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LAS LEYES DE NUREMBERG:
La política racista, dirigida en parte contra los judíos, halla su expresión en
las leves de Nuremberg, fechadas en 1935. Los judíos son eliminados del
comercio, de la banca, de las editoriales, de la administración de justicia y
fiel ejercicio de la medicina. Quedan excluidos le la función pública, pierden
el derecho de ¡oto e incluso la nacionalidad alemana. Medidas vejatorias legales
siguen a las persecuciones e infortunios soportados por los judíos desde antes
de 1935: obligación de llevar la estrella amarilla, prohibición de acceder a los
lugares públicos. Hasta 1938 son raras las violentas físicas ejercidas contra
los judíos, pero desde esa fecha aumenta el antisemitismo: las deportaciones y
las persecuciones comienzan como prólogo a una «solución final» que. durante la
guerra, habrá de suponer el genocidio organizado de seis millones de personas.
NUREMBERG: JUICIO DE LOS CRIMINALES DE GUERRA NAZIS
Introducción: Mucho antes de que finalizase la guerra los aliados
comenzaron a reunir pruebas contra los principales dirigentes nazis. Unidades
especiales acompañaban a los ejércitos aliados para detener a todos los
sospechosos de haber cometido crímenes de guerra y procesarnos ante tribunales
militares internacionales. El primero y más famoso de los 13 juicios que se
celebraron se inició el 20 de noviembre de 1945 en Nuremberg, escenario de las
grandes concentraciones del partido nazi.
Entre
los 22 acusados se hallaban Hermann Goering, jefe de la Luftwaffe y
número dos de la Alemania nazi hasta momentos antes de finalizar la guerra; el
almirante Karl Doenitz, capitán general de la armada a quien Hitler había
nombrado su sucesor; el general Wilhelm Keitel, jefe del estado mayor de
las fuerzas armadas; el general Alfred Jodl, jefe de operaciones;
Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores; Albert Speer,
primer arquitecto de Hitler y experto en la producción de armamento; Alfred
Rosenberg, «filósofo» del partido nazi; Arthur Seyss-Inquart, líder del
nazismo austríaco, que colaboró con Hitler en la ocupación de Austria en 1938, y
Rudolf Hess, antiguo lugarteniente de Hitler. Martín Bormann, vicesecretario del
partido nazi, desapareció sin dejar rastro y fue procesado in absentia.
Las
pruebas presentadas en el juicio —películas de la liberación de los campos de
concentración nazis, el diario del nazi Hans Frank, los protocolos secretos del
pacto que los nazis firmaron con Rusia en 1939, documentos oficiales y
declaraciones de testigos oculares— revelaron hasta qué extremo llegó la
crueldad de los nazis. Las sentencias se dictaron el 1 de octubre de 1946. Tres
de los acusados fueron absueltos, otros tres fueron condenados a cadena perpetua
y cuatro recibieron sentencias menores.
Los
doce restantes, entre ellos Goering, Keitel, Jodl, Ribbentrop, Rosenberg, Seyss-Inquart
y Bormann fueron sentenciados a morir en la horca. Diez fueron ejecutados dos
semanas más tarde. Goering se suicidó en su celda y Bormann, que probablemente
se refugió en América del Sur, jamás fue hallado. alemanes firmaron en Reims la
rendición incondicional y al día siguiente cesaron oficialmente las
hostilidades. Ante la insistencia de Stalin, la capitulación se ratificó
formalmente en una ceremonia que tuvo lugar el 9 de mayo en Berlín.
La cúpula nazi en el banquillo
El 20 de noviembre de 1945 se abría en Nuremberg la primera sesión del juicio
contra los dirigentes nazis, en el cual se resolvería su responsabilidad en la
comisión de crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad. Fue uno de los
procesos más resonantes de la historia y sus sentencias establecerían
jurisprudencia para el juicio de Tokio. en el que se juzgó en 1946 a los
criminales de guerra nipones. para los restantes tribunales que en Europa
juzgaron delitos de nazis y colaboracionistas, y posteriormente para sentencias
contra criminales en otras guerras, entre ellas la de Bosnia.
El
Tribunal, bajo la presidencia del británico juez Lawrence, estaba formado por 8
jueces, cuatro titulares y cuatro suplentes, pertenecientes a las cuatro
potencias vencedoras, actuaba según un estatuto que tenía la consideración de
Tratado internacional, y jurídicamente se apoyaba en el acta de rendición de
Alemania, que había entregado a los aliados «la suprema, autoridad con respecto
a Alemania».
Muertos Hitler, Goebbels y Himmler, tres de los máximos responsables de la
tragedia continental, en el banquillo se sentaron otras figuras prominentes del
nazismo, entre ellas el segundo del régimen, el mariscal Goering, el delfín de
los primeros años, Rudolf Hess, el mariscal Keitel, el ministro de Asuntos
Exteriores Von Ribbentrop, el ideólogo Rosenberg, el arquitecto Speer, hasta un
total de 21.
El delito de crimen contra la Humanidad
La mayoría de las acusaciones realizadas por los fiscales estaban perfectamente
tipificadas. Así ocurría con la de crímenes de guerra, definida en las
Convenciones de La Haya (1899 y 1907), y en la que se incluían deportaciones,
vejaciones a los soldados prisioneros, malos tratos y
deportación de la población civil, ejecución de rehenes. ¿Pero qué ocurría si
estos actos abominables no se realizaban durante un periodo de gueira? Si se
castigaba un asesinato individual, ¿podía quedar impune el exterminio de un
pueblo entero?
