UNIFICACIÓN DE ITALIA, Causas y Consecuencias

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La Unificación de Italia y Alemania Causas y Consecuencias Mazzini

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La Unificación de Italia y Alemania Causas y Consecuencias Mazzini
La formación de un estado nacional italiano tuvo algunas similitudes con el caso alemán. Era un territorio, hasta el siglo XIX, caracterizado por la existencia de múltiples reinos, ducados y pequeños estados.

Los tres principales artífices de la unidad italiana fueron el rey del Píamente, Víctor Manuel II, el conde de Cavour y Giuseppe Garibaldi. Cavour era un hombre culto, había residido en Inglaterra y Francia, y fue un político astuto.

Garibaldi (1807-1882) era un hombre del pueblo, luchador nato, pues en su juventud había estado en América, donde peleó al frente de una «legión italiana» en auxilio de Montevideo. En 1848, en Italia de nuevo, reclutó un grupo de voluntarios con los cuales peleó contra los austríacos. Finalmente ocupó Sicilia y la ciudad de Nápoles, donde gobernó como dictador, pero siempre en nombre de Víctor Manuel II. Sus hombres, los garibaldinos, le adoraban.

Pero la unidad de Italia, si bien necesitaba hombres de combate como Garibaldi, no hubiese sido posible sin la astucia de Cavour.

mapa unidad italiana

Italia en la segunda mitad del siglo XIX. Entre las principales regiones de Italia en esta época, se destacaban: el reino de Piamonte y Cerdeña, en el norte; las tierras del Papado, en el centro, y los dominios borbones, de origen español, en Nápoles y Sicilia, además de múltiples territorios pertenecientes a la aristocracia terrateniente, en el sur de la península. Una parte importante de los territorios del noreste (Venecia, Trento, por ejemplo) se encontraban bajo el dominio de los austríacos.

  foto unidad italiana mazzini   foto unidad italiana garibaldi   foto unidad italiana cavour  
 

Giuseppe Mazzini (1805-1872)
Fue un político nacionalista y liberal fundador de la agrupación la Joven Italia. Participó en los movimientos revolucionarios de 1830 y se destacó en su lucha por la unificación italiana en la primera mitad del siglo XIX Su pensamiento influyó en e/proceso de unf
icación defines de siglo.

 

Giuseppe Garibaldi (1807-1882) Su actividad política comenzó en la agrupación revolucionaria llamada la Joven Italia en 1830. Tras fracasar en su intento revolucionario en Génova, huyó a Sudamérica, donde participó en otros movimientos políticos. En 1848 volvió a Italia para luchar en la revolución y en 1860 encabezó la marcha de Los mil camisas rojas, con el objetivo de liberar Nápoles y Sicilia del dominio francés.

  Conde de Cavour  
             

El Reino de Piamonte y Cerdeña se convirtió en el principal impulsor de la creación de un Estado nacional unificado. La burguesía piamontesa, representada por industriales, políticos e intelectuales, fue la principal gestora de los movimientos nacionalistas que surgieron en este período. En esta región se concentraba la mayor parte del potencial económico de la península y era la única zona industrialmente integrada al resto de Europa. Políticamente era gobernada por el rey Víctor Manuel y su ministro liberal, Camilo Cavour.

Este proceso tuvo la oposición de las fuerzas conserva doras principalmente, la aristocracia terrateniente del sur y el Papado, en el centro de Italia. El Papad fue uno de los sectores que mayor resistencia impusieron a los intentos de unidad, ya que temía la pérdida de sus territorios y aumento de la influencia del liberalismo en la región.

El crecimiento industrial permitió el fortalecimiento de la burguesía, que empezó a unir sus aspiraciones económicas y políticas y vio en la unidad política una eficaz vía para desarrollar mejor sus negocios y su actividad económica. Así, la burguesía de los Estados del norte, y fundamentalmente del Piamonte, se convirtió en el motor del movimiento nacionalista, un primer paso para la unificación económica, para convertir Italia en un verdadero mercado nacional, fue la construcción del ferrocarril, que se realizó a partir de 1840. El ferrocarril permitió la conexión de regiones aisladas, transformó la vida cotidiana y permitió el intercambio de mercancías, pero sobre todo la difusión de noticias y de ideas.

