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EL IMPERIO ROMANO
La
muerte de César causó grandísimo desconcierto en Roma. Los asesinos del dictador
quisieron restablecer la antigua constitución. Cometido el crimen, salieron del
senado llamando al pueblo a la libertad. Pero en el pueblo, las personas
pudientes estaban hartas de las guerras civiles y de cincuenta años de anarquía;
en cuanto a los pobres, el sistema de voto expuesto anteriormente no les habla
permitido jamás tomar una parte efectiva en el gobierno. El pueblo sintió pues
el gobierno de César, que habla dado a Roma el orden y el bienestar, y no lo
ocultó en sus manifestaciones. Por su parte los senadores vacilaban, temiendo
siempre la aparición de un nuevo señor, lo cual no tardó en suceder.
Marco Antonio y Octavio: Un antiguo
lugarteniente de César, llamado Antonio, entonces cónsul, quiso aprovechar las
circunstancias. Era un oficial valeroso, muy ordinario de maneras y muy popular
en las tabernas por su alta estatura, su uniforme de soldado y su reputación de
gran bebedor, que pronto dio pruebas de ser un gran político. El día de los
funerales de César, organizados por él, pronunció en el
Foro
un elogio del
dictador, leyó un testamento que colmaba al pueblo de larguezas y causó emoción
general presentando a la vista de todos la toga ensangrentada y agujereada con
veintiocho puñaladas que recibió el cuerpo de la víctima. El pueblo, al ver
aquella toga, se amotinó contra los asesinos, y Bruto y los amigos de éste
tuvieron que huir para salvarse.
Estorbó los proyectos de Antonio la llegada a Roma de Octavio, sobrino e hijo
adoptivo de César, que venia de Atenas, donde hacia sus estudios, para reclamar
la herencia de su tío. Era un joven de diez y nueve años, pequeño, cojo,
delicado y tímido. Hablaba mal, y le faltaba bravura, hasta el punto de tener
miedo del estampido del trueno y de las tinieblas; pero bajo aquella apariencia
mezquina ocultaba gran audacia política. Representó el papel de un joven honrado
que buscaba el apoyo de todos lisonjeó al senado, llamó a Cicerón « padre mio
» asalarió a los antiguos soldados de César y no tardó en encontrarse a la cabeza
de un ejército.
Cicerón y el senado creyeron haber hallado el hombre que los
desembarazaría de Antonio.
Este habla salido de Roma en persecución de Bruto.
Cicerón pronunció entonces sus famosas arengas, las Filipicas, declaró a Antonio
fuera de la ley y obtuvo para Octavio el mando de las operaciones contra él.
Octavio, vencedor, 1 reclamó el consulado como recompensa, puesto que le
negaron. Habiéndose aliado entonces Antonio con los gobernadores de Galia y
España, volvía a Italia a la cabeza de un ejército.
Empero, los dos ambiciosos
comprendieron que era conveniente unirse, por propio Interés, contra el senado,
que favorecía a los asesinos de César, y como Lepido (imagen) , gobernador de la Galia
Narbonesa, se unió a ellos, fundaron los tres por un trienio un segundo
triunvirato, que más tarde ratificó -un plebiscito. Se dividieron las provincias
e hicieron del titulo de triunviro una nueva
magistratura (43).
EL SEGUNDO TRIUNVIRATO: Las Proscripciones: El
primer cuidado de los triunviros consistió en proscribir a sus enemigos. Las
proscripciones fueron anunciadas por un cartel concebido en estos términos « Si
la perfidia de los malos no hubiera respondido con el odio a los beneficios; si
los que César, en su clemencia, había salvado, enriquecido y colmado de honores
después de su desgracia no hubieran 4 resultado ser sus asesinos, nosotros
hubiéramos también olvidado a los que nos hemos visto obligados a declarar
enemigos públicos. Ilustrados por el ejemplo de César, vamos a prevenir a
nuestros enemigos antes que éstos nos sorprendan... He aquí lo que se ordena:
Que nadie oculte a ninguno de los que figuran en la lista siguiente; que el que
ayude o favorezca la evasión de un proscrito, será a su vez proscrito.
