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"Instruida
en catecismos, nacida para monja de convento en Chuquisaca, es teniente coronel
de los ejércitos guerrilleros de la independencia. De sus cuatro hijos sólo vive
el que fue parido en plena batalla, entre truenos de caballos y cañones; y la
cabeza del marido está clavada en lo alto de una pica española.Juana cabalga en
las montañas, al frente de los hombres. Su chal celeste flamea a los vientos. Un
puño estruja las riendas y el otro parte cuellos con la espada. Todo lo que come
se convierte en valentía. Los indios no la llaman Juana. La llaman Pachamama,
la llaman Tierra." Fuente Consultada:
Mujeres Eduardo Galeano
Nació
en el cantón de Toroca en las cercanías de Chuquisaca, el 12 de julio de 1780,
dos años después de un hermano muerto prematuramente. Eso no era nacer en
cualquier lugar ya que dicha ciudad - que también recibía los nombres de La
Plata o Charcas - era una de las más importantes de la América española.
Pertenecía al Virreinato del Río de La Plata desde 1776, igual que el resto del
Alto Perú, y en ella residían nada menos que la Universidad de San Francisco
Xavier, la Audiencia y el Arzobispado.
Tal
destino geográfico influyó decisivamente en su vida. Ese año la ciudad de La Paz
fue sitiada por Tupac Catari y Bartolina Sisa, alzados en armas en apoyo a
Túpac
Amaru. Durante su infancia, su familia tiene un buen pasar. Ella aprenderá el
quechua y el aymará. Trabajará en el campo, en las tareas de la casa, y se
relacionará con los campesinos e indios. En cambio, su adolescencia será
conflictiva ya que chocará con el conservadurismo de su tía, por lo que será
enclaustrada en el Convento de Santa Teresa.
En la
universidad circulaban las ideas de los neoescolásticos españoles -Vitoria,
Suárez, Covarrubias, Mariana-, que prepararon el camino para la conmoción
ideológica producida por la Enciclopedia Francesa, y las ideas de
Rousseau. Fue
allí donde nacieron las demandas de
igualdad, libertad y fraternidad que
comenzaron a conmover los cimientos de la dominación española en sus colonias
virreinales del sur de América.
Juana
se rebelará contra la rígida disciplina, promoviendo reuniones clandestinas.
Posteriormente, contrae matrimonio con Manuel Padilla, a quien acompañará y con
quien luchará de igual a igual en la guerra contra las tropas realistas a tal
punto que su ejemplo hizo que muchas mujeres se sumaran a la gesta. "En poco
tiempo, el prestigio de Juana Azurduy se incrementó a límites casi míticos: los
soldados de Padilla veían en ella la conjunción de una madre y esposa ejemplar
con la valerosa luchadora; los indígenas prácticamente la convirtieron en objeto
de culto, como una presencia vívida de la propia Pachamama". En 1816 Juana y su
esposo, quienes tenían bajo sus ordenes 6000 indios, sitiaron por segunda vez la
ciudad de Chuquisaca.
"Esta maravillosa mujer había
nacido en Chuquisaca el 8 de marzo de 1781, mientras estallaba y se expandía la
rebelión de Túpac Amaru. El amor la llevó a unir su vida a la del comandante
Manuel Asencio Padilla. La pareja de guerrilleros defendió a sangre y fuego del
avance español la zona comprendida entre el norte de Chuquisaca y las selvas de
Santa Cruz de la Sierra. El sistema de combate y gobierno conocido como el de
las “republiquetas” consistía en la formación, en las zonas liberadas, de
centros autónomos a cargo de un jefe político–militar. Hubo ciento dos caudillos
que comandaron igual número de republiquetas. La crueldad de la lucha fue tal
que sólo sobrevivieron nueve. Quedaron en el camino jefes notables, de un coraje
proverbial. Entre ellos hay que nombrar a Ignacio Warnes, Vicente Camargo, al
cura Idelfonso Muñecas y al propio Padilla."
Fuente Consultada: El Historiador de Felipe
Pigna
Los
realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Manuel Ascencio Padilla
encontró la muerte. Manuel Belgrano, en un hecho inédito, envió una carta donde
nombraba a Juana Teniente Coronela. Juana Azurduy intentó reorganizar la tropa
sin recursos, acosada por el enemigo, perdió toda colaboración de los porteños.
Juana decidió dirigirse a Salta a combatir junto a las tropas de Güemes, con
quien estuvo tres años hasta ser sorprendida por la muerte de éste, en 1821.
Decidió regresar junto a su hija de 6 años, pero recién en 1825 logró que el
gobierno le dé cuatro mulas y cinco pesos para
poder regresar.
En 1825 se declaró la independencia de Bolivia, el mariscal
Sucre fue nombrado presidente vitalicio. Este le otorgó a Juana una pensión, que
le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. Doña Juana
terminó sus días olvidada y en la pobreza, el día 25 de mayo de 1862 cuando
estaba por cumplir 82 años. Su restos fueron exhumados 100 años después, para
ser guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje.
Las
crónicas de la época cuentan que cuando Belgrano la vió pelear le entregó su
espada en reconocimiento a su bravura y lealtad a la causa. Fue ella quien ocupó
en plena guerrilla el cerro de la Plata y se adueñó de la bandera realista
enemiga. Con esta acción el gobierno de Buenos Aires, al mando de Pueyrredón le
concedió en 1816 el grado de Teniente Coronel del ejército argentino en virtud
de su "varonil esfuerzo".
Descargar Un Libro de Juana Azurduy
Fuente Consultada: Archivo de la Nación
Argentina
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