JUICIOS DE NUREMBERG A NAZIS

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JUICIO DE NUREMBERG

Interrogatorio a Rudolf Hoss

FIN DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL - PROCESO PENAL A LOS DIRIGENTES Y CRIMINALES NAZI

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JUICIOS DE NUREMBERG: JUICIO DE LOS CRIMINALES DE GUERRA NAZIS
Tras la Segunda Guerra Mundial, y ante las atrocidades cometidas por el régimen nazi contra la población civil de los países que atacó en su expansión, los aliados victoriosos establecieron una comisión que juzgaría a los jerarcas alemanes por estos hechos. Los crímenes a juzgarse fueron divididos en tres grupos.

En primer lugar, los crímenes contra la paz (consistentes en la planificación, inicio y desarrollo de la guerra). En segundo lugar, los crímenes de guerra (violaciones de las leyes de la guerra, reconocidas por los ejércitos de las naciones civilizadas). Finalmente, se juzgarían también los crímenes contra la humanidad (el exterminio, de grupos étnicos o religiosos, así como otras atrocidades cometidas contra la población civil).

Se celebraron más de doce juicios en la ciudad alemana de Nuremberg contra más de ciento ochenta acusados de cometer crímenes de ese tipo. Ante la abrumadora evidencia de violencia sistemática, brutalidad y terrorismo llevados a cabo por el gobierno alemán en los territorios ocupados por sus ejércitos, casi todos los acusados fueron condenados.

Los principios establecidos en los juicios de Nuremberg se ajustaron a los fundamentos de las Declaraciones de Derechos Humanos y supusieron un importante avance en el derecho internacional. Aun hoy, ante crímenes de guerra de gran magnitud, se recurre a tribunales internacionales para su enjuiciamiento.

juicio de newremberg

El terrible panorama de la Segunda Gran Guerra, con millones de civiles sacrificados, de pueblos desplazados, es descripto por el fiscal general David Maxwell Hyfe. Todo indica que esta vez nadie escapará al castigo. Que no ocurrirá lo de 1918, expresado en la respuesta dada por un alemán a esta pregunta: "Si pierden la guerra, ¿qué harán?" "Organizaremos la simpatía". La compasión es una palabra sin sentido en Nüremberg. Y la justicia tiene acentos inexorables.

Introducción: Mucho antes de que finalizase la guerra los aliados comenzaron a reunir pruebas contra los principales dirigentes nazis. Unidades especiales acompañaban a los ejércitos aliados para detener a todos los sospechosos de haber cometido crímenes de guerra y procesarnos ante tribunales militares internacionales. El primero y más famoso de los 13 juicios que se celebraron se inició el 20 de noviembre de 1945 en Nuremberg, escenario de las grandes concentraciones del partido nazi.

Entre los 22 acusados se hallaban Hermann Goering, jefe de la Luftwaffe y número dos de la Alemania nazi hasta momentos antes de finalizar la guerra; el almirante Karl Doenitz, capitán general de la armada a quien Hitler había nombrado su sucesor; el general Wilhelm Keitel, jefe del estado mayor de las fuerzas armadas; el general Alfred Jodl, jefe de operaciones; Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores; Albert Speer, primer arquitecto de Hitler y experto en la producción de armamento; Alfred Rosenberg, «filósofo» del partido nazi; Arthur Seyss-Inquart, líder del nazismo austríaco, que colaboró con Hitler en la ocupación de Austria en 1938, y Rudolf Hess, antiguo lugarteniente de Hitler. Martín Bormann, vicesecretario del partido nazi, desapareció sin dejar rastro y fue procesado in absentia.

JUICIO NUREMBERGLas pruebas presentadas en el juicio —películas de la liberación de los campos de concentración nazis, el diario del nazi Hans Frank, los protocolos secretos del pacto que los nazis firmaron con Rusia en 1939, documentos oficiales y declaraciones de testigos oculares— revelaron hasta qué extremo llegó la crueldad de los nazis. Las sentencias se dictaron el 1 de octubre de 1946. Tres de los acusados fueron absueltos, otros tres fueron condenados a cadena perpetua y cuatro recibieron sentencias menores.

