Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española Introducción:
Los pueblos que habitaban
América antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización
económica, social y política. Algunos
habían desarrollado sociedades urbanas y otros sólo practicaron una
agricultura simple o eran cazadores y recolectores. Los aztecas y mayas, en la región mesoamericana, y los incas, en la
andina, desarrollaron sociedades urbanas. En
estas sociedades, la construcción de complejas obras de riego y la aplicación
de técnicas agrícolas habían favorecido el crecimiento constante de la
producción agrícola y de la población. Se
habían desarrollado las ciudades y la organización social estaba fuertemente
jerarquizado.
A la llegada de los españoles,
las únicas sociedades urbanas que existían en América eran la azteca y la
inca; la cultura maya había desaparecido en el siglo XI d.C.
La mayoría de los
pobladores de América vivían de una agricultura simple, de la caza y de la
pesca de animales y de la recolección de frutos. Muchos de estos pueblos eran nómadas y prácticamente no
existía la división del trabajo. Estaban
distribuidos a lo largo de todo el continente americano, desde Alaska hasta
Tierra del Fuego. La organización jerárquica de la sociedad. Las sociedades azteca e inca fueron sociedades urbanas que tuvieron una organización económica, políticas social del mismo tipo que las sociedades .urbanas que existieron en el Cercano Oriente desde el 3000 a. C. Los americanos también desarrollaron sistemas de escritura y de numeración; la religión fue la manifestación espiritual más importante y regía la mayor parte de los actos de la vida cotidiana de la población; y el arte alcanzó una elaborada complejidad. Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española
Los Incas:
Segú
Los incas constituyeron un
poderoso imperio que logró la expansión territorial en la época en que Colón
iniciaba su viaje hacia lo desconocido. Abarcó desde las sierras
de la actual Colombia hasta el norte de Chile y de la Argentina, y desde
la costa del océano Pacífico hasta el este de los bosques del río Amazonas.
Los incas eran un pueblo originario de las sierras y desde allí dominaron,
mediante la guerra de conquista, a los pueblos de las otras zonas. Establecieron
la capital de su imperio en la ciudad de Cuzco, a la que consideraban el centro
del universo. El imperio, que ellos llamaban Tahuantinsuyo -que quiere decir las
cuatro partes del mundo-, estaba dividido en cuatro regiones, las que, a su vez,
se subdividían en provincias. Al frente del imperio estaba el Inca, y las zonas
conquistadas estaban dirigidas por los curacas o gobernadores de provincia.
Organización
económica y grupos sociales
La agricultura fue la base de la economía del imperio incaico. La producción era muy variada y los cultivos más importantes eran el maíz y la papa. Los incas aplicaron diferentes técnicas agrícolas que mejoraron el rendimiento de los cultivos. En la zona árida de la costa usaron el guano -excremento de aves marinas- como fertilizante de las tierras y construyeron canales de riego. En el interior, sobre las laderas de las sierras, cultivaban en terrazas. Además, el dominio de pueblos que habitaban diferentes zonas les permitió obtener, mediante el pago de tributos, productos que no había en su propio hábitat. En la sociedad incaica se podían diferenciar varios grupos sociales.
La nobleza real incaica estaba formada por los
sacerdotes, los guerreros y los funcionarios. Controlaban el Estado y vivían de
los tributos que entregaban los campesinos.
A este grupo social pertenecía el Inca. Los curacas, o nobles de
provincia, eran los nobles que gobernaban a los campesinos organizados en
comunidades (ayllus). Su instrucción
se realizaba en el Cuzco. Eran los
responsables de recibir los tributos de los ayllus, que luego entregaban al
Estado incaico.
El ayilu
era la comunidad de campesinos unidos por vínculos familiares, que tenían
antepasados en común y habitaban un mismo territorio. El Estado entregaba tierras a cada comunidad para su
subsistencia. Anualmente, un
funcionario local asignaba parcelas a cada familia según el número de sus
componentes. Pero los campesinos no
eran propietarios de las tierras y estas parcelas eran trabajadas colectivamente
por todos los miembros de la comunidad. El
ayllu debía entregar fuertes tributos en productos y en trabajo al Estado y a
los curacas.
