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Karl
Benz era hijo de un ferroviario, cuando murió su padre solamente
contaba dos años y una buena madre, todo el capital del pequeño Karl.
Como es de suponer, los Benz debieron reducirse después de la muerte
de su infortunado jefe. Josefina Benz, su madre, se colocó de
cocinera y cuando el niño Karl tuvo edad suficiente lo mandó al
colegio, haciendo esfuerzos más que humanos para que pudiera
continuar sus estudios: una historia común pero conmovedora.
En esos tiempos es sabido que no eran
muchos los hijos del pueblo que pudieran terminar sus estudios, ni
era mucha tampoco la preocupación de los padres para que esto
sucediera. En una sociedad de moldes más que rígidos, el destino era
algo que no podía cambiarse fácilmente.
Karl Benz nació en un mundo donde se
debía ser un temible luchador para imponerse a sus rígidos esquemas,
algunos lo conseguían, otros terminaban sus días enrolados en el
anarquismo revolucionario. El joven Karl era más que voluntarioso, y
además, sabedor del sacrificio que hacía su madre, terminó su curso
con honores.
De ahí en más quiso ingresar en la
Politécnica, esta era la escuela más cara de Karlsrue.
Josefina Benz no escatimó esfuerzo alguno para que su hijo
estudiara, juntó como pudo los 77 florines que hacían falta y Karl
pudo recibirse de ingeniero. A los veinte años el joven estuvo en
condiciones de mantener a su madre. Una vez logrado su título, Benz
pasó a revistar en una fábrica: la "Sociedad Constructora de
Maquinaria de Karlsrue", la misma en que trabajara Daimler
diez años antes, este cargo era desde ya inferior.
La rutina consistía en que los jóvenes
ingenieros se desempeñaran primeramente en puestos inferiores a los
de capataces hasta llegar a ocupar lugares de responsabilidad. Al
año siguiente se trasladó a otra fábrica donde la situación
económica mejoró en forma notable. Pero la adversidad se cebó con
este hombre, cuya única fortuna eran su madre y el título; al
cumplir los veinticinco años fallece aquélla. Muerta su progenitora
se instala en Viena, ciudad en la que se encuentra solo; unos amigos
lo invitan a un paseó y allí conoce a la que habría de ser su
infatigable y sufrida mujer.
Con la que ya es
su esposa se va de Viena para instalarse en Manheim y comienza a
trabajar en el taller de un tal Ritter; con algunos dineros compra
el taller, que bajo su experta dirección fue cobrando una cierta
estatura; Benz ya es independiente. Al año de casado, la cigüeña lo
visita pero esta vez su hijo no trae un pan bajo el brazo, sino la
bancarrota; se funde la Banca de Viena y con ella casi todas las
industrias van a la quiebra, incluida la de Benz.
Como tenía poco trabajo Benz se dedica
a estudiar el motor de dos tiempos de su invención, con el que
experimenta en su taller, pero sus medios de vida dependen de otros
factores que nada tienen que ver con su motor. Para ese tiempo ya
Otto triunfa con su motor de cuatro tiempos en la Exposición
Universal de París. A Benz le nace otro hijo y la situación se
vuelve más que alarmante, pero continúa con su motor de dos tiempos
y en la última noche del año 1879 logra que funcione.
Simultáneamente, Douglas Clerk
conseguía en Inglaterra que un motor de su invención, con las mismas
características que el de Benz, funcionara. Benz, después de haber
conseguido que su motor dé los primeros vagidos piensa que las malas
épocas llegan a su fin, pero no fue así.
El formidable luchador que había en él
iba entrando lentamente en la crisis que precede al cansancio final.
Los negocios ya no rinden ni siquiera mínimos frutos, llegando así a
una situación desesperante. Los amigos, que los tenía y muchos, lo
instan para que abandone el fruto de su invención y se dedique a
otra cosa; nadie tiene fe en su máquina y nadie arriesga su dinero
en algo que ya está condenado.
