Imperialismo: Las Alianzas Internacionales

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HISTORIA DEL IMPERIALISMO EUROPEO

 

 

 

 

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Entre 1850 y 1914 el mapa político de Europa sufrió constantes cambios. Las guerras fueron la causa de la mayoría de ellos.

Múltiples fueron los motivos que provocaron estos enfrentamientos. Sin embargo, a pesar de esta diversidad, tenían elementos en común. El desarrollo del imperialismo en este período, llevó a que las potencias capitalistas tuvieran conflictos por el reparto del mundo en las áreas coloniales, y también se enfrentaran en sus propios territorios.

En Europa, la mayoría de las guerras respondieron a un juego de intereses que asumieron todos los países: mantener el equilibrio económico y político en la región. O dicho de otra manera, evitar que algún país alcance un mayor predominio sobre el resto. Las relaciones internacionales se hicieron más complejas, ya que junto a las guerras surgieron variadas alianzas entre países. Con esta política de acuerdos se establecían múltiples derechos y obligaciones entre las potencias.

Las alianzas fueron bastante cambiantes durante un período. Pero hacia fines del siglo XIX se establecieron dos fuertes acuerdos en el mundo occidental: la Triple Alianza y la Entente Cordiale. La Triple Alianza estuvo integrada por Alemania, Italia y Austria. Fue impulsada por Bismarck, que estableció una hábil estrategia de alianzas con el objetivo de rodear a Francia y reforzar el poder de Alemania frente a Gran Bretaña, su principal rival en la expansión colonial.

El constante crecimiento económico y político de Alemania se presentó ante Francia y Gran Bretaña como una amenaza. Por ello, junto a Rusia, en 1907 estos países establecieron el acuerdo de defensa mutua llamado Entente Cordiale.

La desintegración del imperio Turco y la guerra de Crimea. Hacia mediados del siglo XIX el Imperio Turco se encontraba en un proceso de desintegración. Las luchas por la independencia emprendidas por los pueblos que dominaba fueron un factor decisivo en su declinación. A principios de siglo ya había perdido sus dominios en Egipto y en Grecia. Luego debió aceptar la autonomía de Serbia y de Moldavia. Este proceso fue acompañado por una lucha entre las potencias europeas por obtener mayores ventajas en los territorios del decadente imperio y sobre todo por ver quién controlaba la región de los Balcanes. En 1853, por estos motivos, se desató una guerra entre Rusia y Turquía. Tras durar dos décadas, vencieron los rusos y obtuvieron extensos territorios en la región. El expansionismo ruso y las aspiraciones austriacas en la región preocuparon al resto de las potencias por el futuro del equilibrio europeo. Las tensiones, de todos modos, continuaron hasta principios del siglo XX.

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