En las
laderas de la sierras, el cultivo en terrazas permitió un mejor aprovechamiento
de la tierra fértil y facilitó el riego. Como técnica de labranza el palo
cavador y una maza de cabeza de piedra, no conocían la rueda.
La cría
de llamas y de alpacas fue una actividad importante en la economía incaica. De
ella obtenían lanas, carne y se usaban como animales de trabajo. La llama
aunque no soporta más de 45 Kg. de peso soporta las grandes alturas.
Entre
los incas las tierras se dividían en tres zonas: las tierras de las
comunidades, cuya producción alimentaba a las familias campesinas, la del Inca
que mantenían al Inca , a los sacerdotes y el ejército, y las del Sol, con las
que se mantenía el culto a los dioses. Los campesinos debían obligatoriamente
trabajar en todas.
El
Estado Incaico
El Estado incaico fue teocrático porque el
emperador, el Inca, era reconocido como el hijo del Sol, el dios más
importante. Un consejo de nobles y
sacerdotes, llamados orejones y pertenecientes a la familia real, asesoraba al
Inca en las tareas de gobierno.
La gran expansión del imperio fue posible por la
cuidada organización de la fuerza militar.
Para facilitar el desplazamiento de sus ejércitos, los incas
construyeron una vasta red de caminos. La
existencia de tambos o postas a lo largo de esos caminos servía para el
descanso de las tropas en campaña y para el recambio de animales y armas.
Todos los pueblos que pertenecían al imperio tenían
la obligación de entregar al Estado una determinada cantidad de alguna materia
prima o de productos manufacturados, según la producción característica de
cada zona.
Además, la población estaba obligada a realizar
trabajos individuales en beneficio del Estado, los curacas o los sacerdotes.
Por esto, personas y productos recorrían también permanentemente el
Camino del Inca.
Los ayllus entregaban
los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos
reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades. Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que
comunicaban a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto
mediante el uso de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se
realizaban nudos. De este modo, el
Inca conocía las cantidades de excedente y en qué regiones del imperio
sobraban o faltaban determinados productos.
Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades
básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas
cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los
alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados.
También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las
constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por
algunos funcionarios generalmente nobles.
Reciprocidad y Distribución:
La sociedad incaica funcionaba sobre la base de la reciprocidad y la
redistribución.
La reciprocidad era
común
entre las comunidades de
campesinos de la región
andina.
La
redistribución suponía el reconocimiento por parte de los campesinos de los
diferentes niveles de autoridad que existían en la sociedad.
Los ayllus entregaban los tributos a los curacas, y los bienes tributados se
acumulaban en depósitos reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades.
Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que comunicaban
a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto mediante el uso
de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se realizaban nudos.
De este modo, el Inca conocía las cantidades de excedente y en qué
regiones del imperio sobraban o faltaban determinados productos.
Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades
básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas
cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los
alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados.
También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las
constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por
algunos funcionarios generalmente nobles.
Los tributos de las comunidades campesinas dados al
Estado eran de tres tipos:
1.
Trabajos colectivos en las
tierras del Inca
2.
Trabajos individuales periódicos
y rotativos a los que llamaban mita, con este sistema se construían puentes y
caminos.
3.
Las comunidades debían
entregar a los curacas alimentos, materia primas y productos manufacturados.
"De aquí a muy pocos años nuestras ciudades
serán destruidas y asoladas, nosotros y nuestros hijos muertos..."
Y prevenían al emperador:
"perderéis todas las guerras que comiences y
otros hombres con las armas se harán dueños de estas tierras..."
Las profecías comenzaron a cumplirse a los tres años
de la ascensión de Moctezuma al trono. En
1510 se sucedieron un eclipse de Sol y la aparición de un cometa.
Al poco tiempo Hernán Cortés desembarcó en las costas de México... y
no pasó mucho tiempo hasta que los indígenas tomaron conciencia de que no era
precisamente el dios que aguardaban.
En el imperio de los incas la llegada de los españoles
también fue precedida por presagios y profecías.
