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Dª.
JUANA y D. FELIPE I
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Dª.
JUANA
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D. FELIPE I
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LOS CELOS
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EL DESENLACE
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Capilla Real de la Catedral
de Granada
Mausoleo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso |
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En una consulta entre los españoles acerca de su
opinión sobre Dª Juana I de Castilla, es muy probable que una mayoría de los
encuestados ignorasen por completo la existencia de dicha reina; parejo
desconocimiento habría acerca de D. Felipe I. Mas, si los personajes objeto de
la pregunta fuesen Dª Juana “La Loca” o D. Felipe “El Hermoso”, el resultado,
con toda seguridad, sería distinto.
Ser recordado por el único atributo del,
pretendido o real, desorden mental no parece que sea la aspiración de persona
alguna. En cambio, a nuestra protagonista la locura que se le atribuye reviste
caracteres singulares, situándola, con todo merecimiento, en la galería de
“Amores trágicos”. Según la tradición, enloqueció de amor y celos hacia su
marido Felipe I “El Hermoso”, haciendo crisis su pasión con la prematura muerte
del mismo. Pero, no adelantemos acontecimientos.
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Juana, tercera hija de
Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (Reyes Católicos) nació en
Toledo el 6 de noviembre de 1479. Tenía gran parecido físico a su abuela
paterna, doña Juana Enríquez, por lo que, embromándola, Isabel llamaba a
su hija "mi suegra". Sus padres le procuraron una esmerada educación,
entre sus preceptores se hallaba Beatriz Galindo. Pronto se manifestó en
Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja; en cambio,
los reyes tenían distinto plan para la atractiva Juana.La
política exterior de la monarquía (ya española) tenía como fin cercar al
enemigo reino de Francia; en consecuencia, fue concertada una doble boda
que fortalecía los vínculos con el Imperio, vecino occidental y también
rival de los franceses.
El príncipe Juan, heredero de la Corona, se unía con.hija de y María de
Borgoña, mientras que Juana, recién cumplidos los 16 años, casaba con el
archiduque
Felipe,
conocido por el sobrenombre de El Hermoso, hijo menor del Emperador |
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Era hijo del emperador
Maximiliano I y María de Borgoña. Su cuna le confirió la herencia de
innumerables títulos nobiliarios: duque de Borgoña, de Luxemburgo, de
Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes. Ha
pasado a la Historia con el sobrenombre de “El Hermoso”, aunque muchos
críticos opinan que, a la vista de los retratos que del mismo se
conservan, el apelativo quizá resulte un tanto exagerado. Era un hombre de
cuerpo proporcionado y de agraciado rostro, aficionado a los deportes de
su tiempo al ser ágil y poseer fortaleza.
La intensa dedicación de
la nobleza a la vida galante no es privativa de nuestro tiempo, se le
atribuyen abundantes amantes en la corte borgoñona. Al igual que sus
homólogos españoles, su padre, por motivos políticos, concertó con los
Reyes Católicos un matrimonio doble: Felipe y su hermana Margarita
casarían con Juana y Juan.
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LOS CELOS
El
matrimonio se celebró en Lille, el 21 de agosto de 1496. Las crónicas relatan
que no pudo empezar con mejores auspicios: la atracción física entre los novios
fue muy intensa desde el momento de conocerse, obligando a precipitar el
casamiento para permitir a los fogosos cónyuges consumarlo de manera inmediata.
Pronto quedo Juana embarazada, el 15 de noviembre de 1498, nació una niña a la
que se puso el nombre de Leonor (quien en el futuro será una de las primeras
bazas en la política exterior de su hermano, el emperador Carlos, casará primero
con el rey Manuel I de Portugal y tras quedarse viuda, contraerá matrimonio con
Francisco I de Francia). Según la opinión mas extendida, este embarazo fue el
detonante para el cambio de actitud experimentado por Felipe, que vuelve a sus
devaneos amorosos con las damas de la Corte.
La
ausencia de prensa especializada no impidió que la situación se hiciese del
dominio público y llegase a conocimiento de la esposa. Para sorpresa de todos,
la princesa no reaccionó acorde con el proceder establecido por la sociedad en
casos parecidos; en lugar de transigir con la situación - quizá pagando con la
misma moneda – exigió fidelidad a su marido. Como, a despecho de la firme
actitud de la princesa, el caballero no varió un ápice su comportamiento, Dª
Juana, presa de unos celos obsesivos, puso de su parte todo lo posible para
retornar a las apasionadas relaciones – tuvieron cinco hijos más en el espacio
de siete años – emprendiendo, a la vez, una estrecha vigilancia del infiel
compañero, lo que dio lugar a infinidad de situaciones más o menos embarazosas.
