|
Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española Introducción:
Los pueblos que habitaban
América antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización
económica, social y política. Algunos
habían desarrollado sociedades urbanas y otros sólo practicaron una
agricultura simple o eran cazadores y recolectores. Los aztecas y mayas, en la región mesoamericana, y los incas, en la
andina, desarrollaron sociedades urbanas. En
estas sociedades, la construcción de complejas obras de riego y la aplicación
de técnicas agrícolas habían favorecido el crecimiento constante de la
producción agrícola y de la población. Se
habían desarrollado las ciudades y la organización social estaba fuertemente
jerarquizado.
A la llegada de los españoles,
las únicas sociedades urbanas que existían en América eran la azteca y la
inca; la cultura maya había desaparecido en el siglo XI d.C.
La mayoría de los
pobladores de América vivían de una agricultura simple, de la caza y de la
pesca de animales y de la recolección de frutos. Muchos de estos pueblos eran nómadas y prácticamente no
existía la división del trabajo. Estaban
distribuidos a lo largo de todo el continente americano, desde Alaska hasta
Tierra del Fuego. La organización jerárquica de la sociedad. Las sociedades azteca e inca fueron sociedades urbanas que tuvieron una organización económica, políticas social del mismo tipo que las sociedades .urbanas que existieron en el Cercano Oriente desde el 3000 a. C. Los americanos también desarrollaron sistemas de escritura y de numeración; la religión fue la manifestación espiritual más importante y regía la mayor parte de los actos de la vida cotidiana de la población; y el arte alcanzó una elaborada complejidad. Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española
Los Pucarás de Tilcara en la provincia de Jujuy (Argentina), fueron construídos de piedras y tenían una función militar, formaban parte de la red del Camino del Inca en territorios calchaquí y diaguitas. La red del Camino del Inca abarcaba unos 40.000 km. de largo. A través de él se logró unir a mas de cien poblaciones difundiendo sus creencias, religión y lengua (quechua)
Los Incas: Machu Pichu y el Cuzco:
El Cuzco ocupa un valle
situado a 3.400 metros sobre el nivel del mar.
Se atribuye al Inca Pachacutti (1438-1471) la reconstrucción del Cuzco
como una ciudad monumental En ella se instalaron grandes almacenes de granos,
barrios, un complejo sistema de riego y depósitos de todo tipo.
Los templos y los pucarás (construcciones
militares) ocuparon un lugar preponderante en la ciudad. La construcción de
Machu Pichu fue un claro ejemplo de ello. Fue construida en el Cuzco a alturas
casi inaccesibles, con fines religiosos y militares.
Segú
Los incas constituyeron un
poderoso imperio que logró la expansión territorial en la época en que Colón
iniciaba su viaje hacia lo desconocido. Abarcó desde las sierras
de la actual Colombia hasta el norte de Chile y de la Argentina, y desde
la costa del océano Pacífico hasta el este de los bosques del río Amazonas.
Los incas eran un pueblo originario de las sierras y desde allí dominaron,
mediante la guerra de conquista, a los pueblos de las otras zonas. Establecieron
la capital de su imperio en la ciudad de Cuzco, a la que consideraban el centro
del universo. El imperio, que ellos llamaban Tahuantinsuyo -que quiere decir las
cuatro partes del mundo-, estaba dividido en cuatro regiones, las que, a su vez,
se subdividían en provincias. Al frente del imperio estaba el Inca, y las zonas
conquistadas estaban dirigidas por los curacas o gobernadores de provincia.
Organización
económica y grupos sociales
La agricultura fue la base de la economía del imperio incaico. La producción era muy variada y los cultivos más importantes eran el maíz y la papa. Los incas aplicaron diferentes técnicas agrícolas que mejoraron el rendimiento de los cultivos. En la zona árida de la costa usaron el guano -excremento de aves marinas- como fertilizante de las tierras y construyeron canales de riego. En el interior, sobre las laderas de las sierras, cultivaban en terrazas. Además, el dominio de pueblos que habitaban diferentes zonas les permitió obtener, mediante el pago de tributos, productos que no había en su propio hábitat. En la sociedad incaica se podían diferenciar varios grupos sociales.
La nobleza real incaica estaba formada por los
sacerdotes, los guerreros y los funcionarios. Controlaban el Estado y vivían de
los tributos que entregaban los campesinos.
A este grupo social pertenecía el Inca. Los curacas, o nobles de
provincia, eran los nobles que gobernaban a los campesinos organizados en
comunidades (ayllus). Su instrucción
se realizaba en el Cuzco. Eran los
responsables de recibir los tributos de los ayllus, que luego entregaban al
Estado incaico.
El ayilu
era la comunidad de campesinos unidos por vínculos familiares, que tenían
antepasados en común y habitaban un mismo territorio. El Estado entregaba tierras a cada comunidad para su
subsistencia. Anualmente, un
funcionario local asignaba parcelas a cada familia según el número de sus
componentes. Pero los campesinos no
eran propietarios de las tierras y estas parcelas eran trabajadas colectivamente
por todos los miembros de la comunidad. El
ayllu debía entregar fuertes tributos en productos y en trabajo al Estado y a
los curacas.
