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COMPAÑÍAS DE LAS INDIAS ORIENTALES
(1600-1700)
Estas poderosas organizaciones
comerciales las crearon los ingleses, los holandeses y los franceses para
proteger sus intereses comerciales en el sureste de Asia.
En 1600 se formó en Londres la
Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Su propósitoo
era unir a los comerciantes ingleses que hacían negocios en el sureste de Asia.
La competencia comercial era feroz en esta zona, que primero había sido
controlada por los españoles y los portugueses. En el siglo XVII, la disputa de
este lucrativo comercio con Oriente se producía entre holandeses, ingleses y
franceses.
Los Países Bajos imitaron a
Inglaterra y fundaron una Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602,
con sede en Amsterdam y también en Batavia (Yakarta), en
la isla de Java. Los franceses formaron más tarde su propia compañía de las
Indias Orientales, en 1664.
Estas organizaciones se hicieron
muy poderosa El comercio sólo era una de sus actividades, pues también ejercían
una gran influencia política.
Armaban sus barcos para luchar en el mar y
mantenían ejércitos privados. Las compañías de las Indias Orientales fundaron
bases militares y comerciales, y firmaron tratados con gobernantes locales.
Lucharon contra las naciones vecinas y también entre sí. En muchos sentidos, se
comportaban como estados independientes.
Los británicos cedieron el primer
puesto en el control del comercio de especias a los holandeses. La India se
convirtió entonces en el centro de sus actividades. A finales del siglo XVII,
Inglaterra tenía los derechos comerciales de la India y varios puertos clave,
como Calcuta, Madrás y Bombay. Los holandeses tenían puertos en Sudáfrica,
Persia, Ceilán, Malasia y Japón, y también controlaban las Islas de las Especias
(hoy Indonesia). Los franceses fueron menos afortunados
en su intento de dominar la India.
Se hicieron por entonces muchas
fortunas privadas. Los marinos y los comerciantes morían a menudo de
enfermedades o en las batallas. Algunos establecieron sus hogares en Asia,
fundando centros europeos en la India, el sureste de Asia y China. En el siglo XVII
muchos viajeros europeos visitaron la India. A través de ellos comenzó a
conocerse en Europa la impresionante historia y cultura de la India.
Los barcos de las compañías de las
Indias Orientales, utilizados primero para el comercio, también se convirtieron
en barcos de guerra para luchar contra los piratas, los asiáticos y los barcos
de otras compañías.
En 1652, los holandeses
establecieron una base comercial en el cabo de Buena Esperanza que servía de
escala a los barcos que hacían el largo viaje desde Europa al Lejano Oriente.
Posteriormente se convertiría en una colonia holandesa.
La colonia inglesa de Madrás era
un importante puerto de exportación de artículos de algodón. También era el
centro de una región destacada por la fabricación de telas con diseños de
brillantes colores y escenas de la vida cotidiana en la India.
El control de la
Compañía Británica de las Indias
Orientales fue
creciendo y los británicos acabaron convirtiéndose en la casta dominante de la
sociedad india.
En
1750 la Compañía Británica de
las Indias Orientales ya controlaba el rentable comercio entre Gran Bretaña, la
India y el Lejano Oriente. Sus funcionarios eran hábiles hombres de negocio que
conocían perfectamente los asuntos indios, sobre todo a gracias a los nativos
que empleaban. Entablaron amistad con muchos príncipes indios y firmaron
acuerdos tanto con los amigos como con los enemigos de los gobernantes mongoles.
Muchos británicos se hicieron sumamente ricos trabajando para la Compañía de las
Indias Orientales y vivían en la India como auténticos
príncipes. Algunos de estos nababs, como eran llamados, construyeron
hermosas casas en Calcuta y en otros lugares, diseñadas por arquitectos
británicos y acondicionadas con muebles de lujo procedentes de Inglaterra, la
India y las otras colonias.
En Calcuta, celebraban reuniones, fiestas y bailes
como si estuvieran en Gran Bretaña. Poco a poco fueron llegando a la India sus
esposas y familias para compartir esta forma de vida inglesa. En 1805, los
británicos controlaban los ricos distritos textiles de Bengala, en el noreste de
la India, así como las prósperas ciudades costeras del sur.