Como ejemplo de este comportamiento sorprendente se cita dos anécdotas
reveladoras:
Agredió a una dama de compañía, cortándola el cabello con sus propias manos, por
tener sospechas – parece ser que con total fundamento - de ser una de las
furtivas amantes de Felipe.
El 24
de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos, el futuro Emperador. Cuenta la
tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño retrete del palacio de Gante,
porque Juana, a pesar de su avanzado estado de gestación, acudió a una fiesta
para vigilar de continuo a su marido, sorprendiéndola allí la rotura de aguas.
No
debe extrañar que ante tan insólita afectación, los cortesanos empezasen a
sospechar del equilibrio anímico de la futura soberana, comenzando a tejerse la
leyenda que la acompañaría en la posteridad.
Las
crónicas señalan una mejora en las relaciones entre ambos cónyuges a partir del
nacimiento de Carlos. No falta quien achaca el acercamiento de D. Felipe a su
ambición, las circunstancias le colocan en disposición de reinar en España: D.
Juan, hermano mayor de la princesa muere en 1497, un año más tarde corre igual
suerte la siguiente hermana, Isabel; por último, el hijo de esta, el infante
Miguel de Portugal fallece en 1500. Los desgraciados sucesos convierten de forma
automática a Juana en heredera de las coronas de Aragón y Castilla. Fruto de la
nueva luna de miel es el tercer alumbramiento: en 1501 viene al mundo Isabel,
que llegaría a ser reina de Dinamarca tras su matrimonio con Christian II.
A
principio del año 1502 Juana y Felipe llegaron a Fuenterrabía para ser
proclamados príncipes de Asturias, y Gerona, títulos tradicionales de los
respectivos herederos de Castilla y Aragón. El 10 de marzo de 1503 nacía en
Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando, futuro Emperador de
Alemania y rey de Hungría y Bohemia.
Por
el momento, las pretensiones de Felipe no podían ir más allá de lo conseguido,
con lo que no considera necesario continuar en la, hasta cierto punto, austera
corte de sus suegros. Alegando cierto desgobierno en sus estados partió hacia
Flandes: Juana, aún en contra de su voluntad queda en España. La separación
recrudece los celos, que se tornan más y más obsesivos; la corte española
comienza a hacerse eco de las habladurías procedentes de Flandes acerca de un
serio desequilibrio, sus padres, los Reyes Católicos, pretextando su estado
físico tras el reciente parto, insisten en mantener a Juana a su lado vigilando
su evolución. Pero la voluntad de la princesa es firme, desea acudir al lado de
su esposo. Venciendo los serios intentos de su madre por retenerla, acaba
embarcando con destino a Flandes. Para su desconsuelo, allí comprueba que sus
temores no eran infundados
La
reina de Castilla, Isabel I, fallece víctima de un cáncer en Medina del Campo el
26 de noviembre de 1504. La nueva situación obliga a la pareja a retornar a
España, aunque un nuevo embarazo retrasa la partida; a finales del año 1505
Juana alumbra a María, que casará con el rey Luis de Hungría y Bohemia. Por fin,
en la primavera de 1506, tras una breve estancia en Inglaterra, Juana y Felipe
arriban a La Coruña.
El
testamento de la reina Isabel deja como heredera de la Corona de Castilla a su
hija Juana, mas una cláusula indica que, en caso de desequilibrio mental, la
regencia sería encomendada al padre. D Fernando de Aragón. Esta disposición, es
muy probable que prudente, sería la semilla de graves enfrentamientos políticos,
que, con toda seguridad, agravaron el estado de Juana.
La
nueva reina carece de avidez por el poder , estaba enamorada; para ser feliz
sólo necesita la fidelidad de su esposo. Diferente es la actitud de Felipe, que
ansía convertirse en rey, o de su padre D. Fernando, que ama la potestad, no en
vano se ha dicho que fue modelo para “El Príncipe” de Maquiavelo. Ambos se
enzarzan en una agria disputa con una referencia común: sus presuntos derechos a
ejercer la regencia emanaban de la pretendida incapacidad de Juana. Conociendo a
estos personajes, ¿Puede extrañar que los dos propalasen, con razón o sin elle,
la locura de la reina?
D.
Felipe juega las bazas tradicionales en los aspirantes al poder; mediante una
táctica de promesas a la nobleza, poco feliz con la política centralizadora de
los Reyes Católicos, atrae a su bando a parte importante de sus miembros,
obligando a D. Fernando a retirarse a Aragón, quedando como virtual Señor de
Castilla. Su breve reinado estará caracterizado por el reparto de privilegios y
mercedes a los nobles castellanos y flamencos, alcanzando un papel determinante
el señor de Belmonte, don Juan Manuel.