Que se
nos presenten sus cabezas. En recompensa, el hombre de condición libre recibirá
25.000 dracmas, y el esclavo 10.000 y además su libertad con el titulo de
ciudadano. Los nombres de los asesinos y de los denunciadores se tendrán
secretos. » De esta manera se asesinaron metódicamente trescientos senadores y
dos mil caballeros, entre los cuales figuró Cicerón, que Octavio había
sacrificado para satisfacer los rencores de Antonio.
Después de esas matanzas, Octavio y Antonio pasaron el Adriático para atacar en
Macedonia a las legiones que habían reunido los conjurados Casio y Bruto,
legiones que fueron vencidas en Hlipos, al cabo de dos días de batalla. Bruto,
desesperado, se hizo dar muerte, exclamando: « Virtud no eres más que una
palabra! » (42).
RUPTURA ENTRE MARCO ANTONIO Y OCTAVIO:
Antonio partió a oriente para castigar a Egipto, que habla facilitado socorros a
Bruto. Pero, seducido por Cleopatra, olvidó sus deberes por los deleites. A
Octavio le cupo el cuidado de pacificar a occidente. Tuvo que combatir primero
las intrigas de Fulvia, esposa de Antonio, que murió a tiempo para evitar una
guerra entre los triunviros; después sometió a Sexto Pompeyo, hijo del gran
Pompeyo, que habla logrado reunir una flota sólida y era dueño del Mediterráneo.
Triunfó al cabo de dos años de guerra, gracias a los talentos militares de su
amigo Agripo (38-36). El tercer triunviro, Lépido, representaba en todos estos
acontecimientos un papel insignificante; Octavio lo depuso y lo nombró sumo
pontífice: desde
aquel momento quedaban dos ambiciosos uno frente al otro, y era preciso que uno
de ellos desapareciese. Quien desapareció fue Antonio.
Después de una expedición desastrosa contra los partos, Antonio habla vuelto al
lado de Cleopatra, a Alejandría, donde se entregó a todos los desórdenes de una
vida crapulosa que ha quedado célebre con el nombre de « vida inimitable ». Soñó
fundar un imperio de oriente en provecho de aquella reina, dando a sus hijos
reinos asiáticos.
Octavio explotó hábilmente esa actitud para excitar la indignación de los
romanos contra Antonio, y ocultando su rivalidad personal bajo la máscara de una
guerra nacional, hizo decretar una expedición contra « aquella mujer, que
pretendía la caída del Capitolio y la ruina del imperio Antonio y Cleopatra
esperaron a Octavio en Grecia con una flota y un ejército. La flota fue vencida
cerca de Accio, en el Adriático, a la
entrada del golfo de Arta, y Cleopatra huyó, llevándose consigo a Antonio. Octavio los siguió a Egipto y batió a
Antonio en los alrededores de Alejandría. Cleopatra trató en vano negociar con
el vencedor. Antonio se dio muerte, y, viendo que todo estaba perdido, imitó su
ejemplo haciéndose picar por un áspid. Octavio quedó siendo dueño del mundo. El
fin de la república, había llegado.
Marco Antonio hizo de
Egipto el centro de gravedad de una política dinástica concebida en
favor suyo y de sus hijos. Se acercaba paulatinamente al modelo
oriental de realeza divina, idea que repugnaba a los romanos y
colisionaba con sus arraigadas tradiciones políticas. Octavio
utilizó la situación para acusar a Antonio de traición, pues había
decidido entregar algunas regiones de Asia, en calidad de reino, a
los hijos habidos con Cle-opatra. El mismo Octavio, que años antes
había violado todas las reglas, se esforzaba por aparecer como
renovador de las viejas costumbres romanas y paladín de la
integridad nacional.
