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LAS
BASES DEL IMPERIO
Inglaterra se
anticipa a las restantes potencias en la toma de posiciones; después de la
desaparición del primer
Imperio colonial francés y de la emancipación de la
América española permanece como el único imperio colonial europeo. Hacia 1850,
dispone:
a) De una
cadena de escalas, conquistadas en su mayoría a franceses, holandeses y
españoles durante los siglos XVIII y XIX: Malta, Corfú y las islas Jónicas en el
Mediterráneo; Gibraltar, Santa Elena, El Cabo, isla Mauricio, Adén, Ceilán, en
la ruta de las Indias; Singapur y Hong Kong en la ruta de China.
b)
Establecimientos comerciales en la costa africana:
Sierra Leona y
Gambia, que en el siglo XVIII habían sido centros de la trata de esclavos, ahora
abolida.
c) Colonias
de plantación, que suministran productos tropicales: Antillas, Honduras,
Guayana.
d) Colonias
de poblamiento blanco, destinadas por sus condiciones climáticas, a absorber
excedentes de población emigrante: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, África del
Sur, zona esta última inestable, de continuos conflictos con los
boers.
e)Una
colonia de explotación típica, la India, administrada desde 1777 por la Compañía
de las Indias Orientales, y que juega un papel creciente en la economía
británica, especialmente como proveedora de algodón. Inglaterra se afana en
controlar sus accesos, por esta razón ordena Disraeli en 1875 la compra de
176.000 acciones del canal de Suez, y en aislarla de otras colonias europeas con
Estados tapones, como los protectorados de Cachemira, Beluchistán y Afganistán.
La India es, por tanto, el eje del Imperio.
La crisis
económica de 1882, en la cual confluyen años de malas cosechas y la competencia
de los productos baratos que sitúan en los mercados Estados Unidos y Alemania,
obliga a muchos ingleses a buscar fortuna lejos de la metrópoli. De 200.000 a
300.000 ingleses salen todos los años, primero hacia Estados Unidos, más tarde
preferentemente hacia las colonias, aunque no desaparezca la emigración hacia
Norteamérica. Disraeli habla con entusiasmo del Imperio; Gladstone titubea, pero
se ve obligado en muchos puntos a continuar la política de los conservadores,
quienes desde 1886 dan nuevo impulso, con Salisbury y Chamberlain, a la
expansión imperial. Lord Curzon exclama: “El Imperio Británico es, después de la
Providencia, el bien más grande que ha habido en el mundo.”
A principios del
siglo XX, Inglaterra dispone de un Imperio de 33 millones de km2 con
450 millones de habitantes , aproximadamente la cuarta parte de la población
mundial. Los problemas de tan vastos territorios llegan a ser un peso para sus
finanzas y debilitan su posición internacional en Europa. Es el momento de
poner fin a la expansión y de frenar a Alemania, para lo cual rompe su
tradicional aislamiento y se aproxima diplomáticamente a Francia y Rusia. En
todas partes ha podido construir la infraestructura ferroviaria y de puertos, o
efectuar trabajos de irrigación en la India y Egipto, puesto que capitales no
faltan en la isla. Las colonias de plantación han alcanzado su rendimiento
máximo: algodón en la India y Egipto, yute en la India, té en Ceilán, hevea en
Malasia. Los territorios de población blanca, débilmente poblados, le envían
excedentes de carne, trigo y lana. Las minas de Africa del Sur, Australia y
otros países ponen a su disposición oro y diamantes, estaño, cobre.
DOMINIOS
Y COLONIAS
En este Imperio,
base de la potencia económica inglesa, pueden distinguirse dos tipos de
territorios: los “dominios” y las “colonias de explotación”.
Los dominios eran
zonas de poblamiento, es decir, las preferidas para instalarse de modo
definitivo los emigrados de Inglaterra. Disfrutaban de amplia autonomía y tenían
instituciones de gobierno semejantes a las inglesas: Parlamento, partidos
políticos.
Canadá,
Australia, Nueva Zelanda y la Unión Sudatricana, pertenecen a este grupo. En
Canadá se trataba de retener a los inmigrantes que se proponían pasar a Estados
Unidos; para ello se distribuyeron tierras gratuitas o a bajo precio. La pradera
canadiense se convirtió en uno de los graneros del mundo. En Australia se
procuró evitar la inmigración amarilla; en sus inmensos espacios desiertos
empezaron a aparecer granjas; el descubrimiento de minas de oro, las
posibilidades de explotación de los rebaños de ovejas y de dar otra vez
popularidad en Inglaterra a los tejidos de lana, atrajeron a hombres de la
metrópoli. Eran casi totalmente libres en política interior; sólo un gobernador
general representaba al rey de Inglaterra. La política exterior estaba
controlada por la metrópoli, pero ésta trataba de armonizar los intereses de
estos territorios con los propios, por medio de las Conferencias Imperiales, que
reunían al primer ministro inglés y a los de los distintos “dominios”. La
estructura del Imperio era, prácticamente, federal.
En la historia
del Imperio Británico Africa del Sur supone un capítulo complicado. Los
descubrimientos mineros de diamantes y oro atraen a los ingleses desde sus
posiciones costeras en El Cabo y Natal hacia el interior, donde viven negros en
las zonas más pobres, y blancos boers, descendientes de holandeses, en
Orange y Transvaal; los boers son agricultores puritanos, hostiles al
capitalismo industrial. Los ingleses les bloquean al anexionarse Basutolandia y
Swazilandia alrededor de 1880
Disraeli proclama
la incorporación de los Estados boers, pero una revuelta obliga a los
británicos a abandonarlos. El cerco lo completa Cecil Rhodes, que soñaba con una
África británica “desde el Cabo al Cairo’, al conquistar Bechuanalandia y
Rodesia. La guerra de los boers dura tres años (1899-1902). Con la paz de
Pretoria pierden su independencia pero conservan su lengua y obtienen promesas
de cierta autonomía.
Las colonias de
explotación, la India, Africa (excepto la Unión Sudafricana), suministran
materias primas y carecen de la autonomía política de los dominios. La India,
con sus casi cinco millones de km2 y sus 300 millones de habitantes,
es la más importante. Desde mediados de siglo se sustituye la administración de
la Compañía de las Indias por la directa de la metrópoli. Suministra a Gran
Bretaña algodón, yute, trigo, aceites, té y algunos minerales, pero las hambres
y la ruina del artesanado indígena provocan un movimiento nacionalista, del que
es exponente la revuelta de los cipayos en 1859, que tardó dos años en ser
dominada, en el Sur de la India.
En 1877 la reina Victoria es proclamada
emperatriz de las Indias. En 1885 nace un partido político nacionalista, el
Congreso Nacional Indio, que solícita la conversión en dominio, tomando como
modelo a Canadá. Inglaterra se resistió a aflojar el control de un territorio
cuya economía suponía tanto para su industria, pero concedió a jefes indígenas
la administración local contribuyendo a la prosperidad comercial de ciudades,
como Bombay y Calcuta.
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