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(Cheapside,
6 de febrero de 1478 - Londres, 6 de julio de 1535):
Humanista inglés del Renacimiento. Cursó en Oxford estudios humanísticos hasta
1494, año en que ingresó en New Inn para iniciar la carrera de Derecho. Como
humanista, coincidió con Erasmo de Rotterdam en muchísimos aspectos y a ambos
les unió una profunda amistad.
Desde joven fue un hombre exageradamente
religioso. Interesado por los acontecimientos políticos de su tiempo, es miembro
del Parlamento en 1504. Desempeñó durante algunos años diferentes cargos en el
Gobierno. En 1514, fue administrador de legados; en 1521, tesorero de Hacienda;
en 1523, speaker de la Cámara de los Comunes y, en 1529, sucedió a Wolsey en el
puesto de canciller.
Fiel súbdito de la corona, sin embargo se opuso al rey en lo referente a las
cuestiones de supremacía de poderes y al divorcio. En 1532, al aprobarse la ley
que privaba al Papa de los primeros ingresos del año por beneficios, renunció al
Gran Sello, abandonando su trabajo en la Corte. A pesar de los intentos que el
rey de Inglaterra realizó para conseguir de nuevo su colaboración, Tomás Moro,
como católico y antirreformista, no transigió en ningún momento, perdiendo con
su decisión los favores y protección del monarca.
En 1534, ante su negativa a reconocer al rey como jefe supremo de la Iglesia de
Inglaterra, es hecho prisionero y encarcelado en la torre de Londres. Acusado de
alta traición, tuvo que comparecer ante los tribunales; fue considerado culpable
y, después de un año de prisión, decapitado.
(Ver: Enrique VIII)
Tomás Moro fue el creador del tan apasionante género de las utopías o
representaciones de estados y situaciones imaginarias con el fin de poder
realizar y hacer realizar experimentos mentales insospechados. Tal es el
carácter de su obra «De optimo ripublicae statu nova insola Utopia». Para
no alejarse demasiado de la realidad, antes de comenzar a narrar las diversas
historias de la fantástica islita, Moro nos muestra, irónica y sarcásticamente,
como funcionaba la justicia en Inglaterra.
Además nos explica el origen económico de las injusticias sociales. Propone una
serie de remedios a este tipo de problemática, sin encontrar en ninguno de ellos
la verdadera solución a tales injusticias, y afirma rotundamente que la única
vía posible para superar la iniquidad social siempre motivada por cuestiones
económicas, es la abolición absoluta de la propiedad privada, que es, en
definitiva, el eje de todo proceso socio-económico. |