EL IMPERIO: Se
llama Imperio, el gobierno personal de Octavio, aunque, en apariencias el
funcionamiento de las instituciones romanas no hubiera cambiado. A fin de no
suscitar los mismos odios que César, Octavio se dedicó a reinar sin parecerlo.
No quiso aceptar el titulo de dictador; dejó subsistir el senado, los cónsules y
los comicios, y aceptó solamente que sus súbditos lo llamaran con un nombre
nuevo. Pensó en llamarse Rómulo, segundo fundador de Roma, pero después se
decidió por el nombre de AUGUSTO que servia para designar los lugares santos.
Cual
César, reunió todas las funciones y asumió todos los poderes, porque tenía todos
los títulos. Por consiguiente, el p4mero de éstos fue el de imperator (general
victorioso), que indicaba el origen de su poder y le daba autoridad legal sobre
todos los ejércitos. Fue además tribuno, lo cual le hacia inviolable; censor o
prefecto de costumbres, lo que le permitía nombrar a los senadores y vigilar a
los ciudadanos; sumo pontífice, es decir, jefe de la religión, y, por último,
príncipe, o presidente del senado, es decir, dueño de las deliberaciones.
Augusto tenía, pues, un poder absoluto; pero en torno suyo todo parecía
subsistir como anteriormente. El senado hacia las leyes, los comicios las
votaban y los magistrados las ejecutaban en nombre del pueblo. Las insignias de
las legiones continuaban llevando S. P. Q. R., iniciales de la inscripción
latina Senatus Populusque Romanus. Augusto vivía como los demás ciudadanos;
tomaba parte en los votos, recomendaba a sus amigos en las elecciones, hablaba
en el senado cuando le correspondía y habitaba en el Palatino una casa modesta,
abierta a todo el mundo. Quería imponer el orden en Roma y empezaba por dar el
ejemplo.
Aquella vida pública no era más que una apariencia Augusto lo dirigía todo. Un
consejo privado, que se llamó el consejo del príncipe, administraba en realidad
el imperio. Porque así convenía a sus designios, creó una guardia llamada
guardia pretoriana, formada de nueve cohortes y encargada de mantener el orden
en la ciudad. A la cabeza de esas tropas estaba el prefecto del pretorio,
principal agente del emperador, con el prefecto de la ciudad, el prefecto de los
vigiles (serenos) o prefecto de policía, y el prefecto del anona, encargado de
abastecer a Roma. Una multitud de secretarios estaban colocados bajo las órdenes
de aquellos magistrados. Casi todos eran libertos, porque se estaba más seguro
de que fueran fieles.
Octavio Augusto:
Sobrino nieto de César, éste lo apoyó en el comienzo de su carrera
política, atraído por su inteligencia. A la muerte de su tío,
desplegó una gran habilidad para superar las intrigas del Senado y
de Antonio, apoyándose sucesivamente en uno y otro. Con el respaldo
de sus soldados se hizo nombrar cónsul, sin haber ejercido cargo
alguno anteriormente. Tuvo la habilidad de mantener las formas
tradicionales de gobierno, pero asumiendo él todos los poderes. Al
añadir a su nombre, Octavio, el título de Augusto, prácticamente fue
divinizado en vida.
ROMA BAJO EL IMPERIO DE AUGUSTO: Con
el orden, reinó la prosperidad en Roma, y la ciudad se pobló de monumentos.
Augusto pudo vanagloriarse de haber encontrado una ciudad de ladrillos y haber
dejado una ciudad de mármol. Se dedicó especialmente a la organización del
servicio de las aguas, hizo construir acueductos y creó a este efecto un cuerpo
de ingenieros especiales. Emprendió también la tarea de moralizar a Roma donde
la corrupción había llegado al limite. Quiso restablecer las antiguas prácticas
religiosas. Procuró restaurar el antiguo sentimiento de familia, combatiendo el
abuso del divorcio y del celibato.