Este juguete, llamado el «tigre de Tipu», muestra a un tigre devorando a un europeo. Fue
realizado para Tipu Sahib, sultán de Mysore, quien entre
1767 y 1799, con apoyo francés, intentó resistirse al control británico de sus
tierras.
Pero hubo también quienes se
sintieron atraídos por el arte, la cultura y la arquitectura de la India, y
preferían llevar ropas indias, al menos en casa. Aprendieron el idioma y
estudiaron las religiones y los textos hindúes, llevando consigo el pensamiento
hindú al regresar a Gran Bretaña.
Tipu Sahib (1749-1799) de Mysore
tenía un ajedrez de marfil formado por piezas de príncipes y hombres indios por
un lado, y administradores y soldados de la Compañía de las Indias Orientales
por el otro.

Al principio, los británicos se
mezclaron con más facilidad con los indios de lo que lo harían después. En esta
ilustración, el gobernador escocés sir David Ochterlony fuma en un narguile
mientras preside un espectáculo musical hindú.
LA EXPANSIÓN BRITANICA
En 1780, la Compañía de las Indias
Orientales controlaba la mayor parte de las zonas más prósperas de la India,
pero en 1784 el Gobierno británico detuvo su expansión, a pesar de que los jefes
de la Compañía pensaban de otra forma. Cuando los estados indios entablaban
luchas entre sí, la Compañía simplemente se desplazaba al lugar del conflicto.
En torno a 1800, la ambición de Napoleón de construir un imperio en la India
asustó a los británicos y el Gobierno cambió su política para hacerla más
activa. Desde 1803 a 1815, la Compañía luchó contra los mahratas, que gobernaban
la India central, acabando con su poder. En otros casos adoptaron un método «más
suave», utilizando el comercio para favorecer a ciertos estados indios e
instalando allí sus tropas «para protegerlos».
La Compañía luchó en Birmania,
donde los gobernadores locales amenazaron Bengala, y también en la frontera
noroeste y en Afganistán, donde temían la influencia rusa. En 1843-1849, se
anexionaron el Punjab. Donde caía una dinastía o si un estado estaba débilmente
gobernado, allí se desplazaba la Compañía. Durante la década de 1830, el
gobernador de la Compañía invalidó ostentosamente varias tradiciones indias e
introdujo misioneros para convertir a los indios al cristianismo. La Compañía
construyó carreteras, vías de ferrocarril y edificios, y expandió los negocios
británicos, insistiendo en utilizar el inglés como idioma para la educación y
los negocios. Como resultado de ello, el rechazo entre los indios fue poco a
poco en aumento.
EL MOTÍN INDIO
Surgieron problemas entre los
cipayos, los soldados indios del ejército de la Compañía. Suscitado por una
terrible hambruna, el Motín indio comenzó en 1857. Los cipayos tomaron varias
ciudades, incluida la capital, Delhi, y fueron asesinados hombres, mujeres y
niños británicos. El motín fue sofocado violentamente por las tropas británicas.
A partir de entonces, reinó la desconfianza entre ambos bandos. Los británicos
comenzaron a vivir más separados de los indios, a los que mantenían aislados. El
Gobierno británico se hizo con el control de la Compañía de las Indias
Orientales en 1858 y la clausuró. La India era quizá la más rica y la más
desarrollada de todas las colonias europeas, pero los británicos tuvieron que
esforzarse mucho para controlarla.
CASAS PARA LOS NABABS
Los nababs eran funcionarios de la
Compañía de las Indias Orientales que habían hecho fortuna en la India. Muchos
procedían incluso de familias muy humildes y habían acudido a la India huyendo
de los tiempos difíciles, buscando fortuna. Trabajaron con tesón, arriesgando su
vida a causa de las guerras o las enfermedades. Los que triunfaron vivían
combinando la opulencia de los gobernantes indios con el boato de los
aristócratas británicos. Construyeron grandes mansiones en ciudades como Calcuta
y Delhi, y tenían muchos sirvientes.

Algunos rajás y príncipes se
hicieron amigos de los británicos y, gracias a ello, obtuvieron muchos
beneficios. La protección de los soldados británicos garantizaba el poder de un
príncipe y los británicos conseguían a cambio más influencia y capacidad para
comerciar en el estado de ese príncipe sin tener que gobernarlo. |