|
Hipólito Yrigoyen: El primer
Presidente de los argentinos
En
dos ocasiones se desenvolvió como Presidente de la Nación Argentina, pero lo que
más se destaca de este aspecto es que Hipólito Yrigoyen fue el primer mandatario
argentino elegido a través del sufragio popular.
Desde
siempre ha sido considerado un prócer de nuestro país, y algunas de sus más
célebres frases continúan en la conciencia colectiva del pueblo, como cuando
aseguró: “Los hombres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos para los
pueblos”, o bien cuando señaló: “Un carácter templado para la adversidad; sereno
en la lucha y magnánimo en la victoria (…) Un alma recia para no embotarse en
los dardos de las perfidias, un gran espíritu de sacrificio y una alta
conciencia del deber”, tratando de definirse a sí mismo. Yrigoyen llegó a este
mundo el 12 de julio de 1852 en la Ciudad de Buenos Aires.
A
pesar de tener desde pequeño una fuerte inclinación por los estudios, que
durante su adolescencia lo llevaron a cursar la carrera de abogado en la
Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, lo cierto es que la magra
economía familiar lo obligó a trabajar desde muy pequeño, desarrollándose en
empleos modestos, hasta que en 1870 logró ingresar dentro de la contaduría
general de la Nación y trabajar como abogado de aquella área.
Ya
desde hacía años sentía una fuerte pasión por la política, lo que lo condujo a
participar activamente dentro de la Unión Cívica Radical, y ser uno de los
tantos que participó en los turbulentos acontecimientos relacionados a la
revolución encabezada por el general Bartolomé Mitre en 1874. Algunos años
después, precisamente en 1878 fue elegido como diputado provincial hasta en 1988
los sucesos de por la federalización de Buenos Aires pusieron un fin abrupto a
su mandato.
Su
participación en la llamada “Revolución del 90” no sólo daría el puntapié para
que Yrigoyen ya no abandonara jamás su labor pública y política, sino que además
lo convirtió en una de las figuras más importantes de la política argentina de
la época. Por aquellos tiempos, el sistema electoral que se encontraba vigente
en el país era confuso y manejado por una fracción del poder, lo que daba lugar
a que se generaran abusos y manejos fraudulentos. Por ende, el 4 de febrero de
1905 la UCR encabezada por Yrigoyen llevó a cabo una revolución radical, que si
bien le valió la cárcel a Yrigoyen, lo cierto es que fueron los primeros pasos
para que se lograra sancionar la denominada Ley Sáenz Peña en 1912, a través de
la cual se garantizaba el voto universal, obligatorio y secreto para los varones
adultos nacidos en el país. Así fue que en los comicios realizados en 1916,
Hipólito Yrigoyen resultó electo para ocupar el cargo de Presidente de la
Nación.
En
aquella oportunidad, cuando el mandatario emitió su primer mensaje a la Asamblea
Legislativa, sostuvo: “No he venido a castigar ni a perseguir, sino a reparar”.
su primer mandato se extendió hasta el año 1922, y en este contexto, cuando
estalló la Primera Guerra Mundial, se mantuvo una neutralidad al respecto. A
pesar que durante su ejercicio como Presidente, en lo que fue su primer mandato,
Yrigoyen logró dictar una gran cantidad de leyes que intentaban regular todo lo
relacionado al ámbito laboral, lo cierto es que en 1919 se produjo un gran paro
nacional, que violentamente quebró su gobierno.
Años
después, en 1928, Hipólito Yrigoyen fue nuevamente electo en los comicios,
logrando en aquella oportunidad ganar de forma aplastante en las elecciones a su
máximo oponente, Marcelo T. de Alvear, ya que la UCR logó más del 57% de los
votos. Pero en aquella oportunidad, los años transcurridos habían repercutido en
Hipólito Yrigoyen, quien asumió su segundo mandato con 76 años. Algunos sectores
del país, que buscaban separar para siempre a Yrigoyen de la vida política del
país, lo acusaron de estar senil, lo que provocó su derrocamiento, que en
realidad se inició con la crisis de 1929 y dio su punto culminante con un golpe
militar, ocurrido en 1930.
Allí
no sólo finalizó su mandato, sino también su carrera política. Luego de su
derrocamiento, Yrigoyen fue detenido y confinado en varias oportunidades en la
Isla Martín García, hasta que finalmente el 3 de julio de 1933 lo alcanzó la
muerte, en su casa de la calle Sarmiento 948, donde actualmente vive su memoria
a través de una placa de bronce que recuerda su existencia.
Gabinete Presidencial:
Hipólito Yrigoyen
Vicepresidente: Pelagio B. Luna
MINISTROS
Agricultura: Honorio A. Pueyrredón, Alfredo Demarchi, Eudoro Vargas
Gómez y Carlos J. Rodríguez.
Guerra: Elpidio González y Julio Moreno.
Hacienda: Domingo Salaberry.
Interior: Ramón Gómez y Francisco Beiró.
Justicia e Instrucción Pública: José E. Salinas.
Marina: Federico Álvarez de Toledo, Julio Moreno y Tomás Zurueta.
Obras Públicas: Pablo Torello.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos A. Becú y Honorio A. Pueyrredón. |