Tuvo
por colaboradores a sus amigos Agripa, el vencedor de Antonio, y a Mecenas,
hombre de gusto, que protegía las letras y las artes. En torno
suyo se agruparon los historiadores Tito Livio y poetas Virgilio y Horario y
muchos otros que tanto contribuyeron a la gloria de aquella época llamada por la
historia siglo de Augusto.
LAS PROVINCIAS BAJO EL IMPERIO DE AUGUSTO: Las
provincias ganaron mucho con el establecimiento del imperio. En vez de ser
oprimidas, como antes, por los procónsules fueron administradas regularmente por
funcionarios con sueldos fijos, llamados legados, que nombraba el emperador y
que debían dar cuenta de su gestión. Los provincianos tuvieron además el derecho
de elegir asambleas que podían dirigirse directamente al emperador. El mismo
Augusto hizo numerosos viajes para darse cuenta de sus necesidades. Se
construyeron carreteras, se ejecutaron grandes trabajos y la seguridad sentó sus
reales en todas partes. Los vencidos reconocieron los beneficios de la
dominación imperial, que dieron en llamar la pax romana. Virgilio la
celebró en sus versos. «i Gracias a ti, César, el buey vaga por las praderas;
Ceres y la feliz abundancia ¿fecundan nuestros campos; los barcos navegan sin
temor en el mar pacificado, y la buena fe se alarma cuando hay la más mínima
sospecha! »
LA DEFENSA DEL IMPERIO: Todas
las provincias estaban protegidas por una línea de fronteras naturales que eran
el Rin, el Danubio, el Éufrates y los desiertos de Asia y de Africa. Más allá
vivían los pueblos bárbaros que eran para el imperio un peligro siempre
amenazador. Augusto atendió a tenerlos en raya por la parte de allá de dichas
fronteras, y organizó un ejército permanente de veintitrés legiones reforzadas
con gran número de auxiliares> lo cual formaba un total de 400,000 hombres.
Repartidos en campamentos situados en todos los puntos peligrosos, bastaron para
asegurar la tranquilidad de las provincias que prosperaban sosegadamente al
abrigo de aquella cortina de tropas. Augusto no tuvo que luchar de veras sino
contra los germanos en el Rin y en el Danubio, como se verá más adelante.
FIN DE REINADO DE AUGUSTO: Augusto no habían tenido hijos con su esposa Livia. Sus herederos eran los hijos
de su amigo Agripa, que habla adoptado, y que murieron jóvenes; tuvo que adoptar
a monio. Los Tiberio, que su mujer Livia tuvo de su primer matrimonio. Los
últimos años de Augusto fueron tristes para él a causa de sus duelos. Tuvo
además la pena de tener que desterrar a su hija Julia por su mala conducta, y de
saber el desastre del ejército de su legado Yaro en Germania. Murió a los
setenta y seis años (14 d. de J. C.) y fue enterrado con gran pompa en un
monumento que se llama aún el Mausoleo de Augusto.
El
emperador muerto, fue considerado como un dios. Se instituyeron ceremonias en
honor suyo, y se fundó un colegio de sacerdotes especiales para celebrarlas. Ese
culto de los emperadores se- llamó apoteosis. Todos los magistrados, todos los
jefes de ejército y todas las asambleas tuvieron que rendir ese culto a la
memoria de los emperadores. Fue un juramento de fidelidad al régimen imperial,
así como un lazo moral que unió a todas las partes del imperio y que nada tenia
que ver con las religiones particulares. La fundación de ese nuevo culto fue más
bien, pues, un acto político que un acto de servilismo.
TIBERIO: El
imperio pasó de Augusto a Tiberio, sin trastorno. El pueblo y las provincias se
habían acostumbrado al nuevo régimen que les proporcionaba la paz y la
abundancia- Sólo los senadores se lamentaban por sus antiguas prerrogativas;
pero estaban demasiado corrompidos o demasiado envilecidos para sacudir la
coyunda imperial. Tiberio tenía de parte suya al ejército que habla mandado en
Germania. Frisaba en los cincuenta y seis años, pareció tomar el poder con
desagrado, desdeñó títulos y honores y no quiso ser más que príncipe El senado
fue asociado al gobierno y tuvo que ratificar todas las decisiones del príncipe.