En las
laderas de la sierras, el cultivo en terrazas permitió un mejor aprovechamiento
de la tierra fértil y facilitó el riego. Como técnica de labranza el palo
cavador y una maza de cabeza de piedra, no conocían la rueda.
La cría
de llamas y de alpacas fue una actividad importante en la economía incaica. De
ella obtenían lanas, carne y se usaban como animales de trabajo. La llama
aunque no soporta más de 45 Kg. de peso soporta las grandes alturas.
Entre
los incas las tierras se dividían en tres zonas: las tierras de las
comunidades, cuya producción alimentaba a las familias campesinas, la del Inca
que mantenían al Inca , a los sacerdotes y el ejército, y las del Sol, con las
que se mantenía el culto a los dioses. Los campesinos debían obligatoriamente
trabajar en todas.
El
Estado Incaico
El Estado incaico fue teocrático porque el
emperador, el Inca, era reconocido como el hijo del Sol, el dios más
importante. Un consejo de nobles y
sacerdotes, llamados orejones y pertenecientes a la familia real, asesoraba al
Inca en las tareas de gobierno.
La gran expansión del imperio fue posible por la
cuidada organización de la fuerza militar.
Para facilitar el desplazamiento de sus ejércitos, los incas
construyeron una vasta red de caminos. La
existencia de tambos o postas a lo largo de esos caminos servía para el
descanso de las tropas en campaña y para el recambio de animales y armas.
Todos los pueblos que pertenecían al imperio tenían
la obligación de entregar al Estado una determinada cantidad de alguna materia
prima o de productos manufacturados, según la producción característica de
cada zona.
Además, la población estaba obligada a realizar
trabajos individuales en beneficio del Estado, los curacas o los sacerdotes.
Por esto, personas y productos recorrían también permanentemente el
Camino del Inca.
Redistribución
y reciprocidad
La reciprocidad era común
entre las comunidades de campesinos de la región andina.
Consistía en la práctica
entre todos los miembros de una comunidad.
Por ejemplo, los habitantes de un ayllu se ayudaban entre sí a sembrar y
a cosechar en las parcelas de subsistencia; y, en ocasión de un matrimonio,
toda la comunidad ayudaba a levantar la casa de los recién casados.
Los incas incorporaron el principio de reciprocidad de los ayllus como
una de las bases del funcionamiento económico y social de su imperio.
La redistribución suponía el reconocimiento por
parte de los campesinos de los diferentes niveles de autoridad que existían en
la sociedad. Los ayllus entregaban
los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos
reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades. Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que
comunicaban a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto
mediante el uso de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se
realizaban nudos. De este modo, el
Inca conocía las cantidades de excedente y en qué regiones del imperio
sobraban o faltaban determinados productos.
Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades
básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas
cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los
alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados.
También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las
constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por
algunos funcionarios generalmente nobles.
Los tributos de las comunidades campesinas dados al
Estado eran de tres tipos:
1.
Trabajos colectivos en las
tierras del Inca
2.
Trabajos individuales periódicos
y rotativos a los que llamaban mita, con este sistema se construían puentes y
caminos. 3. Las comunidades debían entregar a los curacas alimentos, materia primas y productos manufacturados.
PRESAGIOS
Y PROFECÍAS DE LA DERROTA INDÍGENA
Los incas creían en muchos dioses. El dios Viracocha era considerado el dios de la vida, del Sol y de la Luna. Todos los demás dioses estaban subordinados a él. Al Sol se le atribuía los beneficios que hacía prosperar la agricultura.
Los presagios aztecas anunciaban que el retorno del
dios Quetzalcoátl se produciría al final del reinado de Moctezuma y lo haría
bajo la forma de un hombre blanco. Antes
de su llegada -afirmaban- ocurrirían una serie de fenómenos naturales y catástrofes.
Los testimonios así lo enunciaban:
"De aquí a muy pocos años nuestras ciudades
serán destruidas y asoladas, nosotros y nuestros hijos muertos..."
Y prevenían al emperador:
"perderéis todas las guerras que comiences y
otros hombres con las armas se harán dueños de estas tierras..."
Las profecías comenzaron a cumplirse a los tres años
de la ascensión de Moctezuma al trono. En
1510 se sucedieron un eclipse de Sol y la aparición de un cometa.
Al poco tiempo Hernán Cortés desembarcó en las costas de México... y
no pasó mucho tiempo hasta que los indígenas tomaron conciencia de que no era
precisamente el dios que aguardaban.
En el imperio de los incas la llegada de los españoles
también fue precedida por presagios y profecías.