Se anunciaban fenómenos naturales: rayos, cometas y cambios en el color
del Sol y la Luna. El cronista Garcilaso de la Vega cuenta al respecto:
"Hubo grandes terremotos y temblores de tierra
(a poco de arribar los españoles) que, aunque en el Perú son frecuentes,
notaron que los temblores eran mayores que los ordinarios, y que caían muchos
cerros altos."
Los incas esperaban también el retorno de un dios
salvador, Viracocha. Por ello
cuando tuvieron noticias de la llegada de Pizarro, muchos creyeron que era la
esperada divinidad:
"Quién puede ser sino Viracocha... era de barba
negra y otros que lo acompañaban de barbas negras y bermejas".
Pero los españoles pronto disiparon la ilusión de
los incas, según lo afirmaba un cronista de origen indígena:
"Pensábamos que era gente grata y enviados de
Viracocha, pero paréceme que ha salido al revés, hermanos, que estos que
entraron a nuestras tierras no son hijos de dios sino del demonio."
Artes, ciencia y legado cultural:
EL carácter de La arquitectura estaba dado por:
fortalezas militares o pucarás (puntos estratégicos en Lo alto de las
serranías como Machu-Picchu),
edificios religiosos (como eL templo del Sol en Cuzco, en parte revestido con
oro), palacios y arquitectura funeraria (que variaba, desde el simple pozo hecho
en La habitación del muerto a las chupas, de forma piramidal). También hicieron
caminos, salvando los desniveles del terreno con escalinatas.
Existían dos caminos públicos que unían Cuzco con
Quito con tampus, edificios que se elevaban de tanto en tanto destinados
a servir como posadas. En cuanto a la cerámica, el elemento típico fue el
aribalo (imagen derecha: vasos de cuello estrecho y Largo, con dos asas en
los costados y dibujos geométricos), que utilizaban para almacenar agua.
Trabajaron La madera y conocieron la técnica del laboreo de los metales,
cincelando la plata, el oro y el cobre, al que agregaban estaño para obtener
bronce.
Tuvieron un desarrollo textil importante.
Utilizaron Lana de vicuña y algodón. Fueron amantes de la música y sus
instrumentos eran tambores y caracolas marinas. (imagen izq. quipus)
El calendario inca o año solar, constaba de doce
meses de treinta días cada uno, más cinco días finales. Cada mes tenía su nombre
y se dividía en semanas. El año empezaba eL 22 de junio. También tuvieron
el año Lunar, que era de 354 días y se hacía corresponder con eL solar,
añadiéndole once días repartidos entre los meses. La lengua propia era el
quechua o quichua.
No tuvieron escritura, pero sí un sistema para
recordar ciertos hechos: Los quipus (cuerda eje de La que colgaban otras
de distintos colores; en cada cuerda se hacia un nudo, cuyo significado dependía
de la ubicación). Los quipucamayos eran los únicos que descifraban los
quipus. Un servicio útil relacionado con los caminos era eL de Los chasquis o
correos, que tenían por objeto Llevar las órdenes del Inca a través del Imperio.
LOS
PRIMEROS ASENTAMIENTOS ESPAÑOLES
Los primeros asentamientos españoles se ubicaron en
las islas Antillas. Desde la ciudad
de Santo Domingo en la isla que Cristóbal Colón llamó La Española -actual
territorio de Santo Domingo y Haití-, se organizaron la primera recolección de
oro americano y la conquista de las islas adyacentes y del continente.
Entre 1492 y 1520, los españoles no obtuvieron de
los territorios conquistados las riquezas esperadas -especias y grandes
cantidades de oro sino sólo perlas, algo de azúcar y una escasa cantidad de
oro. Pero el oro que los españoles
encontraron en las Antillas era de aluvión: pepitas arrastradas por los cursos
de los ríos desde algún yacimiento superficial y poco abundante. Los aborígenes fueron obligados a recolectar el metal
precioso. Los indígenas antillanos
no opusieron resistencia armada a los conquistadores, pero en pocos años casi
todos ellos desaparecieron. Un gran
número de estos indígenas murieron a causa de las enfermedades transmitidas
por los europeos. Además, la
dominación a que se los sometió, provocó en muchos de ellos el deseo de no
tener hijos, con lo que disminuyó drásticamente el índice de natalidad.