Los gobernadores de provincia fueron escogidos según sus méritos y vigilados con
rigor.
Pero
aquel administrador honrado, se convirtió de pronto en una especie de loco
furioso cuando vio perecer a Germánico, el sobrino de Augusto, vencedor de los
germanos y a su propio hijo Druso. Descubrió que el asesino había sido su
favorito Seyano, que quería hacer desaparecer la familia de César para llegar al
trono. El emperador concibió odio violento contra los patricios a quienes
llamaba « gente dispuesta a todo servilismo». Las ejecuciones se multiplicaron;
mandó matar a Seyano y se retiró a la isla de Caprea, presa de terror
supersticioso, que le hizo rodearse de adivinos y astrólogos. Esa locura
sangrienta duró hasta su muerte (37)~ y el relato de sus crímenes nos ha sido
transmitido por el historiador Tácito. Perú las proscripciones alcanzaron
solamente a la nobleza; el resto del imperio, bien administrado, permanecía
indiferente a lo que ocurría.
CALIGULA CLAUDIO: El
imperio recayó en Calìgula, hijo de Germánico, llamado así porque llevaba el
mismo calzado que los soldados (cáliga). Empezó por ser un buen príncipe; pero,
atacado de epilepsia desde su infancia, llegó a ser completamente loco. Su
reinado fue una serie no interrumpida de extravagancias, de libertinaje y de
asesinatos. Se le vio arrojar dinero al pueblo en el circo, iluminar montañas,
hacerse adorar en lugar de Júpiter, y nombrar cónsul a su caballo. Deseaba
públicamente que el pueblo romano no tuviese más que una cabeza para matarlo de
un tajo. El prefecto de los pretorianos, Quereas, fue el que libró al mundo de
aquel loco furioso (41).
Quereas deseaba una restauración republicana; pero los soldados no la querían.
Descubrieron en el palacio, oculto detrás de una cortina a un hermano de
Germánico, llamado Claudio, y lo hicieron emperador mediante el donativo, esto
es importante gratificación. Éste fue el primer emperador nombrado por los
soldados y aprecio de dinero. Era viejo, calvo, embrutecido por la embriaguez y,
aparte de los negocios públicos, entregado a estudios de arqueología. A ese ser
débil lo gobernaron sus mujeres y sus libertos, que de antiguos esclavos
llegaron a ser dueños de Roma. Uno de ellos, Palas, lo decidió a casarse con
Agripina, hija de Germánico, la cual envenenó a Claudio con un plato de setas
para asegurar el trono a su hijo Nerón (54).
NERON: Agripina había esperado reinar en nombre de su hijo, que tenía diez y siete
años; asistía a las sesiones del senado, oculta detrás de una cortina, y
gobernaba por mediación del filósofo Séneca y del general Burro, que eran los
preceptores de su hijo. Incitado Nerón por el liberto Narciso, se cansó bien
pronto de 1 aquella tutela. Inquieta Agripina, le opuso a Británico, hijo de
Claudio; pero
Nerón lo hizo envenenar en un festival. Cuatro años después tocó la vez a
Agripina, a quien trató de ahogar durante un paseo por mar y que pudo salvarse a
nado. Entonces Nerón pretendió que estaba implicada en una conspiración contra
-él y la hizo degollar. Toda la nobleza mostró « maravillosa emulación de bajeza
» y Séneca mismo hizo el elogio de aquel crimen.
Nada
contuvo ya las pasiones de aquel príncipe envidioso, vanidoso e hipócrita.
Repudió a su mujer Octavia, la condenó a muerte y se entregó a todo género de
desarreglos con sus libertos. Creía ser un gran artista y le gustaba presentarse
en público para que lo aplaudiera una cuadrilla de aduladores bien adiestrados.
