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La
inteligencia artificial constituye una rama de la informática que, en los
últimos tiempos, está adquiriendo creciente importancia. Su campo de estudio lo
constituyen los procedimientos necesarios para elaborar sistemas entre cuyas
prestaciones figuren las que, tradicionalmente, se han considerado privativas de
la inteligencia humana.
Los objetivos de la inteligencia
artificial: Un
ordenador ejecuta las órdenes para procesar datos que le son suministrados sin
que disponga de capacidad para desarrollar razonamiento alguno acerca de dicha
información. Frente a ello, la propuesta de la inteligencia artificial consiste
en lograr que el procesador se adapte al método de razonamiento y comunicación
humanos, para que pueda, no sólo poner en práctica los algoritmos que en él
introduce el hombre, sino establecer los suyos propios para resolver problemas.
El ordenador puede calcular el área de un polígono siempre que posea el programa
que le proporciona el dato de la medida de uno de sus lados y la fórmula
correspondiente para realizar dicha operación; la inteligencia artificial
pretende que el procesador sea instruido en los principios de la geometría,
para, por sí mismo, resolver la cuestión, a partir de un algoritmo de su propia
creación. En definitiva, la inteligencia artificial explora los mecanismos que
convierten al ordenador en una máquina pensante. La posibilidad de que esta
hipótesis llegue a hacerse realidad es rechazada por numerosos expertos
informáticos. En todo caso, se siguen explorando caminos y, día a día, se
constatan los progresos.
La máquina pensante y los sistemas
expertos
Uno
de los primeros intentos de construir una máquina pensante se llevó a cabo en la
década de los sesenta. El resultado fue la creación del GPS (General Problem
Solver,; solucionador general de problemas), que podía resolver sencillos
juegos, siempre que tuvieran un número reducido de reglas precisas. El
fundamento del GPS era que un problemas podía resolverse partiendo del análisis
de todas sus soluciones posibles y actuando con sucesivos intentos hasta hallar
el camino adecuado. La cuestión que inmediatamente se planteó fue que, dada la
ignorancia absoluta sobre determinado tema, la búsqueda de salidas requerirla de
un tiempo inadmisible. Evidentemente, la aplicación del GPS a la resolución de
problemas reales resultaba imposible.
Poco
tiempo después se idearon los primeros sistemas expertos, especializados en
determinados ámbitos; el más célebre, el Mycin, fue diseñado en 1974. Se aplicó
al campo médico, concretamente al área de diagnosis, con resultados más que
aceptables. Los sistemas expertos actúan en función de normas que regulan una
relación con el usuario; su misión no es sustituir a la persona encargada de
realizar determinada tarea, sino tener la posibilidad de operar sobre la base de
sus conocimientos en ausencia de ella. El especialista es, lógicamente, el
encargado de instruir al sistema experto, que dispondrá de una base de
conocimientos acerca de un tema en cuestión. Dichos conocimientos adoptan la
forma de principios a partir de los cuales el sistema deduce conclusiones,
elabora juicios o toma decisiones. Además de la exigencia de que la respuesta
del sistema experto venga dada en un intervalo de tiempo razonable, son también
elementos fundamentales la capacidad de indicar el proceso de resolución
efectuado y la posibilidad de adquirir conocimientos a partir de la propia
experiencia. En este último caso, el sistema podrá aplicar los resultados
obtenidos en situaciones análogas futuras.
Componentes de los sistemas
expertos
Un
sistema experto consta de cuatro elementos básicos: banco de conocimientos,
motor de inferencia, módulo de adquisición e interfaz de interpretación. El
primero de ellos es el conjunto de datos que posee el sistema. El motor de
inferencia se define como el mecanismo de razonamiento, que opera en una fase
intuitiva y en otra deductiva. Por su parte, el módulo de adquisición es el
elemento que permite al especialista instruir al sistema transmitiéndole sus
conocimientos. Finalmente, la interfaz de interpretación permite al sistema
explicarse sobre el’ camino seguido hasta llegar a determinada conclusión.
Las redes neuronales
En la
década de los cuarenta surgió la teoría de las redes neuronales que parte de una
comparación entre el ordenador y el cerebro humano, y cuyo objetivo es imitar el
funcionamiento del sistema neuronal. Podría decirse que el cerebro en el
lenguaje informático, sería un sistema paralelo formado por ingentes cantidades
de procesadores interconectados entre si: las neuronas. Veamos cómo actúan Cada
neurona consta de
un
cuerpo celular ramificado en una serie de fibras nerviosas, las dendritas;
dentro d cuerpo celular se encuentra el núcleo, y de la célula sale el axón, una
fibra larga que termina en filamentos nerviosos. Las células nerviosas están
conectadas entre sí mediante millares de sinapsis —unidas a las dendritas o
directamente al cuerpo celular— El mecanismo de razonamiento se verifica cuando
se produce una transmisión de señales químicas entre las células nerviosas
encargadas de procesar la información Así las neuronas reciben señales de otras
células; a continuación, procesan dicha información y, en determinadas
condiciones al alcanzar el umbral especifico, transmiten la señal
correspondiente -envían el mensaje— a través de su axón y por medio de la
sinapsis. Si bien el cerebro es muy superior en determinadas tareas, que realiza
a mayor velocidad que la máquina , el ordenador dispone de una capacidad de
memorización muy superior y está Preparado para realizar otras operaciones en
tiempos que resultan mínimos con relación a ¡os empleados por la mente humana.
