En filosofía, actitud que hace hincapié en la dignidad y el
valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son
seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y
practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para
describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa
durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y
romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su
importancia en el marco del cristianismo.
Entre 1440 y 1530
aproximadamente, en algunas de las ricas ciudades del norte de Italia comenzó
a desarrollarse un movimiento cultural relacionado con la imagen del mundo que
tenían los burgueses: el humanismo.
Los humanistas fueron hombres de
las ciudades que se ocuparon de la enseñanza, de la investigación y que fueron
muchas veces secretarios de personas importantes. Ocuparon esos cargos no por
su riqueza o nacimiento, sino por su cultura. Con sus obras, buscaban sentar
las bases de una nueva cultura independiente de la tradición cristiana
escolástica. En contraposición al sistema jerárquico de la sociedad feudal,
afirmaron la dignidad y el valor de cada individuo.
La imagen humanista del mundo se
expresó en la literatura, la filosofía y el arte. En el arte fue donde alcanzó
sus realizaciones más coherentes, continuas y originales. Sin embargo, estas
manifestaciones culturales eran conocidas sólo entre los grupos privilegiados,
y tuvieron escasa difusión entre el conjunto de la sociedad europea.
Desde mediados del siglo XVI, la
nueva imagen del mundo construida por los humanistas del siglo XV comenzó a
difundirse progresivamente por Europa. Pero como el grado de desarrollo de las
nuevas actividades económicas burguesas era desigual en los diferentes países,
la aceptación de los cambios varió de una sociedad a otra. En el siglo XVII,
algunos miembros —burgueses y nobles— de los grupos privilegiados advirtieron
que los principios del humanismo amenazaban sus posiciones de poder. Por eso,
mantuvieron y reforzaron su adhesión a los valores tradicionales del orden
cristiano feudal.
El
movimiento humanista comenzó en Italia, donde los escritores de finales de la
edad media Dante, Giovanni Boccaccio y Francesco de Petrarca contribuyeron en
gran medida al descubrimiento y a la conservación de las obras clásicas. Los
ideales humanistas fueron expresados con fuerza por otro estudioso italiano,
Giovanni Pico de la Mirandola, en su Oración, obra que trata sobre la
dignidad del ser humano. El movimiento avanzó aún más por la influencia de los
estudiosos bizantinos llegados a Roma después de la caída de Constantinopla a
manos de los turcos en 1453, y por la creación de la Academia platónica en
Florencia. La Academia, cuyo principal pensador fue Marsilio Ficino, fue
fundada por el hombre de Estado y mecenas florentino Cosme I de Medici.
Deseaba revivir el platonismo y tuvo gran influencia en la literatura, la
pintura y la arquitectura de la época.
La
recopilación y traducción de manuscritos clásicos se generalizó, de modo muy
significativo entre el alto clero y la nobleza. La invención de la imprenta de
tipos móviles, a mediados del siglo XV, otorgó un nuevo impulso al humanismo
mediante la difusión de ediciones de los clásicos. Aunque en Italia el
humanismo se desarrolló sobre todo en campos como la literatura y el arte, en
Europa central, donde fue introducido por los estudiosos alemanes Johannes
Reuchlin y Philip Melanchthon, el movimiento penetró en ámbitos como la
teología y la educación, con lo que se convirtió en una de las principales
causas subyacentes de la Reforma.
Uno de
los estudiosos más importantes en la introducción del humanismo en Francia fue
Erasmo de Rotterdam, que también desempeñó un papel principal en su difusión
por Inglaterra. Allí, el humanismo fue divulgado en la Universidad de Oxford
por los estudiosos William Grocyn y Thomas Linacre, y en la Universidad de
Cambridge por Erasmo y san Juan Fisher. Desde las universidades se extendió
por toda la sociedad inglesa y allanó el camino para la edad de oro de la
literatura y la cultura que llegaría con el periodo isabelino.
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