En el plano internacional, la unificación italiana contó con el respaldo decisivo de las, principales potencias  Gran Bretaña y Francia. Pero tuvo la oposición de los gobiernos conservadores de Austria y Rusia. Esta situación concluyó con la guerra entre Piamonte y Austria. El triunfo piamontés le permitió incorporar gran parte de los territorios del norte dominados por los austríacos.

En los territorios del sur, la iniciativa nacionalista estuvo encabezada por Giuseppe Garibaldi. Qrganizó un movimiento popular y republicano que venció a los borbones y le permitió recuperar Nápoles y Sicilia.

La unificación italiana dejó planteados dos graves problemas. El primero de ellos fue la marginación de los sectores radicales democráticos encabezados por Garibaldi. Estos fueron derrotados políticamente por la alta burguesía liberal de Piamonte, que finalmente instauró una monarquía constitucional en la región, respaldada por las potencias europeas.

El otro problema fue la relación con la Iglesia Católica. Una vez que sus dominios fueron conquistados y ocupada Roma en 1870, el Papa se consideró “prisionero en el Vaticano”, lo que con el tiempo le trajo al nuevo Estado italiano serios problemas con los sectores católicos europeos.

PENSAMIENTO DE MAZZINI SOBRE ITALIA DEL SIGLO XIX: Somos un pueblo de 21 a 22 millones de hombres, llamados, desde tiempos inmemoriales, con un mismo nombre-el de pueblo italiano-, delimitados por las fronteras naturales más precisas que Dios ha trazado, el mar y las montañas más altas de Europa, que hablamos la misma lengua [...], tenemos las mismas creencias y las mismas costumbres, herederos del más glorioso pasado político, científico y artístico conocido en la historia de Europa [...].

No tenemos bandera, no tenemos nombre político, ni disfrutamos de un lugar entre las naciones europeas. No tenemos centro común, no tenemos ninguna Carta, ni un mercado unificado. Estamos desmembrados en ocho Estados [...]. Ocho líneas de aduanas limitan nuestro mercado y nos impiden la industria y la actividad comercial [...]. Ocho sistemas diferentes de moneda, de pesos y de medidas, de legislación civil y de organización administrativa nos han separado y nos hacen sentir extranjeros los unos de los otros. Y todos estos Estados están en manos de gobiernos despóticos [...]. No existe libertad de prensa, ni de asociación, ni de palabra [...].
MAZZINI, G.: Italia, Austria y el Papa, 1845.

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LA UNIDAD DE ITALIA. Los tres principales artífices de la unidad italiana fueron el rey del Píamente, Víctor Manuel II, el conde de Cavour y Giuseppe Garibaldi. Cavour era un hombre quito, había residido en Inglaterra y Francia, y fue un político astuto. Garibaldi (1807-1882) era un hombre del pueblo, luchador nato, pues en su juventud había estado en América, donde peleó al frente de una «legión italiana» en auxilio de Montevideo.

En 1848, en Italia de nuevo, reclutó un grupo de voluntarios con los cuales peleó contra los austríacos. Finalmente ocupó Sicilia y la ciudad de Nápoles, donde gobernó como dictador, pero siempre en nombre de Víctor Manuel II. Sus hombres, los garibaldinos, le adoraban. Pero la unidad de Italia, si bien necesitaba hombres de combate como Garibaldi, no hubiese sido posible sin la astucia de Cavour.

En 1855 concertó Cavour un tratado de alianza con Francia e Inglaterra, unidas contra Rusia en la guerra de Crimea, a cuya península fue enviado un ejército expedicionario piamontés. El astuto Cavour consiguió el apoyo de Napoleón III y la promesa de que Francia acudiría en socorro de la Casa de Saboya en el caso de que Austria atacase el Piamonte.

