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Hacia
la segunda mitad del siglo XIX, la mayoría de los países de Europa oriental
—Rusia, Austria, Turquía— estaban organizados sobre la base de una economía
agraria. La actividad industrial era prácticamente inexistente y las relaciones
feudales aún tenían plena vigencia. Las tierras pertenecían a una clase
aristocrática terrateniente y eran trabajadas por campesinos, en su mayoría
siervos sujetos a la tierra. Políticamente, se encontraban organizadas como
imperios, encabezado por un monarca con poderes absolutos.

El Zar
Nicolás II junto a su familia. El zarismo deseó mantener un sistema política
absolutista a pesar de los cambios que se estaban produciendo en el mundo. La
consecuencia fue la revolución de 1917
Rusia
fue el imperio territorialmente más importante de la región, y donde más fuerza
tuvieron las ideas absolutistas. En ella no existía un parlamento representativo
ni tampoco partidos políticos legales. La débil burguesía comercial e industrial
existente no tuvo, en esta época, una mayor influencia política y económica.
Todo el poder estaba concentrado en la figura del monarca, al que llamaban zar.
Hacia
mediados de siglo, la situación económica y social era crítica en el imperio:
debido a su miserable condición y a sus permanentes obligaciones, las rebeliones
campesinas fueron constantes. Por ello, el gobierno ruso intentó algunas
reformas en lo social, la más importante fue la abolición de la
servidumbre, y en lo económico, e capital extranjero crearon todo en Ucrania,
alguna actividad industrial. Pese a ello, la situación social en el imperio se
agravaba cada vez más, la condición de los campesinos no mejoró con las
reformas, y la vida en las ciudades también era sumamente dificil. Los
estudiantes y los obreros de los centros urbanos comenzaron a organizar hacia
1880 una resistencia cada vez más fuerte contra el régimen zarista. Reclamaban
mejoras económicas y también la desaparición del absolutismo zarista.
La
oposición al gobierno estaba representada por dos grandes corrientes políticas.
Por un lado estaban los liberales,_que buscaban apoyo entre los burgueses, y
algunos nobles de ideas progresistas. Este sector aspiraba a que Rusia se
transformara en un país capitalista y adoptara un sistema liberal
parlamentario similar al del resto de los países occidentales. Por otro lado, se
encontraban diversos grupos políticos representados por campesinos, obreros y
estudiantes. Muchos eran socialistas1 anarquistas , comunistas y populistas.
Iban más lejos que los liberales en su búsqueda de reformas: deseaban una
revolución social que cambiase las estructuras económico-sociales y políticas
del zarismo ruso.
La
revolución de 1905 y el fracaso liberal
La
oportunidad para ambas corrientes políticas se presentó en 1505.. tras una
catastrófica derrota del imperio ruso en una guerra con el Japón. Esta fue la
chispa que desencadenó un agitado proceso revolucionario: la oposición organizó,
en enero de 1905, una multitudinaria manifestación callejera en San Petersburgo,
y denunció la incompetencia y debilidad del zarismo. La reacción del gobierno
—dirigido en ese entonces por el zar Nicolás 11— fue inmediata: reprimió
duramente a los manifestantes en las puertas del Palacio de Gobierno. A partir
de aquí la insurrección se extendió por las principales ciudades.
Frente a estos acontecimientos, el zar Nicolás II intentó algunas reformas
liberales: convocó a una asamblea de representantes —llamada Duma— y prometió
otorgar mayores libertades políticas. Sin embargo, las reformas no duraron mucho
tiempo.. Ante las primeras presiones de la Duma, el gobierno la disolvió y acusó
de revolucionarios a sus miembros. Las reformas liberales habían fracasado en
Rusia: ni el zar ni la aristocracia terrateniente estaban dispuestos a
democratizar el imperio. La burguesía, debido al pobre desarrollo capitalista de
la economía, continuaba siendo débil, y carecía, por lo tanto, de fuerza
suficiente para derrocar al zarismo. Algunos años después, una revolución
popular encabezada por sectores de la pequeña burguesía, obreros y campesinos
pondría fin al gobierno zarista.
El
domingo sangriento. Así fue como se llamó a la dura represión con que el régimen
zarista disolvió la manifestación popular de 1905 en San Petersburgo. La policía
real ametralló a la gente desde el palacio, provocando la muerte de más de cien
personas. |