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La
guerra contra Irán:
En la década de 1970 Irán, al igual que Israel, era salvaguarda de la hegemonía
estadounidense en Medio Oriente y, más concretamente, en la zona petrolera.
Durante él gobierno de Muhammad Reza Pahlevi (imagen izq.) se nacionalizó
gran parte del petróleo, sector clave de la economía, con la finalidad de
estimular el desarrollo industrial siderúrgico, textil y nuclear, a la vez que
se fortalecía sin medida el aparato estatal.
Los
intentos por consolidar una burguesía agraria e industrial pro-occidental
generaron corrupción y desigualdad social. Éstos, junto con otros factores,
provocaron una insurrección generalizada de los iraníes el 28 de septiembre de
1978, con manifestaciones y huelgas, alentadas por el líder religioso chiíta
Ruhollah Jomeini.
Se
protestaba por el fracaso de los modelos occidentales de modernización, pero,
sobre todo, por la pérdida de identidad cultural y la confusión moral que aquél
había causado. Se buscaba volver los principios establecidos por el Islam, a
través del Corán, para guiar el desarrollo de la nación. La fuerza del
movimiento insurrecto orilló a Reza Pahlevi a abandonar el país en enero ce
1979, fecha en la que se promulgó la nueva República Islámica de Irán, cuyo
dirigente sería el Ayatollah Jomeini (imagen der.)
Le
tenía terror al fundamentalismo del Irán del Ayatollah Komeinhi y no
advertía que estaba armando a su futuro enemigo. En esa guerra trágica y
devastadora en la que Irak utilizó por primera vez armas químicas, el ejército
de Hussein se convirtió en el más potente del mundo árabe. La guerra terminó en
un virtual empate, pero Saddam debía demostrar que seguía siendo poderoso.
Entonces decidió atacar en su propio país a los rebeldes kurdos que habían
apoyado a las tropas iraníes. Para aniquilarlos volvió a utilizar armas químicas
prohibidas.

El Temperamento de Sadam:
Mientras planificaba el ataque, fue advertido por un general iraquí acerca de la
gran cantidad de personas que morirían, si el combate se llevaba a cabo. Saddam
invitó cortésmente al general a pasar a otro cuarto para continuar en privado
con la conversación. Al cerrar la puerta le disparó seis tiros. Volvió al
cuarto, guardó su pistola, miró el mapa iraní y siguió hablando como si nada.
Pero aquel general tenía razón. La guerra duro ocho años y murieron mas de 1
millón de personas. Occidente apoyaba a Saddam.
La guerra que inició Irak contra Irán en 1980, con la finalidad antes
mencionada, aparentemente buscaba acabar con la revolución iraní, pretextando
lo peligroso que era el mensaje fundamentalista para los gobiernos de la zona.
Arabia Saudita, Kuwait y otros países petroleros temían la expansión del mensaje
chiíta, que sólo reconocía como gobernantes legítimos a los descendientes de Alí
(yerno de Mahoma), posible ola de levantamientos populares, por lo que apoyaron
la caída del régimen de Jomeini hasta el grado de financiar a Irak para el logro
de ese objetivo. No les importaba correr el riesgo de que Hussein se consolidara
como el nuevo líder regional.
En
1980, el ejército iraquí penetró en territorio iraní sin éxito, ya que tuvo que
replegarse y continuar la guerra desde su propio suelo. El conflicto se
convirtió en una guerra de desgaste, con ambos países mostrando total desinterés
por el costo humano: Sadam hizo una propuesta de cese de fuego a Jomeini, pero
este la rechazó, alargando aun mas el conflicto.
* Jomeini envió a
miles de jóvenes iraníes a su muerte en ataques de "olas humanas".
* Hussein usó armas
químicas contra los iraníes, y, en 1988, contra su propio pueblo -los kurdos de
Halabja - a quienes consideraba como traidores y colaboradores del enemigo.
* En la "guerra de
ciudades", ambos lados atacaron a la población civil de su adversario desde el
aire.
* En la "guerra de
los buque cisterna" ambos lados atacaron buques petroleros y comerciales en el
Golfo Pérsico, en un intento por negar el acceso de su enemigo al comercio
mundial.
En 1984 el conflicto no
parecía inclinarse favorablemente para ningún lado, sólo se vivía un profundo
desgaste en ambos contendientes. Los intereses petroleros en el Golfo Pérsico
hicieron teme la extensión del conflicto a otras naciones, por lo que se buscó
un cese al fuego que se firmó en 1988.
USO DE ARMAS QUÍMICAS: El 16 de mayo de
1988, lanzó un terrible ataque con gas mostaza y gas sarín, sobre la ciudad de
Halabja. El efecto producido por las armas químicas y biológicas fue y es
devastador. El gas Sarín ataca el sistema nervioso central. La intoxicación
puede ocurrir en minutos provocando como síntomas una copiosa transpiración,
dificultad para respirar, náuseas, vómitos y finalmente la muerte por asfixia.
El
gas mostaza ataca la piel, los ojos, los pulmones y la zona gastrointestinal. Al
tener un efecto retardado, no provoca ningún síntoma inmediato ante el contacto
y por lo tanto pueden pasar entre dos y veinticuatro horas antes de sentir el
dolor y de enterarse de lo qué había sucedido. Para entonces, el daño celular ya
está hecho. Los síntomas que aparecen son: lesiones del ojo con la pérdida de
vista, la formación de ampollas en la piel, náuseas, diarrea y una sensación
ardiente en los pulmones.
Los
efectos a largo plazo sobre un individuo pueden incluir la debilitación de los
pulmones, dolor del pecho y cáncer crónicos de la boca, de la garganta, de la
zona respiratoria, y de la piel. Se ha conectado a causar leucemia y males
congénitos. Mas de 7000 civiles, entre ellos mujeres y niños murieron al inhalar
del gas mostaza y el gas sarín. En el palacio, las penurias pasaban por otro
costado.
TRISTE FINAL: La guerra acabó empatada y con
enorme pérdidas humanas. Se habla de un millón de bajas, pero hay que fuentes
que hablan de 1.500.000 de muertos. Quizá se pueda cifrar las muertes en medio
millón de seres humanos, con Irán como el país que sufrió más duras pérdidas. El
mal estado en el que quedó la economía iraquí fue uno de los factores que llevó
a Hussein a tomar la fatídica decisión de invadir Kuwait en 1990. Y en esa
ocasión, los poderes regionales y de Occidente que lo habían asistido en la
guerra contra Irán se unieron para detenerlo. Las consecuencias para Irán
no fueron menos nefastas. La guerra no sólo tuvo un alto costo humano y
material. También extinguió el fervor de la revolución Islámica. Llevó a que los
iraníes cuestionaran con más fuerza las capacidades de sus líderes clérigos.
Trabajo Enviado Para Planeta Sedna
Por Abel W. Pereira (abpereira@hotmail.com)
Fuente Consultada:
http://news.bbc.co.uk
http://www.avizora.com
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