A partir de 1510, La Española perdió importancia y
Santiago de Cuba se transformó en el centro de las operaciones coloniales españolas.
Desde allí, en febrero de 1519, partió Hernán Cortés, al mando de 11
naves y 600 hombres, con destino a la tierra firme del continente, a la búsqueda
de las fabulosas riquezas en oro mencionadas por los indígenas.
Desde su asentamiento en Panamá los españoles
comenzaron al explorar la costa del Pacífico hacia el sur. El hallazgo de piezas de oro los animó a emprender nuevas expediciones.
A pesar de la inferioridad numérica, Pizarro
convenció al jefe inca para parlamentar y lo tomó prisionero.
Al ver a su soberano cautivo, muchos soldados se dejaron matar sin
defenderse. La orden de Atahualpa
de matar a Huascar, que dominaba el sur del imperio, facilitó la alianza entre
grupos incas y los españoles. Finalmente,
en noviembre de 1532, Pizarro entró al Cuzco, capital del imperio, y reconoció
como emperador a un miembro de la nobleza inca.
De este modo, Pizarro obtuvo el apoyo de un sector de la sociedad
conquistada.
En el Perú, la capital española no se superpuso
-como en México- a la indígena. En
1535 Pizarro fundó Lima, la Ciudad de los Reyes.
La ciudad fue establecida cerca de la costa para asegurar las
comunicaciones con las otras tierras de españoles, situadas sobre el Pacífico,
y también por temor a instalarse en una región tan aislada como la del Cuzco.
Las grandes cantidades de oro y de plata que los españoles obtuvieron en
el Perú hicieron de esta región la más importante de todas las conquistadas
por España en América.
Las sublevaciones indígenas y las luchas entre los
mismos conquistadores, ávidos de enriquecerse rápidamente -y que le costaron
la vida al propio Pizarro-, obligaron la intervención de la corona, que en 1544
creó el Virreinato del Perú.
La invasión europea
produjo un tremendo impacto entre los pueblos que habitaban América.
Para estas sociedades que habían vivido aisladas del resto del mundo,
los europeos representaban algo totalmente desconocido.
Toda su vida cambió a partir de la conquista.
Su organización económica, social y política, sus creencias
religiosas, su visión del mundo y las costumbres de su vida cotidiana, se
derrumbaron.
La conquista española alteró el funcionamiento y la
organización de las economías indígenas.
Cuando los españoles llegaron a México, se
encontraron con una civilización que tenía una religión muy diferente de la
cristiana. Lo que más impactó a
los conquistadores fue la poderosa religión estatal que rendía culto a las
principales divinidades indígenas a través de sacrificios humanos que eran
acompañados de diversos ritos. De
acuerdo con su mentalidad de hombres europeos de¡ siglo XVI, la entendieron
como una religión demoníaca -que rendía culto al demonio y a las fuerzas del
mal- y se propusieron su completa destrucción.
Los conquistadores y los misioneros -sacerdotes y
religiosos que llegaban a América con la misión de evangelizar, es decir, de
enseñar a los indígenas los principios de la que consideraban la verdadera fe:
la religión cristiana- se propusieron extirpar la idolatría (porque los
europeos llamaron ídolos ii los dioses de los aborígenes).
La muerte de los emperadores azteca e inca contribuyó a que esas
sociedades perdieran confianza en sus dioses: con la muerte de Moctezuma o de
Atahualpa, no sólo desaparecían los jefes del Estado sino también los hijos
del Sol, su protector. Otra forma
en que los españoles se propusieron reemplazar las creencias tradicionales indígenas,
fue la edificación de iglesias en los lugares en los que antes habían existido
templos o centros de culto.
Un proceso tan complejo como la conquista de un
continente no puede explicarse por un solo factor. Si tenemos en cuenta que un pequeño número de europeos
lograron dominar en muy poco tiempo a comunidades muy numerosas y que habían
alcanzado un elevado nivel de organización social, ¿Como explicar que los 200
hombres de la expedición de Cortés conquistaran tina región habitada por más
de 10 millones de personas? Sin
duda influyeron factores técnicos como la superioridad de las armas de fuego, y
el terror que producían las explosiones de pólvora y los caballos. Otros factores serían de tipo religioso, como las leyendas
que hablaban de la llegada de enviados de los dioses.