Este
último crimen, el exterminio de un pueblo entero, fue calificado pronto en la
publicística como genocidio. Era la forma más grave del delito que en Nuremberg
fue denominado "crimen contra la Humanidad". Los abogados defensores, invocando
el axioma jurídico «nullum crimen, u ulla poena sine lege» (no existe
crimen ni sanción sin ley anterior), pretendían dejar el juicio sin base.
Pero los jueces de Nuremberg, considerándose defensores de la especie humana,
aplicaron el derecho natural, es decir, los principios morales que impiden que
un ser humano mate a otro, y entendieron que la serie de crímenes de guerra
elaborada después de la Primera Guerra Mundial tenía carácter abierto y, por
tanto, implicaba la posibilidad de incluir delitos nuevos, caso del genocidio.
Así
el Tribunal de Nuremberg consideró delitos de lesa humanidad una serie incluida
en el artículo 6 a de su Estatuto: asesinato, exterminio, reducción a
esclavitud, deportación, fueran estos desmanes cometidos durante la guerra o
antes de la guerra.
Las sesiones:
El 20 de noviembre de 1945 abrió el juez Lawrence la primera sesión de un
proceso gigantesco, que duraría hasta las sentencias del 1 de octubre de 1946.
Cada acusado disponía de abogado defensor y equipo de apoyo. Cada nación aijada
estaba representada por un equipo fiscal. El sumario con sus anexos documentales
llegó a ocupar 42 volúmenes. Equipos especiales de documentalistas, entre los
que figuraban historiadores, se encargaron de recopilar los documentos en que se
basaba la acusación, de forma tal que en el archivo del proceso se encuentra el
mayor fondo documental para la historia de la Alemania nazi.
A los
documentos tradicionales, los más importantes los encontrados en el cuartel
alpino del Führer, se incorporaron 780.000 fotografías y 23.000 rollos de
película, con los que se elaboraron documentales, la novedad más llamativa del
proceso. Las películas sobre los campos de concentración, con el espectáculo
dantesco de las piras de cadáveres y los prisioneros esqueléticos, señaló
momentos de tensión máxima.
El genocidio judío:
En el proceso quedó probado que la guerra se había desencadenado de manera
premeditada por el Führer y que en su transcurso se había cometido toda suerte
de actos abominables. Por ejemplo, en las instrucciones de Goebbels de 14 de
septiembre de 1942 se ordenaba fueran exterminados judíos, gitanos y polacos, y
en cuanto a checos y alemanes detenidos y condenados se consideraba la
conveniencia de «exterminarlos por medio del trabajo».
El
exterminio de grupos humanos o pueblos enteros significaba un salto cualitativo
de la criminalidad. Y en el transcurso de los interrogatorios salió el tema de
la «solución final». Si la política antijudía de los nazis se había limitado al
principio a la expulsión de judíos de Alemania o a su encierro en campos de
concentración, en el transcurso de la guerra se programó el exterminio total,
proyecto que se enmascaró con la expresión «solución final».
El horror alcanzó su clímax en el interrogatorio de Hóss, comandante del campo
de Auschwitz, llamado como testigo en Nuremberg, aunque seria condenado a muerte
y ahorcado en otro proceso en Varsovia. En esas sesiones se describió con
minuciosidad el método de exterminio mediante el gas Zyklon B y el
trabajo de los sünderkommandos —formados por prisioneros forzados— para
el aprovechamiento industrial de los cadáveres, a los que arrancaban antes de su
incineración cabellos, piel, dientes de oro. En el interrogatorio a un juez
nazi, Morgen, se descubrió otro horror: la eutanasia de los enfermos
mentales.
Las sentencias: El 1 de octubre 1946 se
leyeron las sentencias. Fueron condenados a morir en la horca once de los
acusados —más la sentencia a muerte contra el no localizado Martin Bormann—,
y a diversas penas siete, mientras tres eran absueltos, aunque quedó abierta la
posibilidad de otras acusaciones por otros tribunales. La víspera de la
ejecución Goering consiguió suicidarse en su celda, por ingestión de una
pastilla de cianuro.
El
más buscado
Intentó escapar, pero nunca salió de Berlín:
Martin Bormann fue juzgado in absentia (ausente) en Nuremberg y pasó a
ser el criminal nazi más buscado. Se lo creía en España, en la Argentina, en la
URSS, incluso en Estados Unidos.
En realidad Bormann nunca logró salir de
Berlín. Arthur Axmarm, -de las Juventudes Hitlerianas; Otto Günsche y
Heinz Linge, asistentes de Hitler, además de Erich Kempka -su chofer-, lo
atestiguaron. Bormann, disfrazado de soldado, trató de huir de la Cancillería el
1 de mayo con el grupo de fugitivos que encabezaba el general Mohnke. Él y otros
jerarcas se parapetaron detrás de la torre de un tanque Tigre, pensando que
estarían protegidos.
Fue
un error: los soviéticos abrieron fuego contra el tanque y lo destruyeron al
atravesar el puente de Weidendammer. Günsche y Linge vieron la explosión.
Kempka iba en el vehículo y quedó herido, pero logró salir de ahí. Axmann
reconoció la zona para buscar otra salida, y al volver, vio los cuerpos de
Bormann y el doctor Stumpfegger, de las SS. No pudo comprobar si habían muerto
por la explosión y se alejó. Un cartero llamado Albert Krumnow enterró los
cadáveres entre los escombros.
En 1972, unas obras en la zona sacaron a la luz
los restos de dos hombres. Los forenses comprobaron que eran Bormann y Stumpfegger: ambos quedaron heridos por la explosión y se suicidaron con cianuro
al verse acorralados.
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