Los doce restantes, entre ellos Goering, Keitel, Jodl, Ribbentrop, Rosenberg, Seyss-Inquart y Bormann fueron sentenciados a morir en la horca. Diez fueron ejecutados dos semanas más tarde. Goering se suicidó en su celda y Bormann, que probablemente se refugió en América del Sur, jamás fue hallado. alemanes firmaron en Reims la rendición incondicional y al día siguiente cesaron oficialmente las hostilidades. Ante la insistencia de Stalin, la capitulación se ratificó formalmente en una ceremonia que tuvo lugar el 9 de mayo en Berlín.

Imagen de los Juicios de Nuremberg, en los que se condenó a líderes del nazismo por crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos durante la Segunda Guerra Mundial

Los juicios de Nuremberg: Los Juicios de Nuremberg fueron un conjunto de procesos emprendidos a iniciativa de las fuerzas de las naciones aliadas, vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se determinó y sancionó las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores con el régimen nacionalsocialista a partir del 1 de septiembre de 1939. Desarrollados en la ciudad alemana de Nuremberg entre 1945 y 1949, el proceso que obtuvo mayor repercusión en la opinión pública mundial fue el conocido como el Juicio de Nuremberg y que celebró a partir del 20 de noviembre de 1945 el Tribunal Militar Internacional (TMI), constituido por la Carta de Londres, en contra de 24 de los principales dirigentes supervivientes capturados del gobierno nazi y de varias de sus principales organizaciones.

La cúpula nazi en el banquillo
El 20 de noviembre de 1945 se abría en Nuremberg la primera sesión del juicio contra los dirigentes nazis, en el cual se resolvería su responsabilidad en la comisión de crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad. Fue uno de los procesos más resonantes de la historia y sus sentencias establecerían jurisprudencia para el juicio de Tokio. en el que se juzgó en 1946 a los criminales de guerra nipones. para los restantes tribunales que en Europa juzgaron delitos de nazis y colaboracionistas, y posteriormente para sentencias contra criminales en otras guerras, entre ellas la de Bosnia.

El Tribunal, bajo la presidencia del británico juez Lawrence, estaba formado por 8 jueces, cuatro titulares y cuatro suplentes, pertenecientes a las cuatro potencias vencedoras, actuaba según un estatuto que tenía la consideración de Tratado internacional, y jurídicamente se apoyaba en el acta de rendición de Alemania, que había entregado a los aliados «la suprema, autoridad con respecto a Alemania».

Muertos Hitler, Goebbels y Himmler, tres de los máximos responsables de la tragedia continental, en el banquillo se sentaron otras figuras prominentes del nazismo, entre ellas el segundo del régimen, el mariscal Goering, el delfín de los primeros años, Rudolf Hess, el mariscal Keitel, el ministro de Asuntos Exteriores Von Ribbentrop, el ideólogo Rosenberg, el arquitecto Speer, hasta un total de 21.

El delito de crimen contra la Humanidad

La mayoría de las acusaciones realizadas por los fiscales estaban perfectamente tipificadas. Así ocurría con la de crímenes de guerra, definida en las Convenciones de La Haya (1899 y 1907), y en la que se incluían deportaciones, vejaciones a los soldados prisioneros, malos tratos y
deportación de la población civil, ejecución de rehenes. ¿Pero qué ocurría si estos actos abominables no se realizaban durante un periodo de gueira? Si se castigaba un asesinato individual, ¿podía quedar impune el exterminio de un pueblo entero?