Karl hace ya un tiempo que había
dejado de preocuparse de su motor, pero su mujer, siempre al acecho
del desaliento para salirle al paso, aprovecha la Navidad de 1880
para ser actora de un gesto que la pinta de cuerpo entero. Con la
ayuda de sus hijos trasladó el motor desde el sótano hasta el
comedor de la familia, allí lo adornó como si fuera un árbol de
Navidad ocultándolo con una cortina. Dicen que Karl Benz miró con
sorpresa el improvisado árbol y le preguntó a su mujer qué quería
significarle con eso, ella le contestó: "Karl, hay que darle
tiempo al abeto para que crezca".
Para 1881, Benz logra interesar a su
amigo Buheler para que haga una pequeña inversión en su
invento. La nueva firma se constituye y se hace necesario buscar
otro socio, ya que los gastos se van haciendo demasiado onerosos
para una fábrica que solamente tiene salidas, nada ayuda a
fortificar su economía. Se busca otro socio, pero éste resulta un
hombre que solamente tiene una enorme avidez de vender y se buscan
más socios, pero la pequeña fábrica no produce lo que éstos
esperaban y un día Benz, cansado ya, los echa usando una expresión
criolla: "a patadas en el traste!".
Cuando ya todo parece terminado con
este "crac" económico, comienza el resurgimiento de Karl Benz.
Un amigo suyo que tiene una fábrica de velocípedos (vehículos de dos
ruedas, una pequeña y otra altísima), Max Rose, lo invita a Benz a
participar como socio industrial. Rose y su socio
Esslinger quieren fabricar los motores que hace Benz. La fábrica
comienza de inmediato a fabricar los mismos y los hace de 1, 2, 4 y
6 CV (cheval de vapeur, equivalente a los H.P., caballos de fuerza u
Horse Power).
Con esto se terminan las tribulaciones
económicas de este alemán que tanto había luchado para imponer su
invento, la firma primitiva nada tenía que ver con la fusión de la
Daimler y la Beni que tendría lugar recién en 1926, ninguno de los
dos hombres que más: lucharon por el automóvil llegarían a
conocerse.
Como un dato curioso que se puede
añadir a la biografía de Benz, tan unida a la de su esposa es que la
primera mujer que maneje durante 120 Km. un automóvil y llegó a
destino fue Berta, quien acompaña da de sus hijos cubrió esa
distancia uniendo a Manheim con Pforzheim e 12 de
agosto de 1888. Karl Benz fue uno de los hombres que realmente tuvo
la mujer que había merecido.
Además le cabe a Benz el haber
fabricado el Velo-Benz, del que puede decirse fue el primer
automóvil que se fabricó en serie. Benz también soñó con poder lleva
su automóvil a París, para eso comisionó a un empleado suyo, un tal
Roger, quien fue el encargado de hacerle un lugar en la Exposición
Universo de París.
El empleado vendió el triciclo nada
menos que a
Levassor. Benz, enterado de
esto, no se amilana y envió otro, pero todo fue inútil; en la vida
hay que tener padrinos y por ahora Benz no los tenía.
La situación del automóvil en Alemania
era más que precaria, los alemanes no lo querían y Daimler lo sabía,
por lo tanto lo único que le interesaba era vender sus motores a los
franceses y a fe que lo consiguió.
La atractiva
viuda Sarazin ya había
dejado de serlo. El 17 de mayo (en Tauro) signo de productividad,
fortuna y trabajo unieron sus vidas y sus empresas Luisa Sarazin y
Emilio Levassor, uncidos por dos lazos que serían indisolubles: el
automóvil y el amor. Tiempo más tarde, el primer hijo de esta
original pareja vería la luz y sería el motor francés fabricado bajo
licencia Daimler; además la Panhard-Levassor fue la primera fábrica
del mundo que trajo el motor debajo del capot,
innovación que les daría rasgos propios a los automóviles de todos
los tiempos.
Levassor pagaría su tributo al
automóvil como la primera víctima en el mundo de una carrera de
automóviles, en abril de 1897 fallecía a causa de las heridas
recibidas, él, que tanto había cooperado y trabajado para imponer el
automóvil, murió, curioso y envidiable destino, a manos de su obra.
Fuente Consultada: La
Historia Popular Tomo78 - Historia del Automovilismo |