Se le vio conducir o guiar 1 carros en las carreras, declamar versos en el
teatro, pulsar la lira y dar una vuelta por Grecia de donde trajo ,800 coronas,
conducta que los romanos consideraban infame y digna solamente de un esclavo. Un
día, Roma fue presa de las llamas, y corrió la voz de que el incendiario era ese
emperador que, para divertirse, ordenó la primera persecución contra los
cristianos.
Trece
años de semejante, régimen provocaron la sublevación de los soldados de las
fronteras, y Roma, donde varías conspiraciones hablan sido ahogadas en sangre,
siguió el ejemplo. Nerón huyó a una casa de campo y alli se dio muerte no sin
declamar: « Conmigo muere un gran artista! » (68).
LOS SUCESORES DE NERON: Las
legiones sublevadas se batieron unas con otras para nombrar un emperador, porque
el príncipe elegido recompensaba con largueza a los soldados. Los primeros que
consiguieron su objeto fueron los soldados de España, que eligieron por jefe a
Galba, que a la sazón tenía setenta y tres años. No quiso dar dinero a los
pretorianos de Roma y de aquí que le opusieran a Otón, a migo de Nerón. Galba
fue asesinado por los pretorianos. Entretanto, las legiones de Galia acudían con
su general Vitelio. Otón fue vencido en Bedríaco y se mató. Vitelio
no gozó
mucho tiempo de aquella victoria, que le permitió, sin embargo, llegar a ser
célebre por su golosina. El ejército de oriente, muy superior a los otros porque
lo formaban soldados veteranos que habían combatido contra los partos, llegó a
su vez para imponer por jefe a Vespasiano. Este ejército triunfó en Cremona
(69), y la paz reinó en Roma con la nueva dinastía de los Flavios.
LOS FLAVIOS: Vespasiano, hijo de un recaudador de impuestos, que alcanzó las dignidades
militares por su propio mérito, fue un emperador burgués, trabajador y
económico. Reorganizó la hacienda que Nerón dilapidó con sus locuras,
restableció la disciplina en los ejércitos y dominé las revueltas de los
germanos y de los judíos. Depuró el senado y abrogó la "ley de la majestad a,
al amparo de la cual se habían dictado tantas proscripciones. Murió de muerte
natural, burlándose de los honores divinos que se habían rendido a los
emperadores difuntos. « Siento que llego a ser dios », dijo con sorna.(79)
Tito, su
hijo, que terminó la campaña de Judea con la toma de Jerusalén, sólo reiné dos
años, lo cual fue bastante para que lo llamaran las del delicias del género humano.
Se quejaba de haber perdido el día cuando no había hecho una buena acción.
Durante su reinado fue cuando hubo la famosa erupción del Vesubio, cuyas cenizas
sepultaron las ciudades de Herculano y Pompeya (79).
Domiciano, su hermano, que le sucedió, no fue menos prudente durante los trece
primeros años de su reinado; jamás fueron tan dichosas la provincias. Después,
el 93, llegó a ser como Nerón, tirano cruel que Cortó cabezas sin discernimiento
expulsé a los filósofos de Roma, persiguió a los cristianos y murió asesinado
(96). Su propia mujer estaba metida en la conjuración.
LOS ANTONINOS: El
senado dio el imperio a uno de sus miembros, llamado Nerva moderado en el
gobierno, buen jurisconsulto, que casi se limitó a designar su sucesor. Fundó la
dinastía de los Antoninos, pero en lugar de reglamentar la sucesión al trono por
el parentesco, procedió por adopción, lo que dio al imperio una serie de
excelentes monarcas (96-98). Trajano, a quien adoptò, era buen general y buen
administrador.
Rechazó a los dacios (Transilvania actual) en el Danubio y a los partos en el
Éufrates. En memoria de sus campañas, se erigió en el Foro la famosa columna
trajana.