Este último crimen, el exterminio de un pueblo entero, fue calificado pronto en la publicística como genocidio. Era la forma más grave del delito que en Nuremberg fue denominado "crimen contra la Humanidad". Los abogados defensores, invocando el axioma jurídico «nullum crimen, u ulla poena sine lege» (no existe crimen ni sanción sin ley anterior), pretendían dejar el juicio sin base. Pero los jueces de Nuremberg, considerándose defensores de la especie humana, aplicaron el derecho natural, es decir, los principios morales que impiden que un ser humano mate a otro, y entendieron que la serie de crímenes de guerra elaborada después de la Primera Guerra Mundial tenía carácter abierto y, por tanto, implicaba la posibilidad de incluir delitos nuevos, caso del genocidio.

Así el Tribunal de Nuremberg consideró delitos de lesa humanidad una serie incluida en el artículo 6 a de su Estatuto: asesinato, exterminio, reducción a esclavitud, deportación, fueran estos desmanes cometidos durante la guerra o antes de la guerra.

Las sesiones:
El 20 de noviembre de 1945 abrió el juez Lawrence la primera sesión de un proceso gigantesco, que duraría hasta las sentencias del 1 de octubre de 1946. Cada acusado disponía de abogado defensor y equipo de apoyo. Cada nación aijada estaba representada por un equipo fiscal. El sumario con sus anexos documentales llegó a ocupar 42 volúmenes. Equipos especiales de documentalistas, entre los que figuraban historiadores, se encargaron de recopilar los documentos en que se basaba la acusación, de forma tal que en el archivo del proceso se encuentra el mayor fondo documental para la historia de la Alemania nazi.

A los documentos tradicionales, los más importantes los encontrados en el cuartel alpino del Führer, se incorporaron 780.000 fotografías y 23.000 rollos de película, con los que se elaboraron documentales, la novedad más llamativa del proceso. Las películas sobre los campos de concentración, con el espectáculo dantesco de las piras de cadáveres y los prisioneros esqueléticos, señaló momentos de tensión máxima.

El genocidio judío:
En el proceso quedó probado que la guerra se había desencadenado de manera premeditada por el Führer y que en su transcurso se había cometido toda suerte de actos abominables. Por ejemplo, en las instrucciones de Goebbels de 14 de septiembre de 1942 se ordenaba fueran exterminados judíos, gitanos y polacos, y en cuanto a checos y alemanes detenidos y condenados se consideraba la conveniencia de «exterminarlos por medio del trabajo».

El exterminio de grupos humanos o pueblos enteros significaba un salto cualitativo de la criminalidad. Y en el transcurso de los interrogatorios salió el tema de la «solución final». Si la política antijudía de los nazis se había limitado al principio a la expulsión de judíos de Alemania o a su encierro en campos de concentración, en el transcurso de la guerra se programó el exterminio total, proyecto que se enmascaró con la expresión «solución final».
El horror alcanzó su clímax en el interrogatorio de Hóss, comandante del campo de Auschwitz, llamado como testigo en Nuremberg, aunque seria condenado a muerte y ahorcado en otro proceso en Varsovia. En esas sesiones se describió con minuciosidad el método de exterminio mediante el gas Zyklon B y el trabajo de los sünderkommandos —formados por prisioneros forzados— para el aprovechamiento industrial de los cadáveres, a los que arrancaban antes de su incineración cabellos, piel, dientes de oro. En el interrogatorio a un juez nazi, Morgen, se descubrió otro horror: la eutanasia de los enfermos mentales.

Las sentencias: El 1 de octubre 1946 se leyeron las sentencias. Fueron condenados a morir en la horca once de los acusados —más la sentencia a muerte contra el no localizado Martin Bormann—, y a diversas penas siete, mientras tres eran absueltos, aunque quedó abierta la posibilidad de otras acusaciones por otros tribunales. La víspera de la ejecución Goering consiguió suicidarse en su celda, por ingestión de una pastilla de cianuro.