En 1859, Víctor Manuel hizo un llamamiento a la unidad italiana mientras Garibaldi organizaba un cuerpo de cazadores alpinos. Austria, alarmada, ocupó la frontera contigua al Piamonte y exigió la desmilitarización del territorio. El ultimátum equivalía a una declaración de guerra. Los ejércitos franco-piamonteses derrotaron a los austríacos en Magenta Solferino, mientras en los restantes Estados italianos estallaban revoluciones que expresaban el propósito de unirse a la dinastía de Víctor Manuel.

Súbitamente Napoleón cambió de política y firmó una tregua (julio de 1859) que fue seguida por la Paz de Zurich. Garibaldi, por su parte, y al frente de un millar de «camisas rojas», conquistó Sicilia, Palermo, Mesina y Nápoles, tras lo cual intentó la total conquista de los Estados Pontificios al grito de: «O Roma o morte»; pero el Gobierno italiano, temeroso de la protección que Francia dispensaba al Pontífice, desautorizó la campaña y decretó el arresto de Garibaldi.

El Parlamento italiano de 1861, establecido en Turín, proclamó a Víctor Manuel «rey de Italia por la gracia de Dios y la voluntad del pueblo». En 1866 Italia se aprovechó de las diferencias entre Prusia y Austria para anexionarse el territorio véneto. Para completar la unidad italiana era preciso ocupar Roma, guarnecida por tropas francesas, pero el rey Víctor Manuel, que no quería exponerse a una guerra contra Napoleón III, creyó prudente aguardar. La ocasión propicia se presentó en 1870 al estallar la guerra franco-prusiana.
El 20 de septiembre de dicho año, tras una breve lucha en la Puerta Pía, las tropas italianas entraron en Roma, que pasó a ser la capital del nuevo reino. La ley de garantías aseguraba al Papa la más completa independencia en el ejercicio de su autoridad espiritual; además, fue reconocido al Pontífice el derecho a los honores soberanos en todo el territorio italiano y se le permitió que tuviera una guardia personal. Se determinó que los lugares de residencia habitual o temporal del Papa gozasen de inmunidad, se le autorizó a establecer oficinas de Correos y Telégrafos, y finalmente se le asignó una renta anual de 3.225.000 liras, a la que el Pontífice renunció siempre.
«El papa Pío IX —según Pietro Orsi— fue muy útil a la causa italiana, tanto cuando dio el primer impulso al movimiento nacional, como cuando retardó y rehusó obstinadamente llegar a una inteligencia, pues así pudo realizarse la unidad italiana sin hacer al Papa más concesiones que las relativas a la libertad de la Iglesia.» Sin embargo, el Papa, hasta el Tratado de Letrán de 1929 se consideró siempre prisionero en el Vaticano.

Con ello la unidad italiana no se había logrado por completo, toda vez que subsistían el Tirol y Trieste dependientes de Austria; Córcega y Niza. de Francia, y Malta de Inglaterra. Estos territorios constituyeron la Italia irredenta.

A la muerte de Víctor Manuel II le sucedió su hijo Humberto I (1878-1900), que envió varias expediciones a las costas del Mar Rojo, que fueron causa de la desastrosa guerra con Abisinia, en la que los italianos fueron derrotados. Firmó la Triple Alianza con Austria y Alemania, y en la tarde del 29 de julio de 1900 murió víctima de un atentado anarquista. Sucedióle su hijo Víctor Manuel III, casado con Elena de Montenegro.

Es digno de recordarse que a consecuencia de la batalla de Solferino (1859) se creó la Cruz Roja Internacional. Enrique Dunant, escritor y comerciante suizo, quedó tan impresionado al contemplar el campo de batalla después de la lucha, sembrado de cadáveres, de caballos destrozados por la metralla y de moribundos que gemían sin esperanza, que decidió instar a todos los Gobiernos su apoyo para crear un cuerpo de sanitarios que atendiera a los heridos y enterrara a los muertos en el campo de batalla.

Su idea fue bien acogida, y gracias a Dunant la suerte de los que caían en la lucha no fue tan triste como hasta entonces, pero había sido preciso que el siglo XIX hubiese entrado en su segunda mitad para que esta idea cobrase cuerpo. Algo parecido hizo Florencia Nightingale en la guerra de Crimea al atender los hospitales de campañas aliados.

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