En
Roma devolvió al senado sus antiguos honores y aparentó una gran sencillez. «
Seré con los demás, decía, como hubiera querido que los emperadores fuesen
conmigo, siendo ciudadano ». Emprendió grandes trabajos el puente del Danubio,
en las Puertas de Hierro, para poder atacar a los dacios; el puente de
Alcántara, en España, y el Poro de Trajano, en Roma. Tomó prudentes medidas para
reanimar el comercio, la agricultura las artes y las letras. Por último, dio
muestras de humanidad instituyendo la beneficencia pública, institución
desconocida hasta entonces, en favor de los niños pobres, que fueron educados a
costa del estado. A partir de aquella fecha, el senado
adoptó por fórmula de saludo a los emperadores, la frase siguiente « Sé más
feliz que Augusto y mejor que Trajano ». Murió en Asia, año de 117.
Adriano, su sucesor, fue un emperador pacifico. Artista ilustrado viajero
infatigable, recorrió el mundo entero con un séquito de arquitectos,
reconstruyendo ruinas y edificando nuevos monumentos. Atenas donde residió,
llegó a ser « la ciudad de Adriano a, por lo mucho que la hermoseó. Su
principal titulo de gloria fue haber fundado la administración. Los empleos
de oficinas se habían confinado hasta entonces, a los libertos; Adriano decretó
que en lo sucesivo se darían a hombres libres, e instituyó al mismo tiempo la
jerarquía. Por lo que hace relación a la justicia, reunió los edictos publicados
por los pretores desde siglos atrás y los coordinó formando un texto único,
llamado el Edicto Perpetuo. Se puede decir que desde entonces data
verdaderamente la organización del imperio (117-138).
Adriano fue reemplazado por Antonino Pío, cuyas relevantes virtudes merecieron
que se diera su nombre a esta serie de emperadores. El escogió un digno
sucesor en la persona de Marco Aurelio (161).
Marco
Aurelio era un filósofo que, en el trono, continuó practicando las máximas de la
filosofía. Fue bueno, humano y desinteresado, y pasó sus ratos de ocio
escribiendo los Pensamientos, «admirables sentencias de la sabiduría antigua».
Protegió a los esclavos y aumentó las instituciones benéficas. Por una ironía de
la suerte, este emperador, que no amaba sino los libros, estuvo obligado a vivir
en campamentos. Tuvo que defender a Roma amenazada en el Danubio y en el
Éufrates, y murió en campaña, en Viena (178).
Cometió el error de dejar el imperio a su hijo Cómodo, que llegó a ser un orate
sanguinario como Diocleciano y Nerón, y que pereció asesinado (192).
HISTORIA EXTERIOR DEL IMPERIO:
Los Bárbaros: Augusto habla rodeado el Imperio Romano con una cintura de tropas y una línea de
campamentos permanentes o campos militares que debían contener las irrupciones
ataques de los bárbaros. Creyó que era preciso tenerlos distantes, para que el
resto del mundo pudiese gozar de paz y de prosperidad. Empero, esa prosperidad
era un incentivo para aquellos pueblos bárbaros que, ávidos de pillaje, atacaban
sin cesar las fronteras romanas. De aquí las continuadas guerras que duraron
hasta el fin del imperio y que fueron guerras de defensa y no de conquista.
Ya
hemos visto que el Rin, el Danubio, el Éufrates y los desiertos formaban las
fronteras. Todas no estaban igualmente amenazadas en el Sahara sólo vivían
algunas tribus de merodeadores; el mar protegía a España y a las costas de Galia;
los enemigos más temibles eran por consiguiente en el Rin, los germanos el alto
Danubio, los cuados (Moravia) y los marcomanos (Bohemia) en el bajo Danubio,
los dacios y, en el Éufrates, los partos.