Siguiendo el proceso de funcionamiento de las neuronas cerebrales los
investigadores McCulloch y Pitts idearon en 1943 el modelo que lleva su nombre.
El modelo de McCulloch y Pitts se realiza a partir de una red de gran tamaño,
formada por elementos simples cuya misión es el cálculo de sencillas funciones
—4a neurona únicamente debe realizar la suma ponderada de los impulsos de otras
neuronas, un programa básico—. Sin embargo, habitualmente, un número reducido de
calculadores ejecuta programas de enorme complejidad; en el transcurso del
proceso, un pequeño error puede repercutir fatalmente en el resultado. Por otra
parte, las neuronas cerebrales se comunican con una velocidad varios millones de
veces más lenta que la velocidad de operación de los circuitos electrónicos. Por
el contrario, el cerebro humano procesa determinado tipo de datos, como imágenes
o sonidos, mucho más rápidamente que el ordenador.
EL PRINCIPIO DE INCOMPATIBILIDAD
Un paso fundamental en la
aproximación entre el modo de razonamiento humano y el de la máquina es
comprender que, en situaciones con determinado grado de complejidad, no existe
una solución única, sino que pueden aplicarse métodos diversos. La mente del ser
humano es capaz de ponderar las ventajas e inconvenientes que ofrece cada uno y,
en consecuencia, tomar una decisión. Normalmente, el ordenador se encuentro
determinado hacia un único camino. El principio de incompatibilidad de los
sistemas complejos fue formulado en 1972 por Zadeh. Expresa el hecho de que a
medida que se profundizo en el estudio de las propiedades características de un
determinado sistema, mayor riesgo de imprecisión y error existe para su
descripción. Al aumentar la complejidad, las posibilidades de expresamos con
exactitud y pertinencia disminuyen, en razón del número creciente de factores
que intervienen en nuestro análisis.
La lógica ambigua
A
mediados de la década de los sesenta surgió una nueva teoría, la lógica ambigua,
denominada así por tratarse de una disciplina opuesta a la lógica binaria, que
opera en función de pares de datos contrarios: si/no, verdadero /falso, 1/O. En
el marco de la lógica ambigua, el paso de un valor a otro se realiza de manera
gradual, sin que exista una línea de separación nítida. No resulta adecuado
trabajar con valores numéricos —1 y O—, propios de la lógica binaria, sino con
variables lingüísticas. En definitiva, se trata de operar en sistemas donde los
fenómenos no se describen analíticamente, sino que son caracterizados de modo
descriptivo o lingüístico. La lógica ambigua trata de asignar valores de verdad
a expresiones a las que no pueden asociarse unívocamente las consideraciones
verdadero o falso. En contra de lo que pudiera pensarse a simple vista, las
aplicaciones de la lógica ambigua no implican un descenso en los niveles de
control y fiabilidad en aquellos campos en que se ponen en práctica. Si bien
estas teorías han tenido un desarrollo notable en ámbitos orientales, en
Occidente su aceptación ha sido mucho más costosa.
UN EJEMPLO DE APLICACIÓN DE LA
LÓGICA AMBIGUA
En cualquier sistema que trabajo
con conjuntos ambiguos, es necesario definir las variables lingüísticas ambiguos
Vinculadas entre sí por una relación causa/efecto —la primera variable se
denomina antecedente la segunda, consecuente—, los conjuntos ambiguos —X e Y— en
los que quedan incluidas dichas variables y las reglas de inferencia ambigua,
con fórmulas del tipo «si X entonces Y».
En el caso de que haya que
proyectar un mecanismo que controle la calefacción en una vivienda, se opero con
dos variables; la primera, denominada A mide la temperatura de la caso; la
segunda, B, describe la potencia que ha de proporcionar la caldera. Cada
variable lleva aparejado un conjunto donde, además de los Valores que puede
asumir, se describe el grado de ambigudod0 pertinencia de cada valor —este grado
se expresa gráficamente en el eje de ordenadas de un gráfico cartesianos, Cada
conjunto ambiguo comprende una serie de expresión que constituyen subsistemas;
por ejemplo, para A, podrían darse las siguientes: fría, fresca, templada, alta
y sofocante. Para B se establece una escala de cero a cien para medir la
potencia de la caldera, al tiempo que se definen los correspondientes
subsistemas de valores que puede asumir: apagada, lenta, normal, rápida y
expedita. A continuación es necesario proporcionar la secuencia de reglas
ambiguas, emparejando elementos de los subsistemas dados: temperatura
fría/caldera expedita; temperatura templada/caldera normal, temperatura
sofocante/caldera apagada etc. |