SEGUNDO IMPERIO FRANCÉS
Napoleon III, Emperador de Francia

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NAPOLEÓN III: Cuando apenas tenía veinte años, Luis Bonaparte concibió un programa excepcional: resuelto a llegar a jefe supremo del Estado francés, pensó nada menos que en preparar una revolución para expulsar del trono al rey Felipe de Orleáns. Tan pronto llegó a saber que casi todos los militares que habían prestado servicio en el gran ejército napoleónico estaban dispuestos a ayudarlo, decidió actuar.

Sin embargo, los dos golpes de estado (el primero llevado a cabo en Estrasburgo en 1836 y el segundo en Boulogne en 1840), estaban destinados al fracaso. Los oficiales que permanecieron fieles al rey lograron imponerse a los insurrectos mandados por Bonaparte.

El 6 de octubre de 1840 la corte de París pronunció la sentencia, condenando a Luis Bonaparte a "prisión perpetua". Éste, sin embargo, no era de los que se resignan: el 25 de mayo de 1846 logró fugarse de la prisión y, ya en Londres, comenzó a meditar en un nuevo golpe de estado.

De pronto llegó a Londres una noticia sensacional: el 24 de febrero de 1848 había estallado en París una revolución. Felipe de Orleáns abdicó y en Francia fue proclamada la república. No podría habérsele presentado a Luis Bonaparte una ocasión más propicia. Abandonó inmediatamente la capital inglesa, y el 26 de febrero se encontraba ya en París.

Aquí obtuvo el primer éxito: en las elecciones del 4 de junio, Luis Bonaparte fue elegido diputado por el Departamento del Sena. Pero él tenía otras miras: soñaba con ser emperador de Francia, como lo fuera su tío. Un camino le parecía el más viable para alcanzar la meta: lograr que lo nombraran presidente de la república.

Después de haber realizado una gira por Francia y haberse asegurado, sobre todo, las simpatías de los campesinos y de los obreros de las provincias, presentó su candidatura a la presidencia de la república, en diciembre de 1848. La victoria resultó abrumadora: sobre 7.517.811 electores, 5.572.834 votaron a favor de Bonaparte.

EL EMPERADOR NAPOLEÓN III:
SUEÑOS DE GRANDEZA: Siendo emperador, Napoleón III se trazó un programa ambicioso: devolver a Francia la grandeza que le hábil otorgado Napoleón I. La tarea no era por cierto de las más fáciles: Rusia Austria estaban dispuestas a oponerse a los planes del emperador. Napoleón III, sin embargo, no se desanimó: pensaba en enfrentar a las dos potencias por separado.

En 1854 intervino en la guerra ruso-turca en Crimea, ata cando a Rusia. Vencidos los rusos, Napoleón III llevó a la práctica un plan para poder atacar al imperio austríaco Se alió al pequeño Piamonte y, en 1859, se hallaba junio a éste para ayudarle en la lucha contra Austria.

Napoleón I, con su genio militar, hubiera por cierto abatido definitivamente el poderío de Austria; Napoleón III tuvo que conformarse con Niza y Saboya, a cambio de la ayuda militar ofrecida al Piamonte.

Inmediatamente el Emperador emprendió la ruta de la:; conquistas coloniales. Después de algunos éxitos en África (fundación de la colonia del Senegal) y en Asia (conquista de la Indochina), emprendió la expedición a México, que costó a Francia grandes pérdidas de hombres y dinero, y que terminó en un ruidoso fracaso.

Mientras tanto, otra nación alcanzaba gran poderío en Europa: Prusia. Confiando todavía en hacer de Francia la más fuerte potencia europea, Napoleón III decidió hacer frente al ejército prusiano. Era el 4 de agosto de 1870. A los prusianos bastárosles tan sólo cuatro semanas para derrumbar definitivamente los sueños de grandeza del emperador. El ejército francés fue destruido completamente en Sedán, y el mismo Napoleón III cayó prisionero. Era el final: el 4 de setiembre de 1870 se proclamó la república en Francia.

EL SEGUNDO IMPERIO FRANCÉS:

El segundo imperio frances Gobierno de Napoleon III Gobierno LiberalDurante el Segundo Imperio Francia vivió una gran expansión industrial, se completó su red ferroviaria y se embelleció París, en parte por razones de prestigio y en parte por razones de estrategia, haciendo desaparecer las estrechas callejuelas que se podrían bloquear con barricadas y abriendo amplias avenidas donde, en caso de necesidad, podría maniobrar el ejercito con la artillería y caballería.

En todo caso fue la contracción de Paris actual, reflejaba el prestigio de gran potencia nuevamente adquirido por Francia. El desarrollo de los barcos y de la industria hizo aumentar el comercio exterior y la exportación de capitales, con el consiguiente aumento de las clases medias.

En los primeros años del Imperio, Francia se vio envuelta en la Guerra de Crimea, más por razones de prestigio internacional que por motivos materiales o estratégicos, como era el caso de Inglaterra; a pesar de la desafortunada dirección de la campaña y del elevadísimo número de víctimas, la victoria final y la celebración del Congreso de Paz en París, le sirvieron a Napoleón III (foto) para reforzar su prestigio personal dentro y fuera de Francia.

El emperador mantuvo una política exterior de apoyo a los movimientos nacionalistas que acabaría por destruir la obra del Congreso de Viena, y que, al favorecer la unidad de Italia y de Alemania, terminó por ser perjudicial para la política francesa.

Napoleón III en Italia cayó en una contradicción política a causa de su apoyo a los nacionalistas de Piamonte y a la defensa de la independencia de los Estados Pontificios frente a este mismo Estado. Dicha situación le llevó a perder partidarios entre los católicos, que siempre le habían apoyado, y entre los nacionalistas y los liberales.

La segunda época del Imperio tuvo un carácter progresivamente más liberal. Se inició en 1859 con la concesión de una amnistía que permitió el regreso de numerosos exiliados, además de facilitar que la asamblea votase los presupuestos generales del Estado. Una mayor tolerancia con la prensa permitió la aparición de periódicos republicanos y orleanistas.

Estas medidas no aumentaron la popularidad del emperador, y en las últimas elecciones, en 1869, el triunfo de la oposición le convenció de la necesidad de crear un imperio liberal inspirado en la monarquía constitucional británica.

La política exterior en Europa tampoco ayudó mucho a la consolidación del Segundo Imperio. Con su contradictoria presencia en Italia se ganó sucesivamente la enemistad de Austria e Italia, sin conseguir ninguna ventaja con ello, y así, cuando, debido a un grave error diplomático, estalló la guerra con Prusia, Francia se halló aislada frente a su poderoso enemigo. Al caer Napoleón III prisionero en Sedán, el Segundo Imperio dejó de existir, y se proclamé la Tercera República sin derramar una sola gota de sangre en defensa de la emperatriz o las instituciones imperiales.

El triunfo liberal se explica por la progresiva pérdida de popularidad de Napoleón, a causa de su desastrosa política exterior.

Sin duda, el mayor fracaso en este terreno fue el quimérico intento de constituir un Imperio liberal en México, gobernado por Maximiliano de Habsburgo, bajo la protección de un ejército expedicionario, que acabé con la ejecución de Maximiliano por los revolucionarios mexicanos al retirarse las tropas francesas.

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