Pero tal vez haya que prestarle particular atención
a un elemento de tipo político: la organización imperial y militarista de los
aztecas e incas. Si bien esto puede
aparecer como un símbolo de fortaleza, también lo es de debilidad.
Muchos de los pueblos dominados por los aztecas y los
incas colaboraron con los europeos convencidos de que ése era el medio para
liberarse de quienes les exigían pesados tributos.
Además, la organización imperial muy centralizada de los incas, por
ejemplo, facilitó el triunfo de los españoles. Éstos atacaron directamente la
cabeza del imperio -el Inca y el Cuzco- y frente a la derrota de ésta, el poderío
inca sucumbió. Los españoles
aprovecharon la situación y mantuvieron parte de la estructura de dominio
impuesta por los incas, pero se ubicaron ellos a la cabeza de esa estructura.
El derrumbe demográfico se produjo por un conjunto
de factores que actuaron de manera simultánea: las muertes provocadas por la
violencia de los conquistadores; la desorganización de la vida económica, que
hizo disminuir la producción de alimentos, provocando hombrunas; la explotación
del trabajo indígena en las minas; la desorganización de la vida familiar
tradicional; los efectos devastadores de las epidemias de enfermedades
infecciosas como la viruela, frente a las que los indígenas no tenían
desarrolladas defensas orgánicas. También
influyeron factores de tipo psicológico, como la pérdida del deseo de vivir
en un mundo que se derrumbaba, donde todo lo conocido iba desapareciendo.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII, los indígenas
que sobrevivieron la conquista se transformaron -en su mayoría- en campesinos.
Algunas comunidades o individuos llegaron a competir con los europeos por
los beneficios producidos por la economía colonial americana.
DIFERENTES
VISIONES DE LA CONQUISTA:
La conquista del Nuevo Mundo fue impulsada por
instituciones como los Estados monárquicos, la Iglesia Católica y las grandes
compañías comerciales. Pero la
importancia de estas instituciones no debe hacernos olvidar que los
protagonistas de este proceso histórico fueron los conquistadores, hombres
reales, de carne y hueso. ¿Quiénes fueron estas personas? ¿Qué motivos los
impulsaron a cruzar el océano, pese a los riesgos que la empresa suponía? ¿Cuál
fue la visión que estos hombres tuvieron al tomar Contacto con una realidad
geográfica y humana tan diferente de la propia?
Los conquistadores eran hombres con poca o ninguna
fortuna en tierras o en dinero, aunque algunos de ellos eran de origen noble.
Llegaron a América esperando lograr en el Nuevo Mundo los objetivos que
en Europa les resultaban inaccesibles. Estos
objetivos eran la riqueza, el prestigio social y su contribución a la misión
cristiana de evangelizar a los indígenas americanos.
Sobre todo en los primeros años de la conquista, los
conquistadores imaginaban que iban a alcanzar sus utopías sin conflicto.
Esperaban que las riquezas fueran la base de una posición de
reconocimiento social en tierras americanas; y que, al regresar a España, la
fortuna y el prestigio social recién adquiridos estuvieran legitimados por su
servicio prestado a la expansión del cristianismo.
Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los conquistadores no realizó
sus utopías.
Los conquistadores se fueron diferenciando entre sí.
Rápidamente, entre ellos se establecieron diferencias de jerarquía y
autoridad: los que actuaban en México y en Perú obtenían mayores recursos
económicos que los que actuaban en las islas del Caribe.
Pero, en el continente, sólo un reducido grupo de hombres relacionados
directamente con los jefes de las expediciones (sucesivamente, Colón, Velázquez,
Cortés, Pizarro, Valdivia, por ejemplo) obtuvieron el título de encomenderos.
A los encomenderos se les confiaban porciones de población indígena y
se les otorgaba el derecho de obtener de ella tributos, emplearla como mano de
obra en sus empresas particulares (minería, plantaciones, talleres textiles,
entre otras), y recibir el pago de sus jornales si trabajaban fuera de la
encomienda. Estos beneficios se
otorgaban teóricamente a cambio de la obligación de evangelizar a los indígenas
encomendados. Como resultado de esta diferenciación, muchos conquistadores
vieron cerrado su acceso a los niveles superiores de riqueza y prestigio social.