JUICIO DE NEWREMBERGEl más buscado
Intentó escapar, pero nunca salió de Berlín:

Martin Bormann fue juzgado in absentia (ausente) en Nuremberg y pasó a ser el criminal nazi más buscado. Se lo creía en España, en la Argentina, en la URSS, incluso en Estados Unidos.

En realidad  Bormann nunca logró salir de Berlín. Arthur Axmarm, -de las Juventudes Hitlerianas; Otto Günsche y Heinz Linge, asistentes de Hitler, además de Erich Kempka -su chofer-, lo atestiguaron. Bormann, disfrazado de soldado, trató de huir de la Cancillería el 1 de mayo con el grupo de fugitivos que encabezaba el general Mohnke. Él y otros jerarcas se parapetaron detrás de la torre de un tanque Tigre, pensando que estarían protegidos.

Fue un error: los soviéticos abrieron fuego contra el tanque y lo destruyeron al atravesar el puente de Weidendammer. Günsche y Linge vieron la explosión. Kempka iba en el vehículo y quedó herido, pero logró salir de ahí. Axmann reconoció la zona para buscar otra salida, y al volver, vio los cuerpos de Bormann y el doctor Stumpfegger, de las SS. No pudo comprobar si habían muerto por la explosión y se alejó. Un cartero llamado Albert Krumnow enterró los cadáveres entre los escombros.

En 1972, unas obras en la zona sacaron a la luz los restos de dos hombres. Los forenses comprobaron que eran Bormann y Stumpfegger: ambos quedaron heridos por la explosión y se suicidaron con cianuro al verse acorralados.

DESCRIPCIÓN DEL DÍA FINAL DEL JUICIO: "A las 22.35 del 15 de octubre, víspera de la ejecución de los condenados, el centinela que custodiaba a Goering, lo vio retorcerse en la cama. Llamó al cabo de guardia que, a su vez, hizo otro tanto con el médico de la prisión y el capellán. Todos ellos fueron testigos del estertor de la muerte. Junto al suicida se encontró un sobre rasgado por la parte superior, con la anotación "H. W. Goering" en lápiz y que contenía tres escritos y un receptáculo de bronce hecho con una cápsula de bala.

El examen de los restos reveló la presencia de fragmentos de vidrio en la boca y un olor que para los médicos indicaba la existencia del cianuro de potasio. Ese potente tóxico formaba parte del equipo habitual de los jerarcas nazis y uno similar le fue quitado a Goering al llegar a Mondorf, en Luxemburgo. Jamás se pudo establecer cómo, estando en la prisión, Goering había obtenido la segunda cápsula.

En la mañana del 16 de octubre marcharon los condenados al cadalso. Ribbentrop fue el primero en ser sacado de la celda, en el gran salón donde imperaba el presentimiento de la muerte, hasta el vecino gimnasio donde se levantaban tres horcas. Una leve brisa agitó su cabello despeinado. Le quitaron las esposas y le ataron las manos a la espalda.

Después, precedido por un coronel y escoltado por soldados caminó con firmeza hacia el patíbulo. Al pie de los 13 escalones, al terminar los cuales pendía la soga, un oficial le dijo: "Declare su nombre". El requerimiento formulado en inglés, fue traducido al alemán. Pero siguió en silencio. Le fue repetido y entonces contestó: "Joachim von Ribbentrop".

El oficial ascendió primero. Lentamente y entre dos guardias, subió el ex canciller del Reich. "¿Quiere usted decir sus últimas palabras?" Ribbentrop no mira al interpelante, pero sigue con la vista fija en un punto remoto, y con voz penetrante exclama, acentuando con énfasis la frase: "Dios proteja a Alemania".

Una extraña quietud desciende sobre la sala al terminar el ruido de la ejecución y la soga de trece enlazaduras cuelga tirante por la trampa. Dos horas después, otros nueve siguen la misma suerte. Ha bajado el telón sobre el último drama a que dio lugar la Segunda Guerra Mundial." (Fuente: LA RAZÓN, Libro del 75° Aniversario - Historia Viva)

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