EL DESENLACE
La
alegría dura poco. A comienzos del mes de septiembre de 1507 don Felipe jugaba
un partido de pelota en Burgos. Cuando termina, sudoroso, bebió agua helada; al
día siguiente se sintió con fiebre. Nunca se repuso y el 25 de septiembre de
1507 fallecía. Se propalaron algunas especulaciones sobre la posibilidad de un
envenenamiento, que la investigación histórica no ha podido corroborar.
El
comportamiento de D. Juana tras el fallecimiento de su esposo constituye la
mayor fuente de inspiración para todo tipo de leyendas macabras, muchas de ellas
inciertas, pero que, con el paso de los años, contribuyeron a consolidar el
personaje de “Dª Juana La Loca”.
En el
momento de recibir la desgraciada noticia no derramó una sola lágrima; pero su
rostro adquirió para siempre un rictus de desconsuelo. Su amado Felipe fue
enterrado de manera provisoria en Burgos, desde donde debía ser trasladado a la
Capilla real de Granada, el lugar indicado por el protocolo. Pero una repentina
epidemia aconsejo a la reina trasladarse a la Cartuja de Miraflores (Burgos),
donde llevó consigo el féretro. Juana no dejó de acudir un solo día a la cripta;
luego de almorzar en el monasterio, pedía a los monjes que abrieran el ataúd
para acariciar a su marido. Le aterraba pensar que podrían llevar el cadáver de
Felipe a Flandes, y necesitaba constatar a diario de que el cuerpo seguía
estando allí.
El 20
de diciembre de ese año, en medio del durísimo invierno burgalés, con la reina
en avanzado estado de gestación, comienza el traslado del cadáver hasta el
panteón real de Granada, en un lúgubre vagar por los campos y ciudades abrazada
al ataúd. El tétrico espectáculo de la comitiva, la cara pálida y aterrada de
Juana, conmocionaban a la gente en los caminos. La comitiva, encabezado por la
viuda, viajaba siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres no
pudiesen tener contacto con el cortejo, lo que aumentó las noticias de la locura
de doña Juana.
El parecido de Dª Juana con su abuela paterna se limitaba al físico A la
ambición de Dª Juana Enríquez se culpa de la provocación de una guerra civil por
salvaguardar las aspiraciones dinásticas de su hijo. Algunas crónicas la suponen
inductora, aunque no se encontrado testimonio histórico, del envenenamiento del
Príncipe de Viana, su hijastro y rival.
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Dª.Juana ”La Loca”, óleo por Francisco Pradilla. 1877
Cuadro expuesto en el
Museo del Prado
(Madrid) |
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Esta recreación de Dª Juana velando el
cadáver del esposo durante su traslado a Granada, refleja el tétrico
sentir popular sobre la desventurada reina |
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Para aumentar los detalles morbosos, durante
el trayecto la Reina se puso de parto, deteniéndose la comitiva en Torquemada
(Palencia), solar de la familia homónima, cuyo miembro más distinguido fue Fray
Tomás, paradigma inquisitorial. El 14
de enero de 1507 nacía Catalina, quien años más tarde contraería matrimonio con
Juan III de Portugal.
Tras el sepelio, la
infortunada reina cayó en una gran depresión, D. Fernando, ya sin rival, asume
la regencia de Castilla. Para mayor control de la situación
decide encerrar a Juana en Tordesillas. Corría el mes de enero de
1509. En 1516 murió el rey, dejando el trono en manos de su nieto, e hijo de
Juana, Carlos I de España (aquel niño nacido en el retrete del palacio de Gante)
quien en el futuro se coronaría Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con
el nombre de Carlos V Alemania.
La suerte de Juana no mejoró con el cambio de
monarca; su hijo también estaba interesado en que figurase de manera oficial
como incapaz, de lo contrario no sería él el Rey, con lo que mantuvo la
reclusión de su madre. Allí permaneció el resto de su existencia, vestida
siempre de negro y haciendo una vida retirada. Había días en que se la oía
llorar llamando desconsolada a su esposo, incluso, algunos sostenían que se la
escuchaba dialogar con él como si estuviera presente, todo ello contribuyó a
acentuar su problema mental.
El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana,
tras ¡46 años! de cautiverio atenuado, cubierto su cuerpo de llagas al negarse a
ser aseada y cambiada de ropa. Quizá los celos de la
desdichada Juana degenerasen en una leve enfermedad mental, pero esta se
vio agravada por las disputas de poder, primero entre su marido y padre y luego
su hijo. Todos sus allegados prefirieron el aislamiento de Tordesillas
en lugar de intentar la recuperación que, en
su caso, pudiese haber sido, al menos, ensayado.
Descansa para siempre, junto a su amado Felipe, en el panteón de la Catedral de
Granada.
José Andrés
Martínez
Collado
Villalba, verano de 2005
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