Fueron frecuentes las intrigas políticas y los enfrentamientos armados
entre grupos que se oponían a los conquistadores más poderosos.
La conquista violenta significó para
los indígenas un gran sufrimiento espiritual.
Su mundo y sus tradiciones se desmoronaron. Algunos historiadores
denominaron a este impacto en la mentalidad de los pueblos americanos como el
traumatismo de la conquista.
Para los vencidos, la derrota tuvo un carácter
religioso y cósmico: se sintieron abandonados por sus dioses.
La caída de Tenochtitlán por ejemplo, no fue solo
una derrota militar significaba también la caída
del reino del Sol. Los dioses habían
muerto o eran débiles ante el avance de la nueva fe cristiana que imponen los
conquistadores.
Las nuevas condiciones de existencia impuestas por
los europeos provocaron la desvalorarización de los americanos.
El alcoholismo se difundió como una epidemia.
El desgano vital, producido por la falta de incentivos pira vivir en un
mundo hostil, lleva muchos a un estado de autoabandonarse incluso a la disminución
de la natalidad.
Para Nathan Wachtel -historiador francés contemporáneo-,
"saqueos, masacres, incendios, es la experiencia del fin de un mando.
Pero se trata de un fin sangriento, de un mundo asesinado".
Cuando dos culturas se ponen
en contacto se establece entre ellas una serie de relaciones que modifican a
ambas. En el proceso de la
conquista europea en América se relacionaron dos culturas que, hasta ese
momento, se habían desarrollado por separado, sin que una tuviera noción de la
existencia de la otra.
Frecuentemente las culturas
que entran en contacto no se enfrentan en condiciones de igualdad.
En ocasiones, por circunstancias diversas, una cultura tiene la fuerza
suficiente como para imponerse sobre la otra.
La conquista de América fue una historia de vencedores y vencidos.
Unos lograron imponer su dominio sobre los otros.
En la relación entre sus culturas ocurrió algo similar. La cultura europea derrotó a la indígena.
El concepto de cultura se
refiere a la forma en que los miembros de un grupo de personas piensan, creen y
viven, la manera en que resuelven sus problemas, sus manifestaciones artísticas
y su vida espiritual, las normas y acuerdos que establecen.
Por esto, cuando se produce un choque entre culturas, se enfrentan todos
los aspectos de la vida social de los pueblos en lucha.
En las ciencias sociales como la
antropología y la historia, por ejemplo
se utiliza el término
aculturación para explicar procesos como el de la conquista de América, en el
cual una cultura se modificó por el contacto violento con otra, y en ese
proceso de modificación perdió los rasgos más importantes que le eran
propios. En un proceso de
aculturación, el pueblo vencido pierde su identidad cultura¡ tradicional e
incorpora a su visión del mundo muchos elementos de la cultura de los
vencedores. El resultado final de
este proceso es la imposición de los rasgos principales de la cultura vencedora
a la cultura vencida.
UNA INDÍGENA, PREMIO NOBEL DE LA PAZ:
"Este Premio Nóbel lo interpreto primero como
un homenaje a los pueblos indígenas sacrificados y desaparecidos por la
aspiración de una vida más digna, justo, libre, de fraternidad y comprensión
entre los humanos, A los que ya no están vivos para albergar la esperanza de un
cambio de lo situación de pobreza y marginación de los indígenas, relegados y
desamparados en Guatemala y en todo el continente americano,
'Implica también una manifestación del progresivo
interés y comprensión internacional por los Derechos de los Pueblos
Originarios, por el futuro de los más de 60 millones de indígenas que habitan
nuestra América y su fragor de protesta por los 500 años de opresión que han
soportado. Por el genocidio incomparable que han sufrido en todo esta época,
del que otros países y las élites en América se han favorecido y aprovechado
"Libertad paro los indígenas dondequiera que
estén en América y en el mundo, porque mientras vivan, vivirá un brillo de
esperanza y un pensar original de la vida!
(Fragmento del discurso de
Rigoberta Menchú en el acto de entrega del Premio Nóbel de la Paz.) |
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