Guerras en el Fin:
Augusto, que hizo suyos los planes de César, pensaba que sólo se acabaría con
los germanos sometiéndolos. Su general Druso pasó el Rin y conquistó todo el
país hasta el Elba. Pero murió por accidente, y su sucesor Varo se &4ó
sorprender en el bosque de Teutberg (el Teutoburger Wald) por el germano Arminio,
y fue deshecho con tres legiones. Se dice que Augusto, loco de dolor> no cesaba
de gemir "Varo, devulveme tus legiones! "
El
desastre de Varo no pudo ser vengado sino en el reinado de Tiberio, por
Germánico, que destrozó la confederación de los queruscos y asoló el país de los
bàtavos. Los trastornos consiguientes a la muerte de Nerón permitieron a los
germanos, que hasta entonceS hablan estado tranquilos alzar el estandarte de la
rebelión. El bátavo Civilis, con el concurso de la profetisa Véleda, trató de
fundar en el Rin un reino galo que fue destruido casi inmediatamente. Domiciano
fue a su vez batido a orillas de ese rìo (81-96).
Trajano, desde que ocupó el
trono, se dio a pacificar el país; sus armas se pasearon victoriosas por todas
partes, mas para proteger el punto débil de la frontera en la región del Rin y
del
Danubio superiores, hizo construir una inmensa fortificación parecida a la
muralla de China, que iba desde Maguncia hasta Ratisbona. Se componía ésta de un
reducto con parapeto de tierra y estacadas en el fondo del foso; detrás, una
muralla de piedra con bastiones, y luego Una carretera militar orillada de una
serie de campos atrincherados, a 9 kilómetros de distancia unos de Otros; nueva
muralla y nuevo foso completaban la fortificación. Un atrincheramiento del mismo
género fue construido por Adriano al norte de Inglaterra, para contener las
invasiones de los bárbaros de Escocia.
GUERRA EN EL ALTO DANUBIO: Bajo
el reinado de Marco Aurelio, una invasión de cuados y parcomanos, pueblos de
Moravia y de Bohemia, se dirigió a Grecia e Italia y penetró en ellas. El terror
fue grande en Roma. El emperador vendió las joyas imperiales para reclutar
tropas, y se puso a la cabeza de la expedición. Fueron necesarias varias
campañas para rechazarlos y hubo que fortificar sólidamente La ciudad de Viena
(hoy capital de Austria) para vigilarlos.
GUERRA EN EL BAJO DANUBIO:
En la
parte de allá del Danubio, en la región que corresponde hoy a Transilvania y a
Rumania, vivían los dacios, pueblo tan fiero como los germanos. Invadieron el
imperio en tiempo de Domiciano, que no pudo contenerlos. Trajano, para atacarlos
útilmente, empezó por construir una carretera que seguía el Danubio y cuyos
restos se ven aún en el flanco de las locas que orillan el río, en el celebre
desfiladero de las Puertas de Hierro.
Después hizo construir a la salida del
desfiladero, un colosal puente de piedra, de más de mil cien metros, que le
permitió penetrar en Dacia. La guerra duró cinco años (101-106); la capital de
los dacios fue tomada, su rey Decebalo se dio muerte, y el país quedó
siendo provincia romana. Esta provincia de la parte allá del río , fue como una
fortaleza poblada de colonos romanos a los que debe su nombre y su lengua el
pueblo actual de Rumania.
GUERRAS EN EL ORIENTE: Los
caballeros partos tenían persistente empeño en pasar el Éufrates. Vencedores de
Craso y después de Antonio, las derrotas no los hicieron nunca decaer. La guerra
fue continua contra ellos. En tiempo de Nerón, el general Corbulón los
deshizo muchas veces; Vespasiano, Trajano y
Marco Aurelio hubieron de organizar
nuevas expediciones contra ellos. Aprovechando la oportunidad que ofrecían esas
campañas, menudearon las construcciones en oriente. La más célebre es la de los
judíos, vencidos por Tito, después del memorable sitio que recuerdan los bajos
relieves de su arco de triunfo en Roma, y cuyo resultado fue la destrucción de
Jerusalén y la dispersión de aquel pueblo.
Mientras las legiones peleaban encarnizadamente en las fronteras, las
provincias, administradas con justicia por los emperadores, gozaban de los
beneficios de la pax romana.
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