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LAS INVASIONES
INGLESAS: El Virreinato del Río de la Plata, en donde el dominio
español parecía firmemente asentado, sufrió directamente las
consecuencias de la expansión de las guerras europeas al espacio
atlántico —que, desde la derrota francoespañola en la batalla de
Trafalgar, en 1805, había quedado bajo el absoluto dominio inglés—.
En 1806, una fuerza
militar inglesa, que acababa de apoderarse de la colonia holandesa del
Cabo de Buena Esperanza (en el sur de África), se dirigió hacia el Río
de la Plata. El 27 de junio, las tropas inglesas bajó el mando de
William Carr Beresford tomaron, sin encontrar resistencia, la ciudad de
Buenos Aires.
El virrey Sobremonte,
junto con buena parte de la administración española, abandonó la ciudad,
mientras que los representantes de los principales grupos e
instituciones locales se apresuraron a mostrar obediencia a las nuevas
autoridades. Sin embargo, este acatamiento duró poco. Un primer intento
de expulsar a las fuerzas inglesas, llevado a cabo por Juan Martín de
Pueyrredón y un grupo de paisanos, fracasó. Finalmente, las tropas
provenientes de Montevideo al mando de Santiago de Liniers, un oficial
francés al servicio de la corona española, iniciaron la resistencia;
simultáneamente, se organizaron las milicias urbanas. Los ingleses se
vieron superados militarmente y el 12 de agosto se rindieron.
Finalizada la Reconquista,
el 14 de agosto, los funcionarios y principales vecinos, reunidos en
Cabildo abierto, decidieron privar a Sobremonte del mando militar y
convirtieron a Liniers en el gobernador militar de Buenos Aires. También
resolvieron organizar la defensa de la ciudad ante la posibilidad de un
segundo ataque. En efecto, en febrero de 1807, tropas. británicas —mucho
más numerosas que las de la Primera Invasión Inglesa— al mando del
general John Whitelocke tomaron Montevideo y meses más tarde, en junio,
desembarcaron por segunda vez en Buenos Aires. Luego de eludir a las
fuerzas de Liniers, los ingleses entraron en la capital.
Pero allí se encontraron
frente a la defensa organizada por Martín de Álzaga, próspero
comerciante español y alcalde de primer voto del Cabildo de Buenos
Aires. Whitelocke no estuvo dispuesto a entrar en un combate con
inciertas perspectivas y se rindió. La victoria de Buenos Aires fue
militar, pero sobre todo política, en la medida en que los invasores no
pudieron contar con el apoyo de los grupos locales. |
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