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EL DESAMOR (Bernardino
Rivadavia y Juana del Pino)
El 29
de mayo de 1780 nació Bernardino Rivadavia. Comenzó sus estudios en el Colegio
San José de San Carlos en 1798, donde estudió Gramática, Filosofía y Teología.
Hacia 1806 aproximadamente, bajo el contexto de las invasiones inglesas,
Rivadavia se incorpora a las milicias, bajo el grado de Capitán en el cuerpo de
“gallegos”.
El 14 de agosto de 1809, Rivadavia contrae matrimonio con una joven
distinguida de la elite porteña: Juana del Pino y Balbastro. Juana era hija de
Joaquín del Pino, octavo virrey del Río de la Plata. Ahora bien, ¿cómo comenzó
este romance entre estos dos personajes?
A los
quince años Juana se trasladó con su familia desde Montevideo a Buenos Aires,
porque su padre había sido designado Virrey del Río de la Plata en el año 1801.
Juana conoció a Bernardino en una de las ceremonias que organizaba su padre,
anualmente Joaquín del Pino recibía a los doce mejores alumnos del Real Colegio
de San Carlos. Allí, los alumnos daban sus respetos al virrey y compartían la
tertulia con su familia, entre ellos estaba Bernardino. Así, fue que Juana con
17 años y Rivadavia con 23 se conocieron.
De
por sí Rivadavia no tenía un carácter alegre, por el contrario, era retraído,
algunos lo definían como eternamente triste. Quizás esta personalidad apática se
debía a su historia personal atravesada por las tragedias: su hermana mayor,
Tomasa, había quedado ciega; su madre, doña Josefa había muerto cuando él tenía
solo seis años; su padre, don Benito, se había casado nuevamente a poco de
quedar viudo. De esta forma, todas estas experiencias habían creado a un joven
entristecido y de carácter amargo. Incluso, su aspecto físico tampoco lo
beneficiaba, era regordete, petiso y para algunos “decididamente feo”, de tal
manera que estas características físicas fueron el blanco perfecto para sus
enemigos quienes lo apodaron como “El mulato”. Sin embargo, más allá de estas
cuestiones poseía una “respetable cultura” para la época. Quizás, fue este
capital cultural lo que conquisto a Juanita del Pino. Quizás también esta
historia demuestra que el amor es “ciego” y algunas veces también “tonto”.
Estos
jóvenes mantuvieron un romance aburrido y reglamentario durante seis años. Antes
de casarse, Joaquín del Pino fallece. Un año después, la joven pareja se unía en
matrimonio. Muy pronto, nació su primer hijo, Benito. Luego, nacería Constanza,
en 1812 y Bernardino Donato en 1814. Al poco tiempo, Rivadavia viaja a Londres
para gestionar negocios del Estado. De esta forma, Juana del Pino se queda sola,
muy enamorada, comienza a sentirse abandonada por su reciente esposo. A través
de las cartas que le enviaba a Bernardino da cuenta del temor que tenia ante la
situación tensa de la política internacional. Su esposo hace caso omiso:
comunicándole que viajará de Londres a Francia.
Ante
el desprecio de su esposo, Juana llora a escondidas. Pero su tristeza no acabará
en este hecho, en 1816 muere su madre y su hija Constanza de cuatro años,
mientras que Rivadavia se entretiene con negociaciones diplomáticas en el viejo
mundo, sabiendo la terrible noticia. Ni siquiera la declaración de la
Independencia hace que vuelva. Abandonada, intenta reunirse con su esposo
pidiendo al director Juan Martín de Pueyrredón, viajar a Europa con sus hijos.
No obstante, este pedido es desestimado por falta de fondos. Incluso, el
gobierno central le recorta la pensión que recibía como esposa de funcionario
trabajando en el exterior.
En
vano fueron todos los reclamos a su esposo, al cual llamaba “hijito”, en una
carta de 1819, le recuerda la situación de otros matrimonios que se han disuelto
precisamente por estar tanto tiempo sin verse y le ruega que no ocurra lo mismo
con ellos, ya que sigue muy enamorada. La batalla entre Juana y la política por
la atención de Rivadavia, quizás terminó cuando éste se retiro oficialmente de
la vida pública. Pero no es así, en 1829 viaja a Francia dejando a su familia en
Buenos Aires, esto demuestra que este desprecio iba más allá. En su estadía por
París, retoma su oficio de traductor: "La Democracia en América" de Tocqueville;
"Los viajes" y "El arte de criar gusanos de seda" de Dándolo. En 1834, retorna a
Buenos Aires, pero no puede desembarcar por una prohibición del gobierno de
Viamonte, Juana y su hijo Martin que lo estaban esperando en el puerto, deciden
subir al barco, sumándose al exilio de Bernardino. Sus hijos mayores, Benito y
Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y están
luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder.
Parte
de la familia exiliada, se instalan en Colonia y luego pasan a Brasil, allí,
debido a un accidente doméstico, Juana del Pino muere en diciembre de 1841. Ante
este hecho, su hijo Martín, decide volver con sus hermanos y Rivadavia en 1842
parte hacia Cádiz. Esta relación tortuosa que mantuvo Bernardino con su esposa y
sus hijos, quizás se deba a que nunca tuvo una familia, su historia personal
cruzada por la muerte y el abandono de su padre es prueba de ello.
Fuente Consultada:
Basado en Crónica Loca de Víctor Suerio
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