lo largo de toda su vida. Naturalmente, las dos
actividades principales son el almacenamiento de las provisiones y el cuidado de
la progenie. Consideremos la segunda tarea. Observemos esas hormigas que tienen
la misión de cuidar a los nuevos seres desde su nacimiento hasta el momento en
que serán capaces de bastarse por si mismos y ser útiles a la comunidad. Las
“nodrizas” jamás abandonan la vivienda, salvo en caso de peligro; se dedican a
transportar los huevos de las larvas y las ninfas de un piso a otro; este
trabajo, que podría parecer inútil y grotesco al observador, tiene, sin embargo,
una fundamental importancia, pues se relaciona estrechamente con las condiciones
atmosféricas y las variaciones de temperatura. En efecto, durante las horas de
mayor calor, los huevos, las larvas y las ninfas son descendidas a los pisos
inferiores, donde la atmósfera es más fresca, y cuando la temperatura exterior
desciende comienza el trabajo inverso. Otras obreras están encargadas de buscar
y acarrear de los alrededores el alimento para las “nodrizas”.
En la sociedad de las hormigas,
cada miembro tiene una tarea perfectamente establecida: la de la hormiga reina
es la de poner los huevos, mientras que las obreras están encargadas de nutrir a
las larvas.
La
búsqueda del alimento no necesita ser explicada, pues todos hemos visto, alguna
vez, largas filas de hormigas cargadas de pequeños granos, de miguitas, de
briznas de paja, en fin, de todo aquello que puede ser introducido en el
hormiguero y almacenado en los depósitos.
La habilidad y el trabajo
incesante de las hormigas se manifiestan en la construcción de su vivienda,
compuesta de galerías distribuidas en varios pisos y celdas destinadas a las
diferentes ocupaciones.
Las
obreras no ponen huevos; se distribuyen en dos categorías: las obreras
propiamente dichas, y los soldados, hormigas más robustas y provistas de
temibles mandíbulas. La tarea de estas últimas es la de defender el hormiguero y
atacar otros con menor defensa. Existen variedades de hormigas, como los
políergos, que se consagran exclusivamente a este género de actividad. Estas
hormigas, una o dos veces por año, atacan las ciudades de otras especies menos
vigorosas y más pacíficas; allí exterminan a las obreras y a las nodrizas, y se
apoderan de los huevos, las larvas y las ninfas, que luego transportan a su
morada subterránea. De estas larvas robadas, a su debido tiempo nacen hormigas,
condenadas a la esclavitud por el resto de su vida.
Algunas variedades son migratorias, es decir, que se trasladan con armas y
equipaje de un lugar a otro, de una zona considerada peligrosa y pobre en
alimentos a otra más favorecida. Se ve, entonces, una compacta masa de insectos
que se desplazan en perfecto orden: al frente y a los costados avanzan los
soldados y los exploradores, atentos siempre y dispuestos en todo momento a
señalar el peligro y enfrentarlo; luego marchan las obreras cargadas con su
preciado fardo.
En el
caso de que otro ejército enemigo pretendiera interceptarles el paso, se entabla
la batalla. Los soldados de ambos bandos, la cabeza erguida y las mandíbulas
abiertas, se lanzan al combate; la lucha se prolonga hasta que uno de los dos
grupos emprende la fuga.
Sin
embargo, éstas que acabamos de citar no son todas las actividades que
desarrollan las hormigas; hay algunas de ellas, en efecto, que se ocupan de la
cría de afidios (insectos que viven como parásitos en los árboles), a los que
hacen objeto de celosos cuidados; las hormigas, en efecto, los protegen y los
nutren abundantemente, a cambio de lo cual los afidios se dejan extraer el
liquido azucarado que encierran en sus cuerpos.
El líquido azucarado contenido en
el cuerpo de los afidios (pequeños insectos, parásitos de los árboles) hace las
delicias de las hormigas, que atacan a estos animalitos con el único propósito
de succionarles esa sustancia dulce.
Hay
también hormigas campesinas que siembran granos cuidadosamente seleccionados, en
un pequeño terreno circular que rodea el hormiguero. En tiempo debido, realizan
la cosecha y almacenan el producto de la misma.
Después de una lluvia violenta que pudiera, por infiltración del agua en el
suelo, mojar las provisiones, éstas son rápidamente expuestas al sol y los
desperdicios separados.
Existen además algunas variedades de hormigas que cultivan hongos, para lo cual
preparan sabiamente el terreno: disponen para ello varias capas de hojas
cortadas en pequeños trozos cuya masa esponjosa y fértil produce magníficas
cosechas.
Numerosos sabios y escritores han consagrado gran parte de su existencia a
penetrar en el maravilloso mundo de las hormigas. Nos limitaremos a citar tres
de los mas importantes: Réaurnur, el entomólogo Fabre y Mauricio Maeterlinck.
Fuente Consultada: Lo Se Todo - Tomo III
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