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A finales del s.
XVIII en Gran Bretaña surgió una ola industrializadora que barrió
Europa y América del Norte, transformando la sociedad rural del
mundo occidental en una sociedad urbana y poniendo los conocimientos
del capitalismo moderno. Esta revolución industrial trajo cambios
sociales profundos, junto con innovaciones tecnológicas que
alimentaron un vasto crecimiento económico.
INICIOS
BRITÁNICOS: La abundancia de recursos naturales como el
hierro y el carbón, y una clase media creciente y dispuesta a
invertir, permitieron a Gran Bretaña aprovechar al máximo los nuevos
avances tecnológicos. En la década de 1770, James Watt mejoró una
máquina de vapor que aportaría la energía necesaria para diversos
usos industriales, desde el bombeo de agua en minas hasta la
maquinaria de fábricas y molinos.
La producción textil en particular
se mecanizó rápidamente —en 1835 había ya más de 120.000 telares
mecánicos en las fábricas—, lo que atrajo en masa a hombres, mujeres
y niños a las ciudades industriales, donde soportaban condiciones
espantosas, largas jornadas laborales y sueldos míseros, hasta que
la aparición de los sindicatos comenzó a limitar los excesos
de los dueños de las fábricas.
LA REVOLUCIÓN
SE EXPANDE: Las nuevas técnicas industriales se adoptaron
en otros países, arraigando primero en Bélgica en la década de 1820
y extendiéndose rápidamente durante la segunda revolución industrial
(1840-1870) la construcción de ferrocarriles en Alemania.
Suiza y los EE. UU. que facilitaron el transponte de mano de obra y
bienes. En Europa, la emancipación de los siervos -en Francia en la
década de 1790, en Alemania entre 1811 y 1848, y en Rusia y Polonia
en la década en 1860- generó una fuerza de trabajo más disponible
para la industria, papel que en los EE. UU. desempeñó la inmigración
a gran escala.
En el año 1855, el inglés Henry
Bessemer inventó un nuevo proceso para convertir el hierro en
acero, un metal mucho más resistente y versátil que el hierro
forjado. Esto suministró materia prima a las nuevas líneas
ferroviarias y mejoró la calidad de los barcos el poder del
armamento. La demanda de acero era casi insaciable, en 1910, Krupp,
el mayor fabricante alemán , tenía unos 70.000 empleados, cuando en
el año 1822 solo tenia 122.
LOS HOMBRES QUE
HICIERON POSIBLE LA EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA:
En la minería también las innovaciones
fueron graduales. A mediados del siglo XVIII se comenzaron a
utilizar en las minas de carbón caballos para arrastrar los vagones,
lo que permitió bajar los costos, ya que se reemplazaron los mineros
carretilleros por jóvenes con menor salario. Esto también abarató el
costo del hierro, que para fundirse necesitaba carbón, y a la vez la
rebaja de éste permitió el uso del hierro colado en importantes
proporciones en la minería: para fabricar tirantes o vigas (lo que
admitió excavaciones a mayores profundidades) y rieles para
trasladar las vagonetas cargadas de minerales.
Todo incidió en la disminución
aún mayor del precio del coque y del hierro. En 1779 se construyó el
primer puente de hierro, y diez años después, el primer barco; los
ferrocarriles necesitaron un poco más cíe tiempo, surgiendo en la
primera mitad del siglo XIX.
Aumentaron, entonces, la cantidad de
altos hornos para la fundición de hierro con coque, con el estímulo
cíe las guerras que demandaban municiones. En la fundición se
perfeccionaron los métodos, permitiendo los inventos de Henry Cort
(1783 y 1784) utilizar también el coque para el pudelado
(transformación del hierro colado en hierro dulce, especial para la
mecánica, quemándole el carbono) y para el laminado (conversión del
hierro en láminas). Antes para ello debían hacerlo con carbón
vegetal, que al ser escaso en Inglaterra se tenía que importar del
Báltico. Al autoabastecerse Gran Bretaña, la industria se concentró
alrededor de las minas de Staffordshire. Yorkshire, Clyde
y Gales del Sur.
Estos inventos no hubieran podido ser
puestos en práctica sin la máquina de vapor cíe Watt, porque
requerían mucha energía. En la industria textil los cambios fueron
más rápidos. James Hargreaves había desarrollado un torno o
maquinaria simple, movida a mano, que podía hilar hasta ocho hilos a
la vez (1767); al ser pequeño, favorecía la industria domiciliaria,
pero su producto, suave, no era muy resistente, por lo que el hilado
más firme debía hacerse a mano.
Para solucionar esto,
Richard Arkwright
-que no era ingeniero, sino barbero y fabricante de pelucas-
solicitó ayuda a un relojero y construyó un bastidor mecánico 8 en
1768. Pero necesitaba para moverle mayor energía que la humana, por
lo que al principio se utilizaron caballos y luego se reemplazaron
por fuerza hidráulica, por lo que se debieron instalar en fábricas
en zonas rurales, ya no en casas particulares. Los tejidos se
perfeccionaron cuando Samuel Crompton, tejedor, inventó una
máquina que era una mezcla de las otras dos: la hiladora
intermitente.
Finalmente, cuando en 1790 comenzó a
utilizarse el vapor para moverlas, se establecieron grandes fábricas
urbanas. Estos métodos fueron mejorándose, aunque al principio sólo
fueron 'aplicables en las telas de algodón. También, hemos dicho, la
industria química se desarrolló, al buscar nuevas técnicas para el
blanqueado de las telas y su posterior tintura.
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