Se anunciaban fenómenos naturales: rayos, cometas y cambios en el color
del Sol y la Luna. El cronista Garcilaso de la Vega cuenta al respecto:
"Hubo grandes terremotos y temblores de tierra
(a poco de arribar los españoles) que, aunque en el Perú son frecuentes,
notaron que los temblores eran mayores que los ordinarios, y que caían muchos
cerros altos."
Los incas esperaban también el retorno de un dios
salvador, Viracocha. Por ello
cuando tuvieron noticias de la llegada de Pizarro, muchos creyeron que era la
esperada divinidad:
"Quién puede ser sino Viracocha... era de barba
negra y otros que lo acompañaban de barbas negras y bermejas".
Pero los españoles pronto disiparon la ilusión de
los incas, según lo afirmaba un cronista de origen indígena:
"Pensábamos que era gente grata y enviados de
Viracocha, pero paréceme que ha salido al revés, hermanos, que estos que
entraron a nuestras tierras no son hijos de dios sino del demonio."
LOS
PRIMEROS ASENTAMIENTOS ESPAÑOLES
Los primeros asentamientos españoles se ubicaron en
las islas Antillas. Desde la ciudad
de Santo Domingo en la isla que Cristóbal Colón llamó La Española -actual
territorio de Santo Domingo y Haití-, se organizaron la primera recolección de
oro americano y la conquista de las islas adyacentes y del continente.
Entre 1492 y 1520, los españoles no obtuvieron de
los territorios conquistados las riquezas esperadas -especias y grandes
cantidades de oro sino sólo perlas, algo de azúcar y una escasa cantidad de
oro. Pero el oro que los españoles
encontraron en las Antillas era de aluvión: pepitas arrastradas por los cursos
de los ríos desde algún yacimiento superficial y poco abundante. Los aborígenes fueron obligados a recolectar el metal
precioso. Los indígenas antillanos
no opusieron resistencia armada a los conquistadores, pero en pocos años casi
todos ellos desaparecieron. Un gran
número de estos indígenas murieron a causa de las enfermedades transmitidas
por los europeos. Además, la
dominación a que se los sometió, provocó en muchos de ellos el deseo de no
tener hijos, con lo que disminuyó drásticamente el índice de natalidad. A partir de 1510, La Española perdió importancia y Santiago de Cuba se transformó en el centro de las operaciones coloniales españolas. Desde allí, en febrero de 1519, partió Hernán Cortés, al mando de 11 naves y 600 hombres, con destino a la tierra firme del continente, a la búsqueda de las fabulosas riquezas en oro mencionadas por los indígenas.
LA CONQUISTA DEL PERÚ
Desde su asentamiento en Panamá los españoles comenzaron al explorar la costa del Pacífico hacia el sur. El hallazgo de piezas de oro los animó a emprender nuevas expediciones.
En noviembre de 1532, Francisco Pizarro, con 200
hombres, llegó a Cajamarca, donde acampaban 30.000 incas al mando del emperador
Atahualpa. Pizarro pensaba aprovechar a su favor la división interna entre los
incas, enfrentados en una guerra civil en la que dos hermanos descendientes del
Inca -Atahualpa y Huascar- se disputaban el trono.
A pesar de la inferioridad numérica, Pizarro
convenció al jefe inca para parlamentar y lo tomó prisionero.
Al ver a su soberano cautivo, muchos soldados se dejaron matar sin
defenderse. La orden de Atahualpa
de matar a Huascar, que dominaba el sur del imperio, facilitó la alianza entre
grupos incas y los españoles. Finalmente,
en noviembre de 1532, Pizarro entró al Cuzco, capital del imperio, y reconoció
como emperador a un miembro de la nobleza inca.
De este modo, Pizarro obtuvo el apoyo de un sector de la sociedad
conquistada.
En el Perú, la capital española no se superpuso
-como en México- a la indígena. En
1535 Pizarro fundó Lima, la Ciudad de los Reyes.
La ciudad fue establecida cerca de la costa para asegurar las
comunicaciones con las otras tierras de españoles, situadas sobre el Pacífico,
y también por temor a instalarse en una región tan aislada como la del Cuzco.
Las grandes cantidades de oro y de plata que los españoles obtuvieron en
el Perú hicieron de esta región la más importante de todas las conquistadas
por España en América.
Las sublevaciones indígenas y las luchas entre los
mismos conquistadores, ávidos de enriquecerse rápidamente -y que le costaron
la vida al propio Pizarro-, obligaron la intervención de la corona, que en 1544
creó el Virreinato del Perú.
EL
IMPACTO DE LA CONQUISTA
La invasión europea
produjo un tremendo impacto entre los pueblos que habitaban América.
Para estas sociedades que habían vivido aisladas del resto del mundo,
los europeos representaban algo totalmente desconocido.
Toda su vida cambió a partir de la conquista.
Su organización económica, social y política, sus creencias
religiosas, su visión del mundo y las costumbres de su vida cotidiana, se
derrumbaron.
La
desestructuración de la economía
La conquista española alteró el funcionamiento y la
organización de las economías indígenas.
La destrucción
